Los militares

El hecho que las relaciones entre las ciencias, los miltares y la gestión del Estado provengan de tiempos antiguos es bien conocido (Arquímedes fabricaba armas) como también lo es los discursos de los savants que sostienen frecuentemente que esas relaciones son al contrario accidentales y coyunturales. Para ellos la ciencia está del lado de la trascendencia y de los saberes, mientras que los otros asuntos remarcan más bien cuestiones técnicas, de poder y de intereses materiales.

Intentar averiguar por qué las ciencias han estado siempre vinculadas a los asuntos militares es tarea fácil. En la medida en la que las ciencias y las técnicas permiten frecuentemente intervenir en el mundo, el poder (económico, político o militar) se interesa en ellas y desea usarlas.

Si se admite que las ciencias de los cuatro o cinco últimos siglos son a la vez sistemas de descripción del mundo pero también saberes construidos para intervenir en él, se comprende el interés de los políticos en apropiarse de sus resultados y modos de acción. A modo de ejemplo, se puede considerar, para la época moderna, lo que las academias denominan matemáticas mixtas (cartografía, geodesia, construcción de instrumentos matemáticos, técnicas de artillería, fortificaciones) o, para los dos últimos siglos, lo que se puede denominar ciencias del ingeniero (química, física y las diversas ingenierías: eléctrica y electrónica, por ejemplo). Se puede también pensar en herramientas matemáticas conectadas, via modelos, a los medios de cálculo, de los que el ordenador es el último avatar.

En el primer caso, se trata de medir, fabricar mapas, facilitar la navegación, concebir el refuerzo de una plaza fuerte o analizar sus puntos débiles -cosas todas ellas importantes para los Estados modernos. En el segundo, y particularmente a través de la experiencia de laboratorio, se trata de purificar los fenómenos, haciéndolos más sencillos y manipulables gracias a máquinas y dispositivos, de comprender sus mecanismos, lo que nuevamente, solo puede interesar a los poderosos. Dicho de otra manera los saberes que caracterizan la ciencia occidental de los últimos siglos requieren de técnicas para ser establecidos y ellos mismos generan técnicas-  de manera que el militar no puede más que encontrar interés en invertir en ello.

El proyecto Manhattan, en los Estados Unidos, en el que se unieron científicos y militares con la finalidad de fabricar el arma absoluta, es un caso extremo de colaboración voluntaria orquestada por el Estado.

El caso de Francia es ejemplar por otras razones puesto que el aparato de Estado se apoyó, al menos desde el siglo XVII, sobre los cuerpos de oficiales ingenieros y savants, y sobre académicos pensionados para servirlo. Estos hombres de Estado, educados en las matemáticas y otras ciencias, trabajan para el rey que les mantiene y les pide a cambio estudios y puestas a punto de procedimientos, controles de las actividades del reino y propuestas para el futuro.

En lo que se refiere más específicamente a los militares hay que resaltar el hecho de que la guerra moderna nace al mismo tiempo que la ciencia. Hace seis o siete generaciones, el oficio de ingeniero era sobre todo un asunto de militares, y las escuelas militares eran los lugares fundamentales de hacer ciencia. Desde 1794, la Escuela Politécnica y los cuerpos de ingenieros civiles y militares que alimenta están en el corazón del sistema científico y del servicio del Estado- la forma más acaba de esta fusión se produjo durante la Revolución y el Imperio.

En todos los campos en los que el saber es directamente un medio de poder (navegación, geografía, topografía, geofísica, astronomía, óptica, telegrafía, comunicaciones, electrónica), los ingenieros militares han jugado siempre un papel fundamental.

A lo largo del siglo XX, el peritaje francés en materia de metrología y de estándares fue responsabilidad de los artilleros, del Laboratorio central de armamento o del Instituto de óptica, y el aparato militar, hasta hace poco tiempo, ha desempeñado un papel crucial en el desarrollo de nuevas tecnologías.

D.P. [Dominique Pestre]

Ver: Manhattan (proyecto), Napoleón, príncipe, investigación operacional.

Acerca de Leoncio López-Ocón
Historiador. Investigador del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Madrid.

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