La decepción de Manuel Machado ante el modo de gobernar de García Prieto

Los problemas socio-económicos se incrementaban a medida que iba transcurriendo el mes de enero de 1918 en el seno de la sociedad española. Paralelamente aumentaba la desconfianza de la opinión pública ante la capacidad para solucionarlos del gobierno de coalición que presidía el marqués de Alhucemas, Manuel García Prieto (n. 1859), líder nominal del Partido Liberal, y jefe de su fracción demócrata.

Expresivo de ese estado de ánimo son las siguientes reflexiones de Manuel Machado, quien muestra su decepción ante la pusilanimidad de García Prieto, que meses antes era visto por los liberales como un “renovador”, y la incapacidad de diversos ministros para afrontar los desafíos que tenía el gobierno.

Sus dardos se dirigieron particularmente al ministro de Fomento que en aquel momento era Niceto Alcalá Zamora (n.1877), quien años después sería el primer presidente de la Segunda República española.

Una vez más las consideraciones de Manuel Machado, expuestas en el diario El Liberal, están acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín. En ella se representa una Constitución de 1876 en trance de desligitimación, incapaz de ofrecer un cauce a demandas crecientes de una mayor democratización del sistema político de la Restauración, y de un sistema parlamentario más dinámico y vivo como el británico que es el que presenta como modelo Manuel Machado, al comparar las actitudes políticas de García Prieto y del primer ministro del Reino Unido David Lloyd George (n.1863).

 

Viernes 25 de enero de 1918

El Ministerio Alhucemas, cuyo título parecía ofrecernos un Gobierno sahumerio que limpiase el ambiente de miasmas deletéreos y acabase con los mil vicios de nuestra enrarecida atmósfera nacional, no ha tenido aún el gesto “renovador” y liberador que de él se esperaba. Sigue, al parecer, por el contrario, la trillada senda de los mil Gobiernos que en España han sido antes y después del fatídico 98, cuya cuenta aún no está liquidada. Los problemas vitales de la existencia nacional no le merecieron, al constituirse, sino una atención secundaria. Un hombre de segunda es todavía el encargado del ministerio de Fomento, que es hoy el ministerio del estómago español, viscera la más comprometida en las actuales circunstancias. Y todo por el orden. Lo que importa son las elecciones. Lo que le importa al Sr. García Prieto, según propia confesión, es traer una mayoría monárquica conforme a los sentimientos predominantes en el país, dice él. Y esto le parece asegurado. Con lo cual está contento y es completamente feliz, como hombre que ha cumplido su misión en el mundo.

Si después de celebrar tres Consejos seguidos tiene aún el presidente calma para escuchar uno -leal y sincero-, nosotros nos atreveríamos a darle el de que no ocultara a la Prensa, una noche a las doce, resoluciones que ha de saber toda España a las ocho de la mañana siguiente. Las medidas de orden público son obra de gobierno cuya justicia puede discutirse. Pero el ocultar o falsear la noticia de ellas no sirve para nada, si no es para desmerecer en el crédito de hombre serio y leal que todo gobernante necesita ante todos y ante todo. Vea el presidente lo que hace Lloyd George en Inglaterra, repare cómo se abre y comunica con el país a la luz del día y sin tapujos, y convénzase de que a los pueblos hay que hablarles claro y decirles la verdad. Y entonces sí que no pasa nada.

Ricardo Marin 25 enero 1918

 

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El resquebrajamiento de la alianza de las potencias centrales en la gran guerra en enero de 1918

Atento al desarrollo de los acontecimientos bélicos que definían el contexto internacional de la sociedad española en los inicios de 1918 Manuel Machado, en las reflexiones siguientes, se mostró esperanzado ante las señales procedentes de Austria, donde crecían los sentimientos pacifistas. Numerosos indicios manifestaban el cansancio ante la guerra de la población austríaca. De esa situación informó a sus lectores de El Liberal, manifestando una vez más sus sentimientos aliadófilos, característicos de los liberales españoles en aquella coyuntura. Como casi siempre sus reflexiones iban acompañadas de una viñeta de Ricardo Marín.

Jueves 24 enero 1918

Austria quiere la paz. La quiere el pueblo y el Estado. Entre los centro-europeos, el Estado austríaco ha sido el primero en comprender que, si los pueblos se entienden, el mal será de momento para el Estado, aunque luego el estado de los pueblos sea lo que Dios quiera…Por su parte, Alemania habla también de paz…a su modo. Habla para que la oiga el país, harto de guerra, y atribuya a los demás el retraso de la paz, a reserva de ver si un buen golpe de mano en los campos de batalla aviva el espíritu nacional, y el entusiasmo por las viejas ideas imperialistas y pangermanistas acalla las voces del hambre y de la humanidad. Pero, en fin, la santa palabra está ya en el corazón de muchos y en boca de todos.

Ricardo Marin 24 enero 1918

El impacto de la película “La hija de los dioses” en el Madrid de 1918

En medio de las tribulaciones de la vida cotidiana de las que Manuel Machado fue dando cuenta en su Memorándum de la vida española de 1918, tal y como se viene comentando en esta bitácora, también hubo ocasión para la diversión y el goce de espectáculos culturales para ciertos círculos sociales.

En el mes de enero de 1918 se estrenó en Madrid el film La hija de los dioses, una superproducción protagonizada por la nadadora, luchadora por los derechos de la mujer y actriz Annette Kellerman (n.1887), de origen australiano, quien llevó a cabo en esa película el que es considerado el primer desnudo en la historia de la cinematografía.

Annette.Kellerman.NeptunesDaughter

Los medios de comunicación dieron una gran cobertura al estreno de esa película “sensacional”, según un comentarista del diario La Correspondencia de España el 20 de enero de 1918. Antes de ser proyectada en el cine Odeón el propietario de la película en España, Juan Iglesias, ofreció un pase previo a la Asociación de la Prensa, al que asistieron destacados artistas como el dramaturgo Jacinto Benavente (n.1866), el pintor Joaquín Sorolla (n.1863) y el escultor Mariano Benlliure (n. 1862).

Entre los espectadores de esa película, que causó un gran impacto social, también se encontró Manuel Machado quien expresó su opinión sobre la película, y sobre el arte de filmar, en su dietario publicado por El Liberal. Como era habitual sus opiniones y reflexiones iban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín.

Miércoles 23 de enero de 1918

Catorce leguas de pelicula. Veintiún mil doscientos diez y ocho intérpretes. Mil doscientos niños. Seis millones de francos. Una ciudad construida para quemarla. Y, sobre todo, la cara bonita y las proporciones completamente venusianas de Anita Zellermann (sic) … Tanto así de caderas, tantico así de cintura. La hija de los dioses, película desarrollada por primera vez en Madrid, a beneficio de la Prensa, es una verdadera maravilla.

Las maravillas cinematográficas, no obstante, no han encontrado aún su aplicación más noble y más alta; el verdadero empíreo en que destellar. ¿Es por falta de campo en que ejercer su acción omnímoda? Antes al contrario, la pobre y rutinaria imaginación humana es la que no sabe aún muy bien qué hacer con estos nuevos ojos que pueden verlo todo y reproducirlo todo. Y no poseyendo aún el arte de la film, lo tienen convertido, hasta ahora, en una copia servil del teatro, del mal teatro melodramático, folletinesco o astracanesco, halagando el pésimo gusto del vulgo, cuando habría que domarlo y corregirlo.

El secreto de la cinemática es la vida. Pero el misterio de la vida no se capta retratando a unos comicos en la calle, en un jardín, corriendo en auto o desvalijando trenes. La afición a lo real debe ir hasta la religion de las cosas, hasta el descubrimiento de su alma, hasta ese panteísmo secreto que crea los grandes pintores y los grandes escultores. El cine dispone para ello de medios superiores; a su devoción están todas las fuerzas del universo, asi en lo grande como en lo infinitamente pequeño. A él le toca realizar la síntesis maravillosa…

Pero es que hace mucho tiempo sabemos pintar y esculpir. Filmar no sabemos aún.

Ricardo Marin 23 enero 1918

 

La actitud ante la nobleza española de Manuel Machado

Manuel Machado se propuso una ardua labor en 1918. Ir auscultando el tono de los días que iban pasando en el trascurrir ese año, tan decisivo en la historia mundial y española. Sus impresiones las transmitía a los lectores del diario El Liberal en su colaboración semanal, publicada los lunes,  que tenía como título Día por día. De mi calendario. En ese desfile cotidiano de acontecimientos que presentaba a sus lectores pretendía captar “la cara del día”.

He aquí como reaccionó a un manifiesto del Centro de Acción Nobiliaria, una sociedad de ideario tradicionalista y corporativa fundada en 1909. Las consideraciones de Manuel Machado hacia ese documento iban acompañadas de una ilustración de su colaborador Ricardo Marín.

Martes 22 de enero de 1918

Tiene sobradístima razón el Centro de Acción Nobiliaria: “Hace un siglo que la nobleza española dejó de influir como clase social en los destinos de la patria…” Y cuando una clase social se queda completamente al margen de esos destinos, deja ipso facto de ser una clase social.

Pero si como tal clase no tiene ya vida ni eficacia alguna, bien pueden sus miembros realizar individualmente -como en su origen- las más nobles hazañas, las empresas más altas, los más generosos sacrificios, ahora que la patria necesita del esfuerzo de todos sus hijos. Bien pueden los herederos de nombres ilustres por el valor de sus mayores, añadir nuevos timbres a su prosapia, nuevos cuarteles al escudo. La industria, el comercio, la agricultura, son hoy el palenque apropiado para su fortuna. Las Artes y las Ciencias, el campo abierto a sus talentos. No ataviándose de honores decorativos, lazos y bandas, placas, plumas  y galones, sino dando en la ocasión cuanto poseían,  desde la plata y el oro de sus joyeros hasta la sangre de sus venas, alcanzaron sus antepasados la gloria y el prestigio a cuya sombra ellos duermen. No traten de avivar un espíritu de clase que los separa con exclusivismos anacrónicos de la vida actual. Pero agítense en ella, individualmente, con los poderosos medios de que disponen, y que cada uno conquiste de nuevo su título, pensando que si es muy elegante ser el último marqués, lo grande, lo fuerte, lo noble es haber sido el primero.

Ricardo Marin 22 enero 1918

 

Una visita de Manuel Machado al estudio de Sorolla para contemplar el cuadro de su hermano Antonio que no llegó a ver

A finales de 1917, principios de 1918 Joaquín Sorolla (n. 1863) se encontraba en una fase de intensa creatividad pintando cuadros de destacados representantes de la “intelligentsia” española que le había encargado el millonario e hispanista norteamericano Archer M. Huntington. Como ya señalé en una entrada de mi blog jaeinnova el 2 de enero de 1918 (ver aquí) visitó a Sorolla el crítico de arte de El Sol Francisco Alcántara para contemplar el cuadro del político republicano Gumersindo de Azcárate. Evidentemente Huntington también visitaría al pintor valenciano durante su estancia madrileña a lo largo de ese mes de enero, a la que el propio Manuel Machado aludió en su dietario el 16 de enero de 1918, de lo que ya dí cuenta en esta bitácora. (ver aquí).

Y otro visitante del estudio de Sorolla, enclavado en el barrio madrileño de Chamberí, fue Manuel Machado, interesado por las manifestaciones artísticas contemporáneas. Como expone en su diario, el 21 de enero de 1918,  -cuyas observaciones iban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín- el objeto de su visita era contemplar el cuadro de su hermano Antonio  (n. 1875) que estaba realizando Sorolla para la Hispanic Society de Nueva York donde se encuentra actualmente. Pero finalmente no lo contempló. ¿Se dejó encantar por otras obras artísticas de Sorolla que le embaucaron? o ¿ el cuadro aún no estaba finalizado?

Si fuese así tendría razón Blanca Pons-Sorolla, biznieta del pintor, cuando data la elaboración de ese cuadro, junto con los retratos de José Ortega y Gasset (n.1883), José Benlliure (n.1855) y Miquel Blay (n. 1866) a lo largo de los primeros meses de 1918. Contradice así la opinión dominante de la crítica que fecha la elaboración del retrato de Antonio Machado por Joaquín Sorolla en 1917.

Joaquín_Sorolla,_Antonio_Machado_(diciembre_de_1917)._Óleo_sobre_lienzo._Hispanic_Society_of_America_(Nueva_York)

Retrato de Antonio Machado por Joaquín Sorolla, 1918

Lunes 21 enero 1918

En el estudio de Sorolla…Es decir, en uno de los estudios, porque el maestro trabaja en el otro, como los viejos renacentistas, a solas con su modelo y con su arte. 

Yo había ido alli a ver el retrato de mi hermano Antonio, pintado por el gran valenciano por encargo de Huntington para la Hispanic Society de Nueva York. Quería verlo antes de que se lo llevaran allende los mares que no pienso cruzar nunca.

Y mientras Sorolla pinta allá dentro, ardiente, infatigable, yo me doy una gran fiesta de contemplación de los numerosos cuadros que llenan esta gran sala, entre los que campea, apenas esbozado en su dibujo, un retrato de D. Alfonso XIII en traje de cazador, que me recuerda vagamente el Felipe IV de Velázquez. Muy vagamente, en verdad, porque este mago de la luz y de los colores, este soberano artista del pincel, esta retina única y esta mano prodigiosa de Joaquin Sorolla…no se ha hecho para el retrato. El arte de Sorolla nada tiene que ver con la psicología. Tiene para él tales encantos la forma, lo solicitan con tantos atractivos las bellezas exteriores, lo reclaman con tal sugestión los problemas de la técnica, se nota en él una alegría de pintor tan grande, que fuera cruel como inútil pedirle esa honda percepción de las almas que sola da vida a un retrato; esa vista introspectiva y, por decirlo así, violadora de los rincones espirituales, que aseguró la inmortalidad a los personajes retratados por Velázquez, por Goya; esa inquietud de pintar el alma y la personalidad que atormenta y engrandece hoy a un Anselmo de Miguel Nieto, a un Romero de Torres, soberanos retratistas. No. ¿Y qué importa? Mi vista se llena aquí de colores y de luces antes estas marinas de Levante y estas figuras colocadas en medio de los más terribles juegos de sol que ninguna otra retina conseguiría apreciar, ninguna otra mano realizar en el lienzo…Pescadores, bañistas, marineros de las playas azules. Velas latinas del “mare nostrum”. ¡Qué transparencias deliciosas, queé aire luminoso el que hace ondear estos cendales de un blanco inaudito, qué alegría, qué gloria de luz! He aquí al verdadero Sorolla…¡Y cuán distante del de los retratos! Decididamente renuncio a ver el de mi hermano. Y cuando el maestro sale un momento a disculparse con un trabajo urgentísimo, yo balbuceo también una disculpa por mi visita, le estrecho con efusión la mágica diestra y salgo deslumbrado a la calle. La mañana es clara y luminosa. Menos luminosa, empero, que sus marinas de Levante.

Ricardo Marín 21 enero 1918

Joaquín Sorolla por Ricardo Marín

La oposición de Manuel Machado a celebrar el Carnaval de 1918

En su dietario Manuel Machado se hizo eco de los graves acontecimientos sangrientos que se habían producido en Málaga el 15 de enero de 1918 cuando la Guardia Civil reprimió con dureza una manifestación convocada por un comité de preponderancia femenina, como se aprecia en la fotografía adjunta tomada de un reportaje de la revista Mundo Gráfico de 23 de enero de 1918.

Malaga 15 de enero de 1918 bis

Días después otra manifestación celebrada en Alicante también finalizó con tres muertos y seis heridos, según la información que transmitía El Liberal del 20 de enero en su primera página.

Ante acontecimientos tan dramáticos, y cuando el hambre se extendía entre amplias capas de la sociedad española, y por numerosas poblaciones, Manuel Machado mostró su opinión favorable de un acuerdo tomado en La Coruña para no celebrar el Carnaval ese año, ocasión que le permitió mostrar su rechazo a una fiesta que consideraba ya periclitada. Una opinión, como sabemos, que se revelaría profundamente errónea en tiempos venideros.

Como solía ser habitual sus reflexiones iban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín.

Domingo 20  de Enero 1918

Otra cosa que pasa para no volver nunca tal vez es el Carnaval. Leo que en la Coruña lo han olvidado, al menos por este año. Celebraré que este noble ejemplo cunda, no sólo porque en verdad no estamos para chuflas, no sólo porque no hay derecho de afrentar el dolor universal con la más estúpida de las algazaras “caseras”, no sólo porque la razón de ser del Carnaval ha desaparecido sobradamente hace mucho tiempo, no sólo porque es grosero, y brutal, y vicioso, y absurdo el Carnaval en estos momentos…, sino por no hacerme más esta obsesionante pregunta, que me asalta fieramente delante de toda máscara: ¿Qué tendrán en la cabeza -en vez de los sesos- los que salen a la calle vestidos de mamarracho?

Ricardo Marin 20 enero 1918

Evocación de un dandy por Manuel Machado el 19 de enero de 1918

Mientras el malestar social aumentaba en España por el incremento del coste de la vida, y el desabastecimiento de productos de primera necesidad como consecuencia del desarrollo de la Gran Guerra, Manuel Machado, en el diario que iba publicando en El Liberal, fijó su atención en sus observaciones sobre el 19 enero 1918 en un personaje octogenario que acababa de fallecer.

Era el dandi Manuel Álvarez Mariño, más conocido como “el pollo Álvarez”, muy conocido en la sociedad madrileña por sus excentricidades, sus riquezas, su afición a la equitación y su afán de marcar tendencias en la moda masculina, como evocara en una necrológica que le dedicó J. Millán Astray en las páginas del diario El Día el 18 de enero,

A Manuel Machado su evocación le trasladó a otros tiempos del siglo XIX, cuando dominaba en el atuendo de los hombres elegantes el sombrero de copa y la capa bejarana, y existía el derecho a la pereza.

Estas son sus reflexiones  acompañadas de un ilustración de Ricardo Marín

sábado 19 de enero de 1918

Ha muerto, muy viejo, D. Manuel Alvarez Mariño. Era “el pollo Alvarez” toda una época, que había sido enterrada muchos años antes que él. Estos casos de auto-supervivencia son terribles. Alvarez había sobrevivido a su fortuna, a su belleza varonil, a su dandismo español castizo, a sus triunfos, a sus amigos, a sus amantes, a todo su tiempo, en fin.

Era el dulce tiempo en que nuestra elegancia idiosincrásica sabía casar el sombrero de copa con la hermosa capa bejarana de embozos colorados, el pantalón abotinado y estrecho con los guantes color de caña. Era el dulce tiempo de dejarse vivir sin hacer nada, sin pensar nada, sin inquietarse por nada. En que un buen caballo o una aventura galante nos daban la personalidad para toda la vida. Pasó ese buen tiempo; y después, mucho después, mucho después, ha pasado tambien Manolito Alvarez, como una sombra de sí mismo, al reino misterioso de las sombras.

Ricardo Marin 19 enero 1918

La idea de la Sociedad de Naciones se abre camino: guerra y paz en el dietario de Manuel Machado el 18 enero 1918

El 8 de enero de 1918 el presidente norteamericano Woodrow Wilson pronunció un importante discurso ante el Congreso de los Estados Unidos. En él presentó una serie de propuestas -conocidas como los 14 puntos- destinadas a crear nuevos objetivos bélicos defendibles moralmente para la Triple Entente, que pudiesen servir de base para negociaciones de paz con los Imperios Centrales en la conflagración mundial que asolaba el mundo.

El último de esos puntos era la propuesta de crear una asociación general de naciones, a constituir mediante pactos específicos con el propósito de garantizar mutuamente la independencia política y la integridad territorial, tanto de los Estados grandes como de los pequeños.

A ese punto -embrión de la Sociedad de Naciones que se constituiría tras el Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919- se refiere Manuel Machado en las reflexiones de su dietario correspondientes al 18 de enero de 1918, indicio de la enorme expectación con que era seguida la conflagración mundial en el seno de un país que aunque era neutral sufría de mil maneras los múltiples efectos de aquel desastre colectivo que produjo millones de muertos. Esas reflexiones, como era normal en su colaboración con el diario El Liberal, estaban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín.

Viernes 18 enero 1918

Se habla cada vez más de la Sociedad de las naciones. Es que los pueblos han comenzado a hablar. Mal año, pues, para las cabezas visibles. Los pueblos han empezado a preguntarse por qué y para qué combaten. ¿Cuál es el fin práctico de la guerra mundial? …Claro es que nunca falta un sabio alemán dispuesto a explicarlo todo. Y ahí está un Sr. Openheimer (yo sí que no sé nada, ni cómo se escribe eso), el cual asegura que la muerte de 15 o 20 millones de proletarios en esta hecatombe es en cierto modo una ventaja, porque alzará el nivel de la riqueza proletaria gracias al necesario encarecimiento de la mano humana. Y es verdad que, dada la carestía actual de todos los artículos, el único género que ha ido barato  hasta aquí es el …género humano.

Pero ello es que los pueblos comienzan a hablar y están a dos pasos de caer en que si hubieran comenzado por ahí, se hubieran ahorrado la sarracina -por ventajosa que sea- y el problema se hubiera resuelto tal vez, aunque de otro modo.

Ricardo Marin 18 enero 1918

El colorido de una fiesta popular madrileña protagonizada por animales descrito por Manuel Machado

Rescatada en 1983 por el alcalde Enrique Tierno Galván, la fiesta de San Antón, el patrón de los animales, es uno de los eventos festivos más populares de la ciudad de Madrid. Cada 17 de enero desfilan los animales por la madrileña calle de Hortaleza para que su patrón ubicado en la iglesia, que dirige actualmente el padre Ángel, les proteja de todo mal, especialmente de aquel que se les inflige de manera injusta. Así lo subraya Ruth Toledano en el reportaje que hizo en el diario digital El Diario al dar cuenta de cómo se celebró la festividad en la ciudad de Madrid en  2016 (ver aquí).

Casi cien años antes, el 17 de mayo de 1918, -hoy hace un siglo- Manuel Machado nos describe así en su dietario, publicado en El Liberal,  sus percepciones ante el alegre tropel de heterogéneos animales que vio desfilar aquel día por la calle Hortaleza, acompañadas de su preocupación ante el hambre que asolaba por aquellas fechas a muchos conciudadanos.

Como casi todas las reflexiones de su dietario la de ese día también está acompañada de una ilustración de Ricardo Marín.

Ricardo Marin 17 enero 1918

 

Jueves 17 enero 1918

Fiesta madrileña, típica y popular. Arde la calle de Hortaleza en colores, en ruidosa algazara. Las mismas bestias, humildes protagonistas del festejo, adornadas, empenechadas, colgadas de lazos, arreos y campanillas, parecen prestarse de bonísima gana a la gárrula romería. Parece -más aún- que le infunden su carácter manso, paciente y servicial. El asno filosófico y razonador, el orondo mulo, el bello caballo, parecen sustentar orgullosos a sus bravos jinetes y acorrer en alegre tropel con paso ligero y alado a la cebada bendita. En su día de huelga y de alegría. Antes y después de desfilar junto a la efigie del Santo Abad, se han detenido a las puertas de tabernas y figones, y, mientras los amos beben y se aturden, ellos hacen una parada satisfecha de sus galas y sus bríos. Mañana las veremos de nuevo cumplir con su obligación habitual, desde el ruchillo joven y pendantuelo, que hace que tira de la gran reata del carro, hasta el noble y sufrido percherón, que arrastra de veras toda una casa por esas calles de Dios.

Hoy, no: hoy es su fiesta única bajo la advocación del gran San Antonio el eremita. Y en su poco de orgullo, que Dios les permite hoy, quién sabe si, al rumiar la bendita cebada, no miran con cierta compasión al hombre …ese animal que no tiene asegurado el sustento.

Ahora que la historia animal se abre paso entre las nuevas tendencias de la historia cultural como muestra la colaboración de Hilda Kean en el libro New Directions in Social and Cultural History, editado por Sasha Handley, Rohan McWillian y Lucy Noakes, coviene prestar atención a la evolución de la fiesta de San Antón, de remotos orígenes medievales.

El 16 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado: el elogio del hispanista Archer Milton Hungtinton

 

Huntington El Liberal 12 enero 1918

Esta columna aparecía inserta en la primera página de El Liberal de 12 de enero de 1918. En ella se informaba de la estancia en Madrid del hispanista norteamericano Archer Milton Huntington, creador de la Hispanic Society de Nueva York, cuyos tesoros fueron expuestos en una magnífica exposición durante varios meses del año pasado en el Museo del Prado, y visitados por casi medio millón de personas.

En esa estancia madrileña Huntington además de entrevistarse con Alfonso XIII visitaría también el taller del pintor Joaquín Sorolla donde admiraría los encargos que había hecho al pintor valenciano como los retratos de diversas personalidades españolas. Uno de ellos sería el de Gumersindo de Azcárate, el político y jurista republicano fallecido a finales de 1917, que apreció por aquellas fechas otro visitante del taller de Sorolla, el crítico de arte del diario El Sol Francisco Alcántara, según informé en en una entrada de mi blog Jaeinnova. (ver aquí)

Consciente Manuel Machado de la extraordinaria labor que estaba haciendo Hungtinton a través de la Hispanic Society en la sociedad norteamericana para dar a conocer la relevancia de la cultura española le dedicó estas reflexiones en su dietario, publicado también en El Liberal, ubicándole en un lugar de honor entre los hispanistas norteamericanos de aquella época. Una vez más esas reflexiones iban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín.

Huntington por Sorolla

Retrato de Archer Milton Huntington por Joaquín Sorolla

Miércoles 16 enero 1918

Entretanto pasó por Madrid, y se fue sin que yo haya podido estrechar su mano, un gran “español”, natural de América del Norte. No conozco a míster Archer Milton Hungtinton personalmente, ni sé de él más que por sus obras. Pero el fundador de la “Hispanic Society” de Nueva York, benemérito de la Humanidad, me parece  a estas alturas nuestro primer patriota. Este yanqui, que ama a España como pocos sabemos amarla, le ha dedicado lo mejor de su alma, y por de contado la vida entera. Asistido por una gran fortuna y por un entusiasmo aún más grande, él es para nuestros artistas, para nuestros escritores el mejor y el más desinteresado de los amigos. Fundada por él en 1904 la Sociedad Hispánica de América (Biblioteca y Museo), compónenla cien socios, a quienes el gran hispanista ha comunicado su entusiasmo, su gusto y su saber de España. Hay entre ellos nombres ilustres en las Letras y las Artes. Y el propio Huntington figura por su obra entre ellos en primera línea. Su magnífica versión inglesa del Cantar de Myo Cid es, en verdad, admirable, y sus Apuntes sobre el Norte de España revelan el conocimiento más profundo de nuestra raza, al par que las dotes felices de un altísimo escritor. y de algo mejor aún, de un verdadero poeta.

Vaya nuestro saludo cordial a ese insigne amador de España que nos hace el honor de creer en ella tanto y más que los mejores de entre nosotros. Y que su nombre, unido al de los Underhill, los Walsh, los Caffin…llene la historia de este día, consagrado a su noble figura.

Ricardo Marin 16 enero 1918

El 15 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado: pesimismo ante situación sociopolítica

A medida que discurría el mes de enero de 1918 el hambre avanzaba entre las clases populares españolas. Proliferaron entonces manifestaciones en numerosas ciudades, sobre todo del arco mediterráneo. De ellas informó Mundo Gráfico,  la revista ilustrada más popular de aquel momento, en su ejemplar de 23 de enero de 1918, ofreciendo imágenes de numerosas manifestaciones dirigidas por mujeres. Las tres fotos de abajo corresponden a la gran manifestación habida en Málaga el 15 de enero que se saldó con decenas de muertes.

Mundo Grafico 23 enero 1918 manifestaciones del hambre

También se produjeron sucesos luctuosos en Alicante y en Barcelona como consecuencia del malestar social existente en la capital catalana.

Mundo Grafico 16 enero 1918 Barcelona protestas

La colaboración de Manuel Machado correspondiente a sus reflexiones sobre el martes 15 de enero, que publicó una semana después en El Liberal de 21 de enero, corresponden a esos trágicos acontecimientos. Expresan una profunda crítica al comportamiento irresponsable de las elites politicas y económicas, dirigiendo sus dardos hacia la patronal catalana. Su actitud egoísta y cerril le parecía indignante y así lo pudo constatar cuando fue testigo directo de la semana trágica barcelonesa en 1909. E instaba al primer ministro Manuel García Prieto, marqués de Alhucemaas, a escuchar la voz del pueblo.

Estas son pues sus reflexiones, acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín alusiva a la acción de la Parca en la risueña ciudad de Málaga teñida de luto aquel 15 de enero de 1918.

Martes 15 de enero de 1918

En cambio, aqui no fracasa nadie. O, mejor dicho, el fracaso repetido es una nueva garantía de poder. Estamos gobernados por las mismas cosas y por los mismos hombres que nos llevaron al gran desastre. Ellos y suss hechuras y descendientes continúan mandando. Y el desastre tambien continúa. Barcelona…Malaga…Alicante.

La semana trágica de 1909 me cogió en Barcelona. Inopinadamente y sin quererlo me encontré con la huelga y con la revolución.

Pues bien; yo os juro que jamás oí en boca del pueblo en armas el menor grito separatista, la menor voz antipatriotica ni nacionalista. El ejército era aplaudido en todas partes. Allí pude comprobar, en cambio – y uno de los más prestigiosos entre ellos mismos corroboró entonces mi aserto- que la culpa toda de los disturbios era del avariento despotismo salvaje de muchos patronos fabricantes catalanes, de los tiránicos industriales enriquecidos, prototipo, en su mayoría, de la intransigencia, de la crueldad egoísta y, lo que es peor, de la grosería inabordable. Ellos, sí: ellos sí que eran catalanistas y separatistas y “lligueros” y facciosos. Ellos sí que eran antimilitaristas, incapaces de toda solidaridad, no ya nacional, sino humana, hasta el punto de alegrarse y sonreír en medio del pánico, cuando la destruida o la quemada era la fábrica del vecino, esperando vagamente salvar la propia o consolandose así de haberla perdido. Os digo que yo lo he visto.

En cuanto a Málaga, Málaga divina, perla del Mediterráneo; Málaga, sufrida y pobre, risueña siempre, enpero, y dulcemente alegre, ha roto en un momento de sagrada indignación su tradicional armonía. Exasperaciones del hambre y de la iniquidad la han enloquecido, y trocado en rojo y negro aquel exquisito panorama de azul y plata. La represión ha sido brutal y mortífera.

No podemos desde aquí juzgar del todo a las autoridades malagueñas. Pero el pueblo entero, colgando de luto sus balcones, ha dicho al gobernador que se vaya. El jefe de un partido demócrata no puede dudar de que Vox populi vox Dei. Hay que olvidar que somos marqués y grande de España para recordar que la primera obligación de un régimen democrático es escuchar al pueblo.

Ricardo Marin 15 enero 1918

El 14 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado: el affaire Caillaux

Joseph Caillaux (1863-1944) fue un prominente político de la Tercera República francesa. Siendo primer ministro y líder del partido radical había promovido una política de conciliación con Alemania que le llevó al mantenimiento de la paz durante la crisis de Agadir de 1911.

En 1914 renunció a seguir siendo ministro de Finanzas después de que el 16 de marzo de ese año su esposa Henriette asesinara al editor de Le Figaro, Gastón Calmette, cuando éste quiso publicar una carta íntima escrita por Caillaux, en el marco de una campaña de denuncias del comportamiento corrupto de ese político. Fue exculpada porque su abogado adujo que “fue víctima de la desenfrenada pasión femenina” lo que convenció al jurado, compuesto exclusivamente por hombres.

Luego Caillaux se convirtió en el líder del partido por la paz en la Asamblea francesa durante la Gran Guerra. Esa posición le granjeó numerosos enemigos que le acusaron de traición a la patria por lo que fue arrestado y sometido a juicio. A este affaire se refiere Manuel Machado en las reflexiones que plasmó en su dietario correspondientes al 14 de enero de 1918, publicadas en El Liberal, e ilustradas por Ricardo Marín. En ellas se manifiesta su francofilia, común a amplios sectores de la “intelligentsia” liberal y demócrata española de aquel momento.

Lunes 14 enero 1918

Desde la muerte de Gaston Calmette por madame Caillaux, un genio trágico y siniestro preside las fortunas del gran político francés, jefe del partido radical. Nos cuesta trabajo y pena grande creerle traidor a su patria y vendido al oro alemán. Sabemos, sin embargo, que en su preparación sistemática de la guerra Alemania ha sembrado, ha procurado sembrar la corrupción derramando el oro por doquiera.

Caillaux – con todo- nos parecía demasiado alto para caer tan bajo. Prisionero hoy, sometido a un terrible proceso, sujeto a una justicia rápida, definitiva e inapelable, fuera cobarde y pobre en nosotros el afrentarle con el amargo recuerdo de sus frases crueles y despectivas para España, y el no desear de todo corazón que su nombre salga limpio de esta sombría tormenta, y que se descargue y justifique de las tremendas acusaciones que hoy lo agobian.

Lo que sí nos conviene es recoger esta soberbia lección de vida que nos da, una vez más, Francia admirable, desbridando a la luz del día sus heridas para aplicarles el sano cauterio antes que la gangrena de los falsos pudores pueda envenenarlas, llevando a la barra, sin miedo al escándalo, sin más consideración de la que alcanzaría un ciudadano innominado, a uno de sus más altos prestigios políticos, jefe de un partido, muchas veces ministro, ex presidente del Consejo, dueño aún hoy mismo de una fuerte opinión y millonario por añadidura.

Ricardo Marin 14 enero 1918

El 13 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado: consternación ante el avance de la miseria

El deterioro de la situación social en la España de principios de 1918 era alarmante. La miseria crecía imparable, y los motines por la falta de pan, el desabastecimiento de carbón, y la carestía de los productos de primera necesidad eran continuos en diversas ciudades y poblaciones españolas. En ese contexto se producen las siguientes reflexiones de Manuel Machado en el diario El Liberal, acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín, alertando ante las consecuencias de que sus lectores burgueses cerrasen los ojos a las lacerantes desigualdades sociales en las que estaban inmersos.

Domingo 13 enero

He visto a la Miseria. La he visto a la puerta de una tienda de comestibles calentándose en la hoguera de un tostador de café. La he visto, con la cara terrosa, los ojos famélicos iluminados; revuelto el intenso cabello; mal cubierta de harapos inconcebibles. La he visto, pues, y os lo digo. Vosotros podéis seguir pensando en que lo primero es vivir bien, en que hay que aprovecharse de las circunstancias, en que la caridad bien entendida empieza por uno mismo. Pero yo os digo que he visto a la Miseria. Y era horrible.

Ricardo Marín 13 enero 2018

 

El 12 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado: expectación ante una nueva fase de la Gran Guerra

El año 1918 se inició con la implicación cada vez más amplia de Estados Unidos en la Gran Guerra que asolaba el mundo desde el trágico verano de 1914.

El Liberal de 12 de enero de 1918, por ejemplo, se hacía eco de una intervención del ministro de la Guerra norteamericano en el Senado de Estados Unidos en el que informó de la organización de la maquinaria bélica de su país que a finales de 1917 era capaz de movilizar a 1.428,000 militares.

Pero las reflexiones de Manuel Machado relacionadas con sus vivencias de ese día aludieron, como se verá a continuación, a dos importantes discursos dados días atrás por el primer ministro británico Lloyd George (n. 1863) y el presidente norteamericano Woodrow Wilson. (1856).

Wilson, en efecto, había pronunciado días antes, el 8 de enero de 1918, un importante discurso en el Congreso de Estados Unidos donde expuso 14 puntos con el objetivo de alcanzar la paz en la conflagración mundial en la que Estados Unidos acabaría implicándose a fondo, inclinando la balanza a favor de las potencias aliadas.

Como es sabido esos puntos, entre los que se encontraba la creación de una Liga o Sociedad de Naciones, antecedente de las Naciones Unidas, sirvieron de punto de partida para establecer el Tratado de Versalles de 1919.

Manuel Machado vio en los discursos de esos dos políticos un atisbo de paz en una conflagración que se vivía en la sociedad española con una gran intensidad, a pesar de ser neutral el Reino de España en la contienda mundial.

Estas son sus reflexiones, acompañadas como casi siempre, por la correspondiente ilustración de Ricardo Marín.

Sábado, 12 enero 1918

Antorchas de paz se encienden aquí y allá en estos últimos días. Lloyd George y Woodrow Wilson han empuñado las más fuertes y luminosas. El mundo entero -todo el mundo que no está ciego- las ha mirado a través de lágrimas de esperanza. Y un aura de paz como un suspiro ha dilatado los pechos.

¿Viene al fin la suspirada? Esperémosla silenciosos y devotos. Silenciosos, sobre todo.

Ricardo Marín 12 enero 1918

El 11 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado: críticas a la compañía de ferrocarriles del Norte

La primera página del diario El Liberal del 11 de enero de 1918 se abría ,entre otras noticias, con una amplia información sobre una catástrofe ferroviaria que se había producido en la estación de Medina del Campo que había ocasionado catorce muertos y más de veintidos heridos. Al hilo de esa tragedia Manuel Machado elaboró estas reflexiones correspondientes  a sus vivencias de ese día, que por primera vez en su dietario no iban acompañadas de un ilustración de su amigo y colaborador Ricardo Marín.

Viernes 11 enero 1918

Yo no creo en ninguna superstición “consagrada”. Pero adolezco de las mías propias. Estamos rodeados de maravillas que nos son tan familiares como inextricables. Fuerza es, pues, creer en todo y en algo más. El “ciego azar” no es sino el resultado perfectamente lógico de fuerzas y de causas que no podemos o no sabemos ver. Con que …el ciego no es él precisamente.

Todo esto para declarar paladinamente que por nada de este mundo hubiera yo viajado un viernes. Y mucho menos por la línea del Norte. La primera de estas negaciones se funda en la aludida serie de preocupaciones misteriosas, hijas sin duda de una inteligencia pobre o de un espíritu endeble. La segunda, en cambio, tiene una explicación algo más lógica y positiva. Pero todavía lindante a un arcano semi-indescrifrable. ¿Se puede saber por qué la catástrofica Compañía, ayer tan próspera y segura, anda hoy tan dejada de la mano de Dios?

El 10 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado o reflexiones políticas

Tras dimes y diretes en la segunda semana de 1918 el presidente del gobierno Manuel García Prieto (n. 1859) consiguió la firma de Alfonso XIII para disolver el Parlamento y convocar elecciones para el mes siguiente. El marqués de Alhucemas era un jefe frágil del partido liberal, dividido en varios clanes, desde el verano anterior, y  había sustituido en la jefatura del gobierno al conservador Eduardo Dato el 3 de noviembre de 1917. Ante la noticia del día Manuel Machado reaccionó con una amarga crítica al caciquismo imperante en la política española, mostrando escepticismo ante los efectos positivos de la labor parlamentaria.

He aquí sus reflexiones acompañadas de la correspondiente ilustración de Ricardo Marín, desaparecia de la edición que hizo en 1974 J.L. Ortiz de Lanzagorta del primer semestre del dietario de Manuel Machado de 1918, con motivo de celebrarse el nacimiento del hermano mayor de Antonio Machado.

Ricardo Marín 10 enero 1918

Jueves 10 enero 1918

En cuanto al Gobierno, ya tiene resuelto el gran problema. El país está enfrente del más grave de los suyos, aunque no el más urgente. El marqués de Alhucemas obtuvo su “redecreto” de disolución de las Cortes, firmado y confirmado. Con él un nuevo y flamante prestigio innegable. Pero de los que más obligan y comprometen.

Por lo que toca al pueblo, al país, a España entera, parece llegada la hora de que muestre su conciencia y su voluntad en las próximas elecciones. Los candidatos van a decirle las mismas bernardinas de siempre; los caciques van a comunicarle las mismas órdenes; los gobernantes van  a preparar – magüer promesas increíbles- su encasillado de costumbre; los potentados van a ofrecerle más dinero que nunca por el voto.

Pues bien. Será un imbécil el que vote a los declamadores de vagas doctrinas de política fantástica que se llaman liberales, conservadores, republicanos, monárquicos, etc., y lo dicen tan orondos como si esos camelos significaran hoy nada en el mundo ni resolvieran el menor problema práctico de nuestra vida nacional.

Será un cobarde borrego, sin corazón ni meollo, el que no comprenda que el cacique vive y medra precisamente del rebaño que lleva a las urnas, y que si éste se guiña el ojo y no va ¡adiós cacique!

Será un infame el funcionario que se preste a ser rueda de la máquina electoral adicta y un iluso el que -contra su conciencia- trate de medrar, congraciándose con un estado de cosas cuya seguridad y duración son más que problemáticas.

Y, finalmente, será el último de los miserables el que venda por unas monedas el sagrado derecho – hoy un hecho definitivo- a salvar a su patria, a esta pobre patria de nuestra alma y de nuestra carne, que necesita hoy de todos sus hijos, sobre todo de los más pobres, para que no acaben  de devorarla los verdaderos sans patrie de la plutocracia.

Y en cuanto a si serán o no constituyentes las Cortes venideras, sólo depende de los hombres que las formen. Responded, pues, a todos los que os ofrezcan  hacer esto o lo otro, con esta pregunta:

– ¿ Y qué has hecho hasta aquí? ¿Dónde están tus obras?

Y, sobre todo, no nos mandéis aquí ningún hombre que no lo sea por sí mismo.

El 9 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado o gritos de mujer en la calle

Continuando con nuestro paseo por la sección “Día por  día. De mi calendario” que Manuel Machado publicó semanalmente a lo largo de 1918 en las páginas del diario El Liberal hoy corresponde dar cuenta de sus  impresiones respecto a sus vivencias del miércoles 9 de enero. Ese día Manuel Machado se dedicó a denunciar  los perniciosos efectos causados por los acaparadores de alimentos que especulaban con los bienes de primera necesidad y a apoyar las medidas adoptadas por las autoridades para evitar la especulación. Debido al hambre que azotaba a un importante sector de las clases populares se sucedían por esas fechas los motines liderados por mujeres en diversas ciudades españolas, algunos de los cuales sería reprimidos con gran violencia.

He aquí el texto de Manuel Machado acompañado de la ilustración correspondiente de Ricardo Marín.

Miércoles 9 enero 1918

Entretanto, muchos abastecedores, intermediarios y comerciantes de subsistencias y artículos de primera necesidad se proponen hacer una fortuna rápida y definitiva aprovechando lindamente las circunstancias. Ha sido preciso, en fin, acudir a la tasa. Tarde y con daño, es cierto. Pero a la tasa, al cabo. Esto nos retrotrae a los buenos tiempos setecentescos. No del todo…Porque, a decir verdad, lo que más se echa aún de menos en plena Puerta del Sol es su buena picota donde exponer a la vindicta pública a los desalmados agiotistas, y, si me apuran ustedes, un buen racimo de acaparadores colgados de las antiguas horcas, altamente moralizadoras, y pataleando en la turbia atmósfera una danza ejemplar.

En serio: si no se pone un término legal a la salvaje codicia de los medradores sin conciencia, serán la miseria, el hambre y la desesperación las encargadas de ponérselo. Aplaudimos de todo corazón los enérgicos propósitos de las autoridades, del comisario de Abastecimientos, del gobernador de Madrid, del propio presidente del Consejo, significados ya en nobles palabras  y actos. Pero nos permitimos darles cierta prisa, porque el asunto se agrava, y las inminencias amenazadoras son tremendas. Piensen que ya se ha oído en las calles gritos de mujer.

Ricardo Marín 9 enero 1918

El 8 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado o los primeros pasos de la madrileña “Casa de Velázquez”

En su sección “Día por  día. De mi calendario” que Manuel Machado publicó semanalmente a lo largo de 1918 en las páginas del diario El Liberal fue plasmando sus observaciones, impresiones y vivencias de los acontecimientos de hace un siglo.

Líneas abajo reproduzco lo que escribió Manuel Machado respecto al 8 de enero de 1918. Sus consideraciones de ese día versaron sobre una iniciativa que enriquecería la oferta de servicios culturales de Madrid, y que mostraba la fortaleza de las relaciones culturales y científicas hispano-francesas, impulsadas por los sectores aliadófilos, y francófilos en particular, de la “intelligentsia” española de aquel momento.  Me refiero a los primeros pasos que se dieron hace un siglo para fundarse en Madrid la Casa de Velázquez.

Como solía ocurrir las consideraciones de Manuel Machado, uno de los lectores del popular diario francés Le Petit Journal,  iban acompañadas de un dibujo de Ricardo Marín, que es el siguiente

Ricardo Marin 8 enero 1918

Martes 8 de enero de 1918

La Casa de Velázquez…Hermana de las residencias artísticas de Atenas, de Egipto, de la Villa Médicis, de Roma; la “casa de Velázquez”, que Francia quiere fundar en Madrid, será Academia, escuela, Pensión, morada de artistas que vendrán a estudiar nuestra pintura y a adorar a Velázquez en su soberbio templo del Museo del Prado.

El académico Widor [secretario perpetuo de la Academia de Bellas Artes], que expone la idea en el “Petit Journal[del lunes 7 de enero 1918], y que asegura haber hablado ya de ella con nuestro rey, termina diciendo:

“Madrid será la residencia del arte cosmopolita y el centro de las peregrinaciones artísticas, porque, en efecto, puede vanagloriarse de sus artistas contemporáneos, tan geniales como Benlliure, Miguel Blay, Pradilla, Sorolla, Gonzalo Bilbao y Zuloaga, así como otros muchos autores de incomparables obras maestras”.

Y he aquí cómo es el Arte divino y santo el que une a los pueblos. Y he aquí cómo todavía debemos más a Velázquez en la consideración del mundo que a toda nuestra diplomacia y a toda nuestra política internacional. Y he aquí, finalmente, cómo de todo tiempo, antes y ahora, han sido nuestros artistas los únicos españoles a la altura de su cometido, mantenedores brillantes de nuestro prestigio ante Europa entera. Que su ejemplo cunda, y que amantes todos de nuestra misión, por modesta que sea, cumpla cada uno su deber como ellos saben cumplir el suyo.

 

El 7 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado

Fue en el ejemplar de El Liberal de 7 de enero de 1918 donde se publicó la sección semanal con la que Manuel Machado se comunicaba con sus lectores titulada Día por día. De mi calendario. Entre otras colaboraciones que enriquecían la lectura de ese periódico en ese día había un artículo del periodista  Adolfo Marsillach (n.1868) explicando por qué los concejales liberales habían decidido apoyar la elección del candidato republicano Manuel Morales Moya para la alcaldía de Barcelona frente al candidato de la Lliga regionalista el conservador Martínez Domingo.

Pero la preocupación de Manuel Machado ese día se centró en denunciar el asesinato de un joven de 23 años Eugenio Rodríguez García sucedido la noche de la festividad de los Reyes Magos en la madrileña Plaza de los Mostenses, que él veía como un símbolo de hondos defectos existentes en una sociedad española, en la que abundaban rasgos crueles y violentos. Sus reflexiones, acompañadas de una ilustración de Manuel Marín, fueron las siguientes.

 

Lunes 7 de enero de 1918

Ricardo Marín 7 enero 1918

Las cosas tienen, indudablemente, un alma. Menos compleja que la nuestra, pero harto más clara y determinada. La boca estúpida de un cañón revela una brutalidad irremediable. Duerme un incendio en la pólvora, una carnicería en cada cuchillo; en la punta aguda de un puñal, una intención homicida. El diablo carga escopetas, pistolas o revólveres. Y, cuando el mismo no las dispara, es una mano criminal quien finalmente oprime el gatillo.

Nada se perderá con que la ley elimine de la sociedad al matador de Eugenio Rodríguez en la noche de Reyes. Es más, sólo el hecho de llevar consigo el arma siniestra bastaría, a mi jucio, para separarlo del comercio humano. Pero ese miserable tiene cómplices a quienes hay que perseguir y extirpar sin conmiseración. Y son esos cómplices la barbarie, la incultura, la majeza matona, la superstición, la sombra, el alcohol, y, sobre todo, el revólver. Ese revólver infame y barato, cuya alma criminal dormía agazapada, esperando la mano brutal e insensata que la despertara.

El 6 de enero de 1918 en el dietario de Manuel Machado

Continúa esta bitácora ofreciendo las observaciones de Manuel Machado sobre sus vivencias en el transcurso de 1918 que transmitía a sus lectores de El Liberal.

El ejemplar de ese diario correspondiente al domingo 6 de enero de 1918 se abría en su primera página con un largo artículo de Luis Araquistáin sobre la crisis militar vivida en el país titulado “Hechos e ideas. La antinomia del sindicalismo militar”. Acompañaba a ese texto de quien era por esas fechas el director del semanario España una amplia información sobre un “trascendental” discurso dado por el primer ministro del gobierno del Reino Unido David Lloyd George ante los representantes de los obreros ingleses para explicar las razones de la implicación británica en el conflicto mundial que estaba devastando Europa.

Las reflexiones de Manuel Machado sobre esa jornada versaron obviamente sobre la festividad de los Reyes Magos de honda raigambre en la cultura popular española. Estaban entreveradas de alusiones veladas al derrocamiento del zar Nicolás II y de consideraciones directas a un reciente incendio que había asolado el Palacio de La Granja, causándole importantes daños. Unas y otras tenían un cierto toque sarcástico como se podrá comprobar a continuación.

Ricardo Marín 6 enero 1918

Domingo 6 de enero

Melchor, Gaspar, Baltasar, los divinos Magos, los poderosos reyes de Oriente, llegaron a Madrid a su hora exacta, a las doce en punto de la noche. Claro es que no vinieron por ninguna de nuestras ferrovias. Y este año, después de [repartir encantados juguetes en los zapatitos de los niños], se fueron al Palacio de Oriente, entraron sin llamar, y ya ante S.M. D. Alfonso XIII, he aqui lo que le dijeron, si no miente un “repórter” que disfrazado de truchimán, logró colarse con ellos hasta la regia estancia:

….Querido compañero: En vista de lo mal que anda hoy nuestro oficio, y sabedores de las penas que te angustian con el incendio de tu Palacio de La Granja, y con otros incendios más o menos latentes en torno tuyo, no hemos querido atravesar tu corte sin venir a saludarte con toda la ternura de nuestros corazones. Hemos pensado en tí y te traemos también tus regalos. No se trata de juguetes, ni en realidad son para tí, que no los necesitas. No te faltará, sin embargo, a quien endosarlos. Helos aquí:

Y desembozándose los Magos, depositaron sobre la hermosa mesa tres refulgentes arquetas, sobre las cuales, con letras de divino fuego, había, respectivamente escrito: “Bondad, Verdad, Lealtad”.

Ve ahí nuestro regalo -añadieron-, acéptalo, ya que no es para tí, y repartelo entre tus ministros, que bien lo han menester. ¡Ah! Y diles -si te parece- que la mezcla de esas tres cosas consituye la suprema pillería que puede hoy ejercitarse en el mundo.

Así hablaron los reyes. Y después de una despedida cordial, continuaron su camino, siempre hacia Oriente.

La actitud sarcástica de Manuel Machado era compartida por otros observadores de la difícil coyuntura por la que atrevesaba la sociedad española en aquellos primeros días del año 1918 como lo revela esta caricatura de los Reyes Magos que ofreció el mordaz caricaturista Sileno (n. 1869) a los lectores de una publicación competidora de El Liberal como era Blanco y Negro.

Sileno Los Reyes Magos

Melchor, Gaspar y Baltasar cargan con sacos de harina, patatas y carbón, productos de primera necesidad que escaseaban en el país

 

 

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