El impacto de la película “La hija de los dioses” en el Madrid de 1918

En medio de las tribulaciones de la vida cotidiana de las que Manuel Machado fue dando cuenta en su Memorándum de la vida española de 1918, tal y como se viene comentando en esta bitácora, también hubo ocasión para la diversión y el goce de espectáculos culturales para ciertos círculos sociales.

En el mes de enero de 1918 se estrenó en Madrid el film La hija de los dioses, una superproducción protagonizada por la nadadora, luchadora por los derechos de la mujer y actriz Annette Kellerman (n.1887), de origen australiano, quien llevó a cabo en esa película el que es considerado el primer desnudo en la historia de la cinematografía.

Annette.Kellerman.NeptunesDaughter

Los medios de comunicación dieron una gran cobertura al estreno de esa película “sensacional”, según un comentarista del diario La Correspondencia de España el 20 de enero de 1918. Antes de ser proyectada en el cine Odeón el propietario de la película en España, Juan Iglesias, ofreció un pase previo a la Asociación de la Prensa, al que asistieron destacados artistas como el dramaturgo Jacinto Benavente (n.1866), el pintor Joaquín Sorolla (n.1863) y el escultor Mariano Benlliure (n. 1862).

Entre los espectadores de esa película, que causó un gran impacto social, también se encontró Manuel Machado quien expresó su opinión sobre la película, y sobre el arte de filmar, en su dietario publicado por El Liberal. Como era habitual sus opiniones y reflexiones iban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín.

Miércoles 23 de enero de 1918

Catorce leguas de pelicula. Veintiún mil doscientos diez y ocho intérpretes. Mil doscientos niños. Seis millones de francos. Una ciudad construida para quemarla. Y, sobre todo, la cara bonita y las proporciones completamente venusianas de Anita Zellermann (sic) … Tanto así de caderas, tantico así de cintura. La hija de los dioses, película desarrollada por primera vez en Madrid, a beneficio de la Prensa, es una verdadera maravilla.

Las maravillas cinematográficas, no obstante, no han encontrado aún su aplicación más noble y más alta; el verdadero empíreo en que destellar. ¿Es por falta de campo en que ejercer su acción omnímoda? Antes al contrario, la pobre y rutinaria imaginación humana es la que no sabe aún muy bien qué hacer con estos nuevos ojos que pueden verlo todo y reproducirlo todo. Y no poseyendo aún el arte de la film, lo tienen convertido, hasta ahora, en una copia servil del teatro, del mal teatro melodramático, folletinesco o astracanesco, halagando el pésimo gusto del vulgo, cuando habría que domarlo y corregirlo.

El secreto de la cinemática es la vida. Pero el misterio de la vida no se capta retratando a unos comicos en la calle, en un jardín, corriendo en auto o desvalijando trenes. La afición a lo real debe ir hasta la religion de las cosas, hasta el descubrimiento de su alma, hasta ese panteísmo secreto que crea los grandes pintores y los grandes escultores. El cine dispone para ello de medios superiores; a su devoción están todas las fuerzas del universo, asi en lo grande como en lo infinitamente pequeño. A él le toca realizar la síntesis maravillosa…

Pero es que hace mucho tiempo sabemos pintar y esculpir. Filmar no sabemos aún.

Ricardo Marin 23 enero 1918

 

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Acerca de Leoncio López-Ocón
Historiador. Investigador del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Madrid.

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