Antonio Machado, primer firmante de una convocatoria de homenaje a María Teresa León y Rafael Alberti el 9 de febrero de 1936

Esta mañana publicaba en El País el periodista Jesús Ruiz Mantilla un atinado artículo en el que se preguntaba ¿Qué tiene Antonio Machado que todo el mundo le quiere?.

Su lectura me ha llevado a otro momento de nuestra historia, en el que la posición política de Machado estaba bien definida, como informo a continuación.

El domingo 9 de febrero de 1936, después de la celebración de unos mitines del Frente Popular cuando Madrid se encontaba a una semana de unas elecciones que serían decisivas en la vida política de la España del siglo XX, se celebró a las tres de la tarde, en el café Nacional, ubicado en el número 19 de la calle Toledo, una singular comida, que ha sido evocada por M.R. Giménez en su blog dedicado a los antiguos cafés de Madrid. (ver aquí)

La organizaron un grupo de amigos y admiradores de María Teresa León y de Rafael Alberti tras su llegada a España después de un fértil viaje por tierras americanas. En México, por ejemplo, Alberti terminó el poema Verte y no verte, su elegía al gran torero Sánchez Mejías, según evocara muchos años después -en 1990 en el diario El País (ver aquí)– uno de sus amigos mexicanos: Octavio Paz.

Según sabemos por los periódicos de 1936 las invitaciones para asistir a la comida, al precio de seis pesetas, se podían obtener en el Ateneo de Madrid, en el Lyceum Club Femenino, ubicado en la calle San Marcos, 41, en la sede de Izquierda Republicana, la formación política liderada por Manuel Azaña, situada en Mayor, 6 y en el mismo café Nacional.

Lo que llama la atención al rememorar ese evento cultural , del que se conservan testimonios gráficos, es conocer el quién es quién de los convocantes.

homenaje a Alberti 9 febrero 1936

Federico García Lorca, en pie, y junto a él María Teresa León. En segundo término, por la derecha, Rafael Alberti.

El primer firmante era Antonio Machado (1875-1939), quien pocos días después -el viernes 14 de febrero – presidiría otro homenaje: el que María Teresa León organizó en memoria de Ramón María del Valle Inclán, recientemente fallecido, en el Teatro de la Zarzuela.

Junto al nombre del poeta sevillano estamparon sus firmas: Guillermo de Torre (Madrid 1900-Buenos Aires 1971), Julio Alvarez del Vayo (Villaviciosa de Odón 1891-Ginebra 1975), Luis Araquistain (Bárcena de Pie de Concha 1886- Ginebra 1959), Rosa Chacel (Valladolid 1898-Madrid 1994), Concha Méndez (Madrid 1898-México 1986), León Felipe (Tábara-Zamora 1884- Ciudad de México 1968), José Bergamín (Madrid 1895-Fuenterrabía 1983), Ramón J. Sender (Chalamera-Huesca 1901-San Diego, Estados Unidos 1982), Federico García Lorca (Fuente Vaqueros-Granada 1898- camino de Viznar a Alfacar, Granada 1936), Magda Donato (Madrid 1898-Ciudad de México 1966), Salvador Bartolozzi (Madrid 1882-Ciudad de México 1950), Jesús Hernández (Murcia 1907-Ciudad de México 1971), Luis Lacasa (Ribadesella 1899-Moscú 1966), Luis Cernuda (Sevilla 1902-Ciudad de México 1963), Juan Vicéns (Zaragoza 1895-México 1959), Alberto (Toledo 1895-Moscú 1962), José Díaz (Sevilla 1895-Tifilis. Georgia, URSS 1942),  Dolores Ibarruri (Gallarta 1895-Madrid 1989), César M. Arconada (Astudillo, Palencia, 1898-Moscú 1964), Manuel Altolaguirre (Málaga, 1905-Burgos 1959), Arturo Serrano Plaja (San Lorenzo de El Escorial 1909-Santa Bárbara, California 1979), Miguel Prieto (Almodóvar del Campo, Ciudad Real, 1907-México 1956), Luis Buñuel (Calanda, Teruel, 1900-Ciudad de México 1983), Timoteo Pérez Rubio  (Oliva de la Frontera-Badajoz- 1896- Valença-Brasil-1977), Isaac Pacheco (Madrid 1889-?), Miguel Pérez Ferrero (Madrid 1905-1978), Francisco Galán (San Fernando (Cádiz) 1902-Buenos Aires 1971), Luis Salinas, Gustavo Pittaluga Madrid 1906- 1975), Federación Universitaria Hispano-Americana, Biblioteca Cultural Ferroviaria del Norte, Sindicato Unitario Ferroviario.

Ahí estaban pues artistas, intelectuales, políticos, sindicalistas, militares, universitarios que representaban a las principales fuerzas que sostenían al Frente Popular, (Izquierda Republicana, Unión Republicana, Partido Socialista Obrero Español, Partido Comunista), vencedor de las elecciones que se celebraría una semana después de esa comida de camaradería celebrada en el afamado Café Nacional, que se había inaugurado el 15 de octubre de 1885 y que hoy es el restaurante Riazor.

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Una visita de Manuel Machado al estudio de Sorolla para contemplar el cuadro de su hermano Antonio que no llegó a ver

A finales de 1917, principios de 1918 Joaquín Sorolla (n. 1863) se encontraba en una fase de intensa creatividad pintando cuadros de destacados representantes de la “intelligentsia” española que le había encargado el millonario e hispanista norteamericano Archer M. Huntington. Como ya señalé en una entrada de mi blog jaeinnova el 2 de enero de 1918 (ver aquí) visitó a Sorolla el crítico de arte de El Sol Francisco Alcántara para contemplar el cuadro del político republicano Gumersindo de Azcárate. Evidentemente Huntington también visitaría al pintor valenciano durante su estancia madrileña a lo largo de ese mes de enero, a la que el propio Manuel Machado aludió en su dietario el 16 de enero de 1918, de lo que ya dí cuenta en esta bitácora. (ver aquí).

Y otro visitante del estudio de Sorolla, enclavado en el barrio madrileño de Chamberí, fue Manuel Machado, interesado por las manifestaciones artísticas contemporáneas. Como expone en su diario, el 21 de enero de 1918,  -cuyas observaciones iban acompañadas de una ilustración de Ricardo Marín- el objeto de su visita era contemplar el cuadro de su hermano Antonio  (n. 1875) que estaba realizando Sorolla para la Hispanic Society de Nueva York donde se encuentra actualmente. Pero finalmente no lo contempló. ¿Se dejó encantar por otras obras artísticas de Sorolla que le embaucaron? o ¿ el cuadro aún no estaba finalizado?

Si fuese así tendría razón Blanca Pons-Sorolla, biznieta del pintor, cuando data la elaboración de ese cuadro, junto con los retratos de José Ortega y Gasset (n.1883), José Benlliure (n.1855) y Miquel Blay (n. 1866) a lo largo de los primeros meses de 1918. Contradice así la opinión dominante de la crítica que fecha la elaboración del retrato de Antonio Machado por Joaquín Sorolla en 1917.

Joaquín_Sorolla,_Antonio_Machado_(diciembre_de_1917)._Óleo_sobre_lienzo._Hispanic_Society_of_America_(Nueva_York)

Retrato de Antonio Machado por Joaquín Sorolla, 1918

Lunes 21 enero 1918

En el estudio de Sorolla…Es decir, en uno de los estudios, porque el maestro trabaja en el otro, como los viejos renacentistas, a solas con su modelo y con su arte. 

Yo había ido alli a ver el retrato de mi hermano Antonio, pintado por el gran valenciano por encargo de Huntington para la Hispanic Society de Nueva York. Quería verlo antes de que se lo llevaran allende los mares que no pienso cruzar nunca.

Y mientras Sorolla pinta allá dentro, ardiente, infatigable, yo me doy una gran fiesta de contemplación de los numerosos cuadros que llenan esta gran sala, entre los que campea, apenas esbozado en su dibujo, un retrato de D. Alfonso XIII en traje de cazador, que me recuerda vagamente el Felipe IV de Velázquez. Muy vagamente, en verdad, porque este mago de la luz y de los colores, este soberano artista del pincel, esta retina única y esta mano prodigiosa de Joaquin Sorolla…no se ha hecho para el retrato. El arte de Sorolla nada tiene que ver con la psicología. Tiene para él tales encantos la forma, lo solicitan con tantos atractivos las bellezas exteriores, lo reclaman con tal sugestión los problemas de la técnica, se nota en él una alegría de pintor tan grande, que fuera cruel como inútil pedirle esa honda percepción de las almas que sola da vida a un retrato; esa vista introspectiva y, por decirlo así, violadora de los rincones espirituales, que aseguró la inmortalidad a los personajes retratados por Velázquez, por Goya; esa inquietud de pintar el alma y la personalidad que atormenta y engrandece hoy a un Anselmo de Miguel Nieto, a un Romero de Torres, soberanos retratistas. No. ¿Y qué importa? Mi vista se llena aquí de colores y de luces antes estas marinas de Levante y estas figuras colocadas en medio de los más terribles juegos de sol que ninguna otra retina conseguiría apreciar, ninguna otra mano realizar en el lienzo…Pescadores, bañistas, marineros de las playas azules. Velas latinas del “mare nostrum”. ¡Qué transparencias deliciosas, queé aire luminoso el que hace ondear estos cendales de un blanco inaudito, qué alegría, qué gloria de luz! He aquí al verdadero Sorolla…¡Y cuán distante del de los retratos! Decididamente renuncio a ver el de mi hermano. Y cuando el maestro sale un momento a disculparse con un trabajo urgentísimo, yo balbuceo también una disculpa por mi visita, le estrecho con efusión la mágica diestra y salgo deslumbrado a la calle. La mañana es clara y luminosa. Menos luminosa, empero, que sus marinas de Levante.

Ricardo Marín 21 enero 1918

Joaquín Sorolla por Ricardo Marín

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