Al hilo de unas jornadas sobre Humanidades Digitales en el CCHS del CSIC: primeras consideraciones

La intensa jornada que se desarrolló en el salón de actos del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas el martes 27 de junio de 2017, cuyo programa presenté en una entrada anterior, -ver aquí-, fue inaugurada por Antonio Lafuente, quien ha sido uno de los impulsores del MediaLab Prado de Madrid, con la conferencia titulada La promesa de las humanidades digitales.

Antonio Lafuente Jornada

 

En ella se planteó cómo los humanistas digitales están configurando una nueva manera de abordar el estudio del pasado, de carácter híbrido, al aunar elementos procedentes de las ciencias de la computación, que permiten ver más elementos de la realidad,  de la cultura del diseño, que facilita una visión más refinada de nuestros entornos próximos o lejanos, y de los estudios humanísticos que facilitan la profundidad de la visión.

No pretendo resumir ahora las interesantes y elaboradas reflexiones efectuadas por mi compañero del grupo de investigación “Mundialización y mundanización de la ciencia”, y colega del Departamento de Historia de la Ciencia del Instituto de Historia del CCHS del CSIC, pues el internauta las tendrá accesibles próximamente en las redes sociales, dado que fue grabada. Pero sí quiero destacar algunas de sus ideas-fuerza de un historiador de la ciencia y científico humanista que está en permanente tensión intelectual.

Por una parte se destacó en esa conferencia cómo la promesa de las humanidades digitales radica en que su práctica permite promover la interdisciplinariedad, y hacer más fácil, el diálogo y la interacción entre expertos y amateurs, facilitando la expansión de los conocimientos, y la intervención en la producción de los conocimientos de aquellos que no tienen sus saberes acreditados, como es el caso de los amateurs. De manera que gracias a la capacidad que tienen los humanistas digitales de promover la interdisciplinariedad se pueden hacer más porosas las fronteras entre quienes están dentro y fuera del mundo de la academia lo que permitiría sustituir la noción de autor, que se basa en la cultura del yo, por la de plataforma, basada en el predominio de un “nosotros” colaborativo.

En segundo lugar se destacó el hecho del crecimiento acelerado de los humanistas digitales en los últimos años, y de cómo ya existen más de cien laboratorios dedicados a las humanidades digitales en diversos países europeos y americanos. Tras explicar los diferentes orígenes de esta nueva práctica cultural en construcción que tuvieron sus focos iniciales en las universidades norteamericanas de Virginia y de Stanford aludió Antonio Lafuente a la importancia que tuvo el congreso celebrado en el año 2011 precisamente en Stanford (ver aquí) donde se acuñó la metáfora de Big Tent para considerar a las humanidades digitales no tanto como una actividad especializada sino como un espacio equiparable a una gran “tienda de acampada” que acoge a quienes tengan interés en usar las nuevas tecnologías en sus investigaciones humanísticas sea para visualizar datos o promover videosjuegos como herramienta educativa, entre otras muchas y variadas actividades. Así lo expone también Patrick Svensson en su reciente libro Big Digital Humanities. Imagining a meeting place for the Humanities and the Digital, editado en 2016 por la Universidad de Michigan. (ver aquí).

Y en tercer lugar llamó la atención, ateniéndose a diversas experiencias surgidas en esta última década en Estados Unidos, acerca de las relaciones conflictivas entre tecnólogos y humanistas. Y así Antonio Lafuente aludió a proyectos e iniciativas de Johanna Drucker, una buena conocedora de la historia de la representación visual del conocimiento, preocupada porque las herramientas digitales puedan incorporar la subjetividad y la dimensión afectiva; Anne Burdick, diseñadora y editora de electronicbookreview.com y coautora junto a Johanna Drucker y otros autores de Digital Humanities, el importante informe editado en 2013 por la editorial del MIT para mostrar un estado de la cuestión de la producción del conocimiento contemporáneo; y del antropólogo colombiano Arturo Escobar, profesor de la Universidad de Chapel Hill en Carolina del Norte, quien está impulsando entre sus líneas de trabajo (ver aquí) el diseño ontológico, que permita rediseñar el mundo, tarea en la que se han de comprometer los estudios humanísticos que han de abrirse más a las necesidades sociales.  Escobar que recupera propuestas de trabajo, experiencias y reflexiones de los estudios poscoloniales y de autores como Ivan Illich y Paulo Freire, sostiene que todos somos diseñadores y que el rediseño del mundo y de la vida debe de hacerse de forma colaborativa. Uno de sus últimos trabajos en lengua castellana es el editado en 2016 por la Universidad del Cauca:  Autonomía y diseño. La realización de lo comunal.

Este recorrido le permitió explicar a Antonio Lafuente que se han desarrollado en los últimos años tres movimientos que han ayudado a construir una identidad a unas humanidades digitales que abogan por una doble tarea. La de crear herramientas tecnológicas que faciliten llevar a buen término su principal promesa como es la de interdisciplinariedad y la de evitar la adopción de una simple moda alentada por las grandes corporaciones interesadas en promover unas humanidades aplicadas al servicio de la industria del ocio.

Esos tres movimientos girarían en torno a la construcción de un diseño especulativo, promovido por autoras como la ya mencionada Johanna Drucker que tienen como objetivo que los humanistas digitales consigan que los ingenieros sigan las pautas establecidas por los humanistas, y no al contrario; a la elaboración de un diseño utópico alentado fundamentalmente en el entorno del MIT donde se intenta que los humanistas digitales recuperen las aspiraciones de lograr un conocimiento horizontal, abierto y libre tal y como desearon los padres fundadores de la Red; y a la conveniencia de crear un diseño ontológico, tarea en la que están comprometidos autores como el ya mencionado Arturo Escobar, quienes aspirar a que las Humanidades Digitales recuperen la ilusión por transformar el diseño del mundo haciéndose buenas y pertinentes preguntas, y cuestionando las que formulan los discursos de los poderes dominantes influidos por una mentalidad de raigambre colonialista.

Advirtió finalmente Antonio Lafuente que debemos estar muy atentos a las consecuencias que puede tener el transitar acríticamente hacia las humanidades digitales o aplicadas para evitar un doble riesgo y peligro: que el conocimiento sea sustituido por información suministrada y controlada por grandes corporaciones o que se minusvalore el espíritu crítico ante el realce de una cultura de la emprendeduría.

Así pues según se deduce de este resumen las reflexiones de Antonio Lafuente fueron un estimulante aperitivo para lo que pudimos saborear en las horas siguientes en las Primeras jornadas científico-técnicas sobre Humanidades Digitales  celebradas en el salón de actos del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC el martes 27 de junio de 2017.

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