La visita de Azaña a la 4ª Feria oficial del Libro el 24 de mayo de 1936

Quien visite la exposición dedicada por la Biblioteca Nacional de España a la vida y obra del último presidente de la Segunda República española podrá reparar en la siguiente fotografía tomada el domingo 24 de mayo de 1936 por Luis R. Marín, y cuyo original se encuentra en el archivo de la Fundación Pablo Iglesias (Madrid. 19.734)

Ese domingo, en un Madrid primaveral, se inauguró en un ambiente festivo la cuarta feria del libro, la más concurrida de las celebradas hasta entonces, simbolizada por un admirable cartel de Aníbal Tejada. En él, ese dibujante de origen argentino -del que se dispone de pocas informaciones biográficas (ver aquí)– expresó cómo los libros son focos y faros que iluminan y atraen.

Azaña, gran lector y gran escritor, decidió inaugurarla personalmente y darse un baño de masas, a las dos semanas de haber sido designado segundo presidente de la República española. El evento tuvo una gran cobertura en la prensa de la época, como lo revela la portada y las informaciones gráficas y textuales ofrecidas por el diario Ahora, del que era subdirector ese gran reportero que fue Manuel Chaves Nogales, uno de los casi ochenta firmantes del manifiesto de apoyo a Azaña en noviembre de 1934 de un grupo de intelectuales y científicos tras haber sido hecho prisionero en Barcelona a instancias del gobierno de Lerroux, documento que analicé recientemente en otra entrada de mi blog jaeinnova (ver aquí). Fue acusado entonces, injustamente, por sus rivales políticos de connivencia con el acto anticonstitucional de la Generalidad catalana que proclamó el 6 de octubre de ese año el Estado Catalán dentro de la República Federal Española, contraviniendo lo dispuesto en la Constitución de 1931 y en el Estatuto de Autonomía de 1932, de lo que ya había advertido Azaña a los propios dirigentes catalanes según explicó en su libro Mi rebelión en Barcelona, que salió a la calle en septiembre de 1935 en medio de una gran expectación, como ya expliqué en la mencionada entrada del blog jaeinnova.

Esta es la información gráfica ofrecida por el diario Ahora del martes 26 de mayo de 1936 en su portada y páginas interiores con fotografías de sus colaboradores Contreras y Vilaseca.

Esa mañana Madrid se había vestido de gala para celebrar la apertura de esa fiesta cultural. Los tranvías de todas las líneas ondeaban en su trole banderas de la Feria. Dos bandas de música amenizaban el acto de inauguración, la municipal, dirigida desde semanas antes por el maestro Pablo Sorozábal, (San Sebastián 1897-Madrid 1988) y la del regimiento de Infantería número 1.

Azaña llegó al recinto ferial instalado en el paseo de Recoletos a las once de la mañana, acompañado, entre otros, del secretario general de la Presidencia de la República Cándido Bolívar (Madrid 1897-1976) , catedrático de Zoografía de Articulados de la Universidad de Madrid y factotum del VI Congreso Internacional de Entomología celebrado meses atrás, en septiembre de 1935, congreso al que he dedicado varias entradas en mi otro blog jaeinnova. Evidentemente la elección por Azaña de Cándido Bolívar para ese cargo de confianza es otra muestra de la atracción que ejerció Azaña entre la elite científica republicana y del afán de algunos de esos científicos de ejercer su compromiso público, pues Cándido Bolívar había ejercido en las semanas atrás desde la victoria del Frente Popular el cargo de Subsecretario de Sanidad.

Recibieron al presidente de la República quienes le acompañaron en su visita. Entre ellos destacaban el primer ministro y ministro de la Guerra Santiago Casares Quiroga (La Coruña 1884-París 1950), el vicepresidente primero del Congreso, y diputado socialista el catedrático de Derecho penal, Luis Jiménez de Asúa (Madrid 1889-Buenos Aires 1970), que le flanquearon en su paseo inicial. También se encontraban el ministro de Instrucción pública, catedrático de Instituto y dirigente de Izquierda Republicana Francisco Barnés (Sevilla 1877-Ciudad de México 1947), el gobernador civil de Madrid y farmacéutico Francico Carreras Reura (Mahón 1896-Madrid 1951) y el alcalde Pedro Rico (Madrid 1888-Aix en Provence 1957). Además estaban presentes diversos integrantes del Cuerpo diplomático, entre otros los representantes de Francia, Argentina, Chile, Méjico/México, Panamá, Cuba, Santo Domingo o República Dominicana, Honduras, Costa Rica. Y los miembros de la Cámara del Libro y del comité organizador de la Feria formado por Boris Bureba [Isidoro Bureba Muro] (1892-1972), -de la casa editorial Saturnino Calleja-, Esteban Dossat, -de la librería y editorial homónima-, Juan Navarro de Palencia -de la editorial de la Revista de Derecho Privado- , y Roberto de San Martín, de la librería San Martín.

Acompañemos a Azaña en su recorrido a lo largo del paseo de Recoletos, gracias a diversos testimonios periodísticos. A lo largo de él había instaladas 32 casetas numeradas, correspondientes a 24 editoriales privadas y 8 librerías y 4 “stands” o casetas especiales, de instituciones oficiales. La de los Estados Unidos Mejicanos que se preveía instalar finalmente no se exhibió.

Los diferentes “stands” estaban ubicados de la siguiente manera:

El jefe del Estado fue recorriendo una por una todas las instalaciones, conversando con editores y libreros.

En la caseta del Ministerio de Agricultura y de Industria y Agricultura manifestó su deseo de que en futuras ediciones hubiese más casetas de publicaciones oficiales. En la de Ruiz Hermanos (nº 20) el editor Luis Ruiz hizo saber que no era necesario que le presentasen al presidente de la República pues Azaña, “antiguo entusiasta de los libros” era un asiduo cliente de su librería.

En la caseta (nº 18) de Saturnino Calleja contempló varios ejemplares de su libro Estudios de política francesa contemporánea. La política militar, cuya primera edición databa de 1919.

En la de Espasa Calpe (nº 21) estaban colocadas en sitio preferente las siguientes obras del jefe del Estado, que colaboraba desde tiempo atrás con esa empresa cultural: El jardín de los frailes (1927), La novela de Pepita Jiménez (1927), La corona (1930), Plumas y palabras (1930), Una política (1930-1932), (1932), La invención del Quijote y otros ensayos (1934), En el poder y en la oposición (1932-1934), (1934), Grandezas y miserias de la política (1934), Mi rebelión en Barcelona (1935) y Discursos en campo abierto (1936).

Ante el recinto de la Editorial Revista de Derecho Privado (caseta nº 22) su acompañante Luis Jiménez de Asúa le llamó la atención sobre la Revista de Derecho Público que editaba esa casa y en la que ese catedrático y destacado penalista colaboraba asiduamente. Pero Azaña le apuntó que a él le interesaba más la Revista de Derecho Privado por haberse dedicado preferentemente a esa materia jurídica.

Cuando pasó por la caseta de la editorial Céniit (nº 26) mostró interés el jefe del Estado por conocer la obra Sangre de octubre. U.H.P , escrita bajo el seudónimo de un minero asturiano – Maximiliano Alvarez Suárez- por el periodista y dirigente político comunista Manuel Navarro Ballesteros (ver también aquí), de la que acababa de hacer una reseña César Arconada en el ejemplar de Mundo obrero de 9 de mayo. El editor Rafael Giménez Siles (Málaga 1900-México 1991) se la ofreció pero el presidente le comentó que enviaría a comprarla. También estaba expuesta en ese “stand” la Antología negra de Blaise Cendrars, que había traducido Azaña, preguntando este si esa obra se vendía mucho, a lo que contestó negativamente el editor

En la caseta de la Sociedad Bíblica (la nº 6) fue recibido por Adolfo Araujo (Santander 1878-1956). Tras examinar algunas obras Azaña, dirigiéndose a ese distinguido protestante le manifestó “Ahora no se persigue a los colportores, como hace cien años”. Aludía entonces el presidente de la República a la persecución que había sufrido George Borrow por distribuir y difundir biblias en la España de principios del siglo XIX. Azaña conocía bien a ese propagandista por haber hecho una magistral traducción en los comienzos de su vida literaria, allá por 1921 en la selecta colección Granada editada por Jiménez Fraud, de “La Biblia en España” en la que Borrow, con un estilo ameno y ágil dio cuenta de sus aventuras y desventuras en las tierras hispánicas que recorrió vendiendo biblias.

Una vez que finalizó en la Cibeles el recorrido por la Feria del Libro, una de las grandes creaciones culturales republicanas, el presidente de la República y su comitiva se dirigieron al Palacio de Bibliotecas y Museos. En la Biblioteca Nacional Azaña fue recibido por su director Miguel Artigas Ferrando (Blesa-Teruel 1887-Madrid 1947). Recorrieron luego juntos diversas dependencias, deteniéndose especialmente en la sala de lectura de las revistas, que se acababa de ampliar, en el marco de una política de ampliación de servicios de esa institución cultural. Compartieron posteriormente un “vino de honor” que se ofreció al jefe del Estado.

Para saber más:

Ana Martínez Rus, La política del libro durante la Segunda República: socialización de la lectura (Gijón, Trea, 2003).

Ana Martínez Rus, “Las Ferias del Libro de Madrid (1933-1936) como fiestas republicanas”, en Cuadernos de Historia Contemporánea, vol. 41, 2019. https://doi.org/10.5029/chco.66094.

Benjamín Jarnés, La feria del libro, Madrid, Espasa-Calpe, 1935.

María José Blas Ruiz, “Los inicios de la Feria del Libro de Madrid”. En blog Antigua editorial Aguilar. Ver aquí

La mitad de “Los libros de la Naturaleza” de la editorial Calpe a golpe de clic

Durante la década de 1920 se desarrolló una de las más interesantes iniciativas en el ámbito de la divulgación de las ciencias naturales en el Estado español orientada al público infantil y juvenil. Me refiero a la magnífica colección que la editorial Calpe lanzó al mercado en 1923 con el título de “Los libros de la Naturaleza”. Diez libros formaron su primera serie como se puede constatar en este anuncio publicitario

Como se aprecia en él el zoólogo Ángel Cabrera, de fácil pluma y con unas dotes comunicadoras excepcionales, -al que el Museo Nacional de Ciencias Naturales dedicó un homenaje el pasado 7 de julio con motivo del 60 aniversario de su fallecimiento acaecido en Buenos Aires, en el que tuve la oportunidad de participar: ver aquí entre el minuto 23,23 y 45,43- asumió el grueso de la serie. Fue el autor de cinco de los diez volúmenes que tenían características comunes. Todos tenían unas atractivas cubiertas debidas al gran dibujante y caricaturista Bagaría. Su extensión era similar, no sobrepasando el centenar de páginas. Y estaban magníficamente ilustrados con una treintena de dibujos, media docena de láminas y una decena de fotograbados.

Estos fueron los cinco volúmenes de la autoría de Ángel Cabrera en esa primera serie de Los libros de la naturaleza.

Por su parte el otro sostenedor de esa serie fue un buen amigo de José Ortega y Gasset, impulsor junto al ingeniero Nicolás María de Urgoiti de la editorial Calpe en 1918. Me refiero a Juan Dantín Cereceda, al que dediqué una amplia biografía en el diccionario on-line Jaeeduca (ver aquí). Este docente e investigador mostró sus dotes pedagógicas y amplios conocimientos geológicos, como buen discípulo y colaborador de Eduardo Hernández-Pacheco, y botánicos como catedrático de Agricultura en institutos como los de Guadalajara, y los madrileños Instituto-Escuela (entre 1919 y 1922) y San Isidro, en tres libros que presento a continuación.

A esos dos magníficos divulgadores científicos que fueron Ángel Cabrera y Juan Dantín Cereceda se unieron dos relevantes investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales, pertenecientes a dos grupos generacionales distintos. Uno, el geólogo Lucas Fernández Navarro (1869-1930), jefe de la sección de Mineralogía del Museo y catedrático de Cristalografía desde 1902 de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central fue el autor de El mundo de los minerales. El otro, Antonio de Zulueta y Escolano (Barcelona 1885-Madrid 1971), pionero de la investigación genética en España, hermano del pedagogo Luis de Zulueta que sería ministro de Estado durante la Segunda República.

Esa primera serie fue completada con una segunda, editada a finales de la década de 1920, tras la fusión en 1925 de las editorial Calpe y Espasa para formar el potente conglomerado empresarial de Espasa-Calpe. Esta serie, al parecer, no se completó pues no he localizado el volumen anunciado con el título “Libélulas y mariposas”.

Colaboraron nuevamente en esta segunda serie Angel Cabrera, ya instalado en Argentina donde fue contratado en 1925 para dirigir la sección de Paleontología del Museo de la Plata, y Juan Dantín Cereceda. El primero con estos tres volúmenes

El segundo con otros dos volúmenes

En esa ocasión la editorial contó otra vez con la colaboración de otros acreditados naturalistas como Enrique Rioja (Santander 1895-México 1963), catedrático de instituto y de la Escuela Superior de Magisterio desde 1922 donde se especializó en la didáctica de las ciencias naturales y el zoólogo, acreditado entomólogo y catedrático de Zoografía de Articulados desde 1922 de la Universidad Central Cándido Bolívar Pieltain (Madrid 1897-Ciudad de México 1976), quien asumió importantes responsabilidades políticas en los gobiernos presididos por D. Manuel Azaña durante la Segunda República. El primero fue autor de la obra Curiosos pobladores del mar y el segundo escribió un libro sobre Los crustáceos

Se completó esa serie con colaboraciones del astrónomo del Observatorio Astronómico de Madrid José Tinoco y del meteorólogo y jefe del Observatorio Meteorológico de Madrid Nicolás Sama Pérez.

La mayor parte de esos libros tuvieron una amplia circulación en los años republicanos. Se incorporaron a muchas de de las cinco mil bibliotecas que las Misiones Pedagógicas establecieron por muchos lugares del territorio español como en el pueblo pirenaico Bonansa en la provincia de Huesca, transportados por los antecedentes de los bibliobuses.

Y también se trasladaron a las numerosas bibliotecas escolares que los diversos gobiernos de la República impulsaron en los centros educativos, como muestro en la comunicación “Ciencia en las aulas: el caso de las bibliotecas escolares de la Segunda República española”, presentada en el II Seminario Internacional Patrimônio Cientifico e Ensino das Ciencias que organizan los colegas de la PUC de Sao Paulo Kazumi Munakata y Katya Braghini, entre el 6 y el 8 de octubre de 2020, cuyo programa está visible aquí.

Al preparar esa comunicación he podido constatar con satisfacción que debido al programa de I+D+i CEIMES “Ciencia y educación en los institutos históricos madrileños”, financiado por la Comunidad de Madrid y que dirigí entre 2008 y 2012, diez de los veinte volúmenes diseñados en la colección “Los libros de la Naturaleza” están digitalizados en esa magnífica iniciativa del Ministerio de Cultura del Gobierno de España que es la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico

A golpe de clic el internauta curioso tiene acceso a los siguientes volúmenes:

Animales extinguidos, Los animales familiares, Los animales microscópicos, Los animales salvajes, Mamíferos marinos, El mundo alado, Peces de mar y de agua dulce de Ángel Cabrera.

Historia de la Tierra, La vida de las plantas de Juan Dantín Cereceda.

y El mundo de los insectos de Antonio de Zulueta.

Quien se adentre en ellos podrá constatar la calidad científica y literaria de esos libritos que contribuyeron de manera decisiva a fomentar el interés por el estudio de la naturaleza entre lectores infantiles y juveniles de diversos países hispano parlantes a lo largo de diversos momentos de la historia del siglo XX pues la mayor parte de esos volúmenes tuvieron reimpresiones hasta avanzada la década de 1960.

Para saber más:

Juan Miguel Sánchez Vigil, Calpe. Paradigma editorial (1918-1925), Gijón, Editorial Trea, 2005

Juan Miguel Sánchez Vigil, “La Editorial Calpe y el Catálogo general de 1923”, Documentación de las Ciencias de la Información, 2006, vol. 29, pp. 259-277. Accesible aquí

Santos Casado y Alfredo Baratas, “El divulgador Ángel Cabrera”, en Ángel Cabrera: Ciencia y proyecto colonial en Marruecos (editores Helena de Felipe, Leoncio López-Ocón y Manuela Marín), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 2004, pp. 199-213

Aurelio Heinz Usón Jaeger, Los principios didácticos innovadores para la enseñanza de las ciencias naturales en la escuela primaria española y su repercusión en los libros escolares durante el primer tercio del siglo XX, tesis de la Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Educación, Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales, leída el 28 de junio de 1999. Accesible aquí.

Alejandro Tiana, Las misiones pedagógicas. Educación popular en la Segunda República, Madrid, Ediciones La Catarata, 2016

Eugenio Otero Urtaza, editor, Las Misiones Pedagógicas, 1931-1936, Catálogo de exposición, Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2006. Se accede a la exposición virtual aquí.

“Bibliotecas escolares”, en Diccionario de Pedagogía, publicado bajo la dirección de Luis Sánchez Sarto, Editorial Labor, Barcelona, 1936, tomo I, pp. 395-401.

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