La irrupción del boxeo en la sociedad española de hace un siglo

La guerra ilustrada Ring de boxeo

 

Madrid Sport 3 enero 1918 boxeo

Anuncios sobre el boxeo en la revista Madrid Sport de 3 de enero de 1918

Atento observador de todos los aspectos de su realidad social Manuel Machado enfocó las reflexiones de su dietario, correspondientes al jueves 7 de febrero de 1918 que publicaba en las páginas del diario El Liberal, hacia la irrupción en la sociedad española del boxeo, un nuevo deporte que procedía de Inglaterra, como el fútbol, y tantos otros.

Como literato se fijó en los nuevos neologismos que se introducían en el habla de sus conciudadanos a medida que crecían sus aficionados; como sociólogo intentó buscar los porqués de la irrupción de un nuevo deporte que estaba de moda y cuya práctica se remontaba a los juegos olímpicos; como persona cultivada instó a hacer actividades más inteligentes.

Que el boxeo estaba de moda lo revela no sólo las reflexiones de Manuel Machado que transcribo sino las imágenes anteriores: una de ellas muestra cómo los prisioneros ingleses organizaban combates de boxeo en los lugares donde estaban privados de libertad; la otra corresponde al interés por el boxeo en una de las principales revistas deportivas que se publicaban en Madrid hace un siglo.

 

Jueves 7 febrero 1918

A puñetazo limpio nos van a meter en el idioma otra partida de voces inglesas, que, tal vez, no tendrán luego el tiempo de aclimatarse. El ring y el round están ya en todas las bocas. El ring es el palenque de los boxeadores y el round, el noble asalto a trompazo y tente tieso.

Nada tengo que decir contra el boxeo, que al fin y al cabo es la primitiva forma, y la más “humana”, de las peleas humanas. Es más: su difusión en Inglaterra ha contribuido -con otras cosas. a desterrar la costumbre del duelo. Porque en Inglaterra -como en todas partes- cuando las razones se acaban se acude a los puños. Pero a los puños nada más. La honorabilidad queda a salvo con un par de buenas puñadas; y, puestas las cosas en el terreno de la fuerza, vence de veras el más fuerte. Y no es lo mismo venir a las manos que acometerse a mano armada, que diría Pero Grullo. De modo que moralmente….

Y en cuanto al arte, sabido es que el pugilato figuraba ya entre los juegos olímpicos, con la carrera, el lanzamiento del disco, etc. Pero entre púgiles y discóbolos, no faltaban los que se entretenían en hacer ejercicios más inteligentes y espirituales.

Y casi podríamos nosotros empezar por ahí.

 

Ricardo Marin 7 febrero 1918

Dibujo de Ricardo Marín

 

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Las simpatías de los trabajadores madrileños por Julián Besteiro en las elecciones de febrero de 1918

Las elecciones que se celebraron el 24 de febrero de 1918 en el Estado español fueron reñidas. Observador agudo de su realidad social Manuel Machado dedicó las reflexiones de su diario correspondientes al miércoles 6 de febrero, que exponía en el diario El Liberal, a tomar el pulso a la opinión de sus conciudadanos en plena campaña electoral.

 Al dar aquel día un paseo matutino por el extrarradio de la villa donde residía se fijó en las simpatías de los trabajadores madrileños -que Manuel Machado parecía compartir- por los representantes del PSOE en la candidatura republicano socialista, particularmente por Julián Besteiro, el catedrático de Lógica de la Universidad Central, expensionado de la JAE, y en la prisión de Cartagena aquellos días como dirigente de la UGT tras la huelga revolucionaria de agosto de 1917.

Esa candidatura se había formado para contender con la lista de la unión de los monárquicos, integrada por mauristas, ciervistas y albistas o demócratas, que finalmente sería la vencedora al obtener cinco escaños de los ocho en liza en la circunscripción de Madrid capital. Así lo expresan los siguientes datos, tomados de la obra de Fernando Soldevila El año político 1918 por los que sabemos que los tres diputados elegidos en la candidatura de izquierdas fueron: el republicano Roberto Castrovido (n.1864), periodista, director del diario El País, con 28.717 votos y los socialistas Julián Besteiro (n.1870) y Pablo Iglesias Posse (n.1850) con 28.638 y 28.448 votos.

Elecciones 24 febrero 1918 en Madrid

Mundo Grafico Los nuevos diputados por Madrid

Miércoles 6 febrero 1918

Un sol, tamizado por el toldo blancuzco de las nubes, baña a la ciudad toda en una fachada de luz, tibia y sedante. Las sombras de los árboles y su ramaje aún desnudo se proyectan apenas, vagamente grises, sobre el suelo blanco.

Callejeo sin rumbo por las amplias vías excéntricas casi hasta las afueras de la villa, en la paz de esta mañana, que estremecen ya auras prematuras del futuro Abril.

Por todo el camino, a un lado y otro, sobre las tapias blancas, sobre los sillares de granito, sobre las viejas tablas mal avenidas que vallan los solares, sobre el feo ladrillo de las construcciones suburbanas…solicitan constantemente mis ojos los carteles de las candidaturas para las elecciones próximas. Se han anticipado a la floración primaveral y aun al mismo confetti carnavalesco con su policromía abigarrada. Los hay verdes, rojos, amarillos, azules…

Un grupo de obreros se ha detenido ante la republicano-socialista y la comenta con calor. La mayoría de aquellos nombres le son familiares y gratos. Representan vidas generosas consagradas -sacrificadas también muchas veces- al bien ajeno. Julián Besteiro..

Pero, junto a aquélla, hay otras candidaturas que no se contentan con ofrecer un nombre: exponen también un pequeño programa. Y he aqui una nota nueva, original y significativa. No ostentan muchas de ellas una filiación política y partidista.

“Hechos y no palabras”, dice uno. Y otro; “Recordad mi gestión anterior…” Estos parecen saber muy bien que todos los partidos que han gobernado no son la mejor recomendación para el caso presente; que ser liberal o conservador de tal o cual matiz, lo mejor que quiere decir es no decir nada.

Yo me alejo pensando en la próxima lucha electoral, en las Cortes futuras. Me han aguado la mañana. ¿Serán sinceras -como dice el Gobierno- las próximas elecciones? Y, si lo son, ¡Dios mío!, ¿qué saldrá de las urnas?…

El combate contra el hambre: la regulación del precio del pan en febrero de 1918

Tras los motines “del hambre” que se había sucedido en los días anteriores en diversas ciudades y pueblos, principalmente del arco mediterráneo, pero también del centro de la Península, el gobierno reaccionó para contener las acciones de los especuladores imponiendo una tasa al precio del pan.

Manuel Machado aplaudió la medida adoptada por el Gobierno, en un momento de grandes tensiones sociales.

Martes 5 de febrero de 1918

Y como también de pan vive el hombre, y el pan, subiendo, subiendo, amenazaba perderse en las regiones del más alto idealismo y convertirse en una pura entelequia para el pueblo trabajador, la Comisaría de Abastecimientos le ha obligado a descender planeando hasta un nivel determinado, no del todo fuera del alcance humano. Es decir, que ha fijado su precio por medio de la tasa, antigua medida y saludable correctivo a las ambiciones y logrerías desenfrenadas.

El precio del pan…Un día llegará, soñado por todos los hombres honrados, en que el pan no tendrá precio, en que nadie carecerá de lo estrictamente necesario, representado por el pan, aunque el adquirir lo superfluo y lo refinado siga costando los más nobles y terribles esfuerzos. Y ese día nos avergonzará de las miserias y de las riquezas actuales. Trabajarán los hombres por el bien y por la dicha. No por el pan. El pan nuestro de cada día, dice la oración dominical, “dánosle hoy”, y no “vendénosle hoy…”

Entre tanto, bien venida sea la tasa…Mal menor que puede atajar los mayores.

 

Ricardo Marín 5 febrero 1918

Dibujo de Ricardo Marín

 

Un impulso a la construcción de escuelas en la ciudad de Madrid en 1918

Los déficits educativos de la sociedad española a principios de 1918 eran abrumadores. El pedagogo Lorenzo Luzuriaga, una semana antes de las siguientes reflexiones de Manuel Machado expuestas en el diario que publicaba en El Liberal, había estimado el 28 de enero en las páginas del diario El Sol (ver aquí) que era necesaria la construcción de 26 mil escuelas para que el próximo Parlamento iniciase la reconstrucción pedagógica del país.

Ante tan hercúlea tarea proliferaron las iniciativas para iniciar la labor de ir atendiendo a las numerosas necesidades que tenía la educación de la población infantil, sobre todo en grandes ciudades como Madrid. De hecho el Ayuntamiento de la capital de España había efectuado una serie de inversiones desde 1914 para mejorar sus infraestructuras educativas. Según una información de El Sol de 28 de enero de 1918 el municipio madrileño financiaba las quince clases de las Escuelas Aguirre, las once del grupo Trasmiera, las seis del denominado Ruiz Jiménez, y las escuelas de la Prosperidad. Además tenía previsto inaugurar muy en breve las Escuelas bosque de la Dehesa de la Villa y el Grupo escolar Peñalver de la calle de las Tabernillas.

A esas iniciativas se sumaban una iniciativa adoptada por el director general de primera enseñanza, el farmacéutico y naturalista de origen extremeño Marcelo Rivas Mateos (n. 1875), a la que alude elogiosamente Manuel Machado en las siguientes reflexiones, y que Rivas Mateos expuso en una carta dirigida al director del diario El Sol, que este periódico reprodujo en su edición del domingo 3 de febrero de 1918.

Lunes 4 febrero 1918

El problema fundamental de la cultura popular, de la enseñanza en general, preocupa e interesa a todos en España. Por una rara y feliz casualidad en el país del left man in the left place parece que también le interesa y preocupa al director general de Primera Enseñanza. El Sr. Rivas Mateo (a quien no conozco ni de vista) ha tenido una feliz iniciativa, que le honra en extremo: la de excitar la generosidad de las Corporaciones y aun de los particulares para la fundación de escuelas donde puedan recibir gratuitamente la papilla espiritual muchos de los niños pobres que existen en los barrios altos y bajos de Madrid, analfabetos por falta de escuelas donde aprender a leer.

Pero este admirable y extraordinario director no se ha contentado con eso. Ha ofrecido encabezar la suscripción con su sueldo de un mes. Y el noble ejemplo ha cundido entre los empleados de Instrucción pública. Yo supongo que no llegará a consentirse el sacrificio de estos generosos funcionarios; que las Corporaciones,  Bancos, Casinos y particulares poderosos se adelantarán, ganosos de servir a Madrid y a la Patria en la más alta y pura de sus necesidades. Por su parte, el Ayuntamiento se dispone a ceder algunos solares. La Asociación de la Prensa ofrece su concurso siempre  noble y desinteresado. El Banco de España…no ha dicho aún nada, que sepamos; pero lo dirá seguramente, porque nobleza obliga, y riqueza, más.

De todos modos, ha sido este rasgo de esos que conmueven el animo y levantan los corazones. Y ha venido a dar a este día de mi “calendario” una buena nota clara, del color de la esperanza.

 

Ricardo Marin 4 febrero 1918

Dibujo de Ricardo Marín

 

Manuel Machado lector de las “Poesías escogidas” de Juan Ramón Jiménez

Como ya mostré en la entrada que dediqué en mi blog Jaeinnova a la Revista General (ver aquí) el año 1917 fue de una intensa creatividad en la trayectoria intelectual de Juan Ramón Jiménez. En julio de ese año firmaba el prólogo a la edición de una selección de su obra poética que hizo conforme a su gusto. Fue publicada en las semanas siguientes por la Hispanic Society of America que hizo una tirada de 600 ejemplares, no destinados a la venta, y firmados todos ellos por el mismo Juan Ramón.

El futuro premio Nobel dedicó esa cuidada antología a sus amigos Mr. y Mrs. Archer Huntington, quienes con la financiación de ese libro mostraban una vez más la importancia de su labor de mecenazgo de la cultura española.

Uno de esos 600 impagables ejemplares llegó a Manuel Machado, quien en la tarde dominical del 3 de febrero se dio un festín literario leyendo al gran poeta de Moguer, admirador a su vez de la poesía del hermano de Manuel, Antonio, a quien dedicó su poema  La amistad, aquel que dice al principio: !Amistad verdadera, claro espejo//en donde la ilusión se mira!

Juan Ramón Jiménez -

He aquí las impresiones que transmitó Manuel Machado cuando presentaba su diario a sus lectores de El Liberal a propósito de sus lecturas juanramonianas, tal día como hoy hace cien años.

Por cierto esa edición de las Poesías escogidas de Juan Ramón, que tuvo en sus manos Manuel Machado está accesible aquí, gracias a la digitalización de tres de sus ejemplares existentes en bibliotecas norteamericanas

Domingo 3 de febrero de 1918En un país de ensueño. Jardines imaginados bajo la luna. Filomela y la fuente acaban de cantar, y en el silencio -formado de sus dos mutismos recientes- se alza una voz deliciosa y unítona, impregnada de viejas tristezas infantiles…Estoy leyendo la soberbia colección de Poesías escogidas, de Juan Ramón Jiménez, que ha editado la Hispanic Society, de Nueva York. Este libro impagable (y que no se vende) constituye mi fiesta del domingo. Recorro sus páginas al azar, y mi alma se baña de claridades finísimas, se penetra de “luar” de estrellas y de la más vaga y deliciosa de las ternuras humanas. El joven maestro me lleva de la mano -hermano- a las regiones de la poesía pura y sin mezcla de otra cosa alguna. Estamos en el reino de lo inefable. ¿Qué dice el libro, este libro único?…

¿Qué dice el aroma de las flores? ¿Qué dicen los celajes de este poniente soberbio? ¿Qué dice el piano en la tarde?…

¡Y cómo encuentran sus rimas en lo mejor del alma!

Ricardo Marin 3 febrero 1918

Dibujo de Ricardo Marín

Reivindicando el teatro clásico y romántico

Uno de los éxitos teatrales en el Madrid de principios de 1918 fue la interpretación por Miguel Muñoz “el americano” , uno de los artistas de moda en aquellos momentos, del drama romántico “Sullivan”. Al hilo de su representación en el teatro Español Manuel Machado, quien ejercía también de critico teatral en las páginas de El Liberal, reflexiona en su dietario sobre la conveniencia de que las compañías teatrales españolas ampliasen su repertorio.

Sábado 2 de febrero 1918

Miguel Muñoz ha tenido la excelentísima idea de resucitar el Sullivan, hace muchos años no representado. Y ello le ha valido un verdadero triunfo. Pero lo que aquí me importa es el ejemplo…

A propósito de esto yo me vengo preguntando hace tiempo si realmente existe un gran inconveniente para que nuestras grandes actrices y actores pasen la vista por el repertorio universal, y muy especialmente por el de nuestros clásicos y románticos, donde tan admirables tipos pueden encontrar, y escojan algunas comedias para estudiarlas y representarlas de nuevo.  Tendría esto la ventaja de no depender exclusivamente de la actualidad rabiosa y del estreno diario, y probablemente ofrecería al público más arte. Y, de seguro, más novedad.

Ricardo Marin 2 febrero 1918

Dibujo de Ricardo Marín

Inseguridad en las calles madrileñas

Como cualquier otro habitante de Madrid Manuel Machado andaba preocupado a principios de febrero de 1918 por la inseguridad que reinaba en las calles de Madrid como consecuencia de la grave crisis socio-económicas que asolaba la sociedad española de hace un siglo. Los robos y hurtos menudeaba,. Por ejemplo el diario El Sol en su número de 14 de enero había informado a sus lectores que hasta Santiago Ramón y Cajal, un mito viviente, había sido robado.

Esa sensación de inseguridad estaba generando una gran alarma social de la que se hace eco Manuel Machado, quien también nos pone aviso sobre cómo ahora hace un siglo estaba remitiendo el invierno en la capital de España y su afán de que el Madrid trágico se transformase en una ciudad de confiaza.

Como era habitual en sus colaboraciones en El Liberal sus reflexiones iban acompañadas de una viñeta de Ricardo Marín.

 

Viernes 1 de febrero de 1918

Aquí, para entre nosotros..La Naturaleza ha hecho en nuestro obsequio cuanto estaba en su mano, dulcificándose y humanizándose con Madrid maternalmente. Disipó la nieve, cesó en la lluvia, templó los fríos. Transcurren ahora días soleados y las noches son tibias. El Madrid trágico, de todas las inclemencias, parece que podía ya ser de nuevo la ciudad de confianza, propicia al “agorero” y la deambulancia, si un poco de policía municipal y otro poco de vigilancia, de seguridad, nos garantizasen -como antes- la integridad personal e indumentaria contra los forajidos atracadores que pululan por nuestras calles, y cuyas hazañas hemos demasiado comentado en los periódicos. Todo se andará -ya lo creo- como dijo el sayón del cuento. Pero bueno es pensar que estas situaciones, que tienden a poner un revólver en manos de todo el mundo, para la legítima defensa, no deben prolongarse mucho.

Ricardo Marin viernes 1 febrero 1918

La devastación de París por las bombas y la ciencia alemana

Tras haber atacado Londres la aviación alemana decidió bombardear Paris el 31 de enero de 1918. Según las noticias transmitidas por el ejército francés cuatro escuadrillas de aviones alemanes se acercaron a la capital francesa por el lado nordeste arrojando gran cantidad de bombas que causaron 36 muertos y 190 heridos, según las primeras estimaciones de los daños causados por el raid aéreo.

La mayor parte de las víctimas fueron civiles, fundamentalmente mujeres y niños,  lo que soliviantó a la opinión pública aliadófila, como se aprecia en el testimonio que transmitió Manuel Machado  a sus lectores de El Liberal. En él se aprecia también su crítica a la deriva belicista de los científicos alemanes como ya expuse en mi trabajo “Movilizaciones y escisiones de la comunidad científica en tiempos de guerra” (accesible aquí).

Como era habitual las observaciones de Manuel Machado iban acompañadas de una viñeta de Ricardo Marín.

Jueves 31 enero 1918

Catorce mil kilos de dinamita, setecientas bombas sobre París. Niños, mujeres, enfermos y ancianos han fenecido bajo la lluvia de fuego…

Esto no es el arte de la guerra. Pero sí es la ciencia. La ciencia alemana, que contenía, sin duda, en los últimos capítulos de su programa este delicado experimento. La ciencia alemana, para quien la catedral de Reims es un estorbo cualquiera; la ciencia prusiana, para quien la bondad, la moral, los sentimientos humanos, la vida, en fin, caen por completo fuera del cubilete…La pobre ciencia, inocente y brutal, que, en su absurda soberbia, quiere enmendarle la plana a Dios mismo, y que caerá vencida por esos sentimientos a quienes afrenta, para servirles al fin de esclava y de auxiliar, como Dios manda.

Así lo ha dicho monseñor Omette, el cardenal-arzobispo de París, protestando del ominoso raid. ¡Y no estás solo, noble príncipe mártir. Contigo son en este momento todos los verdaderos cristianos del mundo!.

Ricardo Marin jueves 31 enero 1918

 

Los obreros alemanes antiimperialistas cantan La Marsellesa en enero 1918

A medida que la guerra se hacía más cruenta en el frente occidental las protestas crecían en el interior de las potencias centrales en los inicios de 1918. Manuel Machado, cuya aliadofilia se hacía cada vez más patente en su diario que publicaba en El Liberal, no desaprovechaba ocasión para criticar el militarismo y el imperialismo alemán, como hizo el 30 de enero de 1918 al contraponer los significados de La Marsellesa y el Deutschland über alles.

Sus reflexiones iban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín.

Miércoles 30 enero 1918

Llegan hasta nosotros los ecos de la Marsellesa. No se puede vivir entre dos Repúblicas…Pero el caso es que esta Marsellesa no se canta en Francia ni en Portugal. Viene nada menos que de Hamburgo y de Berlín. La entonan los obreros alemanes. Setecientos mil obreros alemanes en huelga contra los planes aniquiladores del imperialismo, del militarismo, del pangermanismo prusiano, han contestado al himno vernal y patriotero del Deutschland über alles con el generoso himno de fraternidad universal que es la Marsellesa.

¡Oh, Marsellesa, único canto de los hombres libres, que hace venir las lágrimas a los ojos de todo verdadero demócrata; Marsellesa, madre de nuestro espíritu liberado, eco de las grandes reivindicaciones humanas! ¡Cantar único del pueblo, que, cuando no te canta, no hace más que llorar!.

Ricardo Marín miércoles 30 enero 1918

Descontento de Manuel Machado en los inicios de una campaña electoral

Por decreto publicado en la Gaceta de Madrid el 10 de enero de 1918 se convocaron elecciones al Congreso de los Diputados el 24 de febrero y al Senado el 10 de marzo para que se reuniesen las nuevas Cortes el 18 de marzo. En los inicios de una campaña electoral, en la que muchos candidatos hicieron grandes inversiones de dinero para ganar apoyos electorales, Manuel Machado se mostró muy crítico a los usos políticos dominantes en el sistema de la Restauración.

En las siguientes reflexiones de su dietario, que publicaba El Liberal acompañadas de un dibujo de Ricardo Marín, denunció el particular encasillado que iba a practicar el gobierno de concentración entre liberales, conservadores y regionalistas catalanes que presidía el liberal demócrata Manuel García Prieto y cuyo ministro de Gobernación era José Bahamonde y Lanz. Mediante esa operación practicada durante el régimen de la Restauración el Ministerio de la Gobernación rellenaba las “casillas” correspondientes a los distritos con los nombres de los candidatos que el Gobierno estaba dispuesto a proteger.

Martes 29 de enero de 1918

Fuera de algunos nombres demasiado conocidos, de políticos profesionales, y de alguno que otro ilustre en la Prensa o el foro, es la mar indiferenciada e innominada del patronímico la que llena las listas de candidatos para las próximas Cortes. La oleada turbia de los Pérez, Fernández y Garcías (muy señores nuestros) invade el llano y la sierra, y cubre de nuevo la España cuadriculada que se conoce en el ministerio de la Gobernación.

Ni nuestros escritores, ni nuestros artistas, ni nuestros pensadores, ni nuestros científicos, ni nuestros técnicos… Nadie, o casi nadie, en suma, cuyo nombre represente una obra, cuya figura evoque un día de triunfo, de gloria para la patria, de beneficio activo para la Humanidad. Tal vez resulten luego los grandes legisladores; pero, hasta hoy, la profesión de los más de ellos ha sido y es la de fulanista, zutanista o menganista; su talento, el de adherirse a un personaje influyente; su historia…la oscura senda tortuosa y callada por donde aquí se llega a ministro sin que nadie pueda saber por qué.

Parece -sin embargo- que este Gobierno de concentración no tiene un encasillado…sino varios. Uno por cada cabeza visible de grupo, y que los mismos ministros andarán a la graña para traer una buena minoría…a la mayoría.

Parece también que una sola cosa va a brillar más que nunca en estas elecciones de renovación: el dinero.

Y esta es la sola “luz” que vamos a tener los curiosos desocupados para acertar en nuestras apuestas sobre quiénes resultarán vencedores o por lo menos “colocados”…como en las carreras de caballos.

Ricardo Marin martes 29 enero 1918

 

Un diálogo de sordos entre un germanófilo y un aliadófilo en enero de 1918

Mundo Grafico 6 febrero 1918 vapor Giralda

A finales de enero de 1918 se produjo un nuevo ataque de la flota de guerra alemana a la marina mercante español.  Un submarino alemán torpedeó al vapor Giralda, de la Compañía Sevillana de Navegación, cuando viajaba de Huelva a Pasajes. Con él eran 56 los buques españoles atacados por los alemanes a lo largo de la gran guerra. Por las circunstancias del suceso ese hundimiento impresionó vivamente a la opinión pública española, un sector de la cual presionaba con insistencia al gobierno de García Prieto para alinearse en el conflicto con las potencias aliadas.

Manuel Machado ya se había hecho eco el 26 de enero en su diario, que publicaba en El Liberal, de ese nuevo ataque de la flota de guerra alemana a la marina mercante española. Dos días después, cuando el gobierno español estaba deliberando acerca de cómo responder a la agresividad alemana, volvió a hacerse eco de ese incidente mediante un diálogo imaginario entre dos representantes de una opinión pública escindida. Terminaba sus reflexiones con una metonimia en la que parecía lanzar un nuevo puyazo al ministro de Fomento Niceto Alcála-Zamora.

Como solía ser habitual las reflexiones de Manuel Machado iban acompañadas de una viñeta de Ricardo Marín.

Lunes 28 enero 1918

El Sr. La Casa es germanófilo. Lo es sin percibir por ello un solo céntimo. Cuestión de educación y de simpatías. El ama la fuerza y la autoridad. Y cree -no sin cierta lógica- que la fuerza está, sobre todo, en los puños. No sabe alemán. Es más; si le obligaran a aprenderlo, se indignaría contra todo lo teutón. No conoce Alemania. Pero le parece que Alemania es un palo muy fuerte dispuesto a meter en cintura a la Humanidad entera. Y piensa que el gesto natural ante el palo es el de la admiración incondicional. Repito que todo esto lo cree de buena fe y sin emolumentos de ninguna especie.

Por eso ha cogido del brazo al Sr. La Calle, furibundo aliadófilo, y se lo ha llevado a dar un paseo, sacándolo de la viciada atmósfera del café, con ánimos de discutir a solas con el las mutuas “filias” a propósito del caso del Giralda.

– Seria para España -le dice- un problema terrible el de ponerse enfrente del país más fuerte de Europa. ¿Qué nos ocurriría si rompiéramos nuestras relaciones con el Gobierno de Berlín?

Eso digo yo -le ha respondido La Calle- . ¿Qué podría ocurrirnos? Seguramente que nos torpedearín algún otro barco mercante. Y aun puede que nos enviaran a Madrid algún avión que dejara caer bombas sobre el Hospital General. Y si consiguieran romper el frente occidental, atravesar Francia, pasar el Pirineo y derrotar en el Mediterráneo y el Atlántico a toda la escuadra italiana, a la francesa y a la pequeña flota inglesa…, seguramente que lo pasaríamos muy mal. De modo que, nada, estamos conformes. Lo mejor es no meterse en aventuras y hacernos los “chivos locos”, como dice nuestro buen Del Campo a propósito del Giralda. Después de todo, no son más que 56 barcos lo que nos ha echado a pique Alemania en lo que va de guerra. Y eso por imprudentes, que si no hubieran navegado, se ahorrarán el chapuzón..¿Que no podemos comerciar mas que con los países inmediatos? ¿Que el Giralda -ni eso siquiera- sólo hacía un servicio de cabotaje? …¡Cabotaje! A poco que se haga, la palabra resulta francesa y, por lo tanto, completamente beligerante. ¡Un vapor costero! ¡Nada! Neutralidad a toda “costa”. 

La Casa se ha quedado mirando a su amigo La Calle entre mohíno y desconcertado.

Pero el otro se ha despedido, diciéndole:

– Y en cuanto a usted, dadas sus buenas disposiciones, yo me permito decirle que está perdiendo un tiempo precioso defendiendo de balde lo que a otros les proporciona su porqué…Porque los germanos acá, además de predicar, dan trigo. Y si se siente con ambiciones políticas, puede usted presentar su candidatura por ….Vitigudinemburg, por la Sajonia Manchega…o por cualquier punto de la línea Alcalá-Zamora.

Ricardo Marin lunes 28 enero 1918

 

Una tarde dominical de enero de 1918 en el Retiro madrileño

Como otros madrileños Manuel Machado optó por pasear por el Retiro una tarde dominical de enero de 1918 para distanciarse de las tribulaciones de la vida cotidiana. Sus divagaciones peripatéticas las trasladó a su lectores de El Liberal, reflexionando sobre la decadencia de España y cometiendo algunas licencias literarias.

Lope de Vega (1562-1635), “un ingenio de esta corte” poco pudo alternar en las alamedas del Retiro con Calderón de la Barca (1600-1681) y Agustín de Moreto (1618-1689) pues la diferencia de edad entre estos tres grandes poetas del Siglo de Oro era considerable.

Y denominar rey-poeta a Felipe IV puede considerarse un exceso hasta el punto de que el erudito Luis Astrana Marín -uno de los admiradores y corresponsales de Santiago Ramón y Cajal- consideraba que quienes calificaban así a ese rey “son sin duda tan escasos de meollo como aquel monarca”, como recordaran no hace mucho Luis Alejandre y José Jiménez Lozano en una colaboración en el diario La Razón (ver aquí).

De todas maneras el gran historiador del reinado de Felipe IV José Deleito y Piñuela (1879-1957), coetáneo de Manuel Machado, titulará una de sus obras históricas, publicada en 1946, La mujer, la casa y la moda (En la España del rey-poeta).  En esa época el liberal Deleito sufría un exilio interior, pues había sido depurado de su cátedra en la Universidad valenciana por la dictadura franquista.

Las reflexiones de Manuel Machado iban acompañadas de una viñeta de Ricardo Marín, quien en esta ocasión estampó su firma.

Domingo 27 enero 1918

Clara y serena tarde dominical, en las alamedas del Retiro, que invitan a las divagaciones deambulantes, al descanso y al olvido momentáneo. Sedante amable de amargas inquietudes, siempre lo fue este viejo Retiro. Entre sus frondas parece ahora mismo que va a surgir la pálida  y blonda figura del rey-poeta. “Un ingenio de esta corte” se refugiaba aquí también a olvidar, a soñar en la vida galante y literaria, a alternar con Calderón y Moreto en el difícil arte de la comedia, mientras se desmoronaba el mayor imperio que vieron los siglos, y el sol -como esta tarde- se ponía, uno tras otro, en todos los Estados de España.

Pero unos niños han pasado corriendo. Sus voces alegran este viejo Parque. El sol de España tal vez volverá a alzarse para ellos en un mañana florido.

Ricardo Marín 27 enero 1918

Una denuncia de la agresividad del imperio alemán en la Gran Guerra

Numerosos estudios existen, como el de Jesús Perea Ruiz (ver aquí) acerca  de cómo afectó a la sociedad española la guerra submarina desencadenada por Alemania durante la Gran Guerra para cortar los abastecimientos a Inglaterra. Esa guerra se intensificó a princpios de 1918 con grandes perjuicios a la marina mercante española y a la población española que sufría serias carencias de productos de primera necesidad. La opinión pública aliadófila instaba al primer ministro García Prieto a poner coto a la agresividad alemana, y el gobierno hacía difíciles equilibrios para mantener la neutralidad en el conflicto bélico que desangraba a diversas partes del mundo, particularmente a Europa.

Manuel Machado, admirador de los sistemas políticos de los países aliados, muestra una vez más en su diario su aliadofilia al denunciar el torpedeamiento de los buques Victor Chavarri y Giralda por los submarinos alemanes. Una vez más sus reflexiones, vertidas en el diario El Liberal,  iban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín

 

Mundo Grafico El vapor Giralda 26 enero 1918Sábado 26 enero 1918

Empezó la semana con el torpedeamiento -siempre por los señores alemanes- del Victor Chavarri, que termina con el del Giralda; dos barcos españoles que traían subistencias o carbón a nuestros puertos. Ya nos vamos haciendo a estos accidentes. Ya esto no asombra aquí a nadie. Los únicos asombrados, pasmados, estupefactos de nuestra tranquila resignación, son los alemanes. Me consta de un modo positivo.

Cierta prensa germanófila -dedicada amablemente a dificultar nuestras relaciones comerciales, “únicas posibles” -, no habla para nada de estas cosas. En cambio, el supuesto fusilamiento de un español en la frontera francesa, ha ocupado sus columnas durante unos días…hasta que se ha sabido que el español Sr. Duñaveitia está sano y salvo, sin que nadie le haya causado el menor daño.

Esta feliz plancha no les servirá siquiera para pasar al otro lado de la cuestión y apiadarse sobre los náufragos de nuestros buques hundidos.

Ricardo Marin 26 enero 2018

 

La decepción de Manuel Machado ante el modo de gobernar de García Prieto

Los problemas socio-económicos se incrementaban a medida que iba transcurriendo el mes de enero de 1918 en el seno de la sociedad española. Paralelamente aumentaba la desconfianza de la opinión pública ante la capacidad para solucionarlos del gobierno de coalición que presidía el marqués de Alhucemas, Manuel García Prieto (n. 1859), líder nominal del Partido Liberal, y jefe de su fracción demócrata.

Expresivo de ese estado de ánimo son las siguientes reflexiones de Manuel Machado, quien muestra su decepción ante la pusilanimidad de García Prieto, que meses antes era visto por los liberales como un “renovador”, y la incapacidad de diversos ministros para afrontar los desafíos que tenía el gobierno.

Sus dardos se dirigieron particularmente al ministro de Fomento que en aquel momento era Niceto Alcalá Zamora (n.1877), quien años después sería el primer presidente de la Segunda República española.

Una vez más las consideraciones de Manuel Machado, expuestas en el diario El Liberal, están acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín. En ella se representa una Constitución de 1876 en trance de desligitimación, incapaz de ofrecer un cauce a demandas crecientes de una mayor democratización del sistema político de la Restauración, y de un sistema parlamentario más dinámico y vivo como el británico que es el que presenta como modelo Manuel Machado, al comparar las actitudes políticas de García Prieto y del primer ministro del Reino Unido David Lloyd George (n.1863).

 

Viernes 25 de enero de 1918

El Ministerio Alhucemas, cuyo título parecía ofrecernos un Gobierno sahumerio que limpiase el ambiente de miasmas deletéreos y acabase con los mil vicios de nuestra enrarecida atmósfera nacional, no ha tenido aún el gesto “renovador” y liberador que de él se esperaba. Sigue, al parecer, por el contrario, la trillada senda de los mil Gobiernos que en España han sido antes y después del fatídico 98, cuya cuenta aún no está liquidada. Los problemas vitales de la existencia nacional no le merecieron, al constituirse, sino una atención secundaria. Un hombre de segunda es todavía el encargado del ministerio de Fomento, que es hoy el ministerio del estómago español, viscera la más comprometida en las actuales circunstancias. Y todo por el orden. Lo que importa son las elecciones. Lo que le importa al Sr. García Prieto, según propia confesión, es traer una mayoría monárquica conforme a los sentimientos predominantes en el país, dice él. Y esto le parece asegurado. Con lo cual está contento y es completamente feliz, como hombre que ha cumplido su misión en el mundo.

Si después de celebrar tres Consejos seguidos tiene aún el presidente calma para escuchar uno -leal y sincero-, nosotros nos atreveríamos a darle el de que no ocultara a la Prensa, una noche a las doce, resoluciones que ha de saber toda España a las ocho de la mañana siguiente. Las medidas de orden público son obra de gobierno cuya justicia puede discutirse. Pero el ocultar o falsear la noticia de ellas no sirve para nada, si no es para desmerecer en el crédito de hombre serio y leal que todo gobernante necesita ante todos y ante todo. Vea el presidente lo que hace Lloyd George en Inglaterra, repare cómo se abre y comunica con el país a la luz del día y sin tapujos, y convénzase de que a los pueblos hay que hablarles claro y decirles la verdad. Y entonces sí que no pasa nada.

Ricardo Marin 25 enero 1918

 

El resquebrajamiento de la alianza de las potencias centrales en la gran guerra en enero de 1918

Atento al desarrollo de los acontecimientos bélicos que definían el contexto internacional de la sociedad española en los inicios de 1918 Manuel Machado, en las reflexiones siguientes, se mostró esperanzado ante las señales procedentes de Austria, donde crecían los sentimientos pacifistas. Numerosos indicios manifestaban el cansancio ante la guerra de la población austríaca. De esa situación informó a sus lectores de El Liberal, manifestando una vez más sus sentimientos aliadófilos, característicos de los liberales españoles en aquella coyuntura. Como casi siempre sus reflexiones iban acompañadas de una viñeta de Ricardo Marín.

Jueves 24 enero 1918

Austria quiere la paz. La quiere el pueblo y el Estado. Entre los centro-europeos, el Estado austríaco ha sido el primero en comprender que, si los pueblos se entienden, el mal será de momento para el Estado, aunque luego el estado de los pueblos sea lo que Dios quiera…Por su parte, Alemania habla también de paz…a su modo. Habla para que la oiga el país, harto de guerra, y atribuya a los demás el retraso de la paz, a reserva de ver si un buen golpe de mano en los campos de batalla aviva el espíritu nacional, y el entusiasmo por las viejas ideas imperialistas y pangermanistas acalla las voces del hambre y de la humanidad. Pero, en fin, la santa palabra está ya en el corazón de muchos y en boca de todos.

Ricardo Marin 24 enero 1918

El impacto de la película “La hija de los dioses” en el Madrid de 1918

En medio de las tribulaciones de la vida cotidiana de las que Manuel Machado fue dando cuenta en su Memorándum de la vida española de 1918, tal y como se viene comentando en esta bitácora, también hubo ocasión para la diversión y el goce de espectáculos culturales para ciertos círculos sociales.

En el mes de enero de 1918 se estrenó en Madrid el film La hija de los dioses, una superproducción protagonizada por la nadadora, luchadora por los derechos de la mujer y actriz Annette Kellerman (n.1887), de origen australiano, quien llevó a cabo en esa película el que es considerado el primer desnudo en la historia de la cinematografía.

Annette.Kellerman.NeptunesDaughter

Los medios de comunicación dieron una gran cobertura al estreno de esa película “sensacional”, según un comentarista del diario La Correspondencia de España el 20 de enero de 1918. Antes de ser proyectada en el cine Odeón el propietario de la película en España, Juan Iglesias, ofreció un pase previo a la Asociación de la Prensa, al que asistieron destacados artistas como el dramaturgo Jacinto Benavente (n.1866), el pintor Joaquín Sorolla (n.1863) y el escultor Mariano Benlliure (n. 1862).

Entre los espectadores de esa película, que causó un gran impacto social, también se encontró Manuel Machado quien expresó su opinión sobre la película, y sobre el arte de filmar, en su dietario publicado por El Liberal. Como era habitual sus opiniones y reflexiones iban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín.

Miércoles 23 de enero de 1918

Catorce leguas de pelicula. Veintiún mil doscientos diez y ocho intérpretes. Mil doscientos niños. Seis millones de francos. Una ciudad construida para quemarla. Y, sobre todo, la cara bonita y las proporciones completamente venusianas de Anita Zellermann (sic) … Tanto así de caderas, tantico así de cintura. La hija de los dioses, película desarrollada por primera vez en Madrid, a beneficio de la Prensa, es una verdadera maravilla.

Las maravillas cinematográficas, no obstante, no han encontrado aún su aplicación más noble y más alta; el verdadero empíreo en que destellar. ¿Es por falta de campo en que ejercer su acción omnímoda? Antes al contrario, la pobre y rutinaria imaginación humana es la que no sabe aún muy bien qué hacer con estos nuevos ojos que pueden verlo todo y reproducirlo todo. Y no poseyendo aún el arte de la film, lo tienen convertido, hasta ahora, en una copia servil del teatro, del mal teatro melodramático, folletinesco o astracanesco, halagando el pésimo gusto del vulgo, cuando habría que domarlo y corregirlo.

El secreto de la cinemática es la vida. Pero el misterio de la vida no se capta retratando a unos comicos en la calle, en un jardín, corriendo en auto o desvalijando trenes. La afición a lo real debe ir hasta la religion de las cosas, hasta el descubrimiento de su alma, hasta ese panteísmo secreto que crea los grandes pintores y los grandes escultores. El cine dispone para ello de medios superiores; a su devoción están todas las fuerzas del universo, asi en lo grande como en lo infinitamente pequeño. A él le toca realizar la síntesis maravillosa…

Pero es que hace mucho tiempo sabemos pintar y esculpir. Filmar no sabemos aún.

Ricardo Marin 23 enero 1918

 

La actitud ante la nobleza española de Manuel Machado

Manuel Machado se propuso una ardua labor en 1918. Ir auscultando el tono de los días que iban pasando en el trascurrir ese año, tan decisivo en la historia mundial y española. Sus impresiones las transmitía a los lectores del diario El Liberal en su colaboración semanal, publicada los lunes,  que tenía como título Día por día. De mi calendario. En ese desfile cotidiano de acontecimientos que presentaba a sus lectores pretendía captar “la cara del día”.

He aquí como reaccionó a un manifiesto del Centro de Acción Nobiliaria, una sociedad de ideario tradicionalista y corporativa fundada en 1909. Las consideraciones de Manuel Machado hacia ese documento iban acompañadas de una ilustración de su colaborador Ricardo Marín.

Martes 22 de enero de 1918

Tiene sobradístima razón el Centro de Acción Nobiliaria: “Hace un siglo que la nobleza española dejó de influir como clase social en los destinos de la patria…” Y cuando una clase social se queda completamente al margen de esos destinos, deja ipso facto de ser una clase social.

Pero si como tal clase no tiene ya vida ni eficacia alguna, bien pueden sus miembros realizar individualmente -como en su origen- las más nobles hazañas, las empresas más altas, los más generosos sacrificios, ahora que la patria necesita del esfuerzo de todos sus hijos. Bien pueden los herederos de nombres ilustres por el valor de sus mayores, añadir nuevos timbres a su prosapia, nuevos cuarteles al escudo. La industria, el comercio, la agricultura, son hoy el palenque apropiado para su fortuna. Las Artes y las Ciencias, el campo abierto a sus talentos. No ataviándose de honores decorativos, lazos y bandas, placas, plumas  y galones, sino dando en la ocasión cuanto poseían,  desde la plata y el oro de sus joyeros hasta la sangre de sus venas, alcanzaron sus antepasados la gloria y el prestigio a cuya sombra ellos duermen. No traten de avivar un espíritu de clase que los separa con exclusivismos anacrónicos de la vida actual. Pero agítense en ella, individualmente, con los poderosos medios de que disponen, y que cada uno conquiste de nuevo su título, pensando que si es muy elegante ser el último marqués, lo grande, lo fuerte, lo noble es haber sido el primero.

Ricardo Marin 22 enero 1918

 

Una visita de Manuel Machado al estudio de Sorolla para contemplar el cuadro de su hermano Antonio que no llegó a ver

A finales de 1917, principios de 1918 Joaquín Sorolla (n. 1863) se encontraba en una fase de intensa creatividad pintando cuadros de destacados representantes de la “intelligentsia” española que le había encargado el millonario e hispanista norteamericano Archer M. Huntington. Como ya señalé en una entrada de mi blog jaeinnova el 2 de enero de 1918 (ver aquí) visitó a Sorolla el crítico de arte de El Sol Francisco Alcántara para contemplar el cuadro del político republicano Gumersindo de Azcárate. Evidentemente Huntington también visitaría al pintor valenciano durante su estancia madrileña a lo largo de ese mes de enero, a la que el propio Manuel Machado aludió en su dietario el 16 de enero de 1918, de lo que ya dí cuenta en esta bitácora. (ver aquí).

Y otro visitante del estudio de Sorolla, enclavado en el barrio madrileño de Chamberí, fue Manuel Machado, interesado por las manifestaciones artísticas contemporáneas. Como expone en su diario, el 21 de enero de 1918,  -cuyas observaciones iban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín- el objeto de su visita era contemplar el cuadro de su hermano Antonio  (n. 1875) que estaba realizando Sorolla para la Hispanic Society de Nueva York donde se encuentra actualmente. Pero finalmente no lo contempló. ¿Se dejó encantar por otras obras artísticas de Sorolla que le embaucaron? o ¿ el cuadro aún no estaba finalizado?

Si fuese así tendría razón Blanca Pons-Sorolla, biznieta del pintor, cuando data la elaboración de ese cuadro, junto con los retratos de José Ortega y Gasset (n.1883), José Benlliure (n.1855) y Miquel Blay (n. 1866) a lo largo de los primeros meses de 1918. Contradice así la opinión dominante de la crítica que fecha la elaboración del retrato de Antonio Machado por Joaquín Sorolla en 1917.

Joaquín_Sorolla,_Antonio_Machado_(diciembre_de_1917)._Óleo_sobre_lienzo._Hispanic_Society_of_America_(Nueva_York)

Retrato de Antonio Machado por Joaquín Sorolla, 1918

Lunes 21 enero 1918

En el estudio de Sorolla…Es decir, en uno de los estudios, porque el maestro trabaja en el otro, como los viejos renacentistas, a solas con su modelo y con su arte. 

Yo había ido alli a ver el retrato de mi hermano Antonio, pintado por el gran valenciano por encargo de Huntington para la Hispanic Society de Nueva York. Quería verlo antes de que se lo llevaran allende los mares que no pienso cruzar nunca.

Y mientras Sorolla pinta allá dentro, ardiente, infatigable, yo me doy una gran fiesta de contemplación de los numerosos cuadros que llenan esta gran sala, entre los que campea, apenas esbozado en su dibujo, un retrato de D. Alfonso XIII en traje de cazador, que me recuerda vagamente el Felipe IV de Velázquez. Muy vagamente, en verdad, porque este mago de la luz y de los colores, este soberano artista del pincel, esta retina única y esta mano prodigiosa de Joaquin Sorolla…no se ha hecho para el retrato. El arte de Sorolla nada tiene que ver con la psicología. Tiene para él tales encantos la forma, lo solicitan con tantos atractivos las bellezas exteriores, lo reclaman con tal sugestión los problemas de la técnica, se nota en él una alegría de pintor tan grande, que fuera cruel como inútil pedirle esa honda percepción de las almas que sola da vida a un retrato; esa vista introspectiva y, por decirlo así, violadora de los rincones espirituales, que aseguró la inmortalidad a los personajes retratados por Velázquez, por Goya; esa inquietud de pintar el alma y la personalidad que atormenta y engrandece hoy a un Anselmo de Miguel Nieto, a un Romero de Torres, soberanos retratistas. No. ¿Y qué importa? Mi vista se llena aquí de colores y de luces antes estas marinas de Levante y estas figuras colocadas en medio de los más terribles juegos de sol que ninguna otra retina conseguiría apreciar, ninguna otra mano realizar en el lienzo…Pescadores, bañistas, marineros de las playas azules. Velas latinas del “mare nostrum”. ¡Qué transparencias deliciosas, queé aire luminoso el que hace ondear estos cendales de un blanco inaudito, qué alegría, qué gloria de luz! He aquí al verdadero Sorolla…¡Y cuán distante del de los retratos! Decididamente renuncio a ver el de mi hermano. Y cuando el maestro sale un momento a disculparse con un trabajo urgentísimo, yo balbuceo también una disculpa por mi visita, le estrecho con efusión la mágica diestra y salgo deslumbrado a la calle. La mañana es clara y luminosa. Menos luminosa, empero, que sus marinas de Levante.

Ricardo Marín 21 enero 1918

Joaquín Sorolla por Ricardo Marín

La oposición de Manuel Machado a celebrar el Carnaval de 1918

En su dietario Manuel Machado se hizo eco de los graves acontecimientos sangrientos que se habían producido en Málaga el 15 de enero de 1918 cuando la Guardia Civil reprimió con dureza una manifestación convocada por un comité de preponderancia femenina, como se aprecia en la fotografía adjunta tomada de un reportaje de la revista Mundo Gráfico de 23 de enero de 1918.

Malaga 15 de enero de 1918 bis

Días después otra manifestación celebrada en Alicante también finalizó con tres muertos y seis heridos, según la información que transmitía El Liberal del 20 de enero en su primera página.

Ante acontecimientos tan dramáticos, y cuando el hambre se extendía entre amplias capas de la sociedad española, y por numerosas poblaciones, Manuel Machado mostró su opinión favorable de un acuerdo tomado en La Coruña para no celebrar el Carnaval ese año, ocasión que le permitió mostrar su rechazo a una fiesta que consideraba ya periclitada. Una opinión, como sabemos, que se revelaría profundamente errónea en tiempos venideros.

Como solía ser habitual sus reflexiones iban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín.

Domingo 20  de Enero 1918

Otra cosa que pasa para no volver nunca tal vez es el Carnaval. Leo que en la Coruña lo han olvidado, al menos por este año. Celebraré que este noble ejemplo cunda, no sólo porque en verdad no estamos para chuflas, no sólo porque no hay derecho de afrentar el dolor universal con la más estúpida de las algazaras “caseras”, no sólo porque la razón de ser del Carnaval ha desaparecido sobradamente hace mucho tiempo, no sólo porque es grosero, y brutal, y vicioso, y absurdo el Carnaval en estos momentos…, sino por no hacerme más esta obsesionante pregunta, que me asalta fieramente delante de toda máscara: ¿Qué tendrán en la cabeza -en vez de los sesos- los que salen a la calle vestidos de mamarracho?

Ricardo Marin 20 enero 1918

Evocación de un dandy por Manuel Machado el 19 de enero de 1918

Mientras el malestar social aumentaba en España por el incremento del coste de la vida, y el desabastecimiento de productos de primera necesidad como consecuencia del desarrollo de la Gran Guerra, Manuel Machado, en el diario que iba publicando en El Liberal, fijó su atención en sus observaciones sobre el 19 enero 1918 en un personaje octogenario que acababa de fallecer.

Era el dandi Manuel Álvarez Mariño, más conocido como “el pollo Álvarez”, muy conocido en la sociedad madrileña por sus excentricidades, sus riquezas, su afición a la equitación y su afán de marcar tendencias en la moda masculina, como evocara en una necrológica que le dedicó J. Millán Astray en las páginas del diario El Día el 18 de enero,

A Manuel Machado su evocación le trasladó a otros tiempos del siglo XIX, cuando dominaba en el atuendo de los hombres elegantes el sombrero de copa y la capa bejarana, y existía el derecho a la pereza.

Estas son sus reflexiones  acompañadas de un ilustración de Ricardo Marín

sábado 19 de enero de 1918

Ha muerto, muy viejo, D. Manuel Alvarez Mariño. Era “el pollo Alvarez” toda una época, que había sido enterrada muchos años antes que él. Estos casos de auto-supervivencia son terribles. Alvarez había sobrevivido a su fortuna, a su belleza varonil, a su dandismo español castizo, a sus triunfos, a sus amigos, a sus amantes, a todo su tiempo, en fin.

Era el dulce tiempo en que nuestra elegancia idiosincrásica sabía casar el sombrero de copa con la hermosa capa bejarana de embozos colorados, el pantalón abotinado y estrecho con los guantes color de caña. Era el dulce tiempo de dejarse vivir sin hacer nada, sin pensar nada, sin inquietarse por nada. En que un buen caballo o una aventura galante nos daban la personalidad para toda la vida. Pasó ese buen tiempo; y después, mucho después, mucho después, ha pasado tambien Manolito Alvarez, como una sombra de sí mismo, al reino misterioso de las sombras.

Ricardo Marin 19 enero 1918