Un impulso a la construcción de escuelas en la ciudad de Madrid en 1918

Los déficits educativos de la sociedad española a principios de 1918 eran abrumadores. El pedagogo Lorenzo Luzuriaga, una semana antes de las siguientes reflexiones de Manuel Machado expuestas en el diario que publicaba en El Liberal, había estimado el 28 de enero en las páginas del diario El Sol (ver aquí) que era necesaria la construcción de 26 mil escuelas para que el próximo Parlamento iniciase la reconstrucción pedagógica del país.

Ante tan hercúlea tarea proliferaron las iniciativas para iniciar la labor de ir atendiendo a las numerosas necesidades que tenía la educación de la población infantil, sobre todo en grandes ciudades como Madrid. De hecho el Ayuntamiento de la capital de España había efectuado una serie de inversiones desde 1914 para mejorar sus infraestructuras educativas. Según una información de El Sol de 28 de enero de 1918 el municipio madrileño financiaba las quince clases de las Escuelas Aguirre, las once del grupo Trasmiera, las seis del denominado Ruiz Jiménez, y las escuelas de la Prosperidad. Además tenía previsto inaugurar muy en breve las Escuelas bosque de la Dehesa de la Villa y el Grupo escolar Peñalver de la calle de las Tabernillas.

A esas iniciativas se sumaban una iniciativa adoptada por el director general de primera enseñanza, el farmacéutico y naturalista de origen extremeño Marcelo Rivas Mateos (n. 1875), a la que alude elogiosamente Manuel Machado en las siguientes reflexiones, y que Rivas Mateos expuso en una carta dirigida al director del diario El Sol, que este periódico reprodujo en su edición del domingo 3 de febrero de 1918.

Lunes 4 febrero 1918

El problema fundamental de la cultura popular, de la enseñanza en general, preocupa e interesa a todos en España. Por una rara y feliz casualidad en el país del left man in the left place parece que también le interesa y preocupa al director general de Primera Enseñanza. El Sr. Rivas Mateo (a quien no conozco ni de vista) ha tenido una feliz iniciativa, que le honra en extremo: la de excitar la generosidad de las Corporaciones y aun de los particulares para la fundación de escuelas donde puedan recibir gratuitamente la papilla espiritual muchos de los niños pobres que existen en los barrios altos y bajos de Madrid, analfabetos por falta de escuelas donde aprender a leer.

Pero este admirable y extraordinario director no se ha contentado con eso. Ha ofrecido encabezar la suscripción con su sueldo de un mes. Y el noble ejemplo ha cundido entre los empleados de Instrucción pública. Yo supongo que no llegará a consentirse el sacrificio de estos generosos funcionarios; que las Corporaciones,  Bancos, Casinos y particulares poderosos se adelantarán, ganosos de servir a Madrid y a la Patria en la más alta y pura de sus necesidades. Por su parte, el Ayuntamiento se dispone a ceder algunos solares. La Asociación de la Prensa ofrece su concurso siempre  noble y desinteresado. El Banco de España…no ha dicho aún nada, que sepamos; pero lo dirá seguramente, porque nobleza obliga, y riqueza, más.

De todos modos, ha sido este rasgo de esos que conmueven el animo y levantan los corazones. Y ha venido a dar a este día de mi “calendario” una buena nota clara, del color de la esperanza.

 

Ricardo Marin 4 febrero 1918

Dibujo de Ricardo Marín

 

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Acerca de Leoncio López-Ocón
Historiador. Investigador del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Madrid.

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