Manhattan (Proyecto)

El proyecto Manhattan (conocido en un primer momento como Manhattan Engineering District), iniciado en 1942 para responder a la amenaza nazi y al ataque de Pearl Harbor, ha quedado inscrito en la historia como un momento clave en el que la ciencia ha mostrado un nuevo rostro.  Si los vínculos de los científicos con el Estado y las operaciones bélicas han sido estrechos durante mucho tiempo (ya Arquímedes fabricaba armas para el rey de Siracusa, y Napoleón movilizó un gran contingente de científicos para su campaña de Egipto) el proyecto Manhattan los reforzó de una forma no conocida hasta entonces.

Con el objetivo secreto de fabricar la bomba atómica un equipo de centenares de investigadores e ingenieros se instaló sobre una mesa, en un lugar perdido de Nuevo México. Fueron dirigidos por dos personas muy diferentes: el general Leslie Groves, lobo solitario que no se caracterizaba por ser sutil en las relaciones humanas, y el físico Robert Oppenheimer, brillante, cultivado e hipersensible. Fue él quien encontró el lugar donde se instaló el proyecto: Los Alamos, una escuela para niños problemáticos, conocida por Oppenheimer en unas vacaciones.

Requisada rápidamente, dotada en pocas semanas de carreteras y aeropuertos, en la mesa o cima plana de la colina surgió una ciudad nueva dedicada en su totalidad a la fabricación de la bomba, que llegó a tener más de 50 mil habitantes.

Otros lugares se complementaron con Los Alamos para construir ese artilugio destructivo. En la fábrica de Oak Ridge se trató el uranio, la de Hanson se dedicó al plutonio, y en el Laboratorio metalúrgico de Chicago se testaron los aceros y otros mecanismos necesarios para su construcción.

Rodeado de los mejores físicos del momento, entre los que cabe mencionar a Hans Bethe, Richard Feynman, Enrico Fermi y Leo Szilard, “Oppie” coordinó las múltiples actividades de carácter técnico vinculadas al proyecto impulsando al mismo tiempo los aspectos teóricos en una época en la que los mecanismos de realización de la fisión nuclear y de producción de material fisible no estaban aún dominados.

Las relaciones entre científicos y militares, a pesar de los rígidos reglamentos que precisaban las prerrogativas de unos y otros, no fueron fáciles. El mismo Oppenheimer fue sometido a vigilancia por los servicios de contra-espionaje. Tiempo después se le retiraría la confianza política y caería en el ostracismo. Pero antes de sufrir ese castigo logró, gracias a sus extraordinarias capacidades, dinamizar ese complejo proyecto científico-militar y provocar -el 16 de julio de 1945- la explosión de Trinity, no lejos de Alamogordo. “Esto ha funcionado”, dijo con frialdad Oppenheimer.

Entonces, otro físico participante en el proyecto, Kenneth Bainbridge, previendo las consecuencias del lanzamiento de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki y la escalada de terror durante la guerra fría, replicó con una sentencia que ha pasado a la historia: “Ahora todos somos unos cabrones”.

Casi todos los integrantes del proyecto Manhattan tuvieron posteriormente problemas de conciencia . Oppenheimer fue uno de ellos.  Después del ataque a Hiroshima le manifestó al presidente Truman: “Todos tenemos las manos manchadas de sangre”, a lo que el presidente norteamericano replicó “Pues se lavan”.

Si el proyecto Manhattan significó un éxito tecnológico también dejó una honda huella en la conciencia moral de la humanidad.

N.W. [Nicolas Witkowski]

Ver: lo militar, nuclear, trinidad

Bibliografía: Rival, M, Robert Oppenheimer, Flammarion, 1995

Ciencia en la era de Franco. Un nuevo libro sobre Biología y Farmacia en la España del primer franquismo

Antonio Gonzalez Bueno libro La tutela imperfecta
La tutela imperfecta. Biología y Farmacia en la España del primer franquismo, coordinado por Antonio González Bueno y Alfredo Baratas.
Antonio González Bueno (Alhucemas, 1958) es catedrático de Historia de la Farmacia en la Universidad Complutense de Madrid. Sus intereses investigadores se centran en el campo de la historia de la botánica y de la industria farmacéutica española. Es autor, con Raúl Rodríguez Nozal, de Entre el arte y la técnica. Los orígenes de la fabricación industrial del medicamento (2005) y coordinó El medicamento de fabricación industrial en la España contemporánea (2008).
Alfredo Baratas Díaz (Madrid, 1963) es profesor titular de Historia de la Ciencia en la Universidad Complutense. Ha enfocado su investigación en temas relacionados con la historia de la biología en la España de los siglos XIX y XX. Es autor de Introducción y desarrollo de la biología experimental en España entre 1868 y 1936 (1993).

El libro es una aportación al conocimiento del sistema científico y tecnológico implantado durante los primeros años del franquismo, imbricado con la economía autárquica que sustentó el régimen franquista en las décadas de 1940 y 1950 hasta el plan de estabilización de 1959.
En ese contexto el colectivo farmacéutico adquirió un especial protagonismo, siendo relevante su presencia en distintos ámbitos: en el académico, tanto en las universidades como en el CSIC -“brazo armado” de la política científica de la era de Franco como expuse en mi Breve historia de la ciencia española; en el Ejército; y en  la industria privada, motor de la renovación terapéutica y, en algún caso, refugio de los que optaron por el exilio interior.
El volumen recoge las aportaciones de un grupo de investigadores que, durante los últimos años, se han ocupado de estudiar las relaciones entre ciencia, farmacia y sociedad durante los “oscuros años” del primer franquismo.

El sumario de la obra es el siguiente:

Introducción, Antonio González Bueno, Alfredo Baratas Díaz.
Capítulo I. La nueva biología y los fósiles humanos: el contexto y la difusión de la paleoantropología en España durante el primer franquismo,  Francisco Pelayo.
Capítulo II. Farmacia y Ciencia en el CSIC. El Instituto de Farmacognosia José Celestino Mutis, Alfredo Baratas.
Capítulo III. Pilar Primo de Rivera y la reorganización de las carreras auxiliares sanitarias tras la Guerra Civil Dolores Ruiz-Berdún.
Capítulo IV. Medicamentos, análisis e informes técnicos: el Cuerpo Militar de Farmacia en la estructura sanitaria del Ministerio del Ejército (1939-1945) María Luisa de Andrés Turrión.

Capítulo V. La industria farmacéutica española durante la autarquía. Estudio cuantitativo de los laboratorios registrados por la Organización Sindical, Raúl Rodríguez Nozal

Capítulo VI. Algunas notas sobre el medicamento veterinario en España durante el primer franquismo, Alberto Gomis
Capítulo VII. Entre el original y la copia: las patentes de sulfamidas en España (1938-1963) Antonio González Bueno, Raúl Rodríguez Nozal, Carlos Pérez Teijón
Capítulo VIII. Penicilina para la España del primer franquismo (1944-1959), Gloria Redondo Rincón, Antonio González Bueno
Capítulo IX. Florencio Bustinza Lachiondo (1902-1982) y los antibióticos, José Fonfría Díaz, Pilar Calvo de Pablo
Capítulo X. Instituto de Biología y Sueroterapia IBYBYS, Javier Puerto
Capítulo XI. Laboratorios Profansa (Productos Farmacéuticos Nacionales, Sociedad Anónima), Carlos del Castillo Rodríguez, Rosa Basante Pol
 

Tesis doctoral sobre la construcción de la geología en la Inglaterra del primer tercio del siglo XIX

Duria Antiquior famous watercolor by the geolo...

Duria Antiquior famous watercolor by the geologist Henry de la Beche depicting life in ancient Dorset based on fossils found by Mary Anning. (Photo credit: Wikipedia)

Me hago eco de la reseña de Jennifer Feng, de la Universidad de Sydney, de la tesis doctoral de Leucha Veneer, “Practical and Economic Interests in the Making of Geology in late Georgian England”.

Significa una interesante contribución a la historia intelectual de la geología y a los estudios sobre la ciencia de la tierra.

A review of Practical and Economic Interests in the Making of Geology in late Georgian England, by Leucha Veneer.

Practical and economic interests are often overlooked in favor of the theoretical advancements that put British geologists on the international stage during the nineteenth century. Leucha Veneer’s dissertation brings to life some of the unnoticed contributions made by members of local mineralogical societies who sought to use mining as a means of understanding the earth. Framing geologists as bankers, chemists, mining engineers, naturalists, and surgeons gives new identities to scientists who were typically much more than merely professional gentlemen. These mining enthusiasts established museums, improved technologies, published journals, and hosted public lectures. Veneer seeks to pick up where histories from geologists Sir Archibald Geikie (1897) and Horace B. Woodward (1907) have left off, highlighting the more quotidian pursuits that have enlivened the study of rocks (Archibald Geikie, The Founders of Geology, 1897; Horace Woodward, The History of the Geological Society of London, 1907).

Provincial science, as Veneer calls it, was embedded in the practical problems of geology sometimes ignored by well-known men such as Henry de la Beche or Roderick Murchison. She points out that Arnold Thackray and Steven Shapin’s pioneering scholarship, while influential, is in dire need of revision (Arnold Thackray, “Natural knowledge in cultural context: The Manchester model,” American Historical Review 79 (1974): 672-709; Steven Shapin, “The Pottery Philosophical Society, 1819-1835: An examination of the cultural uses of provincial science,” Science Studies 2 (1972): 311-336). Their reluctance to focus upon the potential of mining, agriculture, and canal building, in fact, leaves out rich material for historians of science. Veneer argues that more grey zones exist — between the rigid categories of elite, accomplished, and amateur scientists — than initially conceived by Martin Rudwick (Martin Rudwick, The Great Devonian Controversy: The Shaping of Scientific Knowledge Among Gentlemanly Specialists, Chicago: University of Chicago Press, 1985; Bursting the Limits of Time: The Reconstruction of Geohistory in the Age of Revolution, Chicago: University of Chicago Press, 2005). Leucha Veneer’s detailed consideration of these developments lends itself to examining lesser-known figures in the history of English geology within their respective institutional contexts. Through a close analysis of society records, correspondence, and journals, Veneer stresses the wide spectrum of individuals who pulled geology in vastly different directions.

The dissertation is divided into the geographic areas of London, Cornwall, Newcastle, and Yorkshire, and it functions effectively as an episodic survey of case studies that offers a diverse view of English geology during the Georgian period. Veneer aims to produce “a new image of the discipline which considers the different motivations of practitioners symmetrically” (p. 25) counter to the claims put forth by Roy Porter’s 1973 paper “The Industrial Revolution and the rise of the science of geology” (see Roy Porter, “The Industrial Revolution and the rise of the science of geology” in Mikulas Teich and Robert Young (eds.), Changing Perspectives in the History of Science. Cambridge: Cambridge University Press, 1973, 320-343; Roy Porter, The Making of Geology: Earth Science in Britain, 1660-1815, Cambridge: Cambridge University Press, 1977). Tracing the connections between city centers and outlying regions of England, Veneer seeks to demonstrate how critical trans-provincial contributions in geology were founded upon practical concerns. National prominence became a common desire for many of these societies, which strove to publicize and disseminate their findings in a timely manner.

Chapter 1 lays out the major themes of the dissertation, including historiographical treatment of existing studies on the history of the earth, the aims of provincial science, and communication networks among scientists at large. Veneer employs James Secord’s concept of “knowledge in transit” to illustrate how local sites and spaces gave rise to nuanced scientific knowledge among these societies (p. 34) (Secord, “Knowledge in transit” Isis 95 (2004): 654-672). She emphasizes her approach to “local profiling” in order to consider each set of societies in terms of its specific circumstances.

Chapter 2 takes a similar approach to practical geology in relation to some of the well-known institutions based in London at the time. Veneer foregrounds specific individuals who were essential in founding some of these organizations. For example, Unitarian minister Reverend William Turner mapped local coal fields and improved mining conditions more generally. Many of the collections established by the British Mineralogical Society were meant for educational purposes and to acquire mining terms from across the country that could be assembled into a dictionary (p. 50). One of the more notable contributions that Veneer emphasizes is George Bellas Greenough’s mapping venture to document the edges of England and Wales. On this map, coal districts were typically designated as important resources that would come under state control.

In Chapter 3, Veneer turns her attention to the Royal Geological Society of Cornwall (RGSC). Mining in western Cornwall was a significant industry, responsible for a large amount of copper, up to two-thirds of world production. The Cornish tribute system did not pay its workers with hourly wages. Tutworkers responsible for sinking shafts were paid by a measure of the ground they excavated while tributers were paid a proportion of the ore that they produced (p. 74). Health and safety hazards were among the blatant dangers that mining presented.

Chapters 4 and 5 converge on practitioners in Newcastle and Yorkshire. One of the Newcastle members John Buddle was a colliery viewer for a number of pits along the Tyne, commanding a salary of over 1000 pounds. His expertise was commissioned from as far away as Portugal, Russia, and South America (p. 131). The Hancock Museum established by the Natural History Society of Northumberland exhibited curiosities from birds, stuffed animals, and a few minerals. It acted as a locus for promoting local knowledge of geology in the region and concerns for public education. The Yorkshire Museum and its gardens likewise grew from donations and came to represent the county of York as whole. These collections were also intended to be instrumental in hosting scientific forums for John Phillips and other colleagues.

Chapters 6 and 7 respectively attempt to bring together a holistic picture of these local geological societies and pose new questions of the discipline. The four case studies are summarized to elucidate how the historiographical picture of provincial science may be expanded. Mapping initiatives, museums, and mining schools occurred in parallel to many of the gentlemanly activities organized by scientists back in London. The last two chapters will be useful for historians of science concerned with the intersections of provincial science, state-funded endeavors, and military projects.

This dissertation will be essential reading for anyone broadly interested in the intellectual history of geology and nineteenth-century accounts of Georgian and Victorian scientific collections. Veneer’s thesis makes a valuable contribution to studies on the earth sciences, allowing practitioners to assume their rightful place next to the eminent men of geology.

Jennifer Ferng
Lecturer in Architecture
Faculty of Architecture, Design, and Planning
University of Sydney
jennifer.ferng@sydney.edu.au

Primary Sources

British Mineralogical Society
Geological and Polytechnic Society of the West Riding of Yorkshire
Geological Society, London
Natural History Society of Northumberland, Durham, and Newcastle-upon-Tyne
Royal Geological Society of Cornwall, Penzance

Dissertation Information

University of Leeds. 2009. 264 pp. Primary Advisors: John Christie and Jonathan Topham.

Arte y ciencia: 101 obras maestras de museos madrileños a golpe de click

Esta mañana Sandra Sáenz-López ha informado que una iniciativa intelectual, en la que tanto ella como Santiago Aragón, Juan Pimentel, y otros muchos colaboradores,  han puesto mucho esfuerzo, tesón e inteligencia, ha llegado a buen puerto.

Es el proyecto 101 obras maestras, subvencionado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), y organizado en el Departamento de Historia de la Ciencia del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC.

Sus impulsores han seleccionado ese número de piezas y objetos de museos y bibliotecas de la Comunidad de Madrid en los que se conjugan y aúnan arte y ciencia, ciencia y arte. Los objetos escogidos, tesoros de nuestra herencia cultural, se describen en breves textos por un notable elenco de especialistas, y se organizan en itinerarios temáticos muy atractivos que enumero:

– la biodiversidad

– ingeniería y técnica

– infraestructuras y urbanismo

– la medición del mundo y del tiempo

– los rostros de la ciencia

– el cuerpo humano

– viaje y comunicaciones

– espacios del saber

– el cosmos

Todo este extraordinario esfuerzo colectivo está accesible en el sitio web www.101obrasmaestras.com, .

Desde él el internauta curioso podrá hacer un estimulante paseo virtual por el Madrid científico y artístico y acceder además a  un libro electrónico o e-book que se puede descargar en PDF.

Los amantes del arte y de la ciencia, dos actividades humanas estrechamente vinculadas desde tiempos remotos, están, estamos, de enhorabuena.

Nuestra compañera Sandra nos pide ayuda para difundir este proyecto. Y esta bitácora se presta  a ello, pues esta iniciativa de ofrecer al gran público a golpe de click 101 joyas de nuestro patrimonio cultural es, probablemente, uno de los acontecimientos de este año 2103 en el campo de nuestra historiografía.

Carlos Blanco Aguinaga In memoriam

Con motivo del reciente fallecimiento del profesor Carlos Blanco Aguinaga se han sucedido una serie de evocaciones de su personalidad y de su obra.

Fui lector de su Historia social de la literatura española, publicada en 1978, en mis años universitarios y coincidí con él en un congreso celebrado en la Universidad Complutense en el centenario de la crisis del 98, cuando me interesaba por las actitudes regeneracionistas de científicos españoles como Santiago Ramón y Cajal y Lucas Mallada en aquella coyuntura del tránsito del siglo XIX al siglo XX.

De familia republicana Carlos Blanco Aguinaga, nacido en Irún  fue otro de los numerosos integrantes de la España peregrina. Su legado merece ser tenido en consideración.

Estas son las reflexiones de Antonio Ramos Gascón, profesor emérito de la Universidad de Minnessota, publicadas en El País el sábado 21 de septiembre de 2013.

Previamente el 12 de septiembre el mismo diario publicó un obituario a modo de breve semblanza biográfica.

Ese mismo día el escritor Rafael Chirbes evocaba lo que significó para él el conocimiento de Carlos Blanco Aguinaga, “el sabio que me enseñó a leer”, con el que viajó por tierras del sur de México en el verano de 1976.

Sabine MacCormack In memoriam

Mi colega peruano Nicanor Domínguez me informa del fallecimiento de Sabine MacCormack, gran experta en los cronistas de Indias. Hace años, hacia 1987, intercambié información con ella sobre el  quechuista lascasiano fray Domingo de Santo Tomás, líder del partido de los indios en el Perú del siglo XVI, y autor de la primera gramática quechua y del primer diccionario quechua-castellano. Sobre este informante de fray Bartolomé de las Casas y Pedro Cieza de León hice una tesis de maestría que defendí en la sede de Quito de FLACSO en 1988.

Historian of Late Antiquity and Andean History
* From the ‘In Memoriam’ column in the September 2013 issue of “Perspectives on History”.

http://www.historians.org/Perspectives/issues/2013/1309/In-Memoriam_Sabine-MacCormack.cfm

Sabine MacCormack died unexpectedly of a heart attack while tending her garden. In a sense, such was her life’s occupation. A unique voice in the historical profession, she approached scholarship, teaching, and life itself in a spirit of cultivating, of nurturing, and of growth.

Born in Frankfurt, Germany, MacCormack studied Greek and Latin philology and history at the Goethe Universität, Frankfurt (1960–61), and history (particularly late antiquity) at Oxford (BA 1964; DPhil 1974; with a diploma in archives from the Univ. of Liverpool, 1964).

MacCormack taught classics and worked as a librarian, editor, and archivist before going on to teach at Stanford University, hold the Alice Freeman Palmer Professorship of History at University of Michigan, and the Theodore M. Hesburgh Professorship of Arts and Letters at the University of Notre Dame.

Among other honors, in 2001, she was the first recipient of the Mellon Foundation’s Distinguished Achievement Award for scholarship in the humanities.

It was at Oxford in graduate school that MacCormack established her research agendas in late antiquity, medieval and early modern Europe, and Andean history.

The scope and trajectories of those fields would be substantially altered by her work.

In focusing on the Andean past, MacCormack urged that responsible historical scholarship should embrace the totality of populations that were at once Latin and Spanish; Quechua, creole, and Aymara; and European and American.

To this end, she was instrumental in creating the Latin American Indigenous Language Learning Program at Notre Dame, endowing it with funds from her Mellon award.

Her books include “Art and Ceremony in Late Antiquity” (1981), “Religion in the Andes: Vision and Imagination in Early Colonial Peru” (1991), and “The Shadows of Poetry: Vergil in the Mind of Augustine” (1998).

She also published over 60 articles. “Art and Ceremony” has had enormous influence on late antique scholarship. To a point, this occurred solely through its attention to late ancient art and ekphrasis. She also insisted that ceremonial mattered, that courtly genres of art and literature gave access to a language of politics conducted largely through gesture and extraordinarily conventional utterances, and—the seemingly static nature of this language notwithstanding—that one could witness its gradual failure as a tool for achieving social consensus.

Though Sabine wrote two books on religion and religious thought, “Art and Ceremony” gave the world a means of understanding the late ancient world as late antique, whose primary lens was politics rather than religion. In 1981, this was no small feat.

In 2007, her last published book, “On the Wings of Time: Rome, the Incas, Spain, and Peru”, received both the James A. Rawley Prize in Atlantic History and the John Edwin Fagg Prize (for Spanish, Portuguese, or Latin American history) from the AHA. Steeped alike in the histories of the Old World and the New, Sabine revisited their encounter and its cultural fallout to formulate a new synthesis. On the Wings of Time brought together the two strands of the past, the European and the American, through a path-breaking approach to their conjunction, and described how it began nearly immediately post-contact, with ongoing consequence. The book details how, through finding parallels between Rome and American empires, and in writing of the latter as Europeans wrote of Rome, the pre-contact empires became, to paraphrase the late historian John Leddy Phelan, the pride-inducing classical antiquity of post-contact peoples.

Sabine thus cleared the way to writing and teaching a truer, richer, broader, more nuanced, and less politicized Spanish American past and heritage. MacCormack received many honors in the course of her career. Among them, she held fellowships at Dumbarton Oaks in both Byzantine (1977–78) and pre-Columbian studies (1987–88), the only person ever so honored. In 2000, she was elected a Fellow of the Medieval Academy of America. She was a Fellow of the American Philosophical Society and the American Academy of Arts and Sciences; she delivered the Christian Gauss Seminar in Criticism at Princeton University; and she held a two-year Mellon Professorship in Latin American History at the Institute for Advanced Studies. She founded and edited the series History, Languages, and Cultures of the Spanish and Portuguese Worlds. She lectured extensively worldwide. The massive erudition that sustained her scholarship across this vast terrain of ecology, peoples, and languages was sustained in turn by an intense work ethic in archives and printed materials, sites, and museums. This learnedness made her work exceptionally dense and difficult to summarize. Sabine simply saw more than others: texts and images spoke more deeply to her, because the worlds that generated them, and the pasts that gave birth to those worlds, were so fully known by her. Her work was nearly instantly recognized as admirable, but her arguments took a long time to take root in scholarship, and they have in many respects proved inimitable.

Sabine also knitted with great sophistication and was deeply learned in the history and production methods of fine-spun Andean textiles, and one might say of her scholarship that many recognized intuitively the quality of stitching or weave without being able to (re)produce it. She was also an artist of passion and skill. In On the Wings of Time, a number of her watercolors were reproduced, including on the cover.

Sabine throve on good company. In spirited conversation she could make a point passionately or deliver a mischievous observation with tempo and inflection rising, to conclude in a companionable “You know?” Difficult questions she met head-on with answers rich in detail but also ordered and beautiful. Even if one couldn’t follow or retain the details, memory persisted of learning presented as a gift and a beacon.

Sabine possessed deep moral and political commitments. She loved the United States and became a citizen, but she was not without criticisms and never shy about making them. Hers was a forceful personality; even so a flood of remembrances of her posted online by colleagues and students—in English, Spanish, Quechua, and Latin—recall her most often as generous and inspirational. She was also a deeply committed citizen of the academy, serving thoughtfully on the selection committees of the American Council of Learned Societies, American Philosophical Society, and Guggenheim Foundation, as well as evaluating proposals for scholarly organizations around the world.

She is survived by a daughter, Catherine.

—Clifford Ando, University of Chicago —Peggy Liss, Washington, DCCopyright © American Historical Association

Tesis doctoral de Julie McDougall sobre la producción de atlas escolares británicos entre 1870 y 1936

En el repositorio digital de la Universidad de Edimburgo (ERA Edinburgh Research Archive) se puede acceder a la importante tesis doctoral de Julie McDougall “Publishing history  and development of school atlases and British geography, c. 1870-c.1930″

Su abstract es el siguiente:

My concern in this thesis is with the production of British school atlases between 1870 and 1930.

I interpret this particular genre of map and book through the rich resource of the Bartholomew Archive, which holds the business and personal records of the Edinburgh mapmaking firm John Bartholomew & Son.

School atlases were instrumental in the dissemination of geographical knowledge at a time when geographers were moulding their subject’s place in the universities and schools in Britain and in parts of the Empire beyond.

This thesis builds on concepts in the history of the book, the history of the map and archive history in order to gain knowledge about the people and processes through which this particular type of mapbook was produced, moved and used, and to understand how it was bound up in the development of a discipline.

In chapter 1, I outline the main themes of the thesis.

The theoretical and methodological ideas underlying it are reviewed in detail in chapter 2.

Chapter 3 illuminates the themes threading through the following empirical chapters, providing insight into school atlas production through a consideration of Bartholomew’s production ledgers and what these reveal about the nature of geographical publishing.

Interactions between individual atlas producers form the focus of chapter 4, particularly negotiations between publishers, mapmakers, geographers and other professionals over the meaning of ‘author’.

In chapter 5, I go on to address atlas production in relation to the pedagogy of regional geography used in schools and, particularly, its impact on school atlases for pupils in ‘local’ settings across the UK.

This leads in chapter 6 to an interpretation of how this localising of school atlases was adapted to readers’ locations throughout the British Empire.

Questions about readers’ role in the shaping of textual meaning are considered further in chapter 7, which draws on specific instances of producer-reader-atlas interactions to support the argument that reading and reviewing were processes conducted not only, as I show, by readers on the published text but, as I also indicate, they were practices performed by both producers and readers during atlas production.

My findings in this thesis shed light on the publishing history of British school atlases, hitherto largely unexamined by historians of the map and historians of geography, and they contribute to our understanding of the production, movement and use of geographical knowledge in the late nineteenth and early twentieth centuries.

Seminario Analyser la circulation des savoirs

Mathieu Quet me informa de las dos próximas sesiones en el mes de octubre del seminario « Analyser la circulation des savoirs : contributions et méthodes » en el que participé el 9 de abril de este año 2013 con la comunicación “L’editorial Atlante et la revue Ciencia: la multiplicité des rôles des républicains espagnols éxilés au Mexique pendant les années 1940”.

Vendredi 4 octobre 2013 de 10h à 13h

sur le thème « Reconfiguration des savoirs et des pratiques sur les ressources naturelles au Mexique »

Nous aurons le plaisir d’accueillir


Rebeca de Gortari Rabiela (IIS-UNAM, México) « Echanges des savoirs en milieu rural : vers l’introduction du bio au Mexique »

David Dumoulin Kervran (Sorbonne Nouvelle – IHEAL/CREDAL) « L’ethnobotanique mexicaine mobilisée : Usages pratiques et politiques d’une science au temps de l’écologie politique »

La séance se déroulera à l’Université de la Sorbonne,  1 rue Victor Cousin (Au bout de la Galerie Gerson, Salle de réunion F 673, située près de l’Ecole Doctorale), 75005 Paris. Station Luxembourg ou Saint-Michel. 1 rue Victor Cousin (Au bout de la Galerie Gerson, Salle de réunion F 673, située près de l’Ecole Doctorale), 75005 Paris. Station Luxembourg ou Saint-Michel.

Jeudi 17 octobre 2013 de 14h à 17h30

sur le thème « Circulation des savoirs au prisme de l’anthropologie de la communication »

Nous aurons le plaisir d’accueillir

Frédérique Jankowski(CIRAD) « Approche socio-cognitive de la mise en dialogue de savoirs scientifiques et paysans. L’exemple d’un projet d’agro-écologie dans l’état de Oaxaca (Mexique) »

Joëlle Le Marec (CERILAC, Université Paris Diderot) « Circulation des savoirs et communications sociales dans la recherche »

La séance se déroulera au CEPED, 19 rue Jacob, 75006 Paris. M° Saint-Germain-des-Prés.

Los organizadores son

Mathieu Quet (UMR 201, IRD-Paris 1 & IFRIS), Mina Kleiche-Dray (UMR 201, IRD-Paris I), David Dumoulin (IHEAL-CREDA, Univ. Paris 3)

Pour tout renseignement, veuillez contacter mathieu.quet@ird.fr

Un carnet de recherche est également en ligne sur lequel il est possible d’écouter les enregistrements des séances précédentes : http://cisav.hypotheses.org/

Resumenes

Rebeca de Gortari Rabiela (IIS-UNAM, México) « Echanges des savoirs en milieu rural : vers l’introduction du bio au Mexique »

Au Mexique, la libéralisation de l’économie et son intégration au marché international, ont poussé à la ré-organisation des systèmes de production agricole et de l’industrie agro-alimentaire du pays afin de répondre aux normes internationales de qualité. En même temps la conservation de l’environnement et de la biodiversité a vu apparaître le secteur croissant d’agriculture bio montré comme solution à la question de la sécurité alimentaire au niveau mondial. Ce changement a impliqué pour les producteurs agricoles une interprétation et traduction des nouvelles normes internationales afin d’accéder à la fois au marché international et de préserver l’environnement. Cette tentative de lier intérêts économiques et protection de l’environnement, qui jusqu’à il y a quelques années paraissaient contradictoires, implique des enjeux entre différents acteurs impliqués dans ces processus de création, de traduction, de transformation des normes ?  En analysant deux études de cas, l’une portant sur l’agriculture bio dans la zone périurbaine de la ville de Mexico et l’autre sur la production de fertilisant bio dans l’Etat de Jalisco, nous tenterons de comprendre comment ont été transformés les systèmes de production agricoles au Mexique pour devenir plus perméables au nouveaux processus de contrôle de qualité et de coordination imposés par les normes internationales.Nous intéressant en particulier à la circulation des savoirs, nous tenterons d’une part de caractériser et d’identifier quelles sont les tensions qui apparaissent lors de ces processus et d’autre part de comprendre comment s’effectue, la construction et le partage des connaissancesainsi que le contactet l’intégration de nouveaux réseauxet de nouveaux acteursappelés à exercer des fonctionsspécialisées nécessairesà la construction de nouvelles normes.

David Dumoulin Kervran (Sorbonne Nouvelle – IHEAL/CREDAL) « L’ethnobotanique mexicaine mobilisée : Usages pratiques et politiques d’une science au temps de l’écologie politique »

L’ethnobotanique plonge ses racines très anciennes dans l’époque coloniale mais, longtemps marginalisée, elle a connu un renouveau important avec l’apparition et la diffusion en Amérique latine de l’écologie politique. Le Mexique a été un des pays phare de cette recherche d’un développement alternatif basé sur des spécificité culturelles et naturelles. Dans notre intervention, nous décrirons la constitution d’une communauté de chercheurs, à la frontière entre la biologie, l’épistémologie et l’agronomie, les groupes et les thématiques privilégiées dans le contexte spécifique d’un Mexique en pleine transformation. Le contexte nationaliste des années 1970, les thématiques du développement autonome des années 80, la réémergence de l’ethnobotanique auprès des conservationnistes dans les années 1990, puis son institutionnalisation progressive depuis 20 ans dans un contexte international post-CDB et de reconfiguration des savoirs légitimes sur les ressources naturelles. Cette étude de la communauté de l’ethnobotanique donne une place centrale au groupe de scientifiques les plus actifs qui opèrent eux-mêmes des traductions de leurs connaissances, étant eux-mêmes placés à la frontière entre le monde scientifique et mondes des ONG de protection de la nature, des ministères et des organismes internationaux d’aide au développement.

Frédérique Jankowski (CIRAD) « Approche socio-cognitive de la mise en dialogue de savoirs scientifiques et paysans. L’exemple d’un projet d’agro-écologie dans l’état de Oaxaca (Mexique) »

En Amérique du Sud, l’agro-écologie est très souvent associée au retour de la souveraineté alimentaire et au maintien d’une agriculture familiale (Altieri et Toledo, 2011). Dans ce cadre, les compétences et savoirs traditionnels des paysans sont considérés comme le substrat fertile permettant de concevoir de nouvelles technologies respectueuses tant de l’environnement que des pratiques locales. L’agro-écologie constituerait ainsi un espace de dialogue et d’intégration des savoirs scientifiques et paysans. A partir d’un projet d’agro-écologie de restauration des sols dans l’état de Oaxaca (Mexique) nous décrivons les formes concrètes d’articulations entre des savoirs multiples et leurs justifications par des agronomes. Il s’agit de questionner tant les modalités des traductions opérées que les espaces d’incommensurabilité auxquelles elles sont confrontées. Pour cela, nous proposons un triple cadrage conceptuel qui emprunte à : (i) l’analyse anthropologique des modes d’acquisition et de circulation des savoirs sur la Nature ; (ii) les travaux en sociologie de la traduction portant sur des dispositifs d’intermédiation et (iii) la théorie de la justification développée en sociologie des régimes d’action.

Joëlle Le Marec (CERILAC, Université Paris Diderot) « Circulation des savoirs et communications sociales dans la recherche »

Voilà maintenant plus de 50 ans que Serge Moscovici a établi un direct entre les savoirs sociaux (les représentations sociales) et la communication, à partir de l’idée qu’il n’est aucun “contenu” de la pensée sociale qui ne soit observable en dehors des processus de communication. Paradoxalement, cette idée a largement nourri quantités de travaux relatifs à des phénomènes de la pensée sociale, des mystère des visions du monde construites hors de la rationalité scientifique, mais n’a en rien symétrisé le type de regard qui pouvait s’appliquer à la fois à la recherche et à d’autres domaines d’élaboration de savoirs. Il a fallu la conjonction d’une critique plus ou moins explicitement politique du fonctionnement social de la recherche, et d’une réhabilitation également plus ou moins explicitement politique du sujet social ordinaire, pour qu’on prenne au sérieux l’hypothèse d’une pluralité des savoirs dans et hors recherche. Je souhaiterais écarter au moins dans un premier temps les implicites politiques (critique de la domination académique et promotion des savoirs méconnus), pour revenir à l’idée d’une dimension fondamentalement communicationnelle de n’importe quel type de savoir, et sur cette base, présenter quelques situations de recherche portant précisément sur le travail scientifique ordinaire et sur les discours à propos de sciences.


Partenaires institutionnels

Institut Francilien Recherche Innovation Société (IFRIS)

Institut de Recherche pour le Développement (IRD)

Université Paris Descartes

Université Paris 3 Sorbonne Nouvelle

Tesis doctoral sobre el papel de las mujeres irlandesas en la educación, el deporte y la medicina

Margaret Ó hÓgartaigh. Quiet Revolutionaries: Irish Women in Education, Sport and Medicine, 1861-1964. Stroud: History Press, 2011. 256 pp. $17.95 (paper), ISBN 978-1-84588-696-7.

Reviewed by Jennifer Redmond (Bryn Mawr)
Published on H-Albion (September, 2013)
Commissioned by Nicholas M. Wolf

Irish Women in Education, Sport, and Medicine

This publication is a compendium of essays that have been crafted over the years by Margaret Ó hÓgartaigh on the subject of Irish women and their historical relationships to education, medicine, and sport. The book therefore provides a concise and powerful statement of her voluminous research in the area of Irish women’s history, addressing material spanning over one hundred years and multiple areas of thematic interest.

Education is the first theme tackled in Quiet Revolutionaries, constituting six chapters in the collection along with a seventh that overlaps with the theme of health. Ó hÓgartaigh takes up the question of women’s experiences as students and teachers, with a slightly heavier emphasis on the latter. The essays range from the legislative changes in the nineteenth century that regularized secondary education and finally allowed women access to the universities, to examining education from the viewpoint of personal memoir. Together the essays give a clear exposition of the key moments and players in the expansion of the educational sphere for women. Ó hÓgartaigh rightly points out that this expansion did not translate into women’s full access to the professions once they were educated. Furthermore, the gendered nature of the rhetoric of the time is highlighted, from fears about women’s physical capacity to learn in the nineteenth century to the battles for equal pay and status for teachers in Ireland that continuously cropped up.

A second section focusing on medicine and health has nine dedicated essays, in addition to the comparative essay on women in nursing and teaching, although these are not of equal length. These essays draw on Ó hÓgartaigh’s work on individual women in the medical profession and are supplemented by interesting case studies from diverse geographical locations, including comparisons between Ireland and the United States and Australia. Comparative histories are difficult to write, thus Ó hÓgartaigh is to be commended for this approach. She points out that pioneer women in the medical profession often gravitated toward maternal and fetal care, developing pediatric care in Ireland and establishing hospitals for women and children. This was partly influenced by society’s views of women and appropriate feminine characteristics that could be applied to the field: kindness, empathy, and “natural” maternal instincts. According to Ó hÓgartaigh’s analysis, some Irish women in the medical field appropriated this rhetoric, focusing on women’s special role as mothers as being important in promoting public health. However, women’s important role in the elimination of tuberculosis is also highlighted, thus Ó hÓgartaigh’s essays allow for a more complex view of women in the medical field to emerge. What is interestingly alluded to is the class dimension of the approach to medical and social care in twentieth-century Ireland, something that marred the efforts of those involved in social and moral welfare. The tragic and complicated histories resulting from these interventions have been increasingly coming to light in recent years.

Margaret MacCurtain’s foreword encourages the author to delve deeper into the histories of women in sport in Ireland, and indeed, with just two essays on sporting themes, the collection could have included more material on this interesting and under-researched topic of women’s modern lives. Women and sport in Irish history is a newer vein of inquiry and these essays may provide the jumping off point for scholars interested in mining new territory. Ó hÓgartaigh makes the interesting point that women in Ireland were playing camogie before women were allowed to compete in the track and field competitions of the Olympics. She further highlights the fact that the participation of women in athletics was condemned as “unfeminine” and improper by the Catholic Church. Both these findings merit further exposition: did the condemnation of Pope Pius XI have an impact at the local community level in Ireland where sport was so integrally connected with politics and national identity? Possibly the most intriguing essay comes in chapter 19 on women’s use of tampons and vigorous physical exercise in public, the inimical attitudes of John Charles McQuaid surfacing again to oppose women’s participation in mixed athletics in the 1930s. Ó hÓgartaigh satirizes thinking by the bishops in the 1940s that tampons were a contraceptive, and interestingly she speculates that “the more pertinent fear was that women might derive sexual stimulation from tampax” (p. 177). This intersection of medical and moral concern over women’s personal hygiene products, a topic that gets right to the heart of historical questions over long-standing anxieties centering on the feminine body in sport, is one that deserves further attention as more scholars follow Ó hÓgartaigh’s lead.

The collection ends with an essay on women in paid work in Ireland built around the comments of a local Kells, county Meath, councilor printed in 1925 in the Meath Chronicle, using the published views as an entryway for understanding the position of professional women in Ireland of the time. The chosen councilor, Mr. Tully, espoused traditional views of women’s place as being within the home rather than the public sphere, predicting calamity for the country as a result of women’s increasing participation in paid work. This was fairly standard rhetoric of the time, and Ó hÓgartaigh’s approach is to analyze his statements in depth, breaking down his claims one by one, and providing evidence to refute much of his overblown statements.

It would be helpful if the chapter titles indicated in a note where and when they were originally published as is often done with reprinted academic works. Although the table of contents lists where each chapter was originally published, this information does not appear in the titles of the chapters themselves. This is particularly relevant in the first chapter, a scan of sources, which has much relevant information in it, but does not include any online source material, being written in 1999, before the advent of many of the important digital databases now available on Irish women’s history. Ó hÓgartaigh could perhaps have updated this chapter to reflect what source material, or even archival catalogues, are now available online. It is to be assumed that none of the other chapters were updated either in light of republication–this is not a critique, but rather it could have been made explicit.

Quiet Revolutionaries will appeal to a wide audience, and the brevity of many of the essays will mean that it is a book that will bear nonlinear and thematic reading. The format will also make the book useful as a teaching tool, with helpfully concise essays that could easily enliven an undergraduate course, particularly those on women in education and the professions.

Napoleón

Científico y emperador francés (1769-1821). La estampa de Epinal mostrando al joven Bonaparte trazando, como hiciera Arquímedes, círculos sobre el suelo del patio de la Escuela militar no era una fábula. El futuro emperador fue, en efecto,  el matemático, – geómetra para ser más precisos-,  más importante de esa escuela cuando estudió en ella. Su nombre se vincula  a dos demostraciones de geometría, especialmente a la que se le denomina “del compás”. En ella el uso de la regla y de la escuadra están prohibidos.

Se familiarizó con la geometría después de hacer la campaña de Italia con el gran maestro Mascheroni y encontró soluciones elegantes al menos a tres problemas denominados “de Napoleón”. Uno de ellos es el siguiente:  sean cuatro puntos cualquiera A,B,C,D:  encontrar la intersección de las rectas AB y CD. Un segundo se formula asi:  sea un triángulo cualquiera mostrar que los centros de los triángulos equiláteros construidos sobre sus lados forman un triánguo equilátero. El más famoso : encontrar el centro “perdido” [o escondido] de un círculo.

Pero había algo aún algo más difícil que resolver los problemas de Napoleón: ser su amigo. Muchos de los científicos importantes de aquella época se beneficiaron de sus favores y obtuvieron, como Lagrange y Monge, títulos de barones y senadores. Pero otros tuvieron serios problemas con él.  Joseph Fourier, sorprendido en el abandono de su puesto tras el retorno de Napoleón de la isla de Elba, tuvo muchos problemas para recuperar los favores imperiales y Lázaro Carnot los perdió completamente cuando no cedió voluntariamente a Napoleón un puesto en la Academia de Ciencias, produciéndose en 1797 una votación en la sección de Mecánica que Carnot perdió por 305 votos contra los 312 obtenidos por Napoleón.

El futuro emperador asistió frecuentemente a sus sesiones, donde fingía somnolencia. Cuando Volta (otro futuro barón y senador) realizó la demostración del funcionamiento de su pila, salió de su sopor exclamando: “Pero eso es más química que electricidad!”, lo que era una buena observación. Célebre también es la réplica de Laplace, cuyo Système du monde [Sistema del mundo], puramente mecánico, dejó a Napoleón algo inquieto sobre el lugar de Dios en este asunto: “Señor, no tuve necesidad de esta hipótesis”. Laplace fue, por cierto, recompensado por su labor como ministro del Interior por “haber introducido en la administración el espíritu de lo infinitamente pequeño”. Esas tareas administrativas le permitieron enriquecerse.

Napoleón podía ser temiblemente desconsiderado. Arago cuenta que  durante una recepción atacó al viejo Lamarck, que le ofrecía su último libro: “Qué es esto? Vuestra absurda meteorología, un anuario que os deshonra : haced historia natural, y recibiré vuestras producciones con placer. Tomo este volumen solo por respeto a vuestros cabellos encanecidos.” El gran Lamarck, no consiguiendo disipar el malentendido (pues era un libro de historia natural), no pudo evitar el llanto.

Esta fue una muestra del  débil tributo pagado por la comunidad científica al gran jefe de la expedición de Egipto y fundador de la Escuela Politécnica,  proveedora de la elite matemática que ayudó a consolidar la república francesa.

Como expresa el siguiente discurso las relaciones entre los científicos y Napoleón hubieran podido ser aún peores: “¿Piensa Ud. que si no hubiese llegado a ser general en jefe y el instrumento del porvenir de un gran pueblo,  habría recorrido oficinas y salones para depender del que fuese ministro o embajador? !No, y mil veces no! Me habría sumergido en el estudio de las ciencias exactas. Habría hecho mi camino en la ruta marcada por los Galileo y los Newton. Y dado que he triunfado constantemente en mis empresas habría obtenido también altas distinciones por mis trabajos científicos. Habría obtenido hermosos descubrimientos. Ninguna otra gloria habría podido tentar mi ambición.”

N.W. [Nicolas Witkowski]

Ver: balón, Egipto (expedición de), Fourier, Lamarck, Laplace, Volta.

Bibliografía: d’Ocagne, M. Napoléon et les savants, 1934- Geoffrey Saint-Hilaire, E, Sur une vue scientifique de l’enfance de Napoléon Bonaparte, 1835.

Addenda:

Nicole Dhombre en su libro Les savants en Révolution p. 83 corrige errores cometidos en esta entrada por Nicolas Witkowski al señalar que Carnot, tras el golpe de Estado de fructidor de 1797 que puso fin al gobierno del Directorio del que el mismo Carnot formaba parte, tuvo que huir primero a Suiza y luego a Alemania perdiendo su puesto de miembro del Instituto de Francia. Quedó entonces vacante su puesto en la segunda sección de ciencias matemáticas y físicas. Tres candidatos se presentaron a la elección que tuvo lugar el 25 de diciembre de 1797: Montalembert, Dillon y Napoleón Bonaparte, siendo este el elegido.

Dossier sobre Psicoanálisis y Ciencias Humanas en el primer número de la revista Culturas Psi/PsyCultures

Marcos Cueto me anuncia la aparición del número 1 (Vol. 1) de CulturasPsi/PsyCultures (www.culturaspsi.org), revista internacional e interdisciplinaria on-line  de acceso gratuito dedicada a estudiar las múltiples dimensiones de la conformación y desarrollo de distintas culturas psi. Este número incluye un dossier sobre psicoanálisis y ciencias humanas con artículos de Luiz Fernando Dias Duarte (psicoanálisis y antropología), Magdalena Holguín (psicoanálisis y filosofía) y Mariano Plotkin (psicoanálisis e historia);  un artículo de Florian Hussier sobre la escuela de Hietzing creada por Anna Freud, uno de Luciano García sobre la recepción de la obra de Vigotski, y un artículo de Nicolás Duffau sobre el tratamiento de la locura en la obra del historiador uruguayo José Pedro Barrán, además de reseñas bibilográficas, noticias, y más

La revista Crisol: número especial sobre las relaciones Francia-Ecuador

Estos son los contenidos del número 17 de la revista CRISOL,  editada por la Université Paris Ouest.

France – Équateur :

Regards croisés

 

Numéro spécial à l’occasion des quarante ans du Centre d’études équatoriennes

 de l’Université Paris Ouest :

1972-2012

Introduction, Emmanuelle Sinardet, coordinatrice du numéro.

Avant-propos, Claude Lara,« Le Centre d’études équatoriennes de Paris Ouest, un regard équatorien ».

Première partie – Regards croisés au prisme des champs civilisationnels

Chapitre premier – Voyageurs et scientifiques français en Équateur : échanges culturels et coopérations

Alexis Medina, « Les Indiens sous la Révolution libérale (1895-1912) en Équateur à travers le regard de Paul Rivet ».

Alvar de la Llosa, « L’Équateur et la visite du président français Charles de Gaulle (1964). Première partie : un contexte difficile ».

Catherine Lara, « Aux sources de la collaboration scientifique franco-équatorienne : apports de la première mission géodésique française à l’archéologie équatorienne ».

Diana Sarrade Cobos, « La contribución científica y técnica del IRD en el conocimiento de la ciudad de Quito ».

David Macías Barres, « Una mirada contemporánea a la enseñanza del francés en Ecuador ».

Chapitre second – Perspectives comparatistes : une histoire en commun ?

Sylvie Monjean-Decaudin, « Le droit de vote des femmes en Équateur et en France : d´Olympe de Gouges à Matilde Hidalgo de Procel ».

Christine Récalt, « La controverse de l’eau en Équateur : deux visions, deux origines ».

Verónica Valencia Bano, « Enfoque psicoanalítico sobre la histeria y la tradición terapéutica Kichwa ».

Chapitre troisième – L´Équateur du 21e siècle en France

Nicole Fourtané, « Les élections présidentielles (2006, 2009) et la Constitution de 2008, vues par le journal Le Monde ».

Hortense Faivre d’Arcier Flores, « La visite de Rafael Correa en France (mai 2008) au prisme de l’actualité politique ».

Chiara Pagnotta, « La inmigración reciente de los/las ecuatoriano/as en Francia (1990-2010) ».

Deuxième partie – Regards croisés au prisme de la littérature

Chapitre premier – Reformulations et réélaborations de l´héritage français

Pierre Lopez, « La France comme marqueur esthétique et vecteur culturel parmi les avant-gardes équatoriennes des années 1920-1930 ».

Cristina Burneo, « Valoración y cuestionamiento de lo francés en lo ecuatoriano : el caso de Alfredo Gangotena ».

Caroline Berge, « L’héritage des auteurs français dans l’œuvre de César Dávila Andrade ».

Anne-Claudine Morel, « Doctor Kronz versus Docteur Rieux : deux figures de l’exil dans un contexte de peste et de choléra. Étude comparative de La Peste (1947) d’Albert Camus et de El Viajero de Praga (1996) de Javier Vásconez ».

Ramiro Oviedo, « De la imaginación periférica a la novela transnacional ».

Chapitre second – « Trois Équatoriens à Paris : Alfredo Noriega, Rocío Durán Barba, Telmo Herrera »

Deerie Sariols, « Alfredo Noriega : Quito no se acaba nunca ».

Nathalie Lalisse-Delcourt, « Ecuador vs Ecuador : droit de réponse de Rocío Durán-Barba à Henri Michaux ».

Emmanuelle Sinardet, « Paris, mythe poétique équatorien : Desde la capital de los MalGenioS (2000) de Telmo Herrera ».

Los militares

El hecho que las relaciones entre las ciencias, los miltares y la gestión del Estado provengan de tiempos antiguos es bien conocido (Arquímedes fabricaba armas) como también lo es los discursos de los savants que sostienen frecuentemente que esas relaciones son al contrario accidentales y coyunturales. Para ellos la ciencia está del lado de la trascendencia y de los saberes, mientras que los otros asuntos remarcan más bien cuestiones técnicas, de poder y de intereses materiales.

Intentar averiguar por qué las ciencias han estado siempre vinculadas a los asuntos militares es tarea fácil. En la medida en la que las ciencias y las técnicas permiten frecuentemente intervenir en el mundo, el poder (económico, político o militar) se interesa en ellas y desea usarlas.

Si se admite que las ciencias de los cuatro o cinco últimos siglos son a la vez sistemas de descripción del mundo pero también saberes construidos para intervenir en él, se comprende el interés de los políticos en apropiarse de sus resultados y modos de acción. A modo de ejemplo, se puede considerar, para la época moderna, lo que las academias denominan matemáticas mixtas (cartografía, geodesia, construcción de instrumentos matemáticos, técnicas de artillería, fortificaciones) o, para los dos últimos siglos, lo que se puede denominar ciencias del ingeniero (química, física y las diversas ingenierías: eléctrica y electrónica, por ejemplo). Se puede también pensar en herramientas matemáticas conectadas, via modelos, a los medios de cálculo, de los que el ordenador es el último avatar.

En el primer caso, se trata de medir, fabricar mapas, facilitar la navegación, concebir el refuerzo de una plaza fuerte o analizar sus puntos débiles -cosas todas ellas importantes para los Estados modernos. En el segundo, y particularmente a través de la experiencia de laboratorio, se trata de purificar los fenómenos, haciéndolos más sencillos y manipulables gracias a máquinas y dispositivos, de comprender sus mecanismos, lo que nuevamente, solo puede interesar a los poderosos. Dicho de otra manera los saberes que caracterizan la ciencia occidental de los últimos siglos requieren de técnicas para ser establecidos y ellos mismos generan técnicas-  de manera que el militar no puede más que encontrar interés en invertir en ello.

El proyecto Manhattan, en los Estados Unidos, en el que se unieron científicos y militares con la finalidad de fabricar el arma absoluta, es un caso extremo de colaboración voluntaria orquestada por el Estado.

El caso de Francia es ejemplar por otras razones puesto que el aparato de Estado se apoyó, al menos desde el siglo XVII, sobre los cuerpos de oficiales ingenieros y savants, y sobre académicos pensionados para servirlo. Estos hombres de Estado, educados en las matemáticas y otras ciencias, trabajan para el rey que les mantiene y les pide a cambio estudios y puestas a punto de procedimientos, controles de las actividades del reino y propuestas para el futuro.

En lo que se refiere más específicamente a los militares hay que resaltar el hecho de que la guerra moderna nace al mismo tiempo que la ciencia. Hace seis o siete generaciones, el oficio de ingeniero era sobre todo un asunto de militares, y las escuelas militares eran los lugares fundamentales de hacer ciencia. Desde 1794, la Escuela Politécnica y los cuerpos de ingenieros civiles y militares que alimenta están en el corazón del sistema científico y del servicio del Estado- la forma más acaba de esta fusión se produjo durante la Revolución y el Imperio.

En todos los campos en los que el saber es directamente un medio de poder (navegación, geografía, topografía, geofísica, astronomía, óptica, telegrafía, comunicaciones, electrónica), los ingenieros militares han jugado siempre un papel fundamental.

A lo largo del siglo XX, el peritaje francés en materia de metrología y de estándares fue responsabilidad de los artilleros, del Laboratorio central de armamento o del Instituto de óptica, y el aparato militar, hasta hace poco tiempo, ha desempeñado un papel crucial en el desarrollo de nuevas tecnologías.

D.P. [Dominique Pestre]

Ver: Manhattan (proyecto), Napoleón, príncipe, investigación operacional.

Investigación operacional

Desde el siglo XIX, savants e ingenieros han colonizado masivamente las cuestiones sociales e industriales con sus métodos. La gestión cientifica tuvo en principio el viento de popa. Concebida por Taylor sus planteamientos fueron continuados en Francia por Le Châtelier. Medio siglo más tarde, con la ayuda de la Segunda Guerra Mundial, fueron la investigación operacional y el análisis de sistemas los que preocuparon a los científicos.

La investigación operacional nació de las necesidades de la defensa anti-aérea inglesa ante los bombardeos y un posible desembarco de los alemanes. Convocó a investigadores de formación diversa para pensar en la optimización de los medios de defensa, particularmente de la cadena de radares costeros que defendían la Gran Bretaña. En una primera fase la electrónica fue más relevante que las estadísticas pues se trataba de hacer funcionar los radares. Rápidamente, sin embargo, fue el funcionamiento del sistema en cadena radar/gestión de la información/utilización óptima de los aviones de caza y de la DCA (Defense Communications Agency) el que prevaleció.

La aproximación global y sistémica prevaleció entonces, como la movilización del razonamiento científico y de las matemáticas para ayudar a pensar, ante la necesidad de actuar rápidamente, el mundo de la defensa y de las operaciones militares (la guerra anti-submarina y la organización de los convoyes, por ejemplo), el de la producción racionada y semiplanificada (la gestión de las importaciones), el de los aprovisionamientos de ejércitos gigantescos, desplazándose por toda la superficie del planeta (la logística).Los lemas llegaron a ser: optimización de recursos, economía en la utilización de medios, aumento de la eficacia de los sistemas de armas.

Dado que proporcionó consejos muy útiles, la investigación operacional (que es el conjunto de técnicas de encuestas sobre el terreno y de matemáticas más o menos sofisticadas) se generaliza en todos los estados mayores.

En la posguerra, particularmente en los Estados Unidos, los físicos, matemáticos y otros economistas que practicaron la investigación operacional transfieren sus savoir-faire y proponen sus servicios y técnicas a los gobiernos (para aconsejarlos sobre políticas públicas o la elaboración de nuevas estrategias de guerrra nuclear) o migran  la dirección, organización y gestión empresarial.

Las técnicas de investigación operacional completan entonces la panoplia de los científicos e ingenieros que ayudan a los industriales y a los Estados a gestionar sus actividades.

D. P. [Dominique Pestre]

ver: ingeniero, militar, tecnociencia.

Observaciones de Frederique Muscinesi y A. Blanchard sobre los blogs académicos

En el importante congreso Digital Humanities 2012 celebrado en la Universidad de Hamburgo Frédérique Muscinesi presentó una comunicación sobre Hypotheses.org como infraestructura para las Humanidades digitales.

Esta plataforma académica on line, creada en el año 2008, por Cléo –the Centre for Open Electronic Publishing- es un portal de blogs de investigación que se ha ido internacionalizando. En la actualidad existen tres portales que agrupan respectivamente a blogueros francófonos, germanófonos e hispanófonos. Nuestro compañero Adolfo Estalella, por sus conocimientos en la antropología de Internet y las tecnologías digitales, forma parte del consejo científico de es.hypotheses, integrado por investigadores que animan interesantes blogs.

Entre las referencias en las que se apoya Frédérique Muscinesi para construir su argumento me ha llamado la atención el artículo de A. Blanchard “Ce que le blog apporte à la recherche“. Es una inteligente explicación de las importantes contribuciones de la blogosfera al movimiento de la ciencia 2.0 abierta, en línea y participativa. Detalla cómo los blogs académicos realizan aportaciones sustantivas a los cinco ejes o polos definitorios del proceso de investigación que se pueden representar por una rosa de los vientos para describirlos, según sostienen los sociólogos de la ciencia Michel Callon, Philippe Larédo y Philippe Mustar, y otros que no menciona Blanchard como Bruno Latour y Xavier Polanco.

Esas cinco ramas serían: la producción de conocimientos certificados por las instituciones y los “pares”; la formación que permite incorporar a la sociedad los saberes y las competencias desarrolladas en el laboratorio, fundamentalmente a través del sistema educativo; la innovación, es decir la dimensión económica de la investigación a través la transferencia de tecnología y la capacidad de ser competitivo en el mercado; la vinculación de los conocimientos con el sostenimiento de los bienes colectivos y la relación con los poderes públicos, y la labor de intervención en la sociedad gracias a su “expertise” a través de los media, el asociacionismo y la participación en la esfera pública.

rosa de los vientos instruments de la recherche

Los blogs además gracias al micro-blogging (que permite publicar reflexiones condensadas) y sobre todo gracias al lifestreaming (que agrupa el conjunto de los flujos que componen el yo digital) refuerzan el sentimiento de comunidad perceptible, por ejemplo, en los biólogos 2.0 agrupados en Friendfeed. Finalmente el blog facilita la comunicación científica. Earl Wilson decía que “la pausa para tomarse un café podría ser el mejor sistema de comunicación encontrado por los científicos”. Quizás el blog como sostiene A. Blanchard, al permitir lanzar ideas y discutir de manera informal, pueda equivaler a la pausa del café del siglo XXI.

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