Historia (de la ciencia y del arte) digital: mis favoritos de febrero 2016

En mis paseos como internauta durante febrero de 2016 me he encontrado con iniciativas y proyectos de investigadores y bibliotecarios europeos y americanos que contribuyen a que la historia digital siga alcanzando resultados interesantes. Destaco a continuación media docena de tales avances relacionados con diversos momentos de la edad moderna y contemporánea.

En primer lugar llamo la atención sobre la magnífica edición digital del Códice Mendoza efectuada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México para hacer accesible a cualquier internauta uno de los documentos más importantes para el conocimiento de la historia y la vida cotidiana de los mexicas. El códice fue ordenado hacer hacia 1542 por el virrey Antonio de Mendoza para obtener un panorama político, social y económico de la tierra recién conquistada de lo que sería virreinato de la Nueva España. Se considera que es el más completo de los códices mesoamericanos conocidos. Desde 1659 esta joya documental se encuentra en la Biblioteca Bodleiana de Oxford. Gracias a esta cuidada edición podemos ahora acceder fácilmente a una fuente histórica fundamental para el conocimiento del México precolombino.

Codice Mendoza

 

En segundo lugar doy cuenta de Versailles 3D, un interesante proyecto multimedia para descubrir la historia de ese célebre palacio francés. Es un buen ejemplo de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación para hacer accesible al gran público la historia y el patrimonio cultural de un lugar tan significativo en la historia de Francia y de Europa como Versailles. El proyecto se divide en dos partes. La primera, más pedagógica, permite recorrer la construcción del palacio con maquetas tridimensionales y pasear por los jardines, o la galería de los Espejos. La segunda está dedicada a proyectos multimedia como el film interactivo “Chaos to Perfection”, o a un juego destinado a que los niños ayuden a los arquitectos a construir el palacio.

Versailles

 

En tercer lugar es una satisfacción señalar que la magnífica iniciativa  de poner en línea la correspondencia de Darwin sigue avanzando. Ya puede el internauta consultar más de 8.500 cartas escritas o recibidas por el gran naturalista británico. El Darwin Correspondence Project, impulsado por la Universidad de Cambridge, ha creado además la sección Darwin for schools, destinado a que los niños de 7 a 11 años se familiaricen con la vida y obra del creador de la teoría evolucionista.

Darwin Correspondence Project

En cuarto lugar llamo la atención sobre el post en el que Rebecca Onion (ver aquí) explica el contexto y las características del mapa a color que hiciera a finales del siglo XIX el explorador y geólogo John Wesley Powell de las áreas lingüisticas de las poblaciones nativas norteamericanas. También nos invita a visitar la cartoteca digital de la Biblioteca del Congreso, donde se encuentra el mencionado mapa publicado en 1890 en el séptimo volumen del Informe anual del Bureau of Ethnology del gobierno estadounidense.

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La quinta iniciativa es la nueva unidad creada por el MIT Visualizing Cultures: Protest Art in 1950s Japan. Si en un post anterior destaqué la unidad efectuada en el marco de ese proyecto impulsado por el MIT sobre el Portugal salazarista del Estado Novo ahora merece subrayar el interés de su aproximación al arte japonés de la década de 1950 a través del análisis llevado a cabo por Linda Hoaglund de la obra de cuatro artistas vanguardistas. Estos artistas que expresaron el malestar de la cultura en ese país asiático durante su posguerra traumática son: Hiroshi Nakamura, Tatsuo Ikeda, Kikuyi Yamashita y Shigeo Ishii. 

Japan Protest Art

 

Finalmente me resulta muy grato como historiador de la ciencia dar cuenta de la extraordinaria iniciativa llevada a cabo por los editores de Isis, una de las más prestigiosas publicaciones en el ámbito de la historia de las ciencias. Se trata de la puesta en marcha de IsisCB Explore, un potente buscador que permite acceder a todos los registros bibliográficos mencionados en Isis Bibliography of he History of Science a lo largo de cuatro décadas, de 1974 a 2014.

Isis CB

Proyectos de humanidades digitales de 2015 seleccionados para ser premiados por los internautas

Los DH Awards son un conjunto de premios anuales abiertos que permiten difundir las actividades y proyectos en Humanidades Digitales (HD). Pretenden incrementar el interés y la atención en los recursos usados por los humanistas digitales e incentivar  el acercamiento y compromiso de los usuarios (público en general e investigadores) en el trabajo de la comunidad de las Humanidades Digitales. Los premios son nominados y votados por los usuarios de Internet. Así los premios DH Awards 2015 están abiertos a las votaciones en: http://dhawards.org/dhawards2015/voting/ hasta el próximo 27 de febrero de 2016.

Los candidatos a los DH Awards 2015 han sido seleccionados por un comité internacional formado por:

  • James Cummings (Founder/Director) — University of Oxford
  • Sheila Brennan — Roy Rosenzweig Center for History and New Media, George Mason University
  • Marjorie Burghart — EHESS: École des Haute Études en Sciences Sociales (Lyon)
  • Kiyonori Nagasaki — International Institute for Digital Humanities 一般財団法人 人文情報学研究所 (Tokyo)
  • Miriam Peña Pimentel — UNAM: Universidad Nacional Autónoma de México

Estos son los recursos seleccionados y que pueden ser votados por cualquier internauta. Entre la cincuentena larga de proyectos susceptibles de ser premiados se encuentran tres efectuados por integrantes de las humanidades digitales hispánicas: el blog de Antonio Rojas Castro, profesor de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, la publicación digital ArtyHum, Revista Digital de Arte y Humanidades, editada en Vigo, impulsada por José Angel Méndez Martínez, de la UCA, y Beatriz Garrido Ramos, de la UNED,  y la extraordinaria edición digital del Códice Mendoza de 1542 efectuada por un equipo del  Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México.

Evidentemente un paseo por los siguientes proyectos y recursos deparará interesantes y agradables sorpresas para todos aquellos interesados en el desarrollo de las humanidades digitales.

AiRomeBEST USE OF DH FOR FUN

BEST DH TOOL OR SUITE OF TOOLS

3DHOP

 

BEST DH DATA VISUALIZATION

Burckhardt

 

BEST USE DH PUBLIC ENGAGEMENT

ehumanities

 

Historia digital: mis favoritos de enero 2016

Desde la primavera pasada me he propuesto hacer un seguimiento de las nuevas prácticas de trabajo que están surgiendo en el ámbito historiográfico gracias al uso intensivo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Como continuación de esa labor, que se puede apreciar en diversas entradas de esta bitácora, destaco ahora una serie de iniciativas, proyectos y actividades de historiadores digitales que me han llamado la atención a lo largo del mes de enero de este año 2016.

Por una parte presento cuatro proyectos, surgidos dos en Francia, uno en España y otro en Estados Unidos.

Uno es el EHNE, puesto en línea el 11 de enero pasado. Se trata de una enciclopedia bilingüe (francés e inglés) que se enriquece periódicamente por las contribuciones de los investigadores del LabEx EHNE que pretenden elaborar una nueva historia de Europa.

Está estructurada en torno a grandes temas que definen las cuestiones relevantes de la historia europea, pero contiene también noticias breves sobre cuestiones precisas. Todas las entradas disponen de breves orientaciones bibliográficas para permitir a los lectores profundizar en los asuntos que les interesen.

La coherencia de la Enciclopedia es responsabilidad de su comité de redacción formado por los miembros de los siete ejes temáticos del LabEx que son los siguientes: 1º) Europa como producto de la civilización material: los flujos europeos; 2º) Europa en una epistemología de lo político; 3º) El humanismo europeo o la construcción de una Europa “para sí”: entre afirmación y crisis identitarias; 4º) Europa, los europeos y el mundo; 5º) La Europa de las guerras y trazas de las guerras; 6º) Una historia  “genrée” (¿generizada?) de Europa; 7º) Tradiciones nacionales, circulaciones e identidades en el arte europeo.

EHNE 2

El segundo es el proyecto ENCCRE (Edition Numérique Collaborative et Critique de l’Encyclopédie) que pondrá en línea a lo largo de 2017 la primera edición crítica de la Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios (1751-1772), codirigido por Diderot, D’Alembert y Jaucourt.

ENCCRE

El tercero es el proyecto Mnemosine, impulsado por varios grupos de investigación (ILSA, LEEHTI, LOEP), de la Universidad Complutense, y por informáticos y bibliotecarios como José Luis Bueren, responsable de la biblioteca digital y de los sistemas de información de la Biblioteca Nacional. Tuve la oportunidad de conocer la interesante labor que están llevando a cabo los integrantes de Mnemosyne gracias a asistir a un seminario, organizado el pasado 28 de enero por las profesoras Dolores Romero López y Amelia del Rosario Sanz Cabrerizo, en el que mi colega Juana Mª González García presentó una comunicación sobre Indice Literario, la revista dirigida por Pedro Salinas, que fue el principal resultado de la sección Archivos de Literatura Contemporánea creada por el Centro de Estudios Históricos de la JAE en 1932, durante la Segunda República española, como expuse recientemente en un texto en el que presenté las principales etapas de esa institución científica. (ver aquí), mi contribución al catálogo de la exposición La ciencia de la palabra. Cien años de la Revista de Filología Española, de la que fueron comisarios Pilar García Moutón y Mario Pedrazuela.

Mnemosine

Mnemosine está concebida como una Biblioteca Digital de La otra Edad de Plata​. Reúne un repertorio de textos y autores que han permanecido a la sombra de las grandes figuras literarias del primer tercio del siglo XX. La biblioteca pretende ser un laboratorio en el que se puedan cruzar datos​, anotar textos, implementar herramientas digitales, compartir textos anotados y todo lo​ que permita ​valorar nuevas claves de investigación y de lectura cultural.

Por ahora está organizada en torno a las siguientes colecciones:

Mnemosine colecciones

En cuanto al proyecto norteamericano se trata de Visualizing Cultures, dirigido por los profesores del MIT John Dower y Shigeru Miyawaga, quienes ha creado una plataforma para examinar amplios corpus de imágenes antes  inaccesibles, componer textos con imágenes en alta resolución y usar las nuevas tecnologías para iluminar a través de las imágenes analizadas nuevos aspectos de la historia social y cultural. Quien navegue por el sitio se encontrará con cuatro secciones tituladas Essay, Visual Narratives, Image Galleries, Video and Animation. 

Puede considerarse a este proyecto como una derivación del MIT OpenCourseWare, la publicación gratuita de materiales de curso empleados en el MIT en los que se pueden obtener las notas de las conferencias, problemas matemáticos y más recursos, así como ver videos de conferencias y demostraciones.

Así The Visualizing Cultures Curriculum ha creado una serie de cursos o unidades, por ahora hay accesibles 29, sobre historia asiática, particularmente de China y Japón y también de Filipinas, para facilitar a profesores y estudiantes la lectura de imágenes relacionadas con la historia de ese continente.

Visualizing Cultures

Para apreciar otros logros de esta plataforma se puede visitar:

Visualizing Portugal: The New State (1933-1974), sitio web desarrollado para la Fundación Gulbenkian de Lisboa, en el que se hace una exploración visual del Estado Novo, la dictadura portuguesa que puso en pie Antonio de Oliveira Salazar, primer ministro de Portugal entre 1932 y 1968. Despliega entre otros temas el de la educación e ideología en el nuevo estado. Los recursos visuales utilizados incluyen fotografías, álbumes, mapas, propaganda oficial, posters para el turismo, revistas ilustradas, materiales efímeros de exposiciones y libros de texto que promovieron la ideología oficial del Estado Novo.

Visualizing Portugal

Además de resaltar la importancia de estos proyectos tengo interés en presentar la extraordinaria Media History Digital Library fundada y dirigida por David Pierce en la que se puede acceder por ahora a un millón trescientas mil páginas de numerosas revistas digitalizadas relacionadas con la historia del cine, la televisión y la radio. Hay disponibles las colecciones completas de unas 35 publicaciones como Cine-Mundial (1916-1946), la versión en español de Moving Picture World, y The Educational Screen (1922-1962), y colecciones incompletas de más de ciento cincuenta publicaciones como  Education by Visualization (1919), Educational Film Magazine (1919-1922), The Optical Lantern and Cinematograph Journal (1904-1905), Visual Education (1920-1924) International Review of Educational Cinematography (1929-1934).

Media History Digital Library

Entre las publicaciones que se pueden consultar se encuentra International Review of Educational Cinematography (1929-1934), vinculada al IEC, un organismo dependiente de la Liga de Naciones dedicado al estudio de las posibilidades educativas del cine. Se publicaba mensualmente en cinco idiomas, los que la Liga de Naciones consideraba más importantes: el inglés, el francés, el italiano, el alemán y el español. Ojeando la revista se encuentra interesante información sobre el uso del cine como instrumento educativo en la España de finales de la dictadura de Primo de Rivera y en la Segunda República. Guillermo Díaz Plaja, sobre cuyo interés por el cine educativo llamó la atención no hace mucho Juana María González García (ver aquí) en su contribución al libro Aulas modernas que coordiné recientemente, colabora por ejemplo en los volúmenes de 1931 y 1934 de esa publicación internacional, cuyo impacto entre los educadores republicanos españoles explica que el director del Instituto del Cardenal Cisneros de Madrid Vicente García de Diego, decidiese en las vacaciones de navidades de 1931 hacer obras en ese centro de enseñanza para crear una amplia sala de proyecciones y suscribir al Instituto a una cinemateca, como señalé hace unos días en mi post Enero 1932: el empuje educativo y científico-técnico en el Madrid republicano de mi otra bitácora Jaeinnova.

Para facilitar la búsqueda y visualización de las casi dos millones de páginas almacenadas en la Media History Digital Library se ha creado Lantern, una ágil y flexible plataforma de búsqueda y visualización de documentación creada por Eric Hoyt, de la Universidad de Wisconsin-Madison, Carl Hagenmaier y Wendy Hagenmaier, basándose en la herramienta open source Sorl, inspirada en el trabajo de los creadores de la Open Library como explican en este ensayo publicado en E-Media Studies (ver aquí).

Lantern

Historia digital: diez proyectos significativos del año 2015

Tras un paréntesis, debido a diversas obligaciones académicas en las últimas semanas *, retomo mi labor, que empecé allá por el mes de mayo de este año que finaliza (ver aquí), de dar cuenta de los avances que se van produciendo en la práctica de la historia digital en múltiples frentes.

En primer lugar informo del post de Rebecca Onion (ver aquí su versión original) en el que ha seleccionado cinco proyectos de historia digital que la han asombrado a lo largo de 2015.

Uno es el proyecto Histography, elaborado en Tel Aviv, Israel, por Matan Stauber, quien lo presenta aquí . Se trata de una infografía interactiva de la historia de la humanidad.

Histography

Este diseñador ha creado una línea de tiempo interactiva para ubicar eventos de de las diferentes fases temporales del planeta Tierra y de la humanidad con información procedente de Wikipedia en una divertida línea de tiempo. Se puede seleccionar tipos de eventos (relacionados con las artes, con la ciencia, con la política), limitarlos en un período de tiempo, o escoger dos tipos de eventos y ver su cronología de manera comparada. Se puede pasar el cursor sobre un punto y aparece una foto relacionada con el acontecimiento seleccionado; y si se hace click el evento se expande, ofreciéndose la opción para navegar por la página de Wikipedia que ofrece información sobre ese evento o ver eventos relacionados con él. Según Fidel Navalmuel, otro internauta francés que ha quedado impactado por las prestaciones de este proyecto, este sitio web se constituirá en un referente en el ámbito de la historia digital.

Otro proyecto es el lanzamiento por parte del Laboratorio Digital de la Universidad de Richmond de American Panorama, un atlas histórico online que pretende actualizar y perfeccionar la versión online que ese mismo laboratorio hizo en 2013 del Atlas of the Historical Geography of the United States efectuado en 1932 por Charles O. Paullin y John K. Wright. Por ahora American Panorama ofrece solo cuatro mapas que visualizan y ofrecen abundante información sobre: las migraciones forzosas causadas por el comercio de esclavos domésticos (ver aquí); los caminos usados por los viajeros del siglo XIX que expandieron la frontera interna de los Estados Unidos entre 1840 y 1860 (ver aquí) ; la población de origen extranjero existente en cada uno de los estados de U.S.A entre 1850 y 2010 (ver aquí) y el sistema de canales norteamericanos entre 1820 y 1860 (ver aquí) . Los mapas ofrecen diversas capas de información, incluyendo infografías, cuyos parámetros cambian según los elementos que seleccione el usuario. American Panorama añadirá en el futuro más mapas con un ritmo acelerado según ha declarado Robert K. Nelson, director de ese laboratorio, a Citylab. 

Panorama USA

 

El tercer proyecto es un magnífico ejemplo de public history. Se trata de la reacción que tuvieron dos historiadores afro-americanos, Chad Williams y Keisha N.Blain para organizar el Charleston Syllabus en el sitio web de la AAIHS (African American Intellectual History Society) tras la matanza racista que se produjo el pasado mes de junio de 2015 en la Iglesia Africana Metodista Episcopal, conocida como Madre Emanuel, uno de los símbolos de la comunidad afroamericana de Estados Unidos. Creado el hashtag #CharlestonSyllabus la ciudadanía empezó a usarlo para compartir reflexiones y sugerencias de lecturas que ayudasen a entender el contexto de la tragedia. Posteriormente la información se ha compilado ofreciendo una lista de títulos de libros y artículos con hipervínculos. Las sugerencias de lecturas, destinadas a responder al odio y al miedo con conocimiento y reflexión, están agrupadas por temas como esclavitud, Charleston, raza, religión y por tipo de fuentes (primarias, artículos de prensa, filmes, obras de ficción).

El cuarto proyecto es la exposición online Reno Divorce History que ofrece variada y abundante información para explicar el impacto que tuvo en la historia social de Estados Unidos durante las primeras décadas del siglo XX el hecho de que la ciudad de Reno en Nevada fuese la capital del divorcio gracias a su legislación.

Charleston SyllabusReno Divorce

El quinto y último proyecto seleccionado por Rebecca Onion  es Twoway.st, un explorador de las colecciones del British Museum que permite navegar por dos millones de objetos de esa institución londinense a través de informaciones tan diversas como la fecha de adquisición de los objetos, sus tipos, el material del que están hechos, sus técnicas, su procedencia, etc.

 

British Museum Spain

A los anteriores cinco proyectos, seleccionados por Rebecca Onion, añado otros cinco que he podido conocer en mis exploraciones de internauta, relacionados con varias iniciativas llevadas a cabo en Europa.

Dos están relacionados con la sed de viajar de los seres humanos y con la historia de las exploraciones a tierras próximas o lejanas. Un proyecto está en fase beta. Es el Livingstone’s Zambezi Expedition. En él nos podemos aproximar a la expedición del explorador escocés David Livingstone (1813-1873) al río Zambeze en el corazón del continente africano entre 1858 y 1864, período coincidente con una exploración española al continente americano -la Comisión Científica del Pacífico (1862-1866), cuyos materiales también puso en red entre 1998 y 2003 un equipo multidisciplinar coordinado por mí (ver aquí). Livingstone efectuó esa exploración africana en compañía del botánico John Kirk (1832-1922). Ahora los colegas del JSTOR Labs han creado un sitio en el que se puede acceder a más de 550 especímenes de plantas recolectadas durante la expedición, material procedente del gran repositorio JSTOR Global Plants, extraordinaria base de datos y excelente fuente de información para los historiadores de la botánica. También están disponibles en acceso abierto más de 150 cartas, informes, mapas vinculados a la mencionada expedición procedentes de varios archivos y bibliotecas.

Livingstone expedition

 

Por su parte Viaticalpes (Les images des Alpes dans les récits des voyages: 1540-1860) es un proyecto impulsado, entre 2007 y 2013, por la Universidad de Lausana con subvenciones del FNS (Fonds National Suisse). Está construido sobre la  base de datos Viatimages que recoge un potente corpus de mil imágenes de los Alpes extraidas de libros de viaje ilustrados. De un conjunto de 850 libros que contenían 11 mil imágenes se han seleccionado los cien libros más representativos y se ha introducido en la base de datos más de 3 mil imágenes que se han descrito, indexado, geolocalizado y asociado a los textos que las describen. El proyecto permite establecer vínculos complejos entre las imágenes y entre las imágenes y los textos. Además al conectar las imágenes con su contexto, es decir los libros donde están ubicadas, las descripciones que las acompañan y las circunstancias de su producción y difusión, se permite enriquecer el conocimiento histórico y geográfico de los Alpes, una cordillera que ha llamado la atención de los naturalistas en distintas épocas, y que ha cumplido un importante papel en la historia política y cultural de Suiza y del continente europeo.

Alpes Viatimages

 

Esta plataforma Viaticalpes/Viatimages, vinculada al Centre des sciences historiques de la culture de la Universidad de Lausana, ha publicado también recientemente un nuevo producto multimedia interactivo: WonderAlp. Une science émerveillé. Les Alpes et la culture de la curiosité. Es una aplicación para tabletas iPad y Android de acceso libre en Google Pay y Apple Store. Se trata de un gabinete de curiosidades interactivo que reinventa, con las técnicas actuales, las colecciones de curiosidades o “gabinetes de maravillas”, célebres en los siglos XVII y XVIII, que fueron los predecesores de los museos de ciencias naturales de hoy en día. Las imágenes que aparecen en la pantalla proceden principalmente de la obra de Johann Jakob Scheuchzer de 1723, los Itinera per Helvetiae alpinas regiones (1723) así como del libro de Johann Gerhard Andreae, aparecido en 1776, les Briefe aus der Schweiz…, con valiosas ilustraciones. La aplicación dispone de tres espacios: “Los dragones de los Alpes”, “Fósiles y cristales”, “De las plantas a los paisajes”. En cada uno de ellos se accede a 12 pantallas y en cada pantalla a uno o varios objetos. Se puede hacer zoom sobre las imágenes, escuchar los audio que recogen los testimonios de autores antiguos, leer las etiquetas que describen los objetos o acceder a información suplementaria en la sección “En savoir plus” si se desea conocer mejor los contextos históricos y culturales. Las explicaciones están accesibles a diferentes niveles: desde el nivel más sencillo para el gran público a un nivel más elevado destinado a los especialistas. Se invita al visitante a ser activo: puede pasar de un tema a otro según sus intereses y curiosidad, manipular los objetos, compararlos, agrandarlos, observar las cualidades artísticas de los dibujantes y grabadores.

WonderAlp 1

WonderAlp 2

En mayo de este año de 2015 ha finalizado el proyecto Burckardt Source en el marco del European Research Advanced Grant Project EURROCORR, financiado por la Unión Europea, y coordinado por el profesor Maurizio Ghelardi, de la Scuola Normale Superiore de Pisa. Su objetivo ha sido crear un archivo-biblioteca digital semántico, basado en el software open source Muruca que reúne la edición crítica de la correspondencia del historiador cultural suizo Jacob Burckardt (1818-1897), un relevante humanista del siglo XIX gran conocedor de la cultura clásica griega y de la época del renacimiento europeo. El archivo contiene cartas de más 400 corresponsales que mantuvieron contactos regulares u ocasionales con Burckardt entre 1843 y 1897, un período crucial en la historia y la cultura europeas. Los contenidos de la correspondencia muestran, entre otras cuestiones, la importancia concedida por Burckardt y sus corresponsales a la importancia de la fotografía en la historia del arte, disciplina que ese historiador ayudó a consolidar. En septiembre de 2015 se podían consultar 600 cartas, pero el archivo digital sigue aumentando sus contenidos tras validar la edición semántica, la versión filológica y los metadatos de cada documento.  Las cartas están interconectadas entre las cuatro secciones de la plataforma: imágenes, textos, comentarios críticos y metadatos. Se han creado seis “Colecciones” o micrositios para favorecer una navegación temática a través del archivo-biblioteca digital sobre cuestiones relevantes en la correspondencia como: 1. Potnia, dedicado a la condición social de las mujeres en la segunda mitad del siglo XIX. 2. La colección Bode presenta la versión completa de la correspondencia entre Burckardt y el historiador del arte alemán William von Bode (1845-1929). 3. La sección Música recoge las cartas del círculo de amigos que compartieron sus aficiones melómanas con Burckardt. 4. Faraway incluye dieciséis cartas enviadas por notables personajes desde diferentes partes del mundo. 5. Europa que proporciona información relevante sobre los más significativos eventos europeos durante la segunda mitad del siglo 19. 6. Fotografía que ilumina aspectos relacionados con el mercado de la fotografía y con su uso didáctico por parte de los historiadores en la época de Burckardt.

Burckhardt

 

Dado que seguimos conmemorando el centenario de la Gran Guerra, cuyos efectos devastadores asolaron al continente europeo hace un siglo, y sobre la que se está elaborando una extraordinaria enciclopedia internacional on-line (ver aquí),  me parece oportuno finalizar este balance de proyectos relevantes de historia digital efectuados en este año 2015 dando cuenta del proyecto MWME. Making War, Mapping Europe: Militarized Cultural Encounters, 1792-1920. El proyecto está financiado por el consorcio europeo Humanities in the European Research (HERA) y reúne a investigadores del Trinity College de Dublin, de la Freie Universität de Berlin y de las universidades de York y Swansea, liderados por Oliver Janz. Su objetivo es dar a conocer y analizar el impacto cultural que tuvo la interacción entre centenares de miles de soldados europeos, fundamentalmente de los ejércitos británico, francés y alemán, y las sociedades del Este de Europa, de los Balcanes, del Mediterráneo oriental y del Oriente Medio entre 1792 y 1920, es decir desde la Revolución francesa hasta el fin de la Primera Guerra Mundial. Uno de los resultados más significativos del proyecto es la creación de una exposición on line. Está dividida en seis categorías topográficas o espaciales tituladas: French Soldiers in Italy, 1795-1814, British and French Soldiers in Egypt and the Levant, 1798-1920,  German Soldiers in Russia, 1812, Bavarian Soldiers in Greece, 1832-1862, German Soldiers in the Ottoman Empire, German Soldiers in the Balkans, 1914-1918. Y en doce categorías temáticas: Civilizations, Collaboration, Gender, Knowledge, Memory, Occupation, Operations, Resistance, Spoils, Topography, Travel, Violence.

Making War

*Desatendí mis informes sobre la situación de la historia digital porque tuve unas semanas de intenso trabajo en el último trimestre. El miércoles 9 de diciembre dí una conferencia sobre La educación en la Segunda República en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense en un ciclo sobre La política cultural de la Segunda República organizando por la Fundación Pablo Iglesias. El jueves 10 di otra conferencia sobre Santiago Ramón y Cajal en la Fundación de Ciencia y Tecnologia de Portugal en un ciclo sobre Actores de la política científica, del que he informado en esta bitácora. Y escribí un texto sobre Las influencias institucionistas en el sistema científico español: entre el pasado y el futuro que aparecerá próximamente en la revista Abaco.

Charles C. Gillispie (1918-2015). In memoriam

El pasado 6 de octubre de este año de 2015 falleció a la edad de 97 años en Princeton Charles Coulston Gillispie, destacado historiador de la ciencia.

CharlesGillispie

Fotografía de Denise Applewhite. Office of Communications de la Universidad de Princeton

Mi colega Patrice Bret, con el que compartí seminarios y conversaciones en mi estancia parisina en el bienio 1993-1994 en el Centre d’histoire des sciences et des techniques de La Villette, ha difundido una noticia biográfica a través de la lista de distribución Theuth que me permito reproducir en esta bitácora por la sustantiva información que contiene.

Fondateur du Programme d’histoire des sciences à l’université de Princeton, Gillispie a formé plusieurs générations d’historiens américains et participé avec René Taton, durant la Guerre froide, à maintenir les relations scientifiques entre les deux blocs au sein de l’Union internationale d’histoire et de philosophie des sciences et en publiant avec Adolf Youschkevitch.
Hormis sa thèse sur la Grande-Bretagne (Genesis and geology: a study in the relations of scientific thought, natural theology, and social opinion in Britain, 1790-1850, Harvard, 1951, rééd. 1996) et un ouvrage tiré de son cours sur les idées scientifiques de Galilée à Einstein et traduit depuis dans une demi-douzaine de langues (The edge of objectivity: an essay in the history of scientific ideas, Princeton, 1960), l’essentiel de son oeuvre a été consacrée à la science française et spécialement aux rapports entre science, politique et société de la fin du XVIIIe siècle à l’Empire.
Gillispie Genesis and Geology
 
Outre son ouvrage majeur en deux volumes (Science and polity in France at the end of the old regime, Princeton, 1980, rééd. 2004 ; Science and Polity in France: The Revolutionary and Napoleonic Years, Princeton, 2004), il a publié aussi dans de nombreuses études particulières, dont certaines ont fait l’objet d’ouvrages sur Carnot, Laplace, Montgolfier et l’expédition d’Egypte (voir liste in fine).
Gillispie Science in France
Il a lui-même réédité une sélection de ses articles majeurs (Essays and reviews in history and history of science, American Philosophical Society, 2006), dont une partie concerne aussi la science française, et qui commence par la réédition d’un article d’ego-histoire.
Gillispie Essays

Gillispie reçut en 1997 le prix Balzan, rarement attribué en histoire des sciences, pour “the extraordinary contribution he has made to the history and philosophy of science by his intellectually vigorous, precise works, as well as his editing of a great reference work”. Ce dernier grand ouvrage, le fameux Dictionary of Scientific Biography (1970-1980) suffirait en effet à lui valoir la reconnaissance de la communauté internationale. Un livre d’hommages lui a été dédié en 2012 : Jed Z. Buchwald (ed.), A Master of Science History: Essays in Honor of Charles Coulston Gillispie. Springer, 2012.

Permettez-moi de terminer sur une touche plus personnelle. Charles Gillispie savait s’attacher davantage aux travaux des chercheurs qu’à leur statut institutionnel. Nous avons été en contact depuis 1987. Parce que j’avais relu son “Science and Secret Weapons Development in Revolutionary France (1792-1804). A Documentary History” (Historical Studies in the Physical Sciences, 23 (1992), 35-112) et lui avais fourni des compléments sur ces recherches croisaient les miennes, il avait eu la délicatesse de me proposer d’en être co-auteur. J’ai décliné cette offre généreuse qui m’aurait honoré parce qu’il travaillait sur ce sujet depuis près de 40 ans… Je conserve en mémoire la bienveillance de son accueil à Princeton et nos réunions et discussions lors de ses séjours annuels à Paris. A bien des égards, c’est par son intermédiaire et par celui de Janis Langins, de Toronto, que j’ai rejoint la communauté française d’histoire des sciences et des techniques alors que j’enseignais dans un lycée de banlieue.
Bien cordialement,
Patrice Bret
Centre Alexandre Koyré/EHESS-CNRS-MNHN
& Comité Lavoisier/Académie des sciences
 
Monographies
  • Lazare Carnot savant. A monograph treating Carnot’s scientific work (avec Adolf P. Youschkevitch,Princeton, 1971;trad. fr. Vrin, 1979)
  • The Montgolfier brothers and the invention of aviation, 1783-1784. With a Word on the Importance of Ballooning for the Science of Heat and the Art of Building Railroads, 1983 (trad. fr. Actes Sud, 1989)
  • (avec Michel Dewachter) Monuments of Egypt: The Napoleonic Edition. The complete plates of theDescription de l’Egypte, Princeton, 1987 (trad. fr. Hazan, 1989)
  • (avec la collaboration de Robert Fox et Ivor Grattan-Guinness) Pierre-Simon Laplace, 1749-1827: a life in exact science, Princeton, 1997 (réédition révisée de sa longue notice pour le Dictionary of Scientific Biography)
  • (avec Raffaele Pisano) Lazare and Sadi Carnot. A Scientific and Filial relationship, Springer, 2014 (comprend la réédition révisée de l’ouvrage de 1971).
Parmi ses contributions à des ouvrages collectifs non rééditées en 2006 :
  • “Science and Technology”, dans C.W. Crawley (ed.), War and Peace in an Age of Upheaval

    (New Cambridge Modern History, IX), 1965, p. 118-145

  • “Aspects scientifiques de l’expédition d’Egypte (1798-1801)”, dans Henry Laurens, L’expédition d’Egypte, 1798-1801, Colin, 1989

Esta información proporcionada por Patrice Bret puede complementarse con la página que la Universidad de Princeton ha puesto en línea dedicada a Gillispie (ver aquí).

 

Historia digital: mis favoritos de la primera quincena de septiembre 2015

Tras el paréntesis vacacional del mes de agosto mi periscopio sobre la historia digital vuelve a ponerse en funcionamiento.

En esta ocasión mi atención se ha concentrado en media docena de trabajos llevados a cabo en instituciones británicas y norteamericanas que pueden llamar quizás la atención de los lectores de esta bitácora.

El primero es un recurso online creado en Londres por un equipo de historiadores, mayoritariamente británicos. Está enfocado a hacer la enseñanza de la historia más interactiva y atractiva a través del uso de infografías, mapas interactivos, narraciones visuales y vídeos animados.

 

Made from history

Sus contenidos están estructurados en los cuatro “topics” que se señalan más arriba sobre Historia antigua, Edad Media, Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial, a los que se han añadido otros dos: sobre la Guerra Fría y los Derechos Civiles.

Los tipos de entradas que contiene este magnífico portal han sido organizados por sus redactores de la siguiente manera:

Competición o concursos Datos o FechasGalería de imágenes, – por ejemplo sobre el papel desempeñado por los animales en la Primera Guerra Mundial, fuesen caballos, perros o palomas (ver aquí), Gráficos, como una infografía sobre la maquinaria bélica que se movilizó durante la Primera Guerra Mundial y las matanzas que produjo (ver aqui), Listas, -aquí destaco el post sobre el impacto de la Primera Guerra Mundial en 52 artistas (ver aquí), Mapas, Noticias, Preguntas, Líneas del tiempo, sección en la que podemos encontrar un clarificador timeline de las mortíferas batallas que se sucedieron en el frente occidental europeo de la Primera Guerra Mundial entre 1914 y 1918 (ver aquí) o una magnífica infografía que muestra la historia del hip hop desde 1925 hasta 2011 (ver aquí), y vídeos.

Se completa la abundante y excelente información que ofrece este portal con un directorio (ver aquí) en el que se accede a numerosos websites educativos, como Spartacus educational,  sobre la historia universal como el Digital Atlas of Roman Empire,  y de historiadores e instituciones británicas.

En el ámbito de los avances que la historia digital está produciendo en el campo de la historia de la ciencia, de la medicina y de las técnicas destacaré el magnífico trabajo que se está llevando a cabo en el Dittrick Museum of Medical History del Dittrick Medical History Center del College of Arts and Sciences de la Case Western Reserve University de Cleveland en Ohio.

 

 

Ditrick Medical Historical Center

En él se custodian una importante variedad de colecciones, – de artefactos, libros raros, archivos e imágenes- relacionados con la historia de la medicina. Por ejemplo su visitante podrá contemplar una valiosa colección de microscopios, la más importante colección de instrumentos quirúrgicos de Estados Unidos, una amplia colección histórica de contraconceptivos  y cartas de Darwin.

En el blog del museo Brandy L. Shillace, que trabaja desde 2013 como conservadora de sus colecciones además de editar la revista Culture, Medicine and Psychiatry, ha publicado una entrada titulada “Embracing Digital History: How Medicine Became Modern” (ver aquí) para explicar el proyecto en el que se ha embarcado ese museo. En él se mostrarán parte de sus colecciones en pantallas gigantes táctiles donde los visitantes podrán tocar los objetos e interactuar con ellos, haciendo zoom por ejemplo o girándolos, y conocer de una manera más atractiva las historias que hay detrás de esos artefactos.

Esta autora efectuó asimismo en la publicación online H-Sci-Med-Tech del consorcio H-Net Humanities and Social Sciences Online una interesante reflexión sobre el futuro de las colecciones museísticas en la era digital en su texto “Museums and the Muse: The Future of Collections in a Digital Age” (ver aquí). En él explicó entre otras cosas cómo la apuesta por lo digital de los museos favorece la interconexión y la interfaz entre varias esferas y mundos, entre lo real y lo virtual, y la diseminación de sus colecciones. Así sucede por ejemplo con la Wellcome’s online image database, del prestigioso Wellcome Institut de Londres, que permite circular colecciones médicas alrededor del mundo. Se genera así una convergencia entre exhibición, interacción y alcance social. De esta manera en el futuro los museos médicos han de ser concebidos como centros interdisciplinarios para las humanidades médicas. En ellos las humanidades y las ciencias sociales ofrecerán nuevas perspectivas de análisis para favorecer la exploración de la dimensión humana de la medicina.

También en el ámbito de la historia de la medicina destacaré el importante proyecto titulado Venereal Disease Visual History Archive destinado a hacer visibles los múltiples materiales, como posters, infografías, películas, usados en las grandes campañas educativas desplegadas en los Estados Unidos en la década de 1930 para combatir las enfermedades venéreas como la sífilis y la gonorrea. Se estima que a principios del siglo XX una décima parte de la población norteamericana había contraido la sífilis en algún momento de sus vidas.

Venereal Disease Archive Home

El proyecto ha sido creado en el entorno creativo del New Media Lab de la universidad neoyorquina CUNY por Erin Wuebker quien realizó una tesis doctoral sobre el signficado cultural de las campañas de salud pública efectuadas en los Estados Unidos durante las décadas de 1930 y 1940 para combatir las enfermedades venéreas. Con motivo de su investigación acumuló un valioso archivo de materiales iconográficos que ahora pone a disposición de investigadores, educadores y estudiantes en este magnífico repositorio digital.

Finalmente quiero llamar la atención acerca de resultados sobresalientes producidos por la labor digitalizadora de grandes instituciones académicas europeas y norteamericanas.

Así en un artículo del diario The Guardian Jonathan Jones (ver aquí) ha elogiado, con toda razón, la gran labor que está llevando a cabo la biblioteca Boldeiana de Oxford (ver aquí) para poner en línea sus tesoros y facilitar que estén al alcance de los internautas.  En sus fondos se encuentra por ejemplo esta magnífica ilustración

Parabeik illustrating royal scenes (18th century): illustrated books called parabeiks are a traditional part of Myanmar’s culture and this one is full of dazzling images of the royal court and army including this brilliantly painted parade of military elephants. Photograph: @ Bodleian Libraries, University of Oxford

Parabeik illustrating royal scenes (18th century): illustrated books called parabeiks are a traditional part of Myanmar’s culture and this one is full of dazzling images of the royal court and army including this brilliantly painted parade of military elephants. Photograph: @ Bodleian Libraries, University of Oxford

La Biblioteca de la Universidad de Cambridge, rival de la Oxford, también está ubicando sus colecciones asiáticas en su biblioteca digital, particularmente las relacionadas con la civilización china, como nos informa Allison Meier en este artículo de Hyperallergic (ver aquí). Entre ellos cabe destacar un extraordinario Manual de Caligrafía y Pintura (Shi zhu zhai shu hua pu) multicolor de mediados del siglo XVII cuya digitalización ha sido toda una proeza técnica por el deteriorado estado de conservación en el que se encontraba. De hecho no estaba permitido abrirlo, ni siquiera para consultas o estudios especializados. Ahora tiene una licencia Creative Commons. Está considerado el primer libro chino impreso con la técnica de xilografía polícroma conocida como douban inventada y perfeccionada por Hu Zhengyan (1584-1674). Contiene, en forma de acuarelas, exquisitas impresiones de pájaros, plantas, flores, piedras y frutas como ha subrayado también José Ángel González en las páginas del diario digital español 20 minutos (ver aquí). Los responsables de la biblioteca de la Universidad de Cambridge consideran que “quizás es el más hermoso conjunto de ilustraciones de la historia”.

‘Manual of Calligraphy and Painting’ (‘Shi zhu zhai shu hua pu’) (Chinese, 1633), polychrome xylographic print (courtesy Cambridge University Library)

‘Manual of Calligraphy and Painting’ (‘Shi zhu zhai shu hua pu’) (Chinese, 1633), polychrome xylographic print (courtesy Cambridge University Library)

 

Un oriol come una cereza en una de las láminas del manual chino de 1633 (Cortesía de Cambridge University Library)

Un oriol come una cereza en una de las láminas del manual chino de 1633 (Cortesía de Cambridge University Library)

Dejo para el final otro regalo que se nos ofrece desde Estados Unidos. Me refiero en este caso al relevante trabajo llevado a cabo por la Library of Congress que nos ofrece una magnífica versión digital (ver aquí) de otro clásico de la ciencia universal, en este caso de factura europea, como es el Theatrum orbis terrarum de 1570, una de las grandes obras geográficas del siglo XVI. Considerado el primer atlas moderno fue realizado por el geógrafo y cartógrafo flamenco Abraham Ortelius (1527-1598), y publicado en Amberes.

A través de 182 imágenes de gran calidad podemos hacernos una idea de cómo se imaginaban el mundo conocido los centros de vanguardia del saber europeo de aquella época.

Theatrum Orbis Terrarum

Historia digital: mis favoritos de la primera quincena de julio 2015

Expongo a continuación una serie de proyectos, reflexiones, repositorios, exposiciones virtuales que he detectado en mis paseos de internauta y que dan buena prueba de la creciente potencia  de la historia digital. Sigo así con la labor, iniciada semanas atrás, de crear un pequeño observatorio para informar a los lectores de esta bitácora de los avances de las nuevas prácticas de hacer historia y comunicarla al gran público.

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Empiezo llamando la atención sobre el post  The Journal of American History in the Digital Age (ver aquí) publicado en Process. A blog for American history. En él se informa del panel celebrado el pasado 18 de abril 2015 “The JAH in the Digital Age” celebrado en el marco del mitin anual de la sociedad de historiadores norteamericanos.  Allí se abordaron las implicaciones que tiene la era digital para el Journal of American History o cómo puede esta publicación servir a la historia digital. En este sentido esta revista ha desarrollado la serie denominada Metagraph en la que se reseñan monografías con un componente digital importante. Esta serie se inauguró en junio de 2014 con el interesante artículo de Cameron Blevins “Space, Nation, and the Triumph of the Region. A View of the World from Houston”. (ver aquí). En él se muestra cómo un periódico de Texas de finales del siglo XIX, en la era de la integración nacional, construyó una geografía imaginada dominada por las conexiones regionales. El artículo tiene un importante componente visual elaborado en el marco del Spatial History Proyect de la Universidad de Stanford del que ya dí cuenta en otro post anterior.

Enumero ahora una serie de iniciativas en las que diversos historiadores norteamericanos estudiosos del movimiento obrero exploran cómo mejorar la visualización de datos o se esfuerzan por hacer accesibles on line fuentes valiosas sobre su historia.

Así el historiador Tobias Higbee está transformando la información contenida en el libro “American Labor Who’s Who”, publicado en 1925, en un objeto visual en el que se puedan mostrar las redes de los trabajadores norteamericanos presentes en ese directorio de la década de 1920. En él están representados activistas sindicales, defensores de los derechos civiles y de los derechos de los inmigrantes, políticos progresistas, cooperativistas. El proyecto de Tobias Higbee está auspiciado por la UCLA Library and Center for Digital Humanities.

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Conectada con la historia del movimiento obrero norteamericano está la Joseph A. Labadie Collection de la University of Michigan Library (ver aquí) formada por más de dos millares de posters. Como se explica en este artículo de Allison Meier, “The Revolution has been digitized: explore the oldest archive of radical posters” publicado en Hyperallergic. Sensitive to Art and its Discontents (ver aquí) esta colección acaba de ser digitalizada de modo que sus posters sobre anarquismo, feminismo, luchas por los derechos civiles, movimiento obrero y otros movimientos políticos están accesibles on line. El fundador de la colección Joseph A. Labadie fue un anarquista, organizador del movimiento obrero en el área de Detroit a principios del siglo XX.

 

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Pasando ahora al ámbito de la historia de las ciencias, donde también se están produciendo magníficas iniciativas en el ámbito de la historia digital, destacaré las siguientes.

En primer lugar la interesante exposición “Fantastic Worlds: Science and Fiction, 1780-1910” que acaba de inaugurarse en la Smithsonian Libraries Exhibition Gallery en el National Museum of American History de Washington. Los organizadores invitan al visitante a viajar por la superficie de la luna, por el centro de la Tierra, y por las profundidades de los océanos para conocer los descubrimientos e invenciones que inspiraron grandes obras de ficción literaria del siglo XIX, como las de Julio Verne. Quien no pueda visitarla in situ está invitado a pasear por ella virtualmente. (ver aquí). En el momento en el que elaboro este post sólo se pueden visitar virtualmente cuatro de las siete secciones en las que está dividida: Terra Incognita, La era de los aeronautas, Mundos infinitos y El cuerpo eléctrico.

Fantastic Worlds

 

 

Terra Incognita está destinada a mostrar el gran ciclo de exploraciones geográficas del siglo XIX como los viajes a los Polos y la exploración del interior del continente africano. La era de los aeronautas presenta los progresos en la obsesión por volar de los seres humanos a partir del invento en 1783 del globo aerostático por los hermanos Montgolfier. A partir de entonces en la conquista del aire a través de la navegación aérea se entremezclaron observaciones científicas, espíritu de aventura y afán de entretenimiento. En la exposición se distingue el papel de los globos y de las máquinas aladas, precursoras de los aviones, en esos viajes aéreos. Mundos infinitos se centra en darnos a conocer la exploración del universo por los astrónomos para buscar vida extraterrestre y cómo nuevas teorías acerca de la existencia de una pluralidad de mundos alimentaron la imaginación de escritores y  artistas. También se presta atención al papel desempeñado por nuevos dispositivos visuales como la fotografía y la linterna mágica contribuyeron a popularizar la astronomía acercando el cielo a la tierra como se aprecia en la gran obra divulgativa del astrónomo francés Camille Flammarion, cuya influencia en Julio Verne es relevante. El cuerpo eléctrico se interesa en mostrar cómo el afianzamiento de la química y de la electricidad a principios del siglo XIX ofreció nuevas herramientas para intentar dar respuesta al problema de la naturaleza de la vida. Se invita al visitante a acercarse a los experimentos de Luigi Galvani quien consideraba la electricidad como una fuerza de la vida; a los de Alessandro Volta quien rechazó la teoría de la electricidad animal de Galvani, sosteniendo que eran ciertos fluidos los conductores de la electricidad, fundamento de su pila voltaica de 1800; a los Giovanni Aldini quien se dedicó a hacer sensacionales experimentos eléctricos por toda Europa para mostrar la pertinencia de las teorías de su tío Galvani. En esa controversia participaron actores diversos, desde médicos a escritores, en ambas orillas del Atlántico. E inspiró uno de las más interesantes obras de ciencia ficción del siglo XIX: Frankenstein, o el moderno Prometeo de Mary Shelley. En esta obra se presentó, quizás por primera vez, el rostro oscuro de la ciencia, producido por los efectos de una desenfrenada ambición científica.

Breve información de las otras tres secciones – Rise of the Machines, Sea Change , Underworlds – se puede obtener en este documento (ver aquí) que contiene información de interés sobre esta exposición, una de las atracciones para quienes tengan la suerte de visitar la capital norteamericana este verano de 2015.

Washington exposicion 2

Relacionados en cierta medida con los contenidos de esta exposición tenemos dos objetos científicos que gracias a los avances de la historia digital podemos ahora tener accesibles y conocerlos en profundidad.

Me refiero a una reproducción tridimensional de un globo celeste de 1792, basado en observaciones de Giovanni Cassini que, gracias a un magnífico trabajo del OML’s Digital Imaging Center del Smith Center for Cartography Education de la Osher Map Library de la University of Southern Maine en Portland, está accesible al internauta, quien lo puede explorar en todos sus detalles. (ver aquí).

globo celeste

 

Y al libro Les Roses, publicado entre 1817-1824, por el botánico francés  Pierre-Joseph Redouté (1759-1840) conocido como “el Rafael de las flores“.

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Esta obra, un compendio científico de la botánica de las rosas, con ilustraciones de gran belleza, ha sido digitalizada por la Library of Congress (ver aquí). Forma parte de la colección Lessing J. Rosenwald de esa magnífica biblioteca. Elizabeth Gettins ha escrito un post en el blog de la Library of Congress (ver aquí) para darnos detalles de quien fue Redouté, de sus conexiones con la emperatriz Josefina, de las características de Les roses y de su impacto en los círculos científicos del primer tercio del siglo XIX que la reconocieron como una obra maestra de la ilustración botánica gracias a sus 170 grabados. La autora del post también nos informa de otros importantes recursos sobre botánica e ilustración botánica ofrecidos por la biblioteca del Congreso en su sección de Science, Technology and Business.

 

roses pierre-joseph-redoute

 

Situándonos en Europa daré cuenta en esta ocasión del proyecto digital Agustín de Betancourt, impulsado por la Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia en colaboración con el Centro de Estudios Históricos de Obras Públicas y Urbanismo (CEHOPU) y el CEDEX del Ministerio de Fomento del gobierno de España, y la Fundación Juanelo Turriano.

Betancourt cronologia

Su objetivo es la recuperación, digitalización y puesta en valor en Internet de la obra de uno de los ingenieros ilustrados más relevantes que hubo en la Europa de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX como fue el caso del ingeniero e inventor canario Agustín de Betancourt (1758-1824) Sus inquietudes científicas le llevaron a formarse como ingeniero de caminos en la prestigiosa Ecole des Ponts et Chaussées de París en la Francia prerrevolucionaria, dirigir a partir de 1792 el Real Gabinete de Máquinas del Retiro en Madrid, aunque por poco tiempo pues entre 1793 y 1798 estuvo comisionado en Londres haciendo, entre otras actividades, espionaje industrial. A su regreso, y recién creado el Cuerpo de Ingenieros de Caminos en 1799 fue nombrado comisario del mismo. En el ejercicio de ese cargo promovió entre 1799 y 1800 la instalación entre Madrid y Cádiz de un telégrafo óptico que él había inventado. En 1802 convenció al ministro de Estado Pedro Cevallos para que se crease en Madrid la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos que Betancourt dirigió. Esta institución absorbió el Gabinete de Máquinas, usado a partir de entonces por los alumnos como laboratorio y centro de experimentación para sus prácticas. En 1808 contrató sus servicios el zar de Rusia Alejandro I y se trasladó a San Petersburgo. A partir de entonces y hasta su fallecimiento en 1824 realizó importantes contribuciones al desarrollo de la ingeniería rusa y puso en marcha el primer Instituto Superior de Ingeniería Civil en Rusia, al que acudieron reclamados por él toros ingenieros españoles y desde el que promovió la creación de una comunidad internacional de ingenieros, como han destacado en diversos estudios Irina y Dimitri Gouzevitch.

En el portal de la Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia, que lleva en funcionamiento varios años, pero que aún no ha finalizado su labor, el  internauta puede acceder, por ejemplo, a 28 manuscritos, a 27 publicaciones relacionadas con sus investigaciones como su famoso Essai sur la composition des machines, escrito en colaboración con su colega mexicano José María de Lanz, y a 8 cartas. También se accede a información útil e interesante sobre una media docena de máquinas e inventos debidos a ese ingeniero canario: el telégrafo óptico, la máquina para hacer trencilla, la máquina para cortar la hierba de los canales navegables, la máquina para hacer clavos, la máquina de vapor de doble efecto y la esclusa de émbolo buzo.

Betancourt maquinas

 

 

Historia digital en las Américas y Europa: mi selección de la segunda quincena de junio 2015

Esta es la cuarta entrega quincenal donde doy cuenta de los hallazgos que efectúo en mis paseos como internauta relacionados con la práctica de la historia digital.  En esta ocasión resumiré los contenidos de un curso sobre historia digital impartido el otoño pasado, entre el 23 de septiembre y el 4 de noviembre de 2014, por Jason Heppler del departamento de Historia de la Universidad de Stanford; informaré de un reciente artículo en  la revista francesa Socio sobre los desafíos que plantean los archivos de la web a los historiadores y me haré eco del reciente congreso de humanistas digitales del Benelux celebrado en Amberes entre el 8 y el 9 de junio de 2015.

Un curso sobre historia digital en la Universidad de Stanford en el otoño de 2014

Empiezo dando cuenta del interesantísimo curso impartido por Jason Heppler para introducir a sus alumnos de la Universidad de Stanford en la historia digital. El curso tuvo como objetivo familiarizar a los estudiantes con las herramientas y fuentes digitales para crear investigaciones históricas de calidad, analizar e interpretar los hallazgos documentales y comunicar los resultados. Una descripción del curso y una explicación de sus objetivos se pueden encontrar aquí. Los alumnos tenían que efectuar al final del curso un proyecto de historia digital relacionado con la historia de Silicon Valley a lo largo del siglo XX. La bibliografía de apoyo (ver aquí) abarca todos los aspectos relacionados con el extraordinario papel desempeñado por el entorno del valle de Santa Clara tanto en la historia de Estados Unidos como en la historia mundial en el siglo pasado.

Jason Heppler

Para ejercitarse como historiadores digitales los participantes en el curso elaboraron un blog colectivo a lo largo de sus siete semanas de duración para abordar los aspectos más significativos de la historia digital que fueron los siguientes.

– primera semana: What is Digital History? con intervenciones breves de Andrew Torget y Edward Ayers, y una explicación de Markdown, el sistema desarrollado por John Gruber y Aaron Swartz para simplificar tanto la elaboración de artículos con formato  como la publicación de los mismos (todo lo elaborado en Markdown, puede ser exportado como HTML). Permite por tanto crear de manera sencilla texto con formato.

– segunda semana: Digital Libraries and Archives con información sobre los archivos del Sillicon Valley, del DotCom, el proyecto Valley Shadow, el artículo de Alexis Madrigal sobre la historia espacial del Silicon Valley y  acceso a la famosa conferencia demostración de Douglas Engelbart de 1968 sobre windows, el hipertexto, el ratón del computador, etc.

– tercera semana: Data and the Humanities con información sobre Tidy Data; Culturomics o análisis cuantitativo de la cultura usando millones de datos; el proyecto Palladio para pensar las Humanidades a través de la visualización de datos; y sobre las diferencias entre Big Data, Small Data y Long Data dando cuenta por ejemplo del artículo de Jo Guldi y David Armitage, “History: the key to decoding big data”. (ver aquí).

– cuarta semana: Textual Analysis donde se prestó atención al modelo estadístico de categorías Latent Dirichlet Allocation (LDA), a la modelización de temas en humanidades presentando varios proyectos sobre la aplicación de programas informáticos que extraen automáticamente los “topics” de los textos, y diversos artículos sobre el uso de la informática para el análisis textual. En algunos de esos artículos se discuten los planteamientos expuestos por Franco Moretti en su libro de 2005 Graphs, Maps, Trees: Abstract Models for a Literary History. 

Paul Carter The Road to Botany Bayquinta semana: Spatial History donde se presentaron diversas realizaciones de este giro historiográfico como los libros de Paul Carter, The Road to Botany Bay: An Exploration on Landscape and History; William Cronon, Nature’s Metropolis: Chicago and the Great West; o los proyectos Gilded Age Plains City, CityNature, Welcome to the Anthropocene, o el poderoso Earth Engine, una plataforma a escala planetaria para el análisis de datos medioambientales. Además se presentaron diversas herramientas que usan los historiadores digitales que apuestan por el “giro espacial” como Neatline, Curatescape, ESRI StoryMap, d3.carto, Spatial Humanities Step by Step, y el WorldMap de la Universidad de Harvard y el proyecto digital del historiador Colin Gordon Mapping Decline, basado en sus investigaciones sobre el declive de la ciudad de St. Louis.

– sexta semana: Netwoks dedicada a estudiar la aplicación de Social Network Analysis en las disciplinas históricas. Se presentó el uso de ese método para estudiar diversos casos: el de los llamados  “ocho traidores” de Sillicon Valley quienes, liderados por el joven físico Robert Noyce , fundaron en 1957  Fairchild Semiconductor donde se inventó el microchip, motor de la revolución de los ordenadores personales; el del papel de Paul Revere en el proceso independentista norteamericano; los proyectos generados en el entorno de Humanities + Design de la Universidad de Stanford. Se facilitó además a los alumnos una muy amplia bibliografía elaborada por Marten Düring para Historical Network Research sobre visualización y teoría de redes en diversos campos del conocimiento.

– séptima semana:  Visualization and Narrative en la que se abordaron cuestiones relacionadas con la narrativa, el diseño y la visualización de datos. Respecto al primer asunto se presentaron las características y resultados de cuatro proyectos: Mapping Mobility in the Budapest Ghetto, Geography of the Post, Enchanting the Desert y Antieviction Mapping Project, los tres primeros creados en el entorno del Spatial History Project de la Universidad de Stanford y el último impulsado por un colectivo cívico que está documentando de manera admirable el desalojo y desplazamiento de sectores vulnerables de la población de la bahía de San Francisco que están sufriendo la presión de los especuladores urbanísticos amparados por la Ellis Act. También se ofrecieron los recursos creados por la Zurb University para los diseñadores como Pattern Tap y Design Triggers. En cuanto a la visualización de datos  se presentaron dos importantes herramientas:  Raw creada por el Density Design Lab del Politécnico de Milán y la aplicación Palladio del laboratorio Humanities + Design de la Universidad de Stanford para impulsar la visualización de datos en proyectos de investigación histórica.

Anti-eviction proyect

Otras noticias

En el dossier sobre Le tournant numérique… et après? , coordinado por la directora del proyecto e-Diaspora Atlas Dana Diminescu , y publicado en el número 4 de la revista Socio. La nouvelle revue des sciences sociales que dirige Michel Wievorka, aparece el interesante artículo de Valérie Schafer y Benjamin Thierry, “L’ogre et la toile. Le rendez-vous de l’histoire et des archives du web” (ver aquí) del que me informó Philippe Poirrier, a quien agradezco su comunicación, y sobre cuya labor como historiador digital informé en un post anterior (ver aquí).

Estos autores dialogan con ciertos textos fundadores de la epistemología histórica para ofrecer una serie de reflexiones respecto al impacto que tendrán los archivos de la web, que ha empezado a organizar la fundación Internet Archive desde 1996, en la manera de producir y escribir la historia. Schafer y Thierry organizan su texto en tres partes tituladas respectivamente: Le goût de l’archive, “L’histoire comme compréhension”, y “L’historien de demain sera programmeur ou il ne sera plus”?. Concluyen su reflexión planteando que el principal desafío de la historia digital radica en la redefinición del rol social del historiador y de su lugar en la construcción de los discursos sobre la historia y no tanto en una reconversión de la práctica o una transformación de las finalidades de la disciplina que cultivan los historiadores. La bibliografía en la que apoyan su reflexión Shafer y Thierry es muy útil.

Socio

Finalmente llamo la atención en el importante congreso Digital Humanities. Benelux Antwerp 2015 celebrado hace un mes -en los días 8 y 9 de junio- en la ciudad belga de Amberes. Ojeando el libro de resúmenes de las comunicaciones que se presentaron en él [book of abstracts] (ver aquí) se puede apreciar el dinamismo de las iniciativas llevadas a cabo en el ámbito de las humanidades digitales en los países del Benelux y en otros países europeos.

Por ejemplo Sally Wyatt, del grupo eHumanities de la Academia Real Holandesa de Artes y Ciencias presentó desde una perspectiva feminista la comunicación “Digital humanities: New toys for the boys?” (ver aquí); Nicholas J. Hayward y George K. Thiruvathukal “From lighthouse to the moon: a guiding light to the corpus of Jules Verne” (p. 42 libro resúmenes); Inger Leemans, Janneke M. van der Zwaan, Isa Maks, Erika Kuijpers  “HEEM, a Complex Model for Mining Emotions in Historical Text” (p. 49); Leonor Alvarez Francés, Rosa Merino Claros, Harm Njboer, Julia Noordegraaf, Harm Njboer  “Historical data exploration: Amsterdam’s creative landscape, 1600-present (p.51); Elien Vernackt y Bram Vannieuwenhuyze  “MAGIS Brugge: a 16th-century bird’s-eye view on Bruges as a digital stage for public urban history” (p. 58); Emiliano Degl’Innocenti y Alfredo Cosco informaron de “The TRAME Project -Text and Manuscript Transmission of the Middle Ages in Europe” (p. 92); un amplio equipo de investigadores de varios países presentaron “Visualizing the Narratives of European Integration” (p. 113). Estas son algunas de las decenas de interesantes aportaciones dadas a conocer en Amberes hace un mes por una abundante representación de humanistas digitales europeos y de otras partes del mundo.

Así en ese congreso también hubo lugar para dar a conocer proyectos relacionados con la historia latinoamericana. Así sucedió con la comunicación de Silvia Gutiérrez, “Literary constellations. A Digital Humanities approach to the study of literary salons in Mexico during the 19th century” (p. 55).

Benelux Digital Humanities

Historia digital: iniciativas interesantes detectadas en la primera quincena de junio 2015

Continúa mi periscopio detectando iniciativas interesantes en el ámbito de la historia digital. En este panorama quincenal, tras los dos que efectué en mayo pasado (ver aquí y aquí), voy a destacar la labor de un historiador digital francés, voy a presentar una publicación electrónica argentina promotora de la historia digital en el ámbito cultural hispanófono, y daré cuenta de un útil recurso didáctico para fomentar el estudio del conocimiento del pasado de los Estados Unidos y de Europa aproximando a los estudiantes los recursos de la historia digital.

El historiador digital Philippe Poirrier

Empiezo pues este repaso quincenal presentando la labor del historiador digital Philippe Poirrier. Así avanzo en mi afán de construir una galería de colegas  comprometidos con la nueva forma de hacer historia que favorecen las TIC. En esta línea ya dediqué, por ejemplo, mi atención a la labor llevada a cabo por Serge Noiret en el Instituto Europeo de Florencia (ver aquí), o por la humanista digital Bethanie Nowviskie, directora del Digital Research & Scholarship  en la University of Virginia Library. (ver aquí).

Philippe Poirrier, profesor de historia contemporánea de la Universidad de Borgoña en Dijon, y especialista en historia cultural de la Europa contemporánea, es un activo historiador digital. Es responsable de “Notes de lecture” de la revista electrónica Policultures. La lettre des politiques culturelles, y de la edición de la interesante Lettre électronique (aquí acceso a los archivos de este boletín electrónico) de l’Association pour le développement de l’histoire culturelle (ADHC).  Es autor de numerosos artículos on line en sitios como Cultura Historica, Halshs, y en Google Plus.

HistoriographiesRecientemente tuve conocimiento de que el número 5 de la interesante publicación electrónica argentina Red-historia. Recursos digitales para la historia (ver aquí sus características y que presentamos al lector de esta bitácora más abajo en extenso) tradujo al castellano con el título “Internet y los historiadores” (ver aquí) el texto que Philippe Poirrier publicó hace ya tiempo con el título “Internet et les historiens” en la obra colectiva promovida por Christian DELACROIX, François DOSSE, Patrick GARCIA y Nicolas OFFENSTADT, dirs., Historiographies. Concepts et débats; Paris, Gallimard, 2010, vol. I, p. 468-475.

Este texto es ciertamente una contribución hecha hace tiempo. Pero su concisión y claridad le dan valor y lo hacen vigente. En él su autor aborda la cuestión de cómo Internet introduce nuevas prácticas de trabajo, de investigación y de comunicación en el seno de la comunidad de los historiadores. Centra su atención en abordar, brevemente, las siguientes cuestiones: Internet favorece una comunicación sin límites; hace posible una democratización del acceso a la información; impulsa la producción de soportes digitales expandiendo la edición digital; revoluciona las formas de la escritura histórica

La bibliografía en la que se apoya, al ser un texto publicado originariamente en 2010, ya es un poco anticuada. Pero los seis autores citados como referentes son ya autoridades en el campo de la historia digital: M. Dacos, R.Darnton, R. Minuti, R. Rosenszweig, P. Rygiel y S. Noiret, al que ya mencioné líneas arriba.

La publicación electrónica argentina Red-historia. Recursos digitales para la historia.

Esta publicación semestral, iniciada en agosto de 2012, es uno de los proyectos online del programa interuniversitario argentino de Historia Política (ver aquí), coordinado por Beatriz Bragoni, Marcela Ternavasio y Nicolas Quiroga.

En Red-historia. Recursos digitales para la historia se publica información y análisis sobre el trabajo historiográfico y el de las ciencias sociales y sus relaciones con las nuevas tecnologías. Se actualiza semestralmente. Se ofrece a los lectores materiales de conocimiento a través de cuatro secciones fundamentalmente: presentación de dossiers, reseñas de sitios webs y de software, relatos de experiencias de trabajo y entrevistas.

Hasta ahora ha publicado cinco números.

El número 1, de agosto de 2012, (ver aquí) dedicó un dossier de tres artículos a los bicentenarios online, presentó 22 reseñas, y Nicolás Quiroga entrevistó al historiador digital español Anaclet Pons, editor del interesante blog Clionauta.

El número 2, de febrero de 2013, (ver aquí) dedicó su dossier a Repositorios digitales y humanidades con siete aportaciones, dio a conocer dos interesantísimas entrevistas: una doble a Carlo Ginzburg y al historiador digital William J. Turkel y la otra a Frederique Langue, que presenta el proyecto francés Nuevos Mundos-Mundos Nuevos. También Frederique Langue informa de su experiencia como historiadora digital en su artículo  “Humanidades digitales e investigación americanista: de las redes investigadoras a los usos de Twitter” con abundante y magnífica información de diverso tipo (ver aquí). También se presentan 21 reseñas.

El número 3 de septiembre de 2013 (ver aquí) presentó el dossier Recursos digitales sobre historia de las mujeres con cinco aportaciones; informó de dos experiencias; una de ellas sobre el ThatCamp de Paris 2012, en la que Frederique Langue discute la afirmación que hiciese Emmanuel Le Roy Ladurie en 1968 de que el historiador será programador o no será, y la otra debida a Juan M.C. Larrosa titulada “Un ejercicio de estudio de una acción colectiva: el 8N en Twitter”; y una docena de reseñas.

El número 4, también de septiembre de 2013, (ver aquí), se estructuró en torno a un dossier de nueve contribuciones sobre Miradas, imágenes y recursos digitales académicos con una interesante presentación de Inés Yujnovski (ver aquí). A él se añadió en la sección experiencias la contribución de Lev Manovich “¿Cómo ver un millón de imágenes? MediaVis e ImagePlot, una entrevista de Mariana Garzón Rogé titulada “Expansión, elasticidad y reelaboración de un archivo como base de datos. Entrevista a Kenneth Price del archivo Walt Whitman” acerca del impresionante proyecto digital que reúne la obra de ese poeta estadounidense, (ver aquí) y una reseña de la revista digital Medios y Enteros,de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional del Rosario.

El número 5, y último editado por ahora en agosto de 2014,  tiene un dossier dedicado a La historia reciente online presentado por Juan Gandulfo (ver aquí) con siete contribuciones más, dos experiencias: la correspondiente a Philippe Poirrier con su texto “Internet y los historiadores” del que ya se dio cuenta líneas arriba y la firmada por Fernando Longhi “Herramientas de cartografía digital aplicadas a los estudios históricos”.  El número se cierra con dos reseñas acerca de la Asociación Canadiense de Hispanistas y Europeana 1914-1918.

El proyecto Digital History Reader

3.2 for 32 Run for Remembrance, Virginia Tech campus, Drillfield, Burruss Hall

3.2 for 32 Run for Remembrance, Virginia Tech campus, Drillfield, Burruss Hall

De manera creciente la historia digital está penetrando en los espacios educativos. Una buena muestra es el proyecto DHR  (ver aquí) elaborado ya hace tiempo por un equipo de historiadores, pedagogos y estudiantes graduados del Instituto Politécnico de Virginia o  Virginia Tech. En él se ofrecen una variedad de materiales para facilitar el aprendizaje de problemas históricos facilitando el acceso a fuentes históricas  a universitarios y alumnos de enseñanza media. Se ofrecen una serie de módulos para aproximarnos a la historia de los Estados Unidos y a la historia europea. En cada uno de ellos se presenta una introducción del problema a estudiar, se ofrece información sobre el contexto histórico, se presentan los hechos más significativos en un timeline o línea del tiempo para clarificar la cronología, se plantean una serie de cuestiones que han de resolver los estudiantes para desarrollar su pensamiento crítico, se elaboran unas conclusiones y se informa de una serie de recursos para aprender más sobre el problema que hay que estudiar, sean libros o recursos on line.

Respecto a la historia norteamericana se presentan once módulos que son los siguientes:

1. Demographic Catastrophe: What Happened to the Native Population After 1492?

2. Unthinking Decision? Why Did Slavery Emerge in Virginia?

3. A Revolution for Whom?

4. How Did Abolitionism Lead to the Struggle for Women`s Rights?

5. Industrialization and Its Discontents

6. The Sit-Down Strike of 1936-37

7. Did World War II Advance Minorities, Women, and the Poor?

8. Jackie Robinson, Civil Rights Leader?

9. The 1960s: Who Won?

10. How Will Historians Treat Richard Nixon?

En cuanto a la historia europea estos son los módulos que se presentan:

1. Can Humans Control the Natural World? Urban Landscapes and Perceptions of Nature

2. Should Women Vote? The Politics of Suffrage.

3. 1917: Did the War Cause a Revolution?

4, The End of Optimism? The Great Depression in Europe.

5. 1968: A Generation in Revolt?

6. A European Crisis? Demographics and Immigration.

Iniciativas de historia digital seleccionadas en la primera quincena de mayo 2015

Continuando con mis preocupaciones por la historia digital, sobre las que informé en una conferencia en Logroño el verano pasado (ver aquí), voy a dar cuenta en este post de tres iniciativas relacionadas con esa manera de hacer historia que me han llamado la atención, por diversos motivos, en mis recientes excursiones por la Red en general, y por la blogosfera en particular.

– En primer lugar quiero destacar las recientes aportaciones que efectúa Rebecca Onion (@rebeccaonion) en su blog The Vault de The Slate Magazine. En su última entrada Luminous Lantern Slides of Blackfeet Tipis on the Prairies of Montana in the Early 20th Century informa de un proyecto llevado a cabo por Yale’s Beinecke Rare Book & Manuscript Library.

McClintock, W., & McClintock, W. The country of the 'Blackfeet' Indians. A.

McClintock, W., & McClintock, W. The country of the ‘Blackfeet’ Indians. A.

En él se han digitalizado centenares de placas de linterna basadas en las fotografías hechas por Walter McClintock en el estado de Montana entre 1896 y 1914.  Nacido en Pittsburg McClintock se graduó en Yale en 1891 y en 1896 viajó a Montana como fotógrafo de una comisión científica que iba a estudiar sus bosques. Gracias a la amistad que trabó con varios nativos se le abrieron las puertas de la comunidad Blackfoot del noroeste de Montana. Convivió con ellos y logró hacer miles de fotografías de su modo de vida: su entorno, su cultura material y sus ceremonias. Sobre su vida, obra y legado editó en 2009 Steven L.Grafe un importante libro que reseñó la antropóloga Joanna Cohan Sherer (ver aquí)  Ahora tenemos acceso gracias a la mencionada iniciativa de la Universidad de Yale a favor de la historia digital a 1.143 placas de linterna coloreadas, que se pueden ver también en Flickr (aquí).

Siksika Indians

McClintock, Walter, and Walter McClintock. Bad Married. Bird Rattler. Big Spring. Bear Shoe, Died … 956.

– En segundo lugar he localizado la interesante labor que está llevando a cabo Amy Williams @a_williams06 para facilitar la tarea de los historiadores digitales. Con los recursos que ofrece Paper.Li ha creado el periódico mural Digital History donde reúne periódicamente valiosas informaciones sobre este novedoso campo de trabajo. Además impulsa el sitio web mylifehistory.com vinculado a la cuenta de twitter @MyLifeisHistory. En la sección Digital History de ese interesante sitio web su autora explica en la entrada HISTECH: PAPER.LI la potencialidad de paper.li para los historiadores digitales, y cuán fácil resulta su puesta a punto. Interesada por este recurso Amy Williams ha creado cinco periódicos digitales: el ya mencionado sobre historia digital, y otros cuatro: Archaelogy News, Richard III NewsMedieval History News .Archives in the News

Digital History Paper Li

– Finalmente quisiera resaltar una de las múltiples acciones llevadas a cabo por los historiadores digitales que se interesan por la Primera Guerra Mundial ahora que estoy inmerso en una breve investigación sobre Ciencia y Política en la Europa y en la España de 1915, que se publicará a lo largo de este año en la revista digital Ubi Sunt? impulsada por un colectivo entusiasta de estudiantes de la Universidad de Cádiz. Este trabajo me está permitiendo profundizar en cuestiones que ya abordé en mi trabajo publicado no hace mucho “Movilizaciones y escisiones de la comunidad científica en tiempos de guerra” (ver aquí). De los hallazgos de los últimos días destacaré el post de Erin Allen  publicado por el blog de la Library of Congress sobre el hundimiento del Lusitania, cuyo centenario hemos conmemorado el pasado 7 de mayo de 2015. En él, como esa sabido, hubo una víctima española: el cocinero sevillano José Ulgar, como han recordado, entre otros, la periodista Eva Díaz Pérez y el escritor Fernando Aramburu. En su post Erin Allen nos aproxima al impacto mundial que tuvo aquel hecho bélico, un hito en la guerra submarina, y nos ofrece numerosas fuentes hemerográficas e iconográficas relacionadas con aquel evento que tanta repercusión tuvo sobre la opinión pública norteamericana. Además nos informa de una valiosa compilación de colecciones digitales sobre la primera guerra mundial como la guía de materiales para la primera guerra mundial compilada por Kenneth Drexler, especialista de referencias digitales en la Library of Congress. Esta guía proporciona links a recursos que incluyen colecciones de fotografías, partituras musicales, emisiones radiofónicas, y más fuentes. Esta guía ha sido valorada también por otras instituciones como la Robbinnsville High School Media Center que ofrece también otra muy útil lista de recursos digitales sobre la Primera Guerra Mundial. (ver aquí).

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Bethany Nowviskie y Neatline o de cómo las humanidades digitales ponen en valor un trabajo de geografía escolar de 1823

Múltiples iniciativas están mostrando el vigor de la historia digital. De mis hallazgos en la primera quincena de noviembre de 2014 destaco la labor que está llevando a cabo Bethany Nowviskie, en la Universidad de Virginia.

Bethany Nowviskie, directora del Digital Research & Scholarship que incluye los Scholar’s Lab en la University of Virginia Library, anima el website nowviskie.org, donde escribe y reflexiona sobre las humanidades digitales.  The Chronicle of Higher Education la eligió en 2013 una de las “Ten Tech Innovators”. También ha tenido mucho eco este año su conferencia “The Digital Humanities in the Anthropocene” que leyó en Lausanne Melissa Terras durante la conferencia DH2014. La ha traducido al español, como ha podido, Alex Gil. (ver aquí)

En su lugar de trabajo Bethany Nowviskie está impulsando productos como Neatline, una magnífica herramienta digital, de acceso libre y de código abierto, para contar y mostrar visualmente historias con mapas, pinturas, fotografías, -todo lo que pueda ser capturado como imagen- y líneas del tiempo con el objeto de mejorar nuestra interpretación de productos culturales.  Nowviskie la define así en su post Neatline & visualization as interpretation: “It’s a geotemporal exhibit-builder that allows you to create beautiful, complex maps, image annotations, and narrative sequences from collections of documents and artifacts, and to connect your maps and narratives with timelines that are more-than-usually sensitive to ambiguity and nuance. Neatline (which is free and open source) lets you make hand-crafted, interactive stories as interpretive expressions of a single document or a whole archival or cultural heritage collection”.

De la docena de proyectos que se muestran en la presentación de la herramienta -en la sección Demos– me ha llamado la atención el dirigido por la misma Bethany Nowviskie: “Inventing the Map”: Frances Henshaw’s Book of Penmanship, cuyos fundamentos explicó en 2010 en la  publicación digital The Poetess Archive Journal en un artículo (ver aquí).

En él se aprecia cómo la representación cartográfica de los territorios que formaban los Estados Unidos en 1823 por una joven de 14 años muestra las prácticas docentes de la educadora reformista Emma Willard (1787-1870), impulsora de la enseñanza a las mujeres. Esta educadora, a la que se define como “una hija de la democracia” norteamericana, desarrolló una nueva, visual y experimental pedagogía basada en el dibujo y en el trabajo con mapas impresos. Emma Willard fue consciente de cómo su labor impactó en la comprensión espacial e histórica de los tiempos fundacionales de los Estados Unidos al afirmar: “En historia yo he inventado el mapa”.

En este proyecto de Neatline se muestra y se desmenuza mediante las tecnologías geoespaciales el singular artefacto cartográfico y textual que hizo una de las alumnas de Emma Willard en una pequeña escuela para mujeres del oeste de Virginia. Esta alumna era  Frances Alsop Henshaw, de 14 años, hija de un próspero negociante. Uno de sus trabajos escolares se conserva en la David Rumsey Map Collection. Es un cuaderno que contiene, entre otros materiales, una serie de mapas dibujados a mano y a color de diecinueve estados norteamericanos. Cada uno de ellos está descrito de manera artística con textos seleccionados de obras geográficas de la época.  Estas son imágenes correspondientes al estado de Maine.

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Representación del Estado de Maine por Frances A. Henshaw. El mapa se encuentra en la David Rumsey Map Collection

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Explicación de las características del estado de Maine en 1823 por Frances A. Henshaw. De su cuaderno existente en la David Rumsey Map Collection

La David Rumsey Map Collection conserva también el trabajo de otra estudiante de Vermont, hecho cuatro años antes, en 1819. Se trata del cuaderno de Harriet E. Baker que se puede visualizar aquí.  Su representación de Maine, por aquel entonces un distrito de Massachussets, era diferente al que haría cuatro años después Frances Henshaw, como se aprecia en el siguiente mapa.

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Representación de Maine en 1819 por Harriet E. Baker. Su cuaderno de geografía escolar se encuentra en la David Rumsey Map Collection

La educación científica en Estados Unidos entre 1890 y 1930: reseña de un libro de Sally Gregory Kohlstedt por Maria Elice Brzezinski Prestes

Sally Gregory Kohlstedt, -ver su curriculum aquí-  es actualmente profesora de la Universidad de Minnesota.

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Imágenes de mariposas por María Sybilla Merian (1647-1717), icono elegido por Sally Gregory Kolhstedt para ilustrar su website

En 2010 publicó un importante libro sobre cómo se incorporó la preocupación por la enseñanza de la ciencia, y particularmente de las ciencias de la naturaleza, movimiento que se denominó “nature study”, en el curriculum de los escolares norteamericanos en el gozne de los siglos XIX al XX a través de una alianza entre líderes científicos, reformadores educativos y maestros y maestras con interés en introducir innovaciones en las aulas.

Se trata de la obra Teaching Children Science. Hands-on Nature Study in North America, 1890-1930. Un índice de sus contenidos y una selección de las observaciones de algunos de sus lectores se encuentran en la información ofrecida por su editor: la prestigiosa editoral de la Universidad de Chicago. Ver aquí esa información.

Portada libro Kohlstedt  Teaching Children Science

Ahora en el Newsletter de abril-mayo de 2014 -ver aquí– del International History, Philosophy and Science Teaching Group, (IHPST), impulsora de la revista Science and Education, se publica una amplia reseña de esta obra a cargo de Maria Elice Brzezinski Prestes, del Departamento de Genética y Biología Evolutiva del Instituto de Ciencias de la vida y del grupo de investigación Historia, Teoría e Ensino de Ciencias de la Universidad de Sao Paulo. Ver su curriculum aquí.

Reproduzco acá esta interesante reseña

The development of science teaching programs in schools is an important and yet relatively unexplored subject in history of education in general. The intricate ways by which scientific ideas about nature were first organized for presentation to children also arouse interest in the history of science. They reflect the natural sciences community’s growing authority and the recognition that knowing more about nature is fundamentally important for future generations. The approaches used by the anonymous teachers who initiated the implementation of a specific science curriculum for children, in turn, are inspiring to those involved with science education, whether in research or in the classroom practice.

Teaching Children Science: Hands-on Nature Study in North America, 1890-1930 is a vivid and strongly documented narrative that has much to reveal for all these three specific audiences. Each one will find its own focus within the narrative of how American children in that period learned about the natural world, how they were taught, and who taught them. Additionally, the book provides an impressive “institutional account of the circumstances that brought the idea of nature study into prominence” (p. 1-2) in American school systems at the beginning of the twentieth century. Although the nature study movement was well investigated before, with the production of iconic works such as Kevin Connor Armitage’s The Nature Study Movement: The Forgotten Popularizer of American’s Conservation Ethics (2009), Kohlstedt’s exhaustive research sheds new light on this subject.

Sally Gregory Kohlstedt is a professor in The Program of History of Science and Technology at the University of Minnesota. With a long and active role in the History of Science Society, Kohlstedt has a steady production of books and papers in this field of study. Her previous monographs demonstrate an outstanding expertise in the history of scientific institutions, such as The Formation of the American Scientific Community: The American Association for the Advancement of Science (1976) and The Establishment of Science in America (1999), co-authored with Michael Sokal and Bruce Lewenstein. Her approach links the dynamics of science with culture to expose how social, political, and intellectual matters can influence scientists and contrariwise. To do this, the historian of science looks for the intersections “where scientific practitioners cross paths” with another audiences, as she states in her curriculum vitae. This research program is precisely what she delivers in Teaching Children Science. The book brings out the frame of institutions that engendered the connections between leading scientists, educational reformers, and science instructors—particularly women, who were mostly responsible for implementing the new curriculum in schools.

The book has eight chapters that cover different perspectives on a movement that introduced science—“nature study,” as it was named at the time—into public schools in U.S. From the 1880s onwards, as several examples in the book illustrate, the reader learns how the nature study curriculum spread throughout the country after flourishing in the North-East, the upper Midwest, and the Far West. From major urban cities in these regions, such as New York, Chicago, and Los Angeles, the program spread into suburbs, small towns, and rural one- and two-room schools in the public, private, and parochial school systems. Kohlstedt briefly mentions the introduction of the nature study in other countries, but only for English-speaking ones such as Canada (Ontario, Guelph, and Montreal), Britain, Scotland, Ireland, and a very quick mention to Australia and New Zealand. So a pertinent criticism can be made to the “North America” of the title of the book, which creates the expectation of a thorough approach to Canada and Mexico, and this last country is not even mentioned.

This panorama is constructed from an immense mass of documents selected from two decades of research. The archive list draws from 39 different institutions, including the United States National Archives, museum and academic society archives, many university libraries, and some public libraries in the key regions she inspects. Some special collections of children’s textbooks and popular books, government reports and bulletins, biographical dictionaries, as well as 26 pages of secondary sources indicate the extent of Kohlstedt’s careful research. However, what is so important as the hard work of fishing relevant information from all that material is the subtle narrative that emerges from the lives of the teachers, scientists, and others engaged in nature study education in the USA during the four decades covered by the book.

And what was the nature study movement, and what was the tendency of that curriculum? Finding herself obliged to avoid a simple and comprehensive definition of the nature study movement, the author concludes that it was precisely its rich and varied expressions that helped explain its success. Basically, nature study assembled a curriculum devoted to teaching hands-on and age-specific activities that related to the students’ personal experience. Students should be acquainted to current scientific thinking, they believed, through close observation and face-to-face contact with the natural world, which would furnish them with an appreciation for the processes of living things in their environment. Nature study also had a strong association with themes of civic and moral uplift.

The nature study movement is presented as deeply rooted in the American enthusiasm for natural science and commitment to education for all children. To account for this history the author was guided by some general concerns that cross the whole text, such as connecting “some of the key advocates who framed” the fundamental principles of the nature study program, the “threads of preparation by teachers and supervisors who implemented it,” and the “multiple ways that the concept continued to resound long after the term had receded from school usage” (p. 2).

In the Introduction we learn about the two main theoretical aspects that informed nature study in the USA. One of them was the thought developed in the 1870s by reforming educational philosophers who were trained in German pedagogy and psychology. They had a strong commitment to a child-centered curriculum that took the developmental stage of the child into consideration. And this aspect connects with the second one, which was documented by nature study practices in a great number of urban and rural schools, namely the development of theories and methods concentrated in learning about nature outside with materials close at hand. Not coincidentally, the conception of “Educating with Nature’s Own Book” provides the title for the book’s first chapter. Leading scientists such as Louis Agassiz and educators like Horace Mann are mentioned side by side with the teachers who criticized traditional methods of teaching botanical or zoological terms.

The overview of the meaning and values pursued by the nature study movement at the time gradually appears in Teaching Children Science through the titles of a vast collection of materials mentioned throughout the book. Diverse textbooks, handbooks, pamphlets, leaflets, and journals on the subject were written by naturalists and practicing educators of the time. Outstanding are the thirteen guides for science teaching published under the auspices of the Boston Society of Natural History between 1876 and 1896. One of these guides, A First Lesson in Natural History (1879), written by Elizabeth Cary Agassiz in the form of a familiar conversation with young women, presents the seashore life in eastern Massachusetts. Botany for Young People and Common Schools: How Plants Grow (1858), written by Asa Gray, reached numerous editions. Child’s Book of Nature (1885) by Worthington Hooker was addressed to “the mother and the teacher.” Reading these books and the others mentioned below should not be of interest to historians of science only; taking into account the context in which they were written, they can still provide inspiration for science and biology teachers today.

In the second chapter, “Devising a Curriculum for Nature Study,” readers are acquainted with some of the intricate relationships between researchers at leading universities, from Massachusetts to Chicago, and the US school system. Above all, in this chapter more so than in the others, we can see the extent of the contribution of Kohlstedt’s book, even compared to revisionist historiography that largely concentrated on “governing education and issues of consolidation, standardization, and requirements” (p. 9) by focusing on those who had social or political power or on how parents and teachers discussed and defined programs. Instead, Kohlstedt focuses on how curriculum was negotiated among administrators, teachers, parents, political leaders, community activists, and educational theorists. Illuminating all these different characters, the historian of science reveals “how gender, class, and ethnicity were inevitably woven” (p. 9) in the nature study practices, as she promised in the Introduction.

Chapters three and four illustrate the diversity of the initiatives that introduced nature study in urban and rural areas, both in public and parochial school systems. The spirit of teaching with the world in which the child lives and its natural environment, reinforced by direct observation and cultivation of sympathetic acquaintance with nature, narrowed the relationships or “cross paths” between scientific educators, urban schools, and a variety of institutions, predominantly but not exclusively scientific, such as natural history museums, botanical gardens, zoological parks, and aquariums.

It is striking that the most remote cities across the country were working to find “the one best system” (p. 40) of education in “standardized programs intended to produce moral citizens able to work in their communities” (p. 68). The distinctive ways in which nature study was implemented emerged as opportunities to promote, for instance, community projects for eliminating mosquitoes and thus stem the incidence of malaria or to encouraging gardens with edible and flowering plants in local schools in Worcester, Massachusetts. Here, as throughout the book, the author deeply explores some inspiring examples while simultaneously mentioning many other cases that illustrate the national scope of nature study.

In rural areas, courses that were intended for future farmers, which focused on topics like entomology and agriculture, kept the face-to-face approach to nature, the use of natural specimens, and field excursions. The Handbook of Nature Study (1911) by Anna Comstock went through more than twenty editions and translation into eight languages (and remains in print today). It is an outstanding example of that direct approach to nature colored by a clear ecological sensibility and a commitment to the growing conservation movement. Another influential and widely distributed book was The Nature-Study Idea (1909), by Liberty Hyde Bailey, which influenced the implementation of a child-centered curriculum and guided teachers in exploring the intricacies of plant and animal life.

Throughout the book criticism and resistance to the nature study curriculum are also examined. This criticism related to various aspects of the curriculum, such as the extra time and attention required from the teacher in preparation for the new task and the organization of materials for practical classes. In addition to nature study, other educational “fads” that were criticized included music and drawing, because they “distracted students from basic studies and led to failure on standard tests” (p. 64). The press sarcastically criticized schools for “forcing pupils to take to the woods” to become naturalists “of the Robinson Crusoe type” (p. 43). Even inside universities that were engaged with educational research and preparing graduates to become instructors in normal schools, authorities advised to not let it become known that the chief interest was in the primary school because it represented something “beneath the dignity of any university to identify itself with the training for the instruction of young children” (p. 39), such as documented by an educator in University of Illinois in Urbana. The “feminine” face, soft and sentimental, lacking “rigor,” was pointed out by some of the critics as responsible for the nonscientific character of the nature study and as a reason to drag it out of school curricula.

The fifth chapter is in some ways the most exciting one; its departure from the format of the previous chapters means that it could be read separately as a summary of the theoretical trends that the previous chapters explore in more detail. The chapter lists the four aforementioned educational approaches in nature study and explores how each one influenced the implementation of the curriculum, not without some overlapping between the different approaches. The first was that of initial foundations for nature study, established under the instructor Wilbur Jackman and his Chicago colleagues; they combined their own scientific interests with child-centered pedagogy and ideas from some European educational philosophers. The second approach, compatible with the former, was developed by Charles and Frank McMurry based on the educational philosophy of Johann Friedrich Herbart, who, among other things, recommended integrating different subjects, such as pairing discussion of natural objects with painting, clay modeling, and written self- expression. The third approach was that of the Worchester’ schools, where Clifton Hodge’s projects focused on empirical and pragmatic aspects of the everyday life of children and citizens in an industrial context. The fourth outlook, expressed in Bailey and Comstock’s works, assumed that despite the familiarity of rural children with nature, it was necessary to attune them to more aesthetic and scientific ways of understanding both the domesticated and the wild landscapes in which they lived. The syntheses made in this chapter shows that these theoretical engagements gave rise to the multiple facets that characterized the nature study movement.

The rest of the chapter, in a series of smaller sections, resumes and expands new perspectives on nature study applications. Despite the emphasis on “nature, not books” that was advocated everywhere, one section shows how initiatives that enabled elementary teachers to teach the new curriculum resulted in an exponential growth of educational market in the latter decades of the century. Nature study curricula spread as a result of that broadening market for different pedagogical materials, from books and manuals to leaflets, pamphlets, illustrations, hanging wall charts, and even games. Another section resumes the debate over traditional classrooms and shows that nature study incorporated the reforming educators’ emphasis on the importance of the child as the center of the teaching process. They focused on activating children’s inner potential for observation and reason and on linking all the sciences to and through life experiences. Following Herbart’s ideas, the active correlation of subjects like art, literature, and geography, was proposed within an integrated curriculum. A new section discusses how, after the turn of the century, psychological approaches took place that were derived from the psychology of Wilhelm Wundt. These approaches inspired the research of G. Stanley Hall at Clark University as well as Clifton Hodge’s projects on “out-of-door life.” Other sections also resume the aforementioned theoretical debate by focusing on different aspects of it, such as the particular development of illustrations, animal stories, and connection between nature study and civic reform. As the author concludes, the multiple strands of nature study meant that it was never standardized in a single, prescriptive curriculum. And it could not have been different, since the only common point was the use of local materials by a creative and autonomous teacher.

The sixth chapter, “Establishing Professional Identities,” turns its attention to the system of teacher preparation. Describing the specificities of normal schools and college departments, the author shows that these two institutions were progressively defining agenda in public schools, producing materials, and educating the best-trained teachers and future administrators. But only progressively, because up to the first quarter of the twentieth century, normal school students were a privileged minority. Here the book again takes up initiatives mentioned earlier, such as the highly experimental program developed by John Cook and Charles McMurry in the Northern State Normal School in DeKalb, Illinois. The core idea was that of supervised teaching, meaning that normal school should be the place for “observation and experience of actual teaching in a standard classroom” (p. 150). Nature study moved quickly across the country, and the chapter describes the conditions and particularities of teacher preparation in normal schools in the 1880s and 1890s in the West Coast (Los Angeles), in the South (Nashville, expanding out to other cities in the first two decades of the twentieth century), in the upper Midwest, and in the Northwest.

A clear sign of the new curriculum’s prominence was the establishment of a distinct “supervisor” position for nature study in a significant number of schools by the turn of the twentieth century. The supervisor’s function was to visit schools to advise on curricula, train teachers, and provide local materials. Here, as in other parts of the book, the methodological choice for a kind of narrative related to “history of life” positions the reader as an eyewitness of particular and thought- provoking experiences. Additionally, the author supplies an appendix with a partial but undoubtedly meaningful list of individuals “noted in a wide range of ephemeral sources” (p. 239) that contains 42 nature study supervisors in schools, 16 in museums, and 38 in normal schools, training, or practice schools in different regions of the country between the 1890s and 1930s.

Nature study reflects the gendered division of labor in teaching. Despite being dominated by women, statistical analysis reveals that men, on average, taught older rather than younger students (more on college or normal schools faculties), taught more boys than girls, taught “harder” subjects, were more encouraged to teach about ideas, and to organize the profession. Men also published more articles on the definition of nature study, while women wrote more reports on classroom practices. That bias was not only a social construction; it was also rooted in the work of leading psychologists such as Edward Thorndike, who thought women were not suited for the rigors of science but were appropriate for teaching young children. Nature study critics even blamed women for the failure of nature study. As Kohlstedt summarizes, such gendered and hostile rhetoric was “widely used in educational journals and contributed to the attack on the so-called feminization of education in the early twentieth century” (p. 172). Despite the prejudices, among all members of the Nature Study Society, women represented about a quarter of the teachers who taught at normal schools and colleges of education. Despite the resistance of editors, women continued publishing textbooks, readers, manuals, and leaflets. In fact, commitment and creativity were present in nature study teachers in general, both female and male.

Chapters seven and eight deal with the historical accounts of Nature-Study Review, launched in 1905, and the still-existing American Nature Study Society, created in 1907. The first editor of Nature-Study Review was Maurice A. Bigelow, a faculty member at Teachers College in New York. Aiming to present education as an emerging academic discipline, with sound research practices and theory, he invited well-known contributors to nature study with academic credentials to join its advisory board. The first three volumes were clearly more theoretical and intended to clarify what had become “controversial among academics and remained a challenge to teachers” (p. 177). The articles were mainly devoted to discussing the theory and pedagogy of nature study, as well as discussions about its relation to natural science itself. The editor was looking for common principles of nature study, even given the diverse views and definitions of it. At the same time, while the Review was initially conceived to address the concerns of teachers, administrators, educational psychologists, and educational philosophers and to provide a forum for discussion that balanced theory and practice, it gradually expanded to include space for teachers to present their own experiences. The journal passed through the hands of several editors, including Anna Comstock, but the efforts to maintain it were not sufficient. After merging with a new journal in 1923, it tried to restart under the name Nature and Science Education Review; however, both sunk and the nature study movement eventually lost its official communication channel. Around the same time, supporters of nature study connected to the Society had turned their “attention toward the broadening inclusion of nature study in other venues” (p. 214). In its place, gradually and definitively, concern shifted to elementary science, the new science project for schools.

All of this rich material makes reading Teaching Children Science inspiring and profitable. Not only because the author redeems nature study from its former naïve appearance and displaces the marginal position assigned to it in the curriculum by previous analyses, which directly concerns historians of education and historians of science. The book is also valuable because science education (still) has to face strong students’ unawareness about the natural beings in the place where they live. Today disinterest of the young in science studies in school and in scientific careers is frightening to the community of educators. Maybe some of the ideas espoused by educators and teachers of the nature study movement, recontextualized by current educational knowledge and redirected to the current goals of science teaching in primary school, may provide some fruitful clues. At least, Sally Gregory Kohlstedt fulfilled her part of that bigger challenge.

We are delighted to announce that over 100 000 high-resolution images, including images of manuscripts, paintings, etchings, early photography and advertisements, are now freely available through Wellcome Images.Drawn from our vast historical holdings, the images are being released under the Creative Commons Attribution (CC BY) licence.This means that they can be used for commercial or personal purposes so long as the original source is acknowledged (Wellcome Library, London). All of the images from our historical collections can be used free of charge.The holdings offer a rich body of historical images, ranging from ancient medical manuscripts to etchings by artists such as Vincent van Gogh and Francisco Goya.

 

La exposición Marginalia in cARTography en Madison comisariada por Sandra Sáenz-López

Mi compañera del grupo de investigación Mundialización y mundanización de la ciencia del Departamento de Historia de la Ciencia del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales Sandra Sáenz-López, gran especialista en historia de la cartografía, ha sido seleccionada para comisariar una exposición de arte y cartografía en el Chazen Museum of Art de Madison en el estado norteamericano de Wisconsin.

El origen de la exposición arranca de la  David Woodward Memorial Fellowship que disfrutó la comisaria de la exposición en Madison en la primavera del 2013.

La exposición lleva como título Marginalia in cARTography, y se centra en el análisis de las imágenes en los márgenes de los mapas. Reúne un total de 44 obras de los siglos XIII al XX procedentes de varias instituciones norteamericanas. Se exhibe del 28 de febrero al 18 de mayo de 2014.

Más información se puede obtener visitando virtualmente el museo, o a través del catálogo de la exposición en alta resolución accesible on line.

Tras haber finalizado con éxito su proyecto de 101 Obras maestras. Ciencia y arte  en los museos y bibliotecas de Madrid, del que se dio cuenta en esta bitácora, Sandra emprende un nuevo desafío intelectual que a muchos nos dejará satisfechos, adentrándonos por imaginativas y estimulantes representaciones visuales y textuales de cartógrafos de varias épocas históricas.

 

La cartografía en los Estados Unidos del siglo XIX según Susan Schulten

En la plataforma H-Net: Humanities and Social Sciences Online, creada para desarrollar el enorme potencial educativo de Internet y de la world wide web,  ha aparecido en enero de 2014 con el título de  A Fine “History of the [Geographical] Present” una reseña de Mathhew C. Hannah, de la Universidad de Bayreuth, de un importante libro de la historiadora norteamericana Susan Schulten, profesora de la Universidad de Denver.

Susan Schulten

Susan Schulten

Me refiero a Mapping the Nation: History and Cartography in Nineteenth-Century America, publicado en 2012 por la prestigiosa editorial de la Universidad de Chicago, y merecedor en 2013 del the Norris and Carol Hundley Award for History de la Pacific Coast Branch de la American Historical Association.

portada mapping-the-nation

Esta obra complementa en cierta medida las preocupaciones e intereses que había mostrado esta investigadora en su libro de 2001 The geographical imagination in America, 1880-1950, también editado por la Universidad de Chicago.

Portada Geographical imagination

Dada la relevancia de los trabajos de Susan Schulten para quienes nos interesamos por la historia de la geografía y de la cartografía, línea de trabajo que tengo abierta en mi otro blog jaeinnova.worpress.com, me permito transcribir completa la mencionada reseña de Mattew C. Hannah. Pero además quiero destacar, como hace el reseñista, que el libro se complementa con un interesante sitio web – www.mappingthenation.com– donde se exhben en tres ventanas -por capítulos, por creadores, y cronológicamente- más de un centenar de mapas que muestran el desarrollo de la cartografía norteamericana a lo largo del siglo XIX, objetivo central del libro Mapping the Nation.

Esta obra está construida en torno a cinco capítulos:

The Graphic Foundations of American History

A Map Historical and Biographical Chart of the United States 1811

A Map Historical and Biographical Chart of the United States David Ramsay 1811

Capturing the Past Trough Maps

Mapa histórico de los Estados Unidos. Rufus Blanchard. 1876

Mapa histórico de los Estados Unidos. Rufus Blanchard. 1876

Disease, Expansion, and the Rise of Environmental Mapping

Mapa sobre las condiciones sanitarias de Nueva Orleans de Barton 1853

Mapa sobre las condiciones sanitarias de Nueva Orleans de Barton 1853

Slavery and the Origin of Statistical Cartography

Mapa de la esclavitud en Estados Unidos según el censo de 1850 por August Petermann 1855

Mapa de la esclavitud en Estados Unidos según el censo de 1850 por August Petermann 1855

y The Cartographic Consolidation of America

Mapa de la población nativa en el Oeste de los Estados Unidos según el censo de 1870 por Francis A. Walker 1874

Mapa de la población nativa en el Oeste de los Estados Unidos según el censo de 1870 por Francis A. Walker 1874

El reseñista Mathew C. Hannah analiza la obra de esta manera:

A Fine “History of the [Geographical] Present”
Susan Schulten’s Mapping the Nation is physically attractive, based on sound scholarly work yet accessibly written, and effectively supplemented by a user-friendly website offering a good selection of high-resolution images of historical maps and charts (www.mappingthenation.com ).The intuitive simplicity of the argument for the current relevance of the topic only reinforces the impression of a well-conceived and timely study. As Schulten, a history professor at the University of Denver, writes on the website, “Today we live in a world that is saturated with maps and graphic knowledge. The maps on this site reveal how this involved a fundamentally new way of thinking.” The “way of thinking” that coalesced as the tradition of thematic mapping has at its core the use of maps not as general representations of a region but as selectively focused analytical tools that can highlight unseen patterns, raise new questions, and generate new answers to modern problems. In all, it is not surprising that the book won the 2013 Hundley Award for History. It is a fine example of how what Michel Foucault called the “history of the present” might look in the twenty-first century.[1]
Mapping the Nation can be placed in a variety of contexts. As a historical geographer it is easy to appreciate the way it fills a gap in the history of cartography. A recent generation of critical cartographers has begun to ask pointed questions about the role of map making in producing, not just representing, ordered worlds of colonial rule, for example, or geopolitical hegemony.[2] However, a book-length historical study of thematic mapping as a central element in this world-producing cartographic practice has so far been lacking. Schulten attributes this in part to the fact that “some of these maps are easily overlooked for precisely the reason they are distinct: they were adopted as tools to make sense of particular kinds of information” (p. 3). The book, though, must also be placed in the much broader context of what is often termed “media literacy,” where it can take a distinguished, if less deliberately incendiary place alongside Denis Wood’s The Power of Maps (1992) and Mark Monmonier’s How to Lie with Maps (second edition, 1996).
Schulten limits her history of thematic mapping to the United States, while acknowledging the sometimes central importance of exchange with advances in visual methods made in Europe. A commendable aspect of Mapping the Nation is its explicit recognition that cartography cannot be treated in isolation from contemporaneous developments in other forms of graphic representation, such as the timeline (considered in chapter 1). Schulten’s narrative is divided into two parts. The first two chapters chronicle the development of an interest in “mapping the past,” primarily as a way of creating and shaping a national identity for the new Republic. Here we see the educator and best-selling textbook author Emma Willard and her contemporaries developing a wide array of experiments for combining graphic and textual elements to bring out patterns and connections in the representation of complex material. Willard’s “Picture of Nations, or Perspective Sketch of the Course of Empire” from 1835 is a particularly striking example of this experimentation (see website). Willard shared with a number of others the conviction that a knowledge of history and geography was essential to the establishment of a self-aware national citizenry.
However it is really in part 2, entitled “Mapping the Present,” that Schulten’s story gains traction, pace, and contour. Here we see scattered cartographic work on weather, illness, or electoral results in the context of the debate over slavery generate crucial advances. Two of the major technical underpinnings of thematic mapping, isolines (first introduced by Alexander von Humboldt) and choropleth mapping (the uniform shading of spatial units such as counties to represent statistical data) come into their own in the years leading up to the Civil War. Thematic mapping, crucially, was a matter not only of introducing new graphic elements but also, and equally important, of removing unrelated information.
Schulten’s chapter 4, on the use of mapping to address and influence the issue of slavery and the threat of secession, is probably the best in the book. The narrative is gripping, in part because she makes a convincing case for the causal role played by maps in the unfolding of a defining historical moment in U.S. history. The final chapter frames the statistical maps produced by Francis Amasa Walker in the 1870s and 1880s as a sort of culmination of the foregoing developments, a moment of maturation in which thematic mapping attains a level of sophistication readily recognizable to cartographers of today. Schulten pinpoints in particular how Walker’s award-winning 1874 Statistical Atlas of the United States broke new ground in layering different kinds of information onto the same maps, allowing comparisons and raising questions in ways that GIS (Geographic Information Systems) does today. Walker used his maps of race and ethnicity as the basis for his influential support of immigration restriction, and they remained influential “arguments” on this issue long after his death.[3] Schulten argues that Walker’s efforts highlight the hitherto little-recognized activism that animated parts of the national state in the Gilded Age. The novelty of this view, though, is a bit exaggerated in her narrative.[4]
Isolated quibbles aside, Mapping the Nation works well, and Schulten is to be commended for filling an important gap in both public media literacy discourse and scholarly research. If there is anything general to criticize about the project, it is the price Schulten pays for general accessibility. Links to a range of recent academic discourses (for example on modern power relations) are passed over in silence, though they would have been easy to explain and could have heightened readers’ awareness of the significance of Mapping the Nation.
Perhaps Schulten’s most troubling concession to accessibility is her advocacy of a traditional heroic individualist perspective. That selected individuals take center stage and lend her story its drive is probably unavoidable. But this need not lead to programmatic statements. For example, in a discussion of the contributions of Daniel Coit Gilman, Schulten asserts that “the use of maps for analytical purposes, or for processing data, was not inevitable. In the United States, it occurred only because individuals such as Gilman encouraged it” (p. 163). Well, at one level, yes, processes like the development of thematic mapping can only occur through the actions of individuals, as is the case with every other process in human history. At another level, the emergence of thematic mapping probably was inevitable. It is safe to say, for example, that someone would in any case have hit on choropleth mapping. The details of individual contributions are interesting and instructive, of course, but they do not (and cannot) carry the entire weight of historical explanation.
This point may seem petty when set against the many excellent features of the work as a whole. I believe it is worth making nevertheless, and precisely because of the quality and significance of Schulten’s project. Ultimately this project can itself claim a distinguished place in the lineage especially of Willard and her fellow early nineteenth-century educators. Like their efforts, Schulten’s history is valuable as a contribution to the education of a national citizenry. It is moreover a particularly important contribution at a moment when our collective graphic literacy is simply not keeping pace with the sheer volume, variety, and sophistication of graphic representations saturating our daily lives. To intervene so constructively in this situation is a real, and all-too-rare, accomplishment. However, to drape this accomplishment in the bunting of a heroic individualist perspective is to miss the chance at rendering another, at least equally important service in the cultivation of responsible twenty-first-century citizenship. This blemish notwithstanding, Mapping the Nation is in the main a marvelous and potentially very important book.
Notes
[1]. Michel Foucault, Discipline and Punish: The Birth of the Prison (New York: Vintage, 1977), 31.
[2]. J. Brian Harley, “Deconstructing the Map,” Cartographica 26 (1989): 1-20; and Jeremy Crampton, “Maps as Social Constructions: Power, Communication and Visualization,” Progress in Human Geography 25 (2001): 235-252.
[3]. Matthew G. Hannah, Governmentality and the Mastery of Territory in Nineteenth Century America (Cambridge: Cambridge University Press, 2000), chaps. 6, 7.
[4]. For earlier accounts of the activist state in the post-Civil War period, see Stephen Skowronek, Building a New American State: The Expansion of National Administrative Capacities, 1877-1920 (Cambridge: Cambridge University Press, 1982); and Richard Bensel, Yankee Leviathan: The Origins of Central State Authority in America, 1859-1977 (Cambridge: Cambridge University Press, 1991).

Manhattan (Proyecto)

El proyecto Manhattan (conocido en un primer momento como Manhattan Engineering District), iniciado en 1942 para responder a la amenaza nazi y al ataque de Pearl Harbor, ha quedado inscrito en la historia como un momento clave en el que la ciencia ha mostrado un nuevo rostro.  Si los vínculos de los científicos con el Estado y las operaciones bélicas han sido estrechos durante mucho tiempo (ya Arquímedes fabricaba armas para el rey de Siracusa, y Napoleón movilizó un gran contingente de científicos para su campaña de Egipto) el proyecto Manhattan los reforzó de una forma no conocida hasta entonces.

Con el objetivo secreto de fabricar la bomba atómica un equipo de centenares de investigadores e ingenieros se instaló sobre una mesa, en un lugar perdido de Nuevo México. Fueron dirigidos por dos personas muy diferentes: el general Leslie Groves, lobo solitario que no se caracterizaba por ser sutil en las relaciones humanas, y el físico Robert Oppenheimer, brillante, cultivado e hipersensible. Fue él quien encontró el lugar donde se instaló el proyecto: Los Alamos, una escuela para niños problemáticos, conocida por Oppenheimer en unas vacaciones.

Requisada rápidamente, dotada en pocas semanas de carreteras y aeropuertos, en la mesa o cima plana de la colina surgió una ciudad nueva dedicada en su totalidad a la fabricación de la bomba, que llegó a tener más de 50 mil habitantes.

Otros lugares se complementaron con Los Alamos para construir ese artilugio destructivo. En la fábrica de Oak Ridge se trató el uranio, la de Hanson se dedicó al plutonio, y en el Laboratorio metalúrgico de Chicago se testaron los aceros y otros mecanismos necesarios para su construcción.

Rodeado de los mejores físicos del momento, entre los que cabe mencionar a Hans Bethe, Richard Feynman, Enrico Fermi y Leo Szilard, “Oppie” coordinó las múltiples actividades de carácter técnico vinculadas al proyecto impulsando al mismo tiempo los aspectos teóricos en una época en la que los mecanismos de realización de la fisión nuclear y de producción de material fisible no estaban aún dominados.

Las relaciones entre científicos y militares, a pesar de los rígidos reglamentos que precisaban las prerrogativas de unos y otros, no fueron fáciles. El mismo Oppenheimer fue sometido a vigilancia por los servicios de contra-espionaje. Tiempo después se le retiraría la confianza política y caería en el ostracismo. Pero antes de sufrir ese castigo logró, gracias a sus extraordinarias capacidades, dinamizar ese complejo proyecto científico-militar y provocar -el 16 de julio de 1945- la explosión de Trinity, no lejos de Alamogordo. “Esto ha funcionado”, dijo con frialdad Oppenheimer.

Entonces, otro físico participante en el proyecto, Kenneth Bainbridge, previendo las consecuencias del lanzamiento de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki y la escalada de terror durante la guerra fría, replicó con una sentencia que ha pasado a la historia: “Ahora todos somos unos cabrones”.

Casi todos los integrantes del proyecto Manhattan tuvieron posteriormente problemas de conciencia . Oppenheimer fue uno de ellos.  Después del ataque a Hiroshima le manifestó al presidente Truman: “Todos tenemos las manos manchadas de sangre”, a lo que el presidente norteamericano replicó “Pues se lavan”.

Si el proyecto Manhattan significó un éxito tecnológico también dejó una honda huella en la conciencia moral de la humanidad.

N.W. [Nicolas Witkowski]

Ver: lo militar, nuclear, trinidad

Bibliografía: Rival, M, Robert Oppenheimer, Flammarion, 1995

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