Confidencias de Azaña sobre su visita a la cuarta Feria del Libro de Madrid: aclarando el sentido de una fotografía y apostillas adicionales

Como afirmara Pedro de Répide la idea de organizar una feria del libro en la capital del Estado español ya rondaba hacia 1920 pero fracasó la propuesta “por tratarse de una gran ciudad, cuyo comercio mucho y vario, hace de toda ella y durante el año entero, una enorme feria permanente” (1) Hubo que esperar a la proclamación de la Segunda República española para que sus gobernantes, en el marco de su decidido interés por la promoción del libro y de la lectura para favorecer el acceso a los bienes culturales y la democratización de la cultura, retomasen y ejecutasen la idea. Y así en en la primavera de 1933 pudo inaugurarse, en un ambiente festivo, la primera Feria del Libro, cuando Azaña era el presidente de un Gobierno formado por republicanos y socialistas. Ocupaba entonces Fernando de los Ríos el ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, ya en sus últimas semanas al frente de esa cartera.

Cuatro años después -el domingo 24 de mayo de 1936- fue Azaña, como jefe de Estado, el encargado de inaugurar esa fiesta popular que ese día y en los sucesivos fue visitada por millares de ciudadanos, entre los cuales hubo centenares de escolares.

En la entrada anterior de esta bitácora (ver aquí) di cuenta pormenorizada del baño de masas que se dio el presidente de la República cuando inauguró junto al primer ministro Santiago Casares Quiroga, y otros integrantes del Gobierno como el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Francisco Barnés, la IV Feria del Libro en el paseo de Recoletos de Madrid.

Mostré también la siguiente foto que se exhibe en la exposición dedicada actualmente a Manuel Azaña en la Biblioteca Nacional de España, tomada el domingo 24 de mayo de 1936 por Luis R. Marín y cuyo original se encuentra en el archivo de la Fundación Pablo Iglesias (Madrid 19.734).

Días después, hojeando el quinto volumen de las obras completas de Manuel Azaña editadas por el historiador Santos Juliá, me he encontrado con un documento que aporta detalles significativos de la visita del jefe del Estado a la cuarta y última feria del libro en el Madrid republicano, que revela el complejo carácter del último presidente de la Segunda República española, y en el que al parecer se combinaba un espíritu tolerante con una causticidad corrosiva. Tales detalles ofrecen pistas de por qué el objetivo del fotógrafo Luis R. Marín tuvo especial interés en captar la conversación entre Azaña y el responsable de la Librería Bailly-Baillière, que ocupaba el stand nº 28 de las instaladas en el paseo del Prado, aquel 24 de mayo de 1936.

El documento en cuestión es una carta fechada el 5 de junio de 1936 en la Quinta del Pardo, que Azaña, tras reformarla y adecentarla, convirtió en su residencia, y donde tuvo las primeras noticias de la sublevación militar del 18 de julio de 1936. Luego durante la guerra ese palacete alojaría a la Quinta División del Ejército de la República por lo que recibió diversos obuses de las tropas rebeldes ubicadas en la madrileña Casa de Campo.

La mencionada carta iba dirigida al escritor y dramaturgo Cipriano Rivas Cherif, íntimo amigo de Azaña desde años atrás, antes de codirigir entre los dos la revista cultural La Pluma entre junio de 1920 y junio de 1923, y cuñado a partir de 1929 cuando don Manuel se casó con Dolores de Rivas Cherif.

En esa primavera de 1936 Rivas Cherif, – que luego en su exilio mexicano publicaría Retrato de un desconocido.Vida de Manuel Azaña y que salvó su vida de milagro tras ser aprisionado por los nazis en su refugio francés y trasladado a España como evocara su hijo Enrique (ver aquí), que acaba de fallecer-, se encontraba de gira por Cuba y México con la compañía de Margarita Xirgú. Meses atrás esa compañía había obtenido un resonante éxito teatral representando en Barcelona en el Principal Palace “Doña Rosita la soltera”, la última obra que Federico García Lorca pudo estrenar en su corta e intensa trayectoria vital, antes de ser asesinado el verano de 1936.

Federico Garcia Lorca, Margarita Xirgu y Cipriano Rivas Cherif en el otoño de 1935

Durante la gira americana de Cipriano Rivas Cherif su cuñado le escribió una serie de cartas, a partir del 16 de marzo de 1936, que son documentos de gran valor historiográfico para conocer la personalidad de Azaña en unos meses decisivos del transcurrir de la Segunda República española. Siete de esas cartas han sido editadas por Santos Juliá (2). En la última, datada como ya he comentado el 5 de junio, encontramos los siguientes párrafos:

Creo haberte hablado de la inauguración de la Feria del Libro, pero de seguro no te he contado algunas anécdotas. Recorrí todos los puestos, muchos de ellos propiedad de gente desafecta u hostil. Tuve “una palabra amable para cada invitado”, y en una de las barracas estaba Baylli, el sobrino de mi injuriador, a quien tengo procesado y con cien mil pesetas embargadas. El hombre estaba azarado, pero yo me puse muy elegante y le pregunté muchas cosas de sus ediciones; no sabía cómo ponerse más fino y contento, así como los libreros de FAX (católicos), que creían que no iba a detenerme en su tienda. Los periódicos me atribuyen, con motivo de esta visita, frases dignas de la infanta Isabel; por ejemplo: ¡que pregunté por las obras completas de Pereda!!! Pasamos después a la Nacional, y entre mucha gente reconocí a Benjamín Jarnés, que, por primera vez no se me despintó. Le saludé, le di las gracias por un libro suyo que me había mandado días atrás, y se puso tan contento, que se emborrachó allí mismo, le besó las sandalias a la estatua de San Isidoro, y compró libros en la feria para regalárselos a un guardia. Borracho, y después, sereno, no hacía más que ponderar lo amabilísimo que había estado el Presidente y su gran satisfacción por ello. Desde ese día, comienza a circular por Madrid el rumor de que el Presidente es muy simpático. (3)

No dispongo de información de las injurias que recibió Azaña del tío de la persona con la que departió en la caseta de Bailly-Baillière, una prestigiosa librería-editorial fundada en Madrid en 1848. En su fondo editorial destacaban unos populares Almanaques. (ver aquí).

Como indicaba su publicidad esos almanaques reunían numerosos contenidos relacionados con el papel que los conocimientos científicos desempeñaban en la vida cotidiana. Así se comprueba en el índice del almanaque editado en 1936, con información correspondiente a 1935, que probablemente se encontraba en el stand captado por la cámara de Luis R. Marín. Este era el índice de ese volumen

Generalidades. Historia del Año p. 7.- Los muertos del año p. 32.- Geografía: La Presa mayor del mundo p. 33; Danzas pintorescas p. 34; Escenas y tipos populares p. 36; Filatelia p. 38; Cómo cazan los esquimales p. 42; Jefes de los estados hispano-americanos p. 43; Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas p. 46; Abisinia p. 48.- Universo: Eclipses de sol y luna p. 50; Cómo nacen las lluvias de estrellas p. 52; Las comunicaciones interplanetarias 54.- Historia y Literatura: Origen y desarrollo de la Academia española p. 56; Las transformaciones del lenguaje escrito p. 60; Animales legendarios (en la historia y en la leyenda) p. 62; La guardia particular del Papa p. 64; Los grandes exploradores p.65.- Ciencias vulgarizadas: Los faros, salvaguardia de los navegantes p.74; ¿En qué consiste la televisión? p. 78; El vuelo sin motor p. 79; Las grandes aeronaves p. 82; Locomotoras modernas p. 84; El aire líquido: sus raras y numerosas propiedades p. 85; La Potasa, riqueza nacional p. 88; La calefacción central por el vapor con vacío artificial p. 90; El agua, generadora de electricidad p.92.- Bellas Artes: Del lingote a la pieza de moneda p.94; Artísticas cerraduras de otros tiempos p. 96; Las catedrales p. 98; La Casa de Velázquez p.104.- Derecho. Economía: Los buques porta-aviones p. 105; La carestía de la vida moderna p. 108; Del carbón a la gasolina p. 110; Situación jurídica de la mujer casada p. 112.- Medicina e Higiene: La nariz y las fosas nasales p. 113; ¿Qué tensión tenéis? p. 116; Lo que todo el mundo debe saber del ojo y sus defectos de visión p. 117; Cómo se realiza una operación quirúrgica p. 120; El veneno de la serpiente vencerá al cáncer p. 122; El colibacilo, huésped peligroso del intestino p. 123; ¿Tienen las tisanas propiedades curativas? p. 124; Qué es más conveniente para vuestra salud, ¿el mar, la llanura o la montaña? p. 125.- Historia Natural. Agricultura: Los huevos de vuestras gallinas p. 126; Manera de sacar la cera de las colmenas p. 128; Ventajas del cultivo bajo el vidrio p. 130; La langosta, azote de Andalucía y Extremadura p. 132; Inyecciones intravenosas para los árboles p. 137; El agua base de la prosperidad p. 138; Algunos animales extraños p. 140; Peces de las grandes profundidades p.141.- Matrimonio y Hogar: El calor y el frío en la cocina moderna p. 142; Para aligerar el presupuesto de gastos p. 144; Moda femenina en 1935 p.146; Nuestros niños p. 150; Labores femeninas p. 151; Decorado y arreglo de la casa p. 155; Trabajos artísticos p. 156; Imprudencias, causas de incendios p. 157; Juegos y deportes: Escuela de juventud. Los exploradores de España (Boy-scouts españoles) p. 158; ¿Quiere Ud. matar chochas? p. 164; Fantasía en el deporte p. 166; ABC del Hockey p.168; Acrobacias aéreas 169; Miscelánea: Adivinación por los sueños p. 170; Conocimientos útiles y entretenimientos p.172; Los atributos de algunos santos p. 174; Maneras de saludar p. 175; Manera racional de llevar la carga p.176.

Otro de los “stands” que visitó Azaña, sorprendiendo a sus gestores, fue el de la editorial FAX. Si había personas desafectas u hostiles al régimen republicano en general y al gobierno del Frente Popular en particular entre las casetas presentes en esa Feria del Libro eran sin duda alguna los de esa editorial, muy vinculada al nacional-catolicismo que tanta influencia tuvo en el desarrollo de la guerra civil y en el régimen de Franco. En su catálogo, y por consiguiente en la caseta por la que paseó Azaña, había entre otras obras las siguientes: una del jesuita F. Alonso Bárcena sobre los rotarios y sus tendencias en el orden social, moral y religioso; Notas del block. Historia anécdotica de la Segunda República del periodista Joaquín Arrarás, quien años después sería uno de los grandes apologetas del dictador Francisco Franco y manipulador de las memorias de Azaña; hasta diez obras del jesuita Joaquín Azpiazu, quien había fundado en 1927 “Momento Social” para promover el catolicismo social, autor entre otros libros del Manual de Acción Católica, La acción social del sacerdote o La actualidad monetaria, El Estado corporativo, Jóvenes y juventudes y Direcciones pontificias; o la traducción al español de Los protocolos de los sabios de Sión. Los peligros judeo-masónicos. Ese famoso libelo, fruto de una gran manpulación, está considerado la publicación antijudía más influyente en la época contemporánea (ver aquí). La traducción al castellano por el duque de la Victoria de la edición que había hecho E. Jouin ya iba por su sexta edición en 1936.

Finalmente cabe preguntarse las razones del chismorreo de Azaña sobre Benjamín Jarnés, del que presenta una faz poco amable, en un momento de un cierto reconocimiento social de ese escritor, asiduo colaborador del diario El Sol donde desarrollaba una amplia y creativa crítica literaria y cinematográfica. Por aquel entonces acababa de publicar una más de una serie de biografías que le dieron popularidad en la sociedad española de aquel entonces. Me refiero a su Doble agonía de Bécquer, de cuyo nacimiento se había celebrado el centenario el 17 de febrero de 1936. ¿Fue ese el libro que había regalado a Azaña, al que este alude en su carta a su cuñado de 5 de junio de 1936. ¿Tenía Azaña asuntos que ajustar con ese novelista experimentalista, discípulo (ver aquí) de Ortega y Gasset, del que Azaña se había ido distanciando políticamente en el transcurso de la Segunda República? ¿Habían chocado años atrás en la competitiva vida literaria del Madrid cultural en la que los dos autores habían escrito novelas destacadas , con ciertos paralelismos, sobre su infancia y juventud? Son preguntas a las que por ahora no puedo ofrecer respuesta. Quizás los especialistas sobre la obra de Jarnés pudiesen darnos la solución a este enigma.

Ahora solo me queda, para rematar esta entrada, dar cuenta de la abundante obra de ese escritor aragonés que se encontraba distribuida en dos casetas de la IV Feria del Libro de Madrid, a la que me voy acercando en esta bitácora.

Así en el stand nº 21 de la editorial Espasa-Calpe se ofrecían sus libros, cuyo precio en pesetas de aquel entonces señalo entre paréntesis. Entre sus obras literarias el visitante podía adquirir los siguientes libros:

Teoría del Zumbel (5) de 1930; Escenas junto a la muerte (5) de 1931; Lo rojo y lo azul (5) de 1932 ; Fauna contemporánea (5) de 1933; Libro de Esther (7) de 1935; El profesor inútil (5) de 1926 -segunda edición en 1934-; El convidado de papel (5) de 1928, segunda edición en 1935; Viviana y Merlín (15) de 1930, segunda edición en 1936, y Feria del Libro (7) de 1935.

Y entre sus biografías, publicadas en la gran colección de Vidas españolas del siglo XIX que luego incluyó también a las vidas hispanoamericanas, están : Sor Patrocinio, la monja de las llagas de 1929; Zumalacárregui, el caudillo romántico de 1931; Castelar, el hombre del Sinaí de 1935 y la ya mencionada Doble agonía de Bécquer de 1936. Todas ellas se vendían a 5 pesetas.

Y en el stand nº 13 de Signo, propiedad de Juan Palazón y Pedro García Valdés, editorial en la que colaboró Juan Ramón Jiménez llevándose una serie de disgustos (ver aquí), publicó Jarnés en 1935 en la colección “Los cuatro vientos”, Tántalo (farsa novelesca), en una edición encuadernada que se vendía a 7 pesetas.

Notas.-

  1. Pedro de Répide, “La nueva Feria de Madrid”. Prólogo a Catálogo de la 4ª Feria Oficial del Libro de Madrid. 24 de mayo al 2 de junio de 1936, p. 11
  2. Están transcritas entre las páginas 637 y 660 en el volumen 5 de las Obras completas de Manuel Azaña. Noviembre 1933-Julio 1936. Edición de Santos Juliá, Madrid, Ministerio de la Presidencia, 2007. Están fechadas el lunes 16 de marzo; el 29 de marzo; el 4 de abril con una addenda el 10 de abril; el 14 de mayo, desde la Quinta del Pardo; el 18 de mayo cuando continúa en la Quinta del Pardo; y el 5 de junio de 1936 también desde la Quinta del Pardo.
  3. Manuel Azaña, Obras completas. vol. 5, op. cit., p. 658.

La visita de Azaña a la 4ª Feria oficial del Libro el 24 de mayo de 1936

Quien visite la exposición dedicada por la Biblioteca Nacional de España a la vida y obra del último presidente de la Segunda República española podrá reparar en la siguiente fotografía tomada el domingo 24 de mayo de 1936 por Luis R. Marín, y cuyo original se encuentra en el archivo de la Fundación Pablo Iglesias (Madrid. 19.734)

Ese domingo, en un Madrid primaveral, se inauguró en un ambiente festivo la cuarta feria del libro, la más concurrida de las celebradas hasta entonces, simbolizada por un admirable cartel de Aníbal Tejada. En él, ese dibujante de origen argentino -del que se dispone de pocas informaciones biográficas (ver aquí)– expresó cómo los libros son focos y faros que iluminan y atraen.

Azaña, gran lector y gran escritor, decidió inaugurarla personalmente y darse un baño de masas, a las dos semanas de haber sido designado segundo presidente de la República española. El evento tuvo una gran cobertura en la prensa de la época, como lo revela la portada y las informaciones gráficas y textuales ofrecidas por el diario Ahora, del que era subdirector ese gran reportero que fue Manuel Chaves Nogales, uno de los casi ochenta firmantes del manifiesto de apoyo a Azaña en noviembre de 1934 de un grupo de intelectuales y científicos tras haber sido hecho prisionero en Barcelona a instancias del gobierno de Lerroux, documento que analicé recientemente en otra entrada de mi blog jaeinnova (ver aquí). Fue acusado entonces, injustamente, por sus rivales políticos de connivencia con el acto anticonstitucional de la Generalidad catalana que proclamó el 6 de octubre de ese año el Estado Catalán dentro de la República Federal Española, contraviniendo lo dispuesto en la Constitución de 1931 y en el Estatuto de Autonomía de 1932, de lo que ya había advertido Azaña a los propios dirigentes catalanes según explicó en su libro Mi rebelión en Barcelona, que salió a la calle en septiembre de 1935 en medio de una gran expectación, como ya expliqué en la mencionada entrada del blog jaeinnova.

Esta es la información gráfica ofrecida por el diario Ahora del martes 26 de mayo de 1936 en su portada y páginas interiores con fotografías de sus colaboradores Contreras y Vilaseca.

Esa mañana Madrid se había vestido de gala para celebrar la apertura de esa fiesta cultural. Los tranvías de todas las líneas ondeaban en su trole banderas de la Feria. Dos bandas de música amenizaban el acto de inauguración, la municipal, dirigida desde semanas antes por el maestro Pablo Sorozábal, (San Sebastián 1897-Madrid 1988) y la del regimiento de Infantería número 1.

Azaña llegó al recinto ferial instalado en el paseo de Recoletos a las once de la mañana, acompañado, entre otros, del secretario general de la Presidencia de la República Cándido Bolívar (Madrid 1897-1976) , catedrático de Zoografía de Articulados de la Universidad de Madrid y factotum del VI Congreso Internacional de Entomología celebrado meses atrás, en septiembre de 1935, congreso al que he dedicado varias entradas en mi otro blog jaeinnova. Evidentemente la elección por Azaña de Cándido Bolívar para ese cargo de confianza es otra muestra de la atracción que ejerció Azaña entre la elite científica republicana y del afán de algunos de esos científicos de ejercer su compromiso público, pues Cándido Bolívar había ejercido en las semanas atrás desde la victoria del Frente Popular el cargo de Subsecretario de Sanidad.

Recibieron al presidente de la República quienes le acompañaron en su visita. Entre ellos destacaban el primer ministro y ministro de la Guerra Santiago Casares Quiroga (La Coruña 1884-París 1950), el vicepresidente primero del Congreso, y diputado socialista el catedrático de Derecho penal, Luis Jiménez de Asúa (Madrid 1889-Buenos Aires 1970), que le flanquearon en su paseo inicial. También se encontraban el ministro de Instrucción pública, catedrático de Instituto y dirigente de Izquierda Republicana Francisco Barnés (Sevilla 1877-Ciudad de México 1947), el gobernador civil de Madrid y farmacéutico Francico Carreras Reura (Mahón 1896-Madrid 1951) y el alcalde Pedro Rico (Madrid 1888-Aix en Provence 1957). Además estaban presentes diversos integrantes del Cuerpo diplomático, entre otros los representantes de Francia, Argentina, Chile, Méjico/México, Panamá, Cuba, Santo Domingo o República Dominicana, Honduras, Costa Rica. Y los miembros de la Cámara del Libro y del comité organizador de la Feria formado por Boris Bureba [Isidoro Bureba Muro] (1892-1972), -de la casa editorial Saturnino Calleja-, Esteban Dossat, -de la librería y editorial homónima-, Juan Navarro de Palencia -de la editorial de la Revista de Derecho Privado- , y Roberto de San Martín, de la librería San Martín.

Acompañemos a Azaña en su recorrido a lo largo del paseo de Recoletos, gracias a diversos testimonios periodísticos. A lo largo de él había instaladas 32 casetas numeradas, correspondientes a 24 editoriales privadas y 8 librerías y 4 “stands” o casetas especiales, de instituciones oficiales. La de los Estados Unidos Mejicanos que se preveía instalar finalmente no se exhibió.

Los diferentes “stands” estaban ubicados de la siguiente manera:

El jefe del Estado fue recorriendo una por una todas las instalaciones, conversando con editores y libreros.

En la caseta del Ministerio de Agricultura y de Industria y Agricultura manifestó su deseo de que en futuras ediciones hubiese más casetas de publicaciones oficiales. En la de Ruiz Hermanos (nº 20) el editor Luis Ruiz hizo saber que no era necesario que le presentasen al presidente de la República pues Azaña, “antiguo entusiasta de los libros” era un asiduo cliente de su librería.

En la caseta (nº 18) de Saturnino Calleja contempló varios ejemplares de su libro Estudios de política francesa contemporánea. La política militar, cuya primera edición databa de 1919.

En la de Espasa Calpe (nº 21) estaban colocadas en sitio preferente las siguientes obras del jefe del Estado, que colaboraba desde tiempo atrás con esa empresa cultural: El jardín de los frailes (1927), La novela de Pepita Jiménez (1927), La corona (1930), Plumas y palabras (1930), Una política (1930-1932), (1932), La invención del Quijote y otros ensayos (1934), En el poder y en la oposición (1932-1934), (1934), Grandezas y miserias de la política (1934), Mi rebelión en Barcelona (1935) y Discursos en campo abierto (1936).

Ante el recinto de la Editorial Revista de Derecho Privado (caseta nº 22) su acompañante Luis Jiménez de Asúa le llamó la atención sobre la Revista de Derecho Público que editaba esa casa y en la que ese catedrático y destacado penalista colaboraba asiduamente. Pero Azaña le apuntó que a él le interesaba más la Revista de Derecho Privado por haberse dedicado preferentemente a esa materia jurídica.

Cuando pasó por la caseta de la editorial Céniit (nº 26) mostró interés el jefe del Estado por conocer la obra Sangre de octubre. U.H.P , escrita bajo el seudónimo de un minero asturiano – Maximiliano Alvarez Suárez- por el periodista y dirigente político comunista Manuel Navarro Ballesteros (ver también aquí), de la que acababa de hacer una reseña César Arconada en el ejemplar de Mundo obrero de 9 de mayo. El editor Rafael Giménez Siles (Málaga 1900-México 1991) se la ofreció pero el presidente le comentó que enviaría a comprarla. También estaba expuesta en ese “stand” la Antología negra de Blaise Cendrars, que había traducido Azaña, preguntando este si esa obra se vendía mucho, a lo que contestó negativamente el editor

En la caseta de la Sociedad Bíblica (la nº 6) fue recibido por Adolfo Araujo (Santander 1878-1956). Tras examinar algunas obras Azaña, dirigiéndose a ese distinguido protestante le manifestó “Ahora no se persigue a los colportores, como hace cien años”. Aludía entonces el presidente de la República a la persecución que había sufrido George Borrow por distribuir y difundir biblias en la España de principios del siglo XIX. Azaña conocía bien a ese propagandista por haber hecho una magistral traducción en los comienzos de su vida literaria, allá por 1921 en la selecta colección Granada editada por Jiménez Fraud, de “La Biblia en España” en la que Borrow, con un estilo ameno y ágil dio cuenta de sus aventuras y desventuras en las tierras hispánicas que recorrió vendiendo biblias.

Una vez que finalizó en la Cibeles el recorrido por la Feria del Libro, una de las grandes creaciones culturales republicanas, el presidente de la República y su comitiva se dirigieron al Palacio de Bibliotecas y Museos. En la Biblioteca Nacional Azaña fue recibido por su director Miguel Artigas Ferrando (Blesa-Teruel 1887-Madrid 1947). Recorrieron luego juntos diversas dependencias, deteniéndose especialmente en la sala de lectura de las revistas, que se acababa de ampliar, en el marco de una política de ampliación de servicios de esa institución cultural. Compartieron posteriormente un “vino de honor” que se ofreció al jefe del Estado.

Para saber más:

Ana Martínez Rus, La política del libro durante la Segunda República: socialización de la lectura (Gijón, Trea, 2003).

Ana Martínez Rus, “Las Ferias del Libro de Madrid (1933-1936) como fiestas republicanas”, en Cuadernos de Historia Contemporánea, vol. 41, 2019. https://doi.org/10.5029/chco.66094.

Benjamín Jarnés, La feria del libro, Madrid, Espasa-Calpe, 1935.

María José Blas Ruiz, “Los inicios de la Feria del Libro de Madrid”. En blog Antigua editorial Aguilar. Ver aquí

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