El 10 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado o reflexiones políticas

Tras dimes y diretes en la segunda semana de 1918 el presidente del gobierno Manuel García Prieto (n. 1859) consiguió la firma de Alfonso XIII para disolver el Parlamento y convocar elecciones para el mes siguiente. El marqués de Alhucemas era un jefe frágil del partido liberal, dividido en varios clanes, desde el verano anterior, y  había sustituido en la jefatura del gobierno al conservador Eduardo Dato el 3 de noviembre de 1917. Ante la noticia del día Manuel Machado reaccionó con una amarga crítica al caciquismo imperante en la política española, mostrando escepticismo ante los efectos positivos de la labor parlamentaria.

He aquí sus reflexiones acompañadas de la correspondiente ilustración de Ricardo Marín, desaparecia de la edición que hizo en 1974 J.L. Ortiz de Lanzagorta del primer semestre del dietario de Manuel Machado de 1918, con motivo de celebrarse el nacimiento del hermano mayor de Antonio Machado.

Ricardo Marín 10 enero 1918

Jueves 10 enero 1918

En cuanto al Gobierno, ya tiene resuelto el gran problema. El país está enfrente del más grave de los suyos, aunque no el más urgente. El marqués de Alhucemas obtuvo su “redecreto” de disolución de las Cortes, firmado y confirmado. Con él un nuevo y flamante prestigio innegable. Pero de los que más obligan y comprometen.

Por lo que toca al pueblo, al país, a España entera, parece llegada la hora de que muestre su conciencia y su voluntad en las próximas elecciones. Los candidatos van a decirle las mismas bernardinas de siempre; los caciques van a comunicarle las mismas órdenes; los gobernantes van  a preparar – magüer promesas increíbles- su encasillado de costumbre; los potentados van a ofrecerle más dinero que nunca por el voto.

Pues bien. Será un imbécil el que vote a los declamadores de vagas doctrinas de política fantástica que se llaman liberales, conservadores, republicanos, monárquicos, etc., y lo dicen tan orondos como si esos camelos significaran hoy nada en el mundo ni resolvieran el menor problema práctico de nuestra vida nacional.

Será un cobarde borrego, sin corazón ni meollo, el que no comprenda que el cacique vive y medra precisamente del rebaño que lleva a las urnas, y que si éste se guiña el ojo y no va ¡adiós cacique!

Será un infame el funcionario que se preste a ser rueda de la máquina electoral adicta y un iluso el que -contra su conciencia- trate de medrar, congraciándose con un estado de cosas cuya seguridad y duración son más que problemáticas.

Y, finalmente, será el último de los miserables el que venda por unas monedas el sagrado derecho – hoy un hecho definitivo- a salvar a su patria, a esta pobre patria de nuestra alma y de nuestra carne, que necesita hoy de todos sus hijos, sobre todo de los más pobres, para que no acaben  de devorarla los verdaderos sans patrie de la plutocracia.

Y en cuanto a si serán o no constituyentes las Cortes venideras, sólo depende de los hombres que las formen. Responded, pues, a todos los que os ofrezcan  hacer esto o lo otro, con esta pregunta:

– ¿ Y qué has hecho hasta aquí? ¿Dónde están tus obras?

Y, sobre todo, no nos mandéis aquí ningún hombre que no lo sea por sí mismo.

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Acerca de Leoncio López-Ocón
Historiador. Investigador del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Madrid.

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