El 15 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado: pesimismo ante situación sociopolítica

A medida que discurría el mes de enero de 1918 el hambre avanzaba entre las clases populares españolas. Proliferaron entonces manifestaciones en numerosas ciudades, sobre todo del arco mediterráneo. De ellas informó Mundo Gráfico,  la revista ilustrada más popular de aquel momento, en su ejemplar de 23 de enero de 1918, ofreciendo imágenes de numerosas manifestaciones dirigidas por mujeres. Las tres fotos de abajo corresponden a la gran manifestación habida en Málaga el 15 de enero que se saldó con decenas de muertes.

Mundo Grafico 23 enero 1918 manifestaciones del hambre

También se produjeron sucesos luctuosos en Alicante y en Barcelona como consecuencia del malestar social existente en la capital catalana.

Mundo Grafico 16 enero 1918 Barcelona protestas

La colaboración de Manuel Machado correspondiente a sus reflexiones sobre el martes 15 de enero, que publicó una semana después en El Liberal de 21 de enero, corresponden a esos trágicos acontecimientos. Expresan una profunda crítica al comportamiento irresponsable de las elites politicas y económicas, dirigiendo sus dardos hacia la patronal catalana. Su actitud egoísta y cerril le parecía indignante y así lo pudo constatar cuando fue testigo directo de la semana trágica barcelonesa en 1909. E instaba al primer ministro Manuel García Prieto, marqués de Alhucemaas, a escuchar la voz del pueblo.

Estas son pues sus reflexiones, acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín alusiva a la acción de la Parca en la risueña ciudad de Málaga teñida de luto aquel 15 de enero de 1918.

Martes 15 de enero de 1918

En cambio, aqui no fracasa nadie. O, mejor dicho, el fracaso repetido es una nueva garantía de poder. Estamos gobernados por las mismas cosas y por los mismos hombres que nos llevaron al gran desastre. Ellos y suss hechuras y descendientes continúan mandando. Y el desastre tambien continúa. Barcelona…Malaga…Alicante.

La semana trágica de 1909 me cogió en Barcelona. Inopinadamente y sin quererlo me encontré con la huelga y con la revolución.

Pues bien; yo os juro que jamás oí en boca del pueblo en armas el menor grito separatista, la menor voz antipatriotica ni nacionalista. El ejército era aplaudido en todas partes. Allí pude comprobar, en cambio – y uno de los más prestigiosos entre ellos mismos corroboró entonces mi aserto- que la culpa toda de los disturbios era del avariento despotismo salvaje de muchos patronos fabricantes catalanes, de los tiránicos industriales enriquecidos, prototipo, en su mayoría, de la intransigencia, de la crueldad egoísta y, lo que es peor, de la grosería inabordable. Ellos, sí: ellos sí que eran catalanistas y separatistas y “lligueros” y facciosos. Ellos sí que eran antimilitaristas, incapaces de toda solidaridad, no ya nacional, sino humana, hasta el punto de alegrarse y sonreír en medio del pánico, cuando la destruida o la quemada era la fábrica del vecino, esperando vagamente salvar la propia o consolandose así de haberla perdido. Os digo que yo lo he visto.

En cuanto a Málaga, Málaga divina, perla del Mediterráneo; Málaga, sufrida y pobre, risueña siempre, enpero, y dulcemente alegre, ha roto en un momento de sagrada indignación su tradicional armonía. Exasperaciones del hambre y de la iniquidad la han enloquecido, y trocado en rojo y negro aquel exquisito panorama de azul y plata. La represión ha sido brutal y mortífera.

No podemos desde aquí juzgar del todo a las autoridades malagueñas. Pero el pueblo entero, colgando de luto sus balcones, ha dicho al gobernador que se vaya. El jefe de un partido demócrata no puede dudar de que Vox populi vox Dei. Hay que olvidar que somos marqués y grande de España para recordar que la primera obligación de un régimen democrático es escuchar al pueblo.

Ricardo Marin 15 enero 1918

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