Una tarde dominical de enero de 1918 en el Retiro madrileño

Como otros madrileños Manuel Machado optó por pasear por el Retiro una tarde dominical de enero de 1918 para distanciarse de las tribulaciones de la vida cotidiana. Sus divagaciones peripatéticas las trasladó a su lectores de El Liberal, reflexionando sobre la decadencia de España y cometiendo algunas licencias literarias.

Lope de Vega (1562-1635), “un ingenio de esta corte” poco pudo alternar en las alamedas del Retiro con Calderón de la Barca (1600-1681) y Agustín de Moreto (1618-1689) pues la diferencia de edad entre estos tres grandes poetas del Siglo de Oro era considerable.

Y denominar rey-poeta a Felipe IV puede considerarse un exceso hasta el punto de que el erudito Luis Astrana Marín -uno de los admiradores y corresponsales de Santiago Ramón y Cajal- consideraba que quienes calificaban así a ese rey “son sin duda tan escasos de meollo como aquel monarca”, como recordaran no hace mucho Luis Alejandre y José Jiménez Lozano en una colaboración en el diario La Razón (ver aquí).

De todas maneras el gran historiador del reinado de Felipe IV José Deleito y Piñuela (1879-1957), coetáneo de Manuel Machado, titulará una de sus obras históricas, publicada en 1946, La mujer, la casa y la moda (En la España del rey-poeta).  En esa época el liberal Deleito sufría un exilio interior, pues había sido depurado de su cátedra en la Universidad valenciana por la dictadura franquista.

Las reflexiones de Manuel Machado iban acompañadas de una viñeta de Ricardo Marín, quien en esta ocasión estampó su firma.

Domingo 27 enero 1918

Clara y serena tarde dominical, en las alamedas del Retiro, que invitan a las divagaciones deambulantes, al descanso y al olvido momentáneo. Sedante amable de amargas inquietudes, siempre lo fue este viejo Retiro. Entre sus frondas parece ahora mismo que va a surgir la pálida  y blonda figura del rey-poeta. “Un ingenio de esta corte” se refugiaba aquí también a olvidar, a soñar en la vida galante y literaria, a alternar con Calderón y Moreto en el difícil arte de la comedia, mientras se desmoronaba el mayor imperio que vieron los siglos, y el sol -como esta tarde- se ponía, uno tras otro, en todos los Estados de España.

Pero unos niños han pasado corriendo. Sus voces alegran este viejo Parque. El sol de España tal vez volverá a alzarse para ellos en un mañana florido.

Ricardo Marín 27 enero 1918

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Acerca de Leoncio López-Ocón
Historiador. Investigador del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Madrid.

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