La reacción de Manuel Machado a un nuevo ataque de los submarinos alemanes a la flota mercante española

El 8 de febrero de 1918 se supo en la Península por un telegrama recibido desde Santa Cruz de la Palma que días antes -el 5- había sido hundido en aguas  próximas al archipiélago canario el vapor español “Sebastián” por un submarino alemán. Ese buque hacía la ruta Torrevieja, de donde había salido el 25 de enero, Nueva York, e iba cargado con 3.200 toneladas de sal común que los alemanes consideraban contrabando de guerra. Tenía matrícula de Bilbado y los propietarios eran los sres Inchausti. No hubo víctimas humanas porque sus 33 marineros fueron desalojada del buque y embarcados en dos botes con víveres y pertrechos.

 

El Imparcial 9 febrero 1918 vapor Sebastian

El Imparcial 9 de febrero 1918 Primer página

 

 

Mundo Grafico 27 febrero 1918 vapor Sebastian

Mundo Gráfico 27 de febrero de 1918

 

De todas maneras al tener noticia de ese nuevo ataque Manuel Machado aprovechó las reflexiones de su diario, que daba a conocer en el diario El Liberal, para mostrar su hastío ante lo que él consideraba prepotencia alemana, cuyos submarinos estaban jugando al pin pan pum en la fase final de la Gran Guerra con los buques mercantes españoles.

Viernes 8 febrero 1918

Otro éxito de la admirable campaña submarina de los alemanes: el torpedeamiento del vapor Sebastián, a quien no le valió toda la sal de que iba cargado para torear al vigilante sumergible. Es verdaderamente deliciosa la exactitud con que los submarinos gernánicos descubren a los mercantes españoles cerca de nuestras playas y la actividad con que los cazan y aniquilan. Dentro de poco no tendremos flota comercial, o haremos un nuevo tráfico de cabotaje..por nuestros ríos navegables.

Muy duro de entrañas tiene que ser el que no se conmueva al ver con qué noble constancia cumplen con su peligroso deber los marinos alemanes, y mucho más duro de mollera el que no se maraville de la eficacia de su gestión admirable. Qué hermosa lección la que nos están dando en nuestras propias costas… y a nuestra propia costa. Bien podemos dar por bien empleados los barcuchos que nos destrozan, y aun las vidas que nos cuestan, con tal de poder admirar de cerca su habilidad, su tino y su destreza.

Yo confieso que a mí, personalmente, no me hacen mucha gracia sus procedimientos y aún les tengo cierta manía y su migaja de aprensión, pensando que los ochenta y tantos mil alemanes que nos honran con su estancia entre nosotros pudieran ser otros tantos submarinos en las turbias aguas de nuestra vida social y política. Pero ¿quién no admira el desenfado y la audacia con que aquí mismo trabajan ellos por su patria, moviendo a la opinión; insinuándose en los bastidores de la política; sembrando el dinero con cualquier motivo -el de las elecciones, por ejemplo- para captarse toda clase de simpatías; dificultando nuestras relaciones con los países vecinos; haciendo, en fin, cuanto les sugiere el más avisado y devoto patriotismo?…Un patriotismo aleman por supuesto, cuya conmovedora divisa es: “Alemania sobre todos”.

Y mientras se ponen o no sobre los demas, que se resisten un poco a tan alto honor..pues ¡qué demonio!, se van poniendo sobre España y….aliquid chupatur….

¿No es verdaderamente admirable que estas gentes que no pasaron de ser un día medianos soldados al servicio de nuestros caudillos, se encuentren hoy tan altos a nuestros ojos? ¿O será tal vez que nosotros de entonces acá hemos bajado algo?….

Ricardo Marin 8 febrero 1918

Dibujo de Ricardo Marín

 

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