Homenaje al historiador Eloy Fernández Clemente en el Ateneo de Madrid

 

Eloy Fernandez Clemente

El lunes 13 de junio de este año de 2016 ha tenido lugar en el Ateneo de Madrid un homenaje al historiador aragonés Eloy Fernández Clemente (1942-  ), consecutivo al que recibió el pasado mes de abril en Zaragoza por parte de una serie de especialistas de historia económica, noticia de la que dio cuenta el Heraldo de Aragón (ver aquí).

El homenaje madrileño se ha celebrado  en un lugar muy vinculado a la trayectoria vital e intelectual del homenajeado, pues en sus salas Eloy Fernández Clemente logró entrevistar allá por mayo de 1964 al filósofo francés Gabriel Marcel cuando muy joven estaba próximo a la corriente democristiana liderada por Joaquín Ruiz-Giménez, impulsora de la revista Cuadernos para el Diálogo (1963-1978), una especie de parlamento de papel donde se auspició un diálogo intergeneracional que ayudó a transitar del franquismo al régimen democrático actual, publicación bien estudiada por Javier Muñoz Soro

 

Ateneo homenaje Eloy Fernandez Clemente13 junio 2016

Las intervenciones de los sociólogos Alfonso Ortí Benlloch, quien no pudo asistir por problemas de salud, siendo leído su texto, y de Cristóbal Gómez Benito insistieron en las aportaciones efectuadas por Eloy Fernández Clemente al mejor conocimiento de la vida y de la obra de ese gran aragonés regeneracionista que fue Joaquín Costa desde que la editorial de Cuadernos para el Diálogo – Edicusa- le publicase en 1969 su primer libro Educación y revolución en Joaquín Costa, derivado de su tesis de licenciatura.

Eloy Fernandez Clemente Educación y revolución Joaquin Costa

 

Alfonso Ortí, tomando como referencia la división que estableció Pedro Laín Entralgo en su libro de 1956 España como problema de los seres humanos entre “hereticales” y “pontificales”, insistió en la bonhomía de Eloy Fernández Clemente, al que conoce desde larga data, y en su carácter “pontifical”, es decir de hacedor de puentes, de articulador de empresas colectivas.

Esta faceta fue destacada también por el artista Fernando Alvira, director desde el año 2000 del Instituto de Estudios Altoaragoneses, una de las numerosas instituciones de la CECEL (Confederación Española de Centros de Estudios Locales), adscrita al CSIC. Y así Fernando Alvira puso el foco de su intervención en las grandes iniciativas aragonesistas promovidas por Eloy Fernández Clemente. Una de ellas fue la gran revista Andalán, cuya historia fue reconstruida con primor por el propio Eloy en el segundo volumen de sus memorias tituladas precisamente Los años de Andalán (1972-1987).

Eloy Fernandez Clemente Memorias 2

En esa publicación, que avivó la conciencia aragonesista, desempeñó un papel fundamental el amigo del alma de Fernández Clemente el profesor, escritor, cantautor y político José Antonio Labordeta (1935-2010), cuyo Canto a la libertad sostiene Fernández Clemente podría haberse adoptado perfectamente como himno de Aragón.

La segunda iniciativa colectiva relevante impulsada por el buen quehacer de Eloy Fernández Clemente fue la Gran Enciclopedia Aragonesa o GEA, cuya primera edición en 12 tomos vio la luz entre 1980 y 1981, y que afortunadamente hoy en día se puede consultar online (ver aquí), gracias a un acuerdo de colaboración entre el Grupo Zeta y las Consejerías de Educación y de Universidad del Gobierno de Aragón.

Eloy y Leoncio

En mi intervención intenté explicar los porqués de mi presencia en ese acto, que me resultó entrañable, y dar cuenta de la valía como historiador de Eloy Fernández Clemente, ciñéndome a comentar dos de sus obras, las más significativas para mí, de una muy amplia bibliografía.

Así como en la vida del homenajeado, según él explica en sus voluminosas memorias, fueron determinantes en diversos momentos de su trayectoria intelectual los consejos, orientaciones, y colaboraciones de sus amigos, mi presencia en ese acto se debió a la acción de dos amigos.

Por un lado Alejandro Díez Torre me comentó hace unos meses su intención de organizar en el Ateneo un homenaje a un historiador al que tenía gran aprecio  y admiraba. Al escuchar el nombre de Eloy Fernández Clemente le animé a llevar a cabo la iniciativa pues gracias al seguimiento de una de sus obras, a la que me referiré a continuación, también era yo consciente de la valía del futuro homenajeado. En efecto, meses antes, me había familiarizado en mis investigaciones sobre la editorial Atlante, que dieron lugar a dos publicaciones (ver aquí y aquí), con la magnífica edición de Eloy de los Escritos económicos de Manuel Sánchez Sarto, publicados en su exilio americano, particularmente mexicano entre 1939 y 1969. Sánchez Sarto, primero en colaboración con el ingeniero comunista balear Estanislao Ruiz Ponseti, dirigente del PSUC, y luego con la inestimable ayuda de su íntimo amigo Leonardo Martín Echeverría, alto cargo de Izquierda Republicana y catedrático de Geografía e Historia en diversos institutos, era la persona que había diseñado la puesta en marcha de esa importante editorial. Atlante no es tan conocida como otras empresas editoriales del exilio republicano pero logró formar un importante catálogo editando diversas obras científico-técnicas, literarias y artísticas de gran valor. Además los hombres de Atlante lograron financiar en sus primeros años de existencia, entre 1940 y 1945 aproximadamente, la gran revista Ciencia, el principal órgano de expresión de los científicos republicanos exiliados, que afortunadamente está accesible online (ver aquí).

Por otra parte al explicarle a Juan Pimentel, amigo y compañero del departamento de Historia de la Ciencia del Instituto de Historia del CCHS del CSIC, allá por noviembre de 2013 la conferencia que iba a dar sobre la editorial Atlante en un inminente viaje que hacía a México, invitado por Sylvie Didou Aupetit del Departamento de Investigaciones Educativas del CINVESTAV, le mostré el mencionado libro de Eloy sobre Sánchez Sarto.

Y entonces se concatenaron los acontecimientos: Juan conocía al autor del volumen, dado que ambos están en el consejo de redacción de la magnífica colección Historia del fondo editorial Marcial Pons; me proporcionó su correo electrónico; pregunté a Eloy si conocía a descendientes de Manuel Sánchez Sarto; me contestó que sí y me ofreció el teléfono de Dª Pilar Sánchez Condoy. Nada más llegar a México D.F. conversé con Dª Pilar el martes 19 noviembre de ese año 2013, y concertamos un encuentro en su domicilio de Las Lomas de Chapultepec días después, el sábado 23 de noviembre. En él estuvo presente su hijo Guillermo y aquella larga conversación constituyó para mí un momento de especial e intensa emoción en aquel viaje mexicano. Dª Pilar con sus 85 años, pues había nacido en Zaragoza el 23 de octubre de 1928, además de conservar su elegancia, disponía de una gran memoria, y me ofreció datos de extraordinario valor sobre su padre y sobre su querido amigo Leonardo Martín Echeverría, autor del primer volumen que publicó la editorial Atlante España: el país y los habitantes, un gran tratado de geografía física y humana que circuló ampliamente entre la diáspora republicana. Además me hizo dos regalos que son dos pequeños tesoros en mi biblioteca.  El primero fue su libro de memorias titulado Tiempo de recuerdos que escribió para que su familia fuese consciente de cómo una niña, que salió hacia el exilio con 11 años al zarpar en Lisboa en el barco Ipiranga el 27 de septiembre de 1939, pudo abrirse camino en la hospitalaria república mexicana, donde su padre; Manuel Sánchez Sarto, desarrollaría una importante labor educativa e investigadora como economista. El segundo consistió en un cuaderno manuscrito de su padre iniciado en tierras francesas en febrero de 1939, poco después de cruzar los Pirineos e iniciar su largo exilio, en el que expone sus planes para fundar una empresa editorial, fuente inestimable para conocer los primeros pasos de lo que meses después sería la ya mencionada editorial Atlante. Tal y como insinué en mi intervención en el homenaje a Eloy nunca podré agradecer suficientemente a Juan Pimentel y a Eloy Fernández Clemente que me pusiesen en contacto con Dª Pilar Sánchez Condoy, ejemplo del temple y de la creatividad desarrollados por una gran parte de los exiliados republicanos españoles en tierras mexicanas.

La valía de Eloy Fernández Clemente como historiador recorre su vasta obra pero solo me fijaré ahora en cualidades presentes en dos de sus trabajos.

Por una parte en el rigor y pulcritud con el que elaboró la edición de los Escritos económicos de Manuel Sánchez Sarto. Ahí ofrece valiosa información sobre la trayectoria intelectual de ese economista y emprendedor cultural y deshace tópicos existentes en la historiografía como el hecho de considerar a la editorial Atlante una empresa catalanista, al pensar determinados historiadores que la contribución económica del PSUC fue fundamental para su puesta en marcha, cuando en realidad el dinero de los comunistas catalanes quedó bloqueado en París al producirse la invasión alemana de Francia en el otoño de 1939. Manuel Sánchez Sarto y Leonardo Martín Echeverría se vieron entonces obligados a  recurrir a recursos procedentes de otras fuentes de financiación. Y aunque la presencia catalana y comunista fue muy importante en la editorial, a través de la figura de su gerente Juan Grijalbo, no es menos cierto que el grueso de los colaboradores procedían de otras fuerzas políticas distintas del PSUC, como era el caso de los científicos vinculados a Izquieda Republicana José y Francisco Giral, o los pedagogos aragoneses anarquistas Domingo Tirado Benedi y Santiago Hernández Ruiz. También es cierto que Eloy Fernández Clemente deja flancos abiertos en su aproximación a Manuel Sánchez Sarto, pues a mi modo de ver no profundiza suficientemente en las contribuciones que hizo ese economista y también licenciado en Filosofía y Letras en otros campos del conocimiento como revelan sus artículos humboldtianos “Humboldt, el monstruo heráldico del Orinoco”, en Cuadernos Americanos, México, mayo-junio 1942, nº 3 , “Los cuadros de la naturaleza”, Revista de la Universidad de Puebla, quizás también de 1942 y “El viaje de Humboldt a las regiones equinocciales”, en la obra colectiva Ensayos sobre Humboldt publicada por la UNAM en 1962, o su trabajo sobre “El concepto de región” en Cuadernos Americanos, noviembre-diciembre 1967.

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Por otro lado en el esfuerzo reflexivo subyacente en su voluminosa autobiografía formada por la trilogía El recuerdo que somos. Memorias (1942-1972), Los años de Andalán. Memorias (1972-1987) y Tesón y melancolía. Memorias (1987-2012), editadas por Rolde de Estudios Aragoneses entre 2010 y 2015. Solo he podido leer hasta ahora el primer volumen que es un vívido relato sobre la infancia y juventud del autor, sus primeras referencias culturales y sus inicios profesionales como educador e investigador. Al respecto me llamaron poderosamente la atención los recursos que usó Eloy como maestro para motivar a sus alumnos en la escuela San Braulio en la primera experiencia docente que tuvo con poco más de veinte años en el barrio obrero zaragozano de El Picarral. Pero ese primer volumen de sus memorias es además una excelente fuente de información sobre los ambientes que frecuentó Eloy en su Aragón natal en los años 1950 y 1960 y en el Madrid, “castillo famoso”, donde vivió entre septiembre de 1963 y mayo de 1966, período en el que, además de enamorarse de su actual esposa Marisa Santiago Docanto, fue testigo privilegiado, como militante de las juventudes democristianas, del movimiento estudiantil antifranquista que culminó su acción contestataria con las protestas de 1964, duramente reprimidas por el régimen franquista como se constató en las expulsiones de la universidad española de José Luis López Aranguren, Agustín García Calvo y Enrique Tierno Galván, entre otros destacados profesores antiautoritarios.

Eloy Fernández Clemente inicia sus memorias, en cierta medida prodigiosas y portentosas por la masiva movilización de información y recuerdos,  con la siguiente cita de Enrique Lynch (Babelia 1 noviembre 2008), a modo de autoprotección y justificación de su impresionante empeño intelectual:

¿Un libro de memorias que no incurra en narcisismo? Imposible. El género autobiográfico es el predilecto de los pavorreales y los narcisos..”Hacer memoria de” la experiencia propia y que el resultado no parezca una simple crónica personal de hechos pasados y no acabe siendo la típica “novela familiar del neurótico”, requiere considerable pericia narrativa y, desde luego, una buena dosis de ironía para evitar que el relato quede atrapado en el pequeño yo del autor.

Ciertamente estas memorias trascienden al “pequeño yo del autor” y constituyen un significativo friso de la vida cultural e intelectual de la sociedad aragonesa y española de la segunda mitad del siglo XX, como han visto por ejemplo críticos de su segundo volumen dedicados a Los años de Andalán. Y aunque no son un ejercicio de ego-historia como el que hicieron grandes historiadores franceses convocados por Pierre Nora para que en Essais d’ego-histoire explicasen las coordenadas históricas en las que se gestaron y desarrollaron sus obras históricas, sí constituyen un elocuente ejercicio de “autohistoriografía”, de historia que los historiadores hacen de sí mismos, según el término acuñado por Jean-François Botrel, según el mismo Eloy Fernández Clemente puntualiza.

El homenaje acabó con una breve intervención del propio Eloy, también reflexiva sobre el sentido del acto tal y como él lo vivía, sobre los amplios intereses que le han motivado como historiador que le llevaron también por ejemplo a interesarse por la historia portuguesa, – sobre la que cabe destacar su libro Portugal en los años veinte: los orígenes del Estado Novo (Valladolid 1997) –  y con el anuncio de que, como persona incansable que es, ya estaba escribiendo una novela histórica, uno de cuyos escenarios era precisamente el lugar donde nos encontrábamos, el Ateneo de Madrid, allá por el siglo XIX. Escuchándole me vino a la mente unos párrafos de su primer tomo de memorias que transcribo porque en él se entremezclan el amor a su padre, a su tierra aragonesa, su amplia cultura humanística, y su mesura. El texto tiene el epígrafe de “Hablar A Boninico”.

Una cuestión que ocupó a mi padre [ que era maestro ] durante muchos años es la del habla local, rica en modismos originales, sin ninguna duda inmersa dentro de lo que hoy llamamos fabla o aragonés. Tiene maldita gracia que tantas de aquellas expresiones que se nos vedaban a los chicos de hace medio siglo diciéndonos que era “hablar mal”, paleto, eran, en realidad restos aún vivos de la vieja llama, el gran idioma romance derivado (como el castellano o español, el catalán, el gallego-portugués, el francés, el italiano, el rumano, etc.) del latín. ¡A más de cien kilómetros al sur de Zaragoza! Las peculiaridades de esa forma de hablar, estudiadas con enorme cariño por mi padre, formaron un artículo ya citado, editado en 1992.

Desde pequeño, en Alloza, oí muchas palabras en aragonés a la gente del pueblo. Me quedan inevitablemente docenas de ellas en el hondón de los recuerdos y me saben a meriendas de pan con vino y azúcar, a roscañau, a tortas de alma: Voy asoben a casa de la tia Maria, bolligo mucho, soplo la camada o el calibo, dormito en la cadiera, escucho cuentos que me dicen a boninico y de camino me voy, es tarde y está bajando la boira.

Abominico, esa es la palabra que ya hace unos años “apadriné” en una encuesta que hizo Rolde, y que según algunos también se usa abreviada como abonico. Yo creo que no son lo mismo. Hablar abonico es hablar con cuidado, modosamente, bien. En cambio, abominico era hablar muy bajo, casi confidencialmente, guardando el máximo cuidado no solo en no molestar sino en no ser escuchado; y solían decirse, pensábamos, las cosas más amables y amorosas, también los rumores cantarinos. Aunque todavía disfruto de un vozarrón con mal oido, que no me permite cantar sino en presencia de mi abogado, sigo enamorado de esa palabra y su significado, de esa actitud prudente y moderada, de ese decir susurrando, deslizando más que palabras sentimientos.

 

Eloy Fernandez clemente Memorias 3

 

Acerca de Leoncio López-Ocón
Historiador. Investigador del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Madrid.

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