Manuel Machado lector de las “Poesías escogidas” de Juan Ramón Jiménez

Como ya mostré en la entrada que dediqué en mi blog Jaeinnova a la Revista General (ver aquí) el año 1917 fue de una intensa creatividad en la trayectoria intelectual de Juan Ramón Jiménez. En julio de ese año firmaba el prólogo a la edición de una selección de su obra poética que hizo conforme a su gusto. Fue publicada en las semanas siguientes por la Hispanic Society of America que hizo una tirada de 600 ejemplares, no destinados a la venta, y firmados todos ellos por el mismo Juan Ramón.

El futuro premio Nobel dedicó esa cuidada antología a sus amigos Mr. y Mrs. Archer Huntington, quienes con la financiación de ese libro mostraban una vez más la importancia de su labor de mecenazgo de la cultura española.

Uno de esos 600 impagables ejemplares llegó a Manuel Machado, quien en la tarde dominical del 3 de febrero se dio un festín literario leyendo al gran poeta de Moguer, admirador a su vez de la poesía del hermano de Manuel, Antonio, a quien dedicó su poema  La amistad, aquel que dice al principio: !Amistad verdadera, claro espejo//en donde la ilusión se mira!

Juan Ramón Jiménez -

He aquí las impresiones que transmitó Manuel Machado cuando presentaba su diario a sus lectores de El Liberal a propósito de sus lecturas juanramonianas, tal día como hoy hace cien años.

Por cierto esa edición de las Poesías escogidas de Juan Ramón, que tuvo en sus manos Manuel Machado está accesible aquí, gracias a la digitalización de tres de sus ejemplares existentes en bibliotecas norteamericanas

Domingo 3 de febrero de 1918En un país de ensueño. Jardines imaginados bajo la luna. Filomela y la fuente acaban de cantar, y en el silencio -formado de sus dos mutismos recientes- se alza una voz deliciosa y unítona, impregnada de viejas tristezas infantiles…Estoy leyendo la soberbia colección de Poesías escogidas, de Juan Ramón Jiménez, que ha editado la Hispanic Society, de Nueva York. Este libro impagable (y que no se vende) constituye mi fiesta del domingo. Recorro sus páginas al azar, y mi alma se baña de claridades finísimas, se penetra de “luar” de estrellas y de la más vaga y deliciosa de las ternuras humanas. El joven maestro me lleva de la mano -hermano- a las regiones de la poesía pura y sin mezcla de otra cosa alguna. Estamos en el reino de lo inefable. ¿Qué dice el libro, este libro único?…

¿Qué dice el aroma de las flores? ¿Qué dicen los celajes de este poniente soberbio? ¿Qué dice el piano en la tarde?…

¡Y cómo encuentran sus rimas en lo mejor del alma!

Ricardo Marin 3 febrero 1918

Dibujo de Ricardo Marín

Anuncios

Acerca de Leoncio López-Ocón
Historiador. Investigador del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Madrid.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s