Domingo de Carnaval: Madrid se divierte

Un desfile de carrozas recorrió la Castellana madrileña el domingo 10 de febrero de 1918, como acto central de la fiesta del Carnaval.  Manuel Machado al contemplarlo se mostró disciplente y distante de una manifestación festiva popular, como se puede constatar leyendo las apreciaciones que vertió en su diario correspondientes a esa jornada, que publicaba semanalmente en las páginas del periódico El Liberal.

Sus opiniones divergían del sentir de otros ciudadanos madrileños, como se puede constatar leyendo la primera página de ese mismo periódico, correspondiente al 11 de febrero donde un periodista anónimo ofreció otra visión más amable de cómo se divirtió gran parte de la población madrileña aquel domingo soleado de febrero, al encontrar una vía de escape a las serias dificultades de su vida cotidiana

 

El Liberal 11 de febrero 1918 Madrid se divierte

El Liberal 11 de febrero de 1918

 

Domingo 10 de febrero de 1918

Tenemos el Carnaval a pesar de todo. El dolor universal no reza con nosotros. La propia inquietud, la propia miseria no nos impiden nuestra buena fiesta de las carnestolendas. “Don Carnal” bufa en la calle. Ruge la turba polvorienta y mal alimentada, pero alegre, entre ruidos discordantes y desapacibles. Hasta mi oido llega la trompeta milenaria con sus sones de locura barata, con su vaho de vino malo y de baja humanidad. Doña Trotaconventos celestinea por las esquinas. Pierrot ha salido a buscar a Colombina, y Arlequín la encontrará sin buscarla.

Mientras escribo, por la soberbia avenida de la Castellana desfilarán las carrozas ardiendo en bullicio. Los ojos de fuego, las manos de fiebre, las gargantas secas de gritar…Algún niño en un coche, algún pobre niño, vestido de Don Juan Tenorio o de mosquetero, hará el encanto de sus padres hasta inclinar la cabecita cansada y aturdida buscando en el sueño la paz y la salud.

Ni faltarán tampoco las soberbias “destrozonas”: ellas, de hombre, y ellos, de mujer, gracias al mutuo y detestable cambio de vestidos.

Y finalmente, como una pesadilla, habrá salido también la comparsa clásica de mendigos cojos, mancos y tullidos pidiendo limosna al son de tamboril y gaita. Sólo que, este año, no solo será una vergüenza, porque será un horror. Y en vez de escapada de un capricho goyesco, parecerá que ha salido de un hospital de sangre.

 

Ricardo Marin 10 febrero 1918

Dibujo de Ricardo Marín

 

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