En las librerías mi tercera edición de Los tónicos de la voluntad de Cajal

Hace unos meses daba cuenta en esta bitácora -ver aquí- de la publicación por la editorial Gadir de la segunda versión de la edición que preparé en su momento, allá por 2005, de la obra más difundida de Santiago Ramón y Cajal Los tónicos de la voluntad o Reglas y consejos sobre investigación científica.

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Pues bien esa segunda edición, lanzada al mercado a principios de 2015, se ha agotado en unos meses. Y el incansable editor de Gadir Javier Santillán, un amante de los libros que mima los productos difundidos por su empresa, se ha embarcado en la publicación de una tercera edición de esa gran obra cajaliana que fue Los tónicos de la voluntad. En ella el mejor investigador español de todos los tiempos vertió sus reflexiones sobre las cualidades que ha de tener un científico creativo y sus consideraciones sobre la política científica de su tiempo, el más fértil en la historia científica de nuestro país, plagada de altibajos y vaivenes como mostré en mi Breve historia de la ciencia española, publicada por Alianza editorial allá en 2003.

Ahora con el fin de darle un carácter novedoso a este tercer esfuerzo que hace Gadir para promocionar las Reglas y consejos sobre la investigación científica he decidido añadir dos anexos documentales que pueden ayudar a entender mejor, a mi modo de ver, los contextos de elaboración y circulación de esa obra de Cajal, cuya estructura inicial fue el armazón de su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, allá por 1897, y que enriquecería en sucesivas ediciones a lo largo del cuarto de siglo posterior.

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El primer texto corresponde a una interesante entrevista que le hizo a Cajal un médico y periodista jienense, antiguo alumno suyo, en las páginas de La Ilustración Española y Americana de hace un siglo. En ellas el premio Nobel de Medicina y Fisiología de 1906 reflexionó sobre las relaciones científicas entre España y la América latina, que él procuró estimular desde la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, el organismo promotor de una política científica y educativa dirigido por él durante más de dos décadas desde su fundación en 1907.

El segundo documento es la necrológica, muy sentida, que hizo en 1918 Cajal días después del fallecimiento de uno de sus discípulos más prometedores y talentosos como fue el médico e investigador bilbaíno Nicolás Achúcarro (Bilbao/Bilbo 14 de junio de 1880-Guecho/Guetxo 23 de abril de 1918), fallecido en plena madurez científica cuando aún no había cumplido los 38 años. Este elogio fúnebre fue pronunciado originariamente en el seno de la Sociedad española de Biología y reproducido inmediatamente en las páginas del semanario España cuando ya no lo dirigía su fundador José Ortega y Gasset sino el futuro dirigente del PSOE Luis Araquistáin.

A continuación reproduzco lo que sostengo en esta nueva edición de Gádir para justificar mi elección de este texto de Cajal como elemento enriquecedor del nuevo esfuerzo editorial de Gadir y de su impulsor Javier Santillán.

Su necrología de Achúcarro, seguramente uno de los lectores de esa obra [Los tónicos de la voluntad], constituye otra prueba de la claridad y concisión de los escritos científico-literarios de Cajal que tanta admiración produjo entre sus coetáneos e interés en la ciudadanía de nuestro tiempo. Cabe considerar asimismo que en Achúcarro pudo ver Cajal el mejor ejemplo de los nuevos científicos que lograron aplicar en su práctica investigadora las reglas y consejos que él expuso en 1897 en su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, germen del libro que tiene el lector en sus manos. Orientaciones en las que Cajal expuso su idea-fuerza de que los males de la patria se podían sanar con el trabajo paciente y perseverante en el laboratorio, donde los investigadores tenían que simultanear una tarea patriótica con una labor cosmopolita, como hicieran los mismos Cajal y Achúcarro. El hecho de que Cajal viese en Achúcarro una especie de alter ego explica también que luchase con todas sus fuerzas para reincorporarlo al incipiente sistema científico español de principios del siglo XX taponando la fuga de un cerebro privilegiado.

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Presentación del libro de Antonio Buj sobre las plagas de langosta y la ciencia de la acridología

 

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Plagas de langosta. De la plaga bíblica a la ciencia de la acridología de Antonio Buj Buj, con introducción de Horacio Capel de la Universidad de Barcelona, es un libro relevante y meritorio por muchos aspectos. En esta breve presentación destacaré tres de ellos.

En primer lugar hay que agradecer al autor su capacidad sintética para abordar desde múltiples perspectivas uno de los riesgos biológicos que ha causado, y sigue causando, cuantiosos daños a agricultores de muchos lugares del planeta. En algo más de ciento cincuenta páginas soprende la extraordinaria y compleja cantidad de información reunida por el autor y expuesta de manera ordenada, concisa, limpia para presentar una visión global e integrada de uno de los graves problemas que han debido de afrontar campesinos de todos los continentes desde los tiempos bíblicos hasta el momento presente.

 

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En esta lámina de la obra de 1932 de Jacobus F. Faure se representan las diferentes fases de desarrollo de la Locusta migratoria migratorioides, una de las langostas más dañinas.

En segundo lugar el libro se inscribe de manera solvente en la nueva área de conocimiento que asocia riesgos medioambientales y asimetría social. Un hilo conductor de la obra es que aunque la plaga agrícola, generada al juntarse enjambres de miles de millones de langostas, es una amenaza global sus daños se ciñen actualmente a determinadas zonas del planeta, donde por causas políticas y socio-económicas asociadas a procesos de “desestatalización” no se pueden llevar a cabo las indispensables labores de información, prevención y control. Así se explica que, a pesar de que la ciencia de la acridología, impulsada por el entómologo ruso-británico Boris P. Uvarov ,  haya consolidado las bases del estudio y control de las langostas a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, no obstante aún sigan siendo un flagelo que azota a numerosas partes del mundo, particularmente en Africa, asolada recientemente -en 2004- por terribles plagas. De ahí que el autor sostenga con atinado criterio que aunque las plagas de langosta son causadas por muchos factores, uno de los más importantes es la pobreza, a la que hay que combatir de manera decidida. Y así sostiene en las conclusiones de su obra que para erradicar definitivamente esta plaga: “se necesita ciencia, tecnología, dinero, pero sobre todo se necesita generar estabilidad institucional, crecimiento económico y reparto equitativo de la riqueza creada”. (p. 155)

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Antonio Buj reproduce en un cuadernillo de ilustraciones de su libro la portada de este número de la revista argentina Caras y Caretas, donde se ironiza sobre el presupuesto asignado a lucha contra las plagas de langosta que asolaban a ese país sudamericano a finales del siglo XIX

En tercer lugar se explica en esta obra convincentemente cómo el control de las plagas de langosta ha sido uno de los casos de éxito en el haber de los científicos y administradores de la España contemporánea, resumiendo lo que ya había expuesto pormenorizadamente Antonio Buj en su libro de 1996 El Estado y el control de plagas agrícolas (Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación). Tanto en esa importante monografía, resultado de su tesis doctoral, como ahora, más sintéticamente, se exponen no sólo las contribuciones efectuadas por diversos ingenieros agrónomos y naturalistas españoles, particularmente entomólogos, al conocimiento de los mecanismos biológicos que desencadenan las plagas de langosta, sino también los esfuerzos efectuados por diversas administraciones a lo largo de la época contemporánea para adoptar soluciones técnicas apropiadas para su control. Esa posición de vanguardia de científicos españoles y administradores en la lucha contra las plagas de langosta explica en parte que Madrid fuese elegida sede del VI Congreso de Entomología en el año 1935, del que ofrece interesantes detalles Antonio Buj en la pág. 148 de Plagas de langosta.La celebración de ese congreso confirma lo que vengo sosteniendo en mis últimas entradas de mi otro blog- Jaeinnova-: que Madrid ocupó en los años republicanos un papel significativo en el mapa de la ciencia mundial, siendo sede de numerosos congresos internacionales, como el IX Congreso internacional de Cirugía celebrado en marzo de 1932.

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El entomólogo Ignacio Bolívar, director del Museo Nacional de Ciencias Naturales durante el primer tercio del siglo XX y presidente del VI Congreso Internacional de Entomología celebrado en Madrid en septiembre de 1935.

Estas cuestiones que he presentado a vuela pluma, y otros muchos aspectos relacionados con la biologia, la geografía y la historia de una de las calamidades que han tenido que afrontar campesinos de todo el mundo sean australianos, chinos, rusos, norteamericanos, argentinos, mexicanos, españoles, del Africa mediterránea o del Africa subsahariana, serán abordados en la presentación colectiva del libro que se efectuará el próximo martes 27 de septiembre en el salón de actos del Museo Nacional de Ciencias Naturales. En el acto intervendrán Juan Pan-Montojo, historiador de la economía, buen conocedor de los problemas de la agricultura española y de la labor de los ingenieros agrónomos; el historiador de la ciencia Santos Casado, con estudios fundamentales sobre el ecologismo en España, y sobre las investigaciones de los naturalistas que se interesaron por el estudio de las langostas como Ignacio Bolívar, presidente del comité organizador del mencionado sexto congreso internacionalde entomólogos celebrado en Madrid entre el 6 y el 12 de diciembre de 1935; y Juan Manuel García Bartolomé, que tiene un amplio conocimiento sobre los problemas del agro español y ha organizado e impulsado la magnífica mediateca del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente del gobierno de España.

Señalaré finalmente que los contenidos del indice de esta interesante y densa obra, en cuya relación de fuentes no faltan una webgrafía bien seleccionada y una relación de documentales, son los siguientes:

Prólogo, de Horacio Capel.- Introducción.- Cap. I: ¿Qué es una plaga de langosta?.- Cap. II. Geografia de la langosta. Riesgo universal, calamidad regional.- Cap. III. La plaga de langosta en la historia. Las crónicas de viajeros, colonos y naturalistas.- Cap. IV. Ciencia y plagas de langosta en la primera mitad del siglo XX. El nuevo paradigma de la acridología.- Cap. V. El control de la langosta en España. Actividad científica y acción de gobierno.- A modo de conclusión. Las plagas de langosta hoy. -Fuentes.

 

 

 

Homenaje al historiador Eloy Fernández Clemente en el Ateneo de Madrid

 

Eloy Fernandez Clemente

El lunes 13 de junio de este año de 2016 ha tenido lugar en el Ateneo de Madrid un homenaje al historiador aragonés Eloy Fernández Clemente (1942-  ), consecutivo al que recibió el pasado mes de abril en Zaragoza por parte de una serie de especialistas de historia económica, noticia de la que dio cuenta el Heraldo de Aragón (ver aquí).

El homenaje madrileño se ha celebrado  en un lugar muy vinculado a la trayectoria vital e intelectual del homenajeado, pues en sus salas Eloy Fernández Clemente logró entrevistar allá por mayo de 1964 al filósofo francés Gabriel Marcel cuando muy joven estaba próximo a la corriente democristiana liderada por Joaquín Ruiz-Giménez, impulsora de la revista Cuadernos para el Diálogo (1963-1978), una especie de parlamento de papel donde se auspició un diálogo intergeneracional que ayudó a transitar del franquismo al régimen democrático actual, publicación bien estudiada por Javier Muñoz Soro

 

Ateneo homenaje Eloy Fernandez Clemente13 junio 2016

Las intervenciones de los sociólogos Alfonso Ortí Benlloch, quien no pudo asistir por problemas de salud, siendo leído su texto, y de Cristóbal Gómez Benito insistieron en las aportaciones efectuadas por Eloy Fernández Clemente al mejor conocimiento de la vida y de la obra de ese gran aragonés regeneracionista que fue Joaquín Costa desde que la editorial de Cuadernos para el Diálogo – Edicusa- le publicase en 1969 su primer libro Educación y revolución en Joaquín Costa, derivado de su tesis de licenciatura.

Eloy Fernandez Clemente Educación y revolución Joaquin Costa

 

Alfonso Ortí, tomando como referencia la división que estableció Pedro Laín Entralgo en su libro de 1956 España como problema de los seres humanos entre “hereticales” y “pontificales”, insistió en la bonhomía de Eloy Fernández Clemente, al que conoce desde larga data, y en su carácter “pontifical”, es decir de hacedor de puentes, de articulador de empresas colectivas.

Esta faceta fue destacada también por el artista Fernando Alvira, director desde el año 2000 del Instituto de Estudios Altoaragoneses, una de las numerosas instituciones de la CECEL (Confederación Española de Centros de Estudios Locales), adscrita al CSIC. Y así Fernando Alvira puso el foco de su intervención en las grandes iniciativas aragonesistas promovidas por Eloy Fernández Clemente. Una de ellas fue la gran revista Andalán, cuya historia fue reconstruida con primor por el propio Eloy en el segundo volumen de sus memorias tituladas precisamente Los años de Andalán (1972-1987).

Eloy Fernandez Clemente Memorias 2

En esa publicación, que avivó la conciencia aragonesista, desempeñó un papel fundamental el amigo del alma de Fernández Clemente el profesor, escritor, cantautor y político José Antonio Labordeta (1935-2010), cuyo Canto a la libertad sostiene Fernández Clemente podría haberse adoptado perfectamente como himno de Aragón.

La segunda iniciativa colectiva relevante impulsada por el buen quehacer de Eloy Fernández Clemente fue la Gran Enciclopedia Aragonesa o GEA, cuya primera edición en 12 tomos vio la luz entre 1980 y 1981, y que afortunadamente hoy en día se puede consultar online (ver aquí), gracias a un acuerdo de colaboración entre el Grupo Zeta y las Consejerías de Educación y de Universidad del Gobierno de Aragón.

Eloy y Leoncio

En mi intervención intenté explicar los porqués de mi presencia en ese acto, que me resultó entrañable, y dar cuenta de la valía como historiador de Eloy Fernández Clemente, ciñéndome a comentar dos de sus obras, las más significativas para mí, de una muy amplia bibliografía.

Así como en la vida del homenajeado, según él explica en sus voluminosas memorias, fueron determinantes en diversos momentos de su trayectoria intelectual los consejos, orientaciones, y colaboraciones de sus amigos, mi presencia en ese acto se debió a la acción de dos amigos.

Por un lado Alejandro Díez Torre me comentó hace unos meses su intención de organizar en el Ateneo un homenaje a un historiador al que tenía gran aprecio  y admiraba. Al escuchar el nombre de Eloy Fernández Clemente le animé a llevar a cabo la iniciativa pues gracias al seguimiento de una de sus obras, a la que me referiré a continuación, también era yo consciente de la valía del futuro homenajeado. En efecto, meses antes, me había familiarizado en mis investigaciones sobre la editorial Atlante, que dieron lugar a dos publicaciones (ver aquí y aquí), con la magnífica edición de Eloy de los Escritos económicos de Manuel Sánchez Sarto, publicados en su exilio americano, particularmente mexicano entre 1939 y 1969. Sánchez Sarto, primero en colaboración con el ingeniero comunista balear Estanislao Ruiz Ponseti, dirigente del PSUC, y luego con la inestimable ayuda de su íntimo amigo Leonardo Martín Echeverría, alto cargo de Izquierda Republicana y catedrático de Geografía e Historia en diversos institutos, era la persona que había diseñado la puesta en marcha de esa importante editorial. Atlante no es tan conocida como otras empresas editoriales del exilio republicano pero logró formar un importante catálogo editando diversas obras científico-técnicas, literarias y artísticas de gran valor. Además los hombres de Atlante lograron financiar en sus primeros años de existencia, entre 1940 y 1945 aproximadamente, la gran revista Ciencia, el principal órgano de expresión de los científicos republicanos exiliados, que afortunadamente está accesible online (ver aquí).

Por otra parte al explicarle a Juan Pimentel, amigo y compañero del departamento de Historia de la Ciencia del Instituto de Historia del CCHS del CSIC, allá por noviembre de 2013 la conferencia que iba a dar sobre la editorial Atlante en un inminente viaje que hacía a México, invitado por Sylvie Didou Aupetit del Departamento de Investigaciones Educativas del CINVESTAV, le mostré el mencionado libro de Eloy sobre Sánchez Sarto.

Y entonces se concatenaron los acontecimientos: Juan conocía al autor del volumen, dado que ambos están en el consejo de redacción de la magnífica colección Historia del fondo editorial Marcial Pons; me proporcionó su correo electrónico; pregunté a Eloy si conocía a descendientes de Manuel Sánchez Sarto; me contestó que sí y me ofreció el teléfono de Dª Pilar Sánchez Condoy. Nada más llegar a México D.F. conversé con Dª Pilar el martes 19 noviembre de ese año 2013, y concertamos un encuentro en su domicilio de Las Lomas de Chapultepec días después, el sábado 23 de noviembre. En él estuvo presente su hijo Guillermo y aquella larga conversación constituyó para mí un momento de especial e intensa emoción en aquel viaje mexicano. Dª Pilar con sus 85 años, pues había nacido en Zaragoza el 23 de octubre de 1928, además de conservar su elegancia, disponía de una gran memoria, y me ofreció datos de extraordinario valor sobre su padre y sobre su querido amigo Leonardo Martín Echeverría, autor del primer volumen que publicó la editorial Atlante España: el país y los habitantes, un gran tratado de geografía física y humana que circuló ampliamente entre la diáspora republicana. Además me hizo dos regalos que son dos pequeños tesoros en mi biblioteca.  El primero fue su libro de memorias titulado Tiempo de recuerdos que escribió para que su familia fuese consciente de cómo una niña, que salió hacia el exilio con 11 años al zarpar en Lisboa en el barco Ipiranga el 27 de septiembre de 1939, pudo abrirse camino en la hospitalaria república mexicana, donde su padre; Manuel Sánchez Sarto, desarrollaría una importante labor educativa e investigadora como economista. El segundo consistió en un cuaderno manuscrito de su padre iniciado en tierras francesas en febrero de 1939, poco después de cruzar los Pirineos e iniciar su largo exilio, en el que expone sus planes para fundar una empresa editorial, fuente inestimable para conocer los primeros pasos de lo que meses después sería la ya mencionada editorial Atlante. Tal y como insinué en mi intervención en el homenaje a Eloy nunca podré agradecer suficientemente a Juan Pimentel y a Eloy Fernández Clemente que me pusiesen en contacto con Dª Pilar Sánchez Condoy, ejemplo del temple y de la creatividad desarrollados por una gran parte de los exiliados republicanos españoles en tierras mexicanas.

La valía de Eloy Fernández Clemente como historiador recorre su vasta obra pero solo me fijaré ahora en cualidades presentes en dos de sus trabajos.

Por una parte en el rigor y pulcritud con el que elaboró la edición de los Escritos económicos de Manuel Sánchez Sarto. Ahí ofrece valiosa información sobre la trayectoria intelectual de ese economista y emprendedor cultural y deshace tópicos existentes en la historiografía como el hecho de considerar a la editorial Atlante una empresa catalanista, al pensar determinados historiadores que la contribución económica del PSUC fue fundamental para su puesta en marcha, cuando en realidad el dinero de los comunistas catalanes quedó bloqueado en París al producirse la invasión alemana de Francia en el otoño de 1939. Manuel Sánchez Sarto y Leonardo Martín Echeverría se vieron entonces obligados a  recurrir a recursos procedentes de otras fuentes de financiación. Y aunque la presencia catalana y comunista fue muy importante en la editorial, a través de la figura de su gerente Juan Grijalbo, no es menos cierto que el grueso de los colaboradores procedían de otras fuerzas políticas distintas del PSUC, como era el caso de los científicos vinculados a Izquieda Republicana José y Francisco Giral, o los pedagogos aragoneses anarquistas Domingo Tirado Benedi y Santiago Hernández Ruiz. También es cierto que Eloy Fernández Clemente deja flancos abiertos en su aproximación a Manuel Sánchez Sarto, pues a mi modo de ver no profundiza suficientemente en las contribuciones que hizo ese economista y también licenciado en Filosofía y Letras en otros campos del conocimiento como revelan sus artículos humboldtianos “Humboldt, el monstruo heráldico del Orinoco”, en Cuadernos Americanos, México, mayo-junio 1942, nº 3 , “Los cuadros de la naturaleza”, Revista de la Universidad de Puebla, quizás también de 1942 y “El viaje de Humboldt a las regiones equinocciales”, en la obra colectiva Ensayos sobre Humboldt publicada por la UNAM en 1962, o su trabajo sobre “El concepto de región” en Cuadernos Americanos, noviembre-diciembre 1967.

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Por otro lado en el esfuerzo reflexivo subyacente en su voluminosa autobiografía formada por la trilogía El recuerdo que somos. Memorias (1942-1972), Los años de Andalán. Memorias (1972-1987) y Tesón y melancolía. Memorias (1987-2012), editadas por Rolde de Estudios Aragoneses entre 2010 y 2015. Solo he podido leer hasta ahora el primer volumen que es un vívido relato sobre la infancia y juventud del autor, sus primeras referencias culturales y sus inicios profesionales como educador e investigador. Al respecto me llamaron poderosamente la atención los recursos que usó Eloy como maestro para motivar a sus alumnos en la escuela San Braulio en la primera experiencia docente que tuvo con poco más de veinte años en el barrio obrero zaragozano de El Picarral. Pero ese primer volumen de sus memorias es además una excelente fuente de información sobre los ambientes que frecuentó Eloy en su Aragón natal en los años 1950 y 1960 y en el Madrid, “castillo famoso”, donde vivió entre septiembre de 1963 y mayo de 1966, período en el que, además de enamorarse de su actual esposa Marisa Santiago Docanto, fue testigo privilegiado, como militante de las juventudes democristianas, del movimiento estudiantil antifranquista que culminó su acción contestataria con las protestas de 1964, duramente reprimidas por el régimen franquista como se constató en las expulsiones de la universidad española de José Luis López Aranguren, Agustín García Calvo y Enrique Tierno Galván, entre otros destacados profesores antiautoritarios.

Eloy Fernández Clemente inicia sus memorias, en cierta medida prodigiosas y portentosas por la masiva movilización de información y recuerdos,  con la siguiente cita de Enrique Lynch (Babelia 1 noviembre 2008), a modo de autoprotección y justificación de su impresionante empeño intelectual:

¿Un libro de memorias que no incurra en narcisismo? Imposible. El género autobiográfico es el predilecto de los pavorreales y los narcisos..”Hacer memoria de” la experiencia propia y que el resultado no parezca una simple crónica personal de hechos pasados y no acabe siendo la típica “novela familiar del neurótico”, requiere considerable pericia narrativa y, desde luego, una buena dosis de ironía para evitar que el relato quede atrapado en el pequeño yo del autor.

Ciertamente estas memorias trascienden al “pequeño yo del autor” y constituyen un significativo friso de la vida cultural e intelectual de la sociedad aragonesa y española de la segunda mitad del siglo XX, como han visto por ejemplo críticos de su segundo volumen dedicados a Los años de Andalán. Y aunque no son un ejercicio de ego-historia como el que hicieron grandes historiadores franceses convocados por Pierre Nora para que en Essais d’ego-histoire explicasen las coordenadas históricas en las que se gestaron y desarrollaron sus obras históricas, sí constituyen un elocuente ejercicio de “autohistoriografía”, de historia que los historiadores hacen de sí mismos, según el término acuñado por Jean-François Botrel, según el mismo Eloy Fernández Clemente puntualiza.

El homenaje acabó con una breve intervención del propio Eloy, también reflexiva sobre el sentido del acto tal y como él lo vivía, sobre los amplios intereses que le han motivado como historiador que le llevaron también por ejemplo a interesarse por la historia portuguesa, – sobre la que cabe destacar su libro Portugal en los años veinte: los orígenes del Estado Novo (Valladolid 1997) –  y con el anuncio de que, como persona incansable que es, ya estaba escribiendo una novela histórica, uno de cuyos escenarios era precisamente el lugar donde nos encontrábamos, el Ateneo de Madrid, allá por el siglo XIX. Escuchándole me vino a la mente unos párrafos de su primer tomo de memorias que transcribo porque en él se entremezclan el amor a su padre, a su tierra aragonesa, su amplia cultura humanística, y su mesura. El texto tiene el epígrafe de “Hablar A Boninico”.

Una cuestión que ocupó a mi padre [ que era maestro ] durante muchos años es la del habla local, rica en modismos originales, sin ninguna duda inmersa dentro de lo que hoy llamamos fabla o aragonés. Tiene maldita gracia que tantas de aquellas expresiones que se nos vedaban a los chicos de hace medio siglo diciéndonos que era “hablar mal”, paleto, eran, en realidad restos aún vivos de la vieja llama, el gran idioma romance derivado (como el castellano o español, el catalán, el gallego-portugués, el francés, el italiano, el rumano, etc.) del latín. ¡A más de cien kilómetros al sur de Zaragoza! Las peculiaridades de esa forma de hablar, estudiadas con enorme cariño por mi padre, formaron un artículo ya citado, editado en 1992.

Desde pequeño, en Alloza, oí muchas palabras en aragonés a la gente del pueblo. Me quedan inevitablemente docenas de ellas en el hondón de los recuerdos y me saben a meriendas de pan con vino y azúcar, a roscañau, a tortas de alma: Voy asoben a casa de la tia Maria, bolligo mucho, soplo la camada o el calibo, dormito en la cadiera, escucho cuentos que me dicen a boninico y de camino me voy, es tarde y está bajando la boira.

Abominico, esa es la palabra que ya hace unos años “apadriné” en una encuesta que hizo Rolde, y que según algunos también se usa abreviada como abonico. Yo creo que no son lo mismo. Hablar abonico es hablar con cuidado, modosamente, bien. En cambio, abominico era hablar muy bajo, casi confidencialmente, guardando el máximo cuidado no solo en no molestar sino en no ser escuchado; y solían decirse, pensábamos, las cosas más amables y amorosas, también los rumores cantarinos. Aunque todavía disfruto de un vozarrón con mal oido, que no me permite cantar sino en presencia de mi abogado, sigo enamorado de esa palabra y su significado, de esa actitud prudente y moderada, de ese decir susurrando, deslizando más que palabras sentimientos.

 

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El curriculo “racial” en la escuela italiana entre 1860 y 1950

En la eficaz lista de distribución de la Sociedad Española de Historia de la Educación el historiador de la educación italiano Juri Meda da noticia de la última obra de Gianluca Gabrielli en estos términos:

Gianluca Gabrielli, Il curricolo «razziale». La costruzione dell’alterità di «razza» e coloniale nella scuola italiana (1860-1950), EUM – Edizioni Università di Macerata, Macerata 2015 (collana «Biblioteca di “History of Education & Children’s Literature”», n. 12); 233 páginas; € 17,50; ISBN 978-88-6056-421-4

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El libro reconstruye la historia del concepto de “raza humana” en la escuela italiana entre los siglos XIX y XX, desde el período anterior a la conquista de las colonias africanas hasta los años de la descolonización. De hecho, este término jugó un papel crucial en los procesos de construcción y descripción devalorante del “otro”, en la justificación de la expansión colonial, así como en la “invención” de la identidad nacional. El trabajo se extiende a todas las disciplinas, pero se centra principalmente en la Geografía, encargada –durante todo este período– de enseñar la diversidad humana a los estudiantes, transmitiendo jerarquías explícitas e implícitas. Esta “imagen racial” del italiano y del “otro” (africano, “negro”) tuvo una articulada declinación iconográfica, que se reconstruye y se analiza cuidadosamente con el apoyo de una amplia gama de imágenes.

En esta página se pueden descargar Introducción y Conclusiones: http://eum.unimc.it/catalogo/catalogo-2015/il-curricolo-abrazzialebb

 

Charles C. Gillispie (1918-2015). In memoriam

El pasado 6 de octubre de este año de 2015 falleció a la edad de 97 años en Princeton Charles Coulston Gillispie, destacado historiador de la ciencia.

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Fotografía de Denise Applewhite. Office of Communications de la Universidad de Princeton

Mi colega Patrice Bret, con el que compartí seminarios y conversaciones en mi estancia parisina en el bienio 1993-1994 en el Centre d’histoire des sciences et des techniques de La Villette, ha difundido una noticia biográfica a través de la lista de distribución Theuth que me permito reproducir en esta bitácora por la sustantiva información que contiene.

Fondateur du Programme d’histoire des sciences à l’université de Princeton, Gillispie a formé plusieurs générations d’historiens américains et participé avec René Taton, durant la Guerre froide, à maintenir les relations scientifiques entre les deux blocs au sein de l’Union internationale d’histoire et de philosophie des sciences et en publiant avec Adolf Youschkevitch.
Hormis sa thèse sur la Grande-Bretagne (Genesis and geology: a study in the relations of scientific thought, natural theology, and social opinion in Britain, 1790-1850, Harvard, 1951, rééd. 1996) et un ouvrage tiré de son cours sur les idées scientifiques de Galilée à Einstein et traduit depuis dans une demi-douzaine de langues (The edge of objectivity: an essay in the history of scientific ideas, Princeton, 1960), l’essentiel de son oeuvre a été consacrée à la science française et spécialement aux rapports entre science, politique et société de la fin du XVIIIe siècle à l’Empire.
Gillispie Genesis and Geology
 
Outre son ouvrage majeur en deux volumes (Science and polity in France at the end of the old regime, Princeton, 1980, rééd. 2004 ; Science and Polity in France: The Revolutionary and Napoleonic Years, Princeton, 2004), il a publié aussi dans de nombreuses études particulières, dont certaines ont fait l’objet d’ouvrages sur Carnot, Laplace, Montgolfier et l’expédition d’Egypte (voir liste in fine).
Gillispie Science in France
Il a lui-même réédité une sélection de ses articles majeurs (Essays and reviews in history and history of science, American Philosophical Society, 2006), dont une partie concerne aussi la science française, et qui commence par la réédition d’un article d’ego-histoire.
Gillispie Essays

Gillispie reçut en 1997 le prix Balzan, rarement attribué en histoire des sciences, pour “the extraordinary contribution he has made to the history and philosophy of science by his intellectually vigorous, precise works, as well as his editing of a great reference work”. Ce dernier grand ouvrage, le fameux Dictionary of Scientific Biography (1970-1980) suffirait en effet à lui valoir la reconnaissance de la communauté internationale. Un livre d’hommages lui a été dédié en 2012 : Jed Z. Buchwald (ed.), A Master of Science History: Essays in Honor of Charles Coulston Gillispie. Springer, 2012.

Permettez-moi de terminer sur une touche plus personnelle. Charles Gillispie savait s’attacher davantage aux travaux des chercheurs qu’à leur statut institutionnel. Nous avons été en contact depuis 1987. Parce que j’avais relu son “Science and Secret Weapons Development in Revolutionary France (1792-1804). A Documentary History” (Historical Studies in the Physical Sciences, 23 (1992), 35-112) et lui avais fourni des compléments sur ces recherches croisaient les miennes, il avait eu la délicatesse de me proposer d’en être co-auteur. J’ai décliné cette offre généreuse qui m’aurait honoré parce qu’il travaillait sur ce sujet depuis près de 40 ans… Je conserve en mémoire la bienveillance de son accueil à Princeton et nos réunions et discussions lors de ses séjours annuels à Paris. A bien des égards, c’est par son intermédiaire et par celui de Janis Langins, de Toronto, que j’ai rejoint la communauté française d’histoire des sciences et des techniques alors que j’enseignais dans un lycée de banlieue.
Bien cordialement,
Patrice Bret
Centre Alexandre Koyré/EHESS-CNRS-MNHN
& Comité Lavoisier/Académie des sciences
 
Monographies
  • Lazare Carnot savant. A monograph treating Carnot’s scientific work (avec Adolf P. Youschkevitch,Princeton, 1971;trad. fr. Vrin, 1979)
  • The Montgolfier brothers and the invention of aviation, 1783-1784. With a Word on the Importance of Ballooning for the Science of Heat and the Art of Building Railroads, 1983 (trad. fr. Actes Sud, 1989)
  • (avec Michel Dewachter) Monuments of Egypt: The Napoleonic Edition. The complete plates of theDescription de l’Egypte, Princeton, 1987 (trad. fr. Hazan, 1989)
  • (avec la collaboration de Robert Fox et Ivor Grattan-Guinness) Pierre-Simon Laplace, 1749-1827: a life in exact science, Princeton, 1997 (réédition révisée de sa longue notice pour le Dictionary of Scientific Biography)
  • (avec Raffaele Pisano) Lazare and Sadi Carnot. A Scientific and Filial relationship, Springer, 2014 (comprend la réédition révisée de l’ouvrage de 1971).
Parmi ses contributions à des ouvrages collectifs non rééditées en 2006 :
  • “Science and Technology”, dans C.W. Crawley (ed.), War and Peace in an Age of Upheaval

    (New Cambridge Modern History, IX), 1965, p. 118-145

  • “Aspects scientifiques de l’expédition d’Egypte (1798-1801)”, dans Henry Laurens, L’expédition d’Egypte, 1798-1801, Colin, 1989

Esta información proporcionada por Patrice Bret puede complementarse con la página que la Universidad de Princeton ha puesto en línea dedicada a Gillispie (ver aquí).

 

Los ensayos de Montaigne sobre educación

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En la eficaz lista de distribución de la Sociedad Española de Historia de la Educación (SEDHE) Gabriela Ossenbach, actual presidenta de esa sociedad se ha hecho eco de la reciente publicación de una edición de Joan Lluis Llinás de los “Ensayos de educación” de  Michel de MONTAIGNE, aparecida en la Serie Clásicos de la Educación nº 32 de la editorial Biblioteca Nueva.

Montaigne Ensayos sobre educacion

Este interesante volumen enriquece la abundante bibliografía existente sobre aquel “bordelés escéptico” tal y como lo definiera Alejo Carpentier. Montaigne encarna los mejores ideales del Renacimiento y sus Ensayos, que él mismo definió como “libro único en el mundo y en su especie”, han tenido honda huella en filósofos, educadores y políticos por su defensa de la virtud de la tolerancia y de la libertad de pensamiento. No hace mucho tiempo el escritor chileno Jorge Edwards reconstruyó sus últimos días en su novela La muerte de Montaigne, considerado por el crítico Alberto Ojeda “un emocionado panegírico al autor de los Ensayos”.

Transcribo ahora la información ofrecida por Gabriela Ossenbach en la lista de distribución de la SEDHE:

El volumen recoge algunos de los principales capítulos de los “Ensayos” de Michel de Montaigne (1533-1592) que abordan la cuestión de la educación: “Del Magisterio”; “De la educación de los hijos”; “Del amor de los padres por los hijos”; “De los libros” y “De la experiencia”. En ellos se articula un proyecto formativo que va más allá de la formación escolar en la medida que abarca toda la vida del ser humano y debe conducir al ejercicio del propio juicio y la tolerancia. Como indica Joan Lluis Llinás en su estudio introductorio a este volumen, Montaigne utiliza el ensayo, tal como se entendía en el francés del siglo XVI, para designar su método intelectual, consistente en poner a prueba sus ideas, en experimentar. Ensayar significa verificar, probar, experimentar, es decir, poner a prueba las propias facultades naturales, principalmente el juicio. Los contenidos básicos que expresa Montaigne en estos ensayos sobre educación son, por una parte, la búsqueda de la verdad evitando la vanidad (tanto la pedantería como el fanatismo) y, por otra, la defensa de la tolerancia y la conducción de la propia vida buscando sus referentes en la naturaleza.
El estudio introductorio de J.L. Llinás, profesor de Filosofía Moderna de la Universidad de las Islas Baleares, incluye una biografía de Montaigne (“una persona mediocre”), un análisis del contenido de los “Ensayos” y de su recepción en España, así como un apartado sobre la actualidad de las ideas educativas de Montaigne. La introducción se cierra con una útil bibliografía que incluye las diferentes ediciones de los “Ensayos”, sus traducciones al castellano, al catalán y al euskera, varias biografías de Montaigne, así como una selección de estudios sobre su obra en general y sobre sus ideas educativas en particular.

Entre esas anteriores ediciones de los escritos de Montaigne sobre educación cabe destacar la efectuada en 2008 en la ciudad colombiana de Medellín de Dos ensayos sobre la educación  por Jorge Orlando Melo. En ella se publicaron los textos de Montaigne “Sobre los maestros” y “Sobre la educación de los niños”. En su interesante presentación (ver aquí) este relevante historiador colombiano, que ha abordado muchos problemas de la realidad de su país (ver aquí), subraya cómo Montaigne mostró en sus Ensayos una  inquietud muy grande sobre la ciencia y la educación de su época constatando que la fascinación por el saber de sus coetáneos generaba una serie de actitudes que destruían el sentido y la utilidad de la ciencia. En su opinión las instituciones educativas y las comunidades científicas de su tiempo valoraban cada vez más la simulación del saber que el saber mismo. En las escuelas se enseñaban muchas cosas, pero no se aprendía a pensar ni a hacer. Y los eruditos se entretenían haciendo comentarios cada vez más sutiles a temas poco importantes publicando libros que se limitaban a ser comentarios de comentarios usando un lenguaje cada vez más abstruso semejante a una jerga incomprensible para simular la profundidad de sus trabajos.

El 15 de mayo de 2008 Jorge Orlando Melo fue invitado a impartir una conferencia en Medellín en el Día del Maestro (ver aquí), en la que explicó a su auditorio el sentido de la obra de Montaigne y por qué ideas escritas siglos atrás merecían ser tomadas en consideración aún hoy en día. La conferencia empezó con el siguiente texto de agradecimiento que me permito reproducir porque resume muy bien el papel estratégico que desempeñan los maestros en las sociedades de todos los tiempos, en el de Montaigne y en el nuestro:

«Me complace participar en esta ceremonia en homenaje a los maestros, porque estoy convencido de que la educación es la más importante de las actividades humanas, y la que puede producir una gratificación mayor. Una razón para ello es que en la educación lo que uno da no deja de tenerlo, y mientras más reciben los estudiantes, más tiene el profesor. Muchos de los sueños de equidad social buscan que quienes tienen más riquezas o más bienes, los compartan con los que tienen menos, por generosidad o por obligación legal. Pero estos esfuerzos generalmente fracasan, pues quienes tienen algo se resisten a perderlo: lo que cedan a otros es algo que dejan de tener, y por eso ven en las medidas de igualdad social una violencia inaceptable, y se oponen con vigor a ellas.

Pero en la educación no es así. Si trato de que mis alumnos aprendan y dominen los conocimientos que yo tenía antes, probablemente al final del proceso sabré mucho más que antes, porque voy aprendiendo a medida que enseño, recibo mientras doy, y además mi conocimiento vale más porque existe un grupo nuevo de gente que lo comparte, lo entiende y lo reconoce. Mientras más haya dado, más tengo. Lo educación es en esto como el amor, si creemos lo que Julieta le dice a Romeo: “Mi riqueza es infinita y mi amor tan profundo como el mar: mientras más te doy, más tengo”.

Y por eso, la educación (lo mismo que la cultura) es modelo de equidad social, porque hace que desaparezca la desigualdad que está al comienzo. Antes de empezar su tarea, el maestro sabe algo que los estudiantes ignoraban. Si el maestro es bueno, al terminar su trabajo esa diferencia ha desaparecido y todos saben lo que antes sólo uno sabía. En el proceso de educación, dar es siempre recibir y enseñar es lograr que quienes eran desiguales se conviertan en iguales. Y mientras mejor sea el otro, mejor es uno mismo.

Agradezco, pues, a la Universidad Eafit esta oportunidad para leer un texto sobre un hombre que reflexionó con persistencia y penetración sobre estas cosas de la educación».

En fin la nueva edición de Joan Lluis Llinás de los escritos sobre educación de Michel de Montaigne, precedida como hemos visto por la de Jorge Orlando Melo, es una buena ocasión para aproximarnos a aquel humanista cuya definición de hombre “sage”  como una mezcla de sabiduría, buen juicio y sentido común sigue siendo pertinente en nuestro tiempo presente y cuyas observaciones sobre la ciencia y la educación nos siguen interpelando.

Montaigne frase

Dos publicaciones recientes sobre Giner y Cossío vistas por Eugenio Otero

Casa de la Institución Libre de Enseñanza en la que falleció Francisco Giner de los Ríos el 18 de febrero de 1915

Casa de la Institución Libre de Enseñanza en la que falleció Francisco Giner de los Ríos el 18 de febrero de 1915

 El 18 de febrero de 1915 murió Francisco Giner de los Ríos en la casa de la Institución Libre de Enseñanza, situada en el paseo del Obelisco, actual calle del general Martínez Campos en el barrio madrileño de Chamberí. En el centenario de su fallecimiento se suceden las publicaciones sobre ese pedagogo y singular reformador del sistema educativo español. Se enriquece así la ingente producción bibliográfica –aquí una selección- generada en los últimos años sobre el legado de Giner y la Institución Libre de Enseñanza, uno de cuyos hitos ha sido la trilogía La Institución Libre de Enseñanza y Francisco Giner de los Ríos: nuevas perspectivas, publicada en 2013 y de la que informé en dos entradas en mi otro blog Jaeinnova (ver aquí y aquí).

Paseo Martinez Campos

Ubicación del Paseo del General Martínez Campos en el Madrid actual

Ofrezo a continuación dos noticias bibliograficas debidas al profesor de la Universidad de Santiago de Compostela Eugenio Otero Urtaza, gran especialista en las ideas pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza y excelente conocedor de la trayectoria intelectual de Manuel Bartolomé Cossío, el principal colaborador y amigo de Giner de los Ríos. Estas noticias se han dado a conocer en la lista de distribución de la Sociedad Española de Historia de la Educación.

La primera de sus noticias bibliográficas  de las que me hago eco es la siguiente .Giner en Revista de Occidente

Revista de Occidente: Francisco Giner de los Ríos cien años después, nº 408, mayo de 2015, ISSN 0034-8635.

La Revista de Occidente ha dedicado su último número al recuerdo del centenario de Francisco Giner de los Ríos con cinco textos: José García-Velasco: “Una fuente siempre viva. Francisco Giner de los Ríos cien años después”(pp. 5-8); José-Carlos Mainer: “Sobre Francisco Giner de los Ríos: un paisaje y un réquiem intelectual” (pp. 9-21); Andrés Soria Olmedo:  “Labores y esperanzas” (pp. 22-27); Gonzalo Capellán de Miguel: “Paz en la Guerra… de ideas. Giner de los Ríos y su ruptura radical con la vieja política” (pp. 28-43); Eugenio Otero Urtaza: “Las ideas pedagógicas de Francisco Giner en su contexto europeo” (pp. 44-62). Hay también en este número un artículo de Gonzalo Pernas titulado “De Concord a Guadarrama. Una semblanza compartida del trascendentalismo norteamericano y el institucionismo” (pp. 81-94) que abre también nuevas perspectivas al estudio del legado institucionista mediante la comparación del pensamiento de Giner con  el de Ralph W. Emerson. En su nota de presentación García-Velasco recuerda que todavía hoy “la vida y obra de don Francisco Giner sigue siendo un manantial inagotable de ideas, de propuestas, de energía para esta agitada España de la primavera de 2015, nunca como ahora parte tan activa de Europa”. Es una nueva aportación a un centenario que esperamos tenga más anclajes, y especialmente foros de debate que refresquen un pensamiento que sigue siendo muy vigoroso, y desde luego actual.

Este comentario se puede completar con la aproximación hecha también a los contenidos de este ejemplar por Rafael Fuentes en el periódico digital El Imparcial.

 

La segunda se refiere al siguiente libro recientemente editado sobre la correspondencia de Cossío Cossio correspondencia

Arias de Cossío, Ana María y López Alonso, Covadonda: Manuel B. Cossío a través de su correspondencia 1879-1934, Madrid, Fundación Francisco Giner de los Ríos/Residencia de Estudiantes, 2015, 927 págs. Sobre esta edición dice lo siguiente Eugenio Otero:

Los epistolarios son un tesoro que nos abre aspectos inéditos, y a veces muy personales de los personajes históricos. Lo que a veces no se dice en un libro o en una conferencia, en un comunicado oficial, se encuentra en una breve nota que se envía a un colega o a un amigo. Cuanta más amistad, y cuando la relación personal es más familiar e íntima, la correspondencia abate la cuarta pared y podemos contemplar mejor el escenario de los acontecimientos, y analizar más en detalle no ya lo que ocurrió sino lo que lo motivaba hasta en sus aspectos dramáticos más inconmensurables.

Saber que se publica una serie tan extensa de cartas de Cossío produce emoción, pero no obstante este libro provoca también perplejidad al que quiere conocer los hechos y construir el discurso histórico sin sentirse burlado por una poda que en 2015, año en que estamos conmemorando el centenario de la muerte de Francisco Giner,  no tiene ningún sentido: muchas de las cartas son fragmentos, no cartas enteras y por decir las cosas como son: parece que han sido censuradas. Faltan cartas en esas colecciones de tiempos históricos, que están localizadas y que con seguridad completarían muy bien la secuencia de los acontecimientos, permitiendo su mejor comprensión, y además, alejarían ciertos fantasmas que la extrema derecha rancia ha querido dejar caer sobre una relación muy bella y vibrante entre dos de nuestros educadores más dignos y luminosos de los últimos siglos. Que en 2015 esa amistad hermosa provoque chismografía en vez de un estudio serio, es un síntoma de que en España todavía muchas cosas tienen que cambiar, mucho más allá de lo que está ahora ocurriendo. El estudio introductorio de Ana María Arias no está precisamente actualizado, y usa todavía la nomenclatura de los legajos conservados en la Academia de la Historia anterior a 1990. Su capítulo es una presentación biográfica y acaso pedagógica, y como no podía ser menos como crítico de arte, al autor. El capítulo de Covadonga López “El epistolario. Género y tipología” se adentra en el contenido de la correspondencia, con especial atención al estilo y los aspectos formales. El epistolario es  una selección de cartas “conservadas principalmente en los archivos custodiados por la familia, divididas en tres grupos”. Las primeras noventa y una cartas, son cartas dirigidas por Cossío a Francisco Giner; el segundo grupo son cartas entre Cossío y su esposa Carmen López-Cortón, y una a su hija Natalia, y el tercer grupo, son cartas que recibió de sus coetáneos y amigos. Hay una reseña biográfica de los autores y destinatarios de las cartas, así como un índice cronológico y onomástico que ayuda mucho al investigador. En total son 501 cartas procedentes casi todas del archivo familiar de San Victorio. Es una aportación muy buena a un mejor estudio de Cossío y de su tiempo. Para facilitar la lectura se ha incluido entre corchetes los nombres propios de las personas que aparecen en las cartas, la parte negativa es que entre corchetes “se indican también los fragmentos omitidos ([…]), casi siempre, como se ha dicho, por indicación de Natalia Cossío o su hija Natalia Jiménez, así como las palabras o fragmentos ilegibles”.

Cossio ciudadano de honor de la Segunda República

Cossio ciudadano de honor de la Segunda República

 

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Del pupitre a la pared: la quinta sesión del XI Seminario Anual del SIECE y el LEA de la Universidad de Alcalá

El 22 de mayo de 2015 se ha celebrado la 5ª sesión, Del pupitre a la pared, del XI Seminario Anual: Leer y Escribir: Discursos, Funciones y Apropiaciones que organizan el Seminario Interdisciplinar de Estudios sobre Cultura Escrita (SIECE) y el Grupo de Investigación LEA (Lectura, Escritura y Alfabetización) de la Universidad de Alcalá, impulsados y animados por Antonio Castillo Gómez  y Verónica Sierra Blas, quienes desde hace tiempo vienen realizando una labor encomiable en el estudio de la historia de la cultura escrita. La importante obra de estos dos historiadores se ha inspirado en cierta medida en las siguientes reflexiones de Armando Petrucci que encabezan la presentación del sitio web del SIECE: “Cada época y cada sociedad pueden ser mejor conocidas y valoradas a partir del uso que hacen de la escritura, del modo en que proveen a la distribución social de la capacidad de escribir y de leer, de la función que asignan a los productos escritos y a sus distintas tipologías”.

Esta quinta y penúltima sesión de la undécima temporada del mencionado seminario anual Leer y Escribir: Discursos, Funciones y Apropiaciones ha sido presentada en los diversos canales que tienen en la Red el SIECE y el grupo de investigación LEA como son su interesante bitácora Grafosfera o  su cuenta de twitter @grafosfera, entre otros. Pero dado que he tenido la oportunidad de asistir a ella, y conocer su dinámica de trabajo, voy a dar cuenta de su desarrollo como señal de homenaje a un grupo de investigación digno de ser destacado en nuestro panorama universitario.

Me animé a desplazarme a Alcalá para escuchar a Juan González Ruiz, impulsor del MUESCA reconvertido ahora en Centro de Recursos, Interpretación y Estudios de la Escuela (CRIEME), de Polanco en Santander, desde donde se edita la interesante revista electrónica Cabás. Conocí a Juan el pasado mes de octubre de 2014 en las VI Jornadas científicas de la SEPHE (Sociedad española para el estudio del patrimonio histórico educativo), de las que informé en esta bitácora (ver aquí). Pude apreciar entonces su gran conocimiento sobre la historia de la educación española en general, y en particular sobre la educación secundaria pues en esas jornadas presentó la magnífica comunicación “Hermenéutica y Patrimonio Arquitectónico Escolar: una lectura de los edificios para Institutos construidos en España durante el primer tercio del siglo XX” que tanto me orientó al elaborar mi introducción al libro Aulas modernas que edité recientemente, obra de la que di cuenta también en esta bitácora (aquí) . Además supe de su importante labor en la recuperación de la cultura escolar y en la proyección social del patrimonio educativo a través de diversas iniciativas como el MUESCA o su libro Viaje apasionado por las escuelas de Cantabria que muy amablemente Juan me ha regalado, prologado por ese gran historiador de la educación que es Agustín Escolano, director del Centro Internacional de la Cultura Escolar (CEINCE) de Berlanga de Duero (Soria).

Cantabria Juan Gonzalez

Bajo el título “De la pared al pupitre. Escritura expuesta y práctica epistolar” Juan González Ruiz ha reflexionado sobre las escrituras de muy diversas formas que exhiben los muros y paredes de las escuelas o que están presentes en el entorno de los recintos escolares. Ha destacado el valor que esas inscripciones tienen como documentos pedagógicos y ha presentado una amplia galería de imágenes de escrituras expuestas, reveladoras de diversas prácticas escolares, deteniéndose en el análisis de dos de ellas, por sus especiales resonancias hermenéuticas.

La primera se refiere a cómo una serie de inscripciones existentes en cinco colegios de la ciudad de Sevilla y en otro de Alcalá de Guadaira revelan cómo se aplicó en esa ciudad la ley de 19 de septiembre de 1896 (Gaceta 26 septiembre) por la que se dictaron normas para la protección de los pájaros. En su artículo segundo se establecía que: “en las puertas de las escuelas se pondrá un cuadro en que se lea “Niños, no privéis de libertad a los pájaros; no los martiricéis y no les destruyáis sus nidos. Dios premia a los niños que protegen a los pájaros, y la ley prohíbe que se les cace, se destruyan sus nidos y se les quiten las crías”. En efecto en esa media docena de establecimientos educativos sevillanos se ubicaron otros tantos “azulejos ecologistas y pajareros”, como también muestra en su blog Julio Domínguez Arjona   (ver aquí)

Sevilla pajaros

Inscripción del Colegio del Reloj en la Plaza de Carmen Benítez de Sevilla

Al parecer en esa iniciativa de aplicar en centros escolares sevillanos la disposición legislativa de 1896 se implicó a fondo el pediatra Antonio Ariza Camacho, concejal del Ayuntamiento de Sevilla, amigo y estrecho colaborador del notario Blas Infante, líder del andalucismo histórico. Precisamente Blas Infante es también autor de la plegaria del pájaro que compuso en 1924 y que  está presente actualmente en diversos centros escolares andaluces por iniciativa de la Junta de Andalucía.

Blas Infante plegaria_pajaros_BI

El segundo grupo de inscripciones al que ha prestado atención Juan González Ruiz en su interesante presentación del seminario ha sido el análisis de 30 máximas morales inscritas en la escuela anexa al ayuntamiento de Becerril de Campos en Palencia construida entre 1904 y 1909, expresivas de una moral cívica de raigambre decimonónica, y como también apuntara Agustín Escolano un caso excepcional como espacio de memoria epigráfica (ver aquí). Una de esas máximas, por ejemplo, decía: Sin virtud la ciencia humana es caña frágil y vana.

Escuela de niños y niñas de Becerril de Campos (Palencia) 1909

Una de las epigrafías exteriores de la escuela de niños y niñas de Becerril de Campos con máximas morales

De manera convincente Juan González intentó explicar por qué apareció en ese lugar ese programa moral aduciendo que cabía encontrar una conexión entre el arquitecto que finalizó la obra Jerónimo Arroyo López, con importantes obras en Castilla y León en aquella época, con su profesor en el Instituto de Palencia Ricardo Becerro de Bengoa, que fue allí catedrático de Física y Química, y quien posiblemente en sus tiempos de estudiante en el Instituto de Vitoria entre 1857 y 1863 fue lector del Manual de civilidad, en verso, de Francisco Martínez de la Rosa que se adoptó en las escuelas de Alava en 1843, obra conectada con otra de sus publicaciones: el Libro de los niños. Precisamente en la edición 44 de esta obra, publicada en 1870, en las páginas 11 y 12, se encuentra el conjunto de máximas morales que décadas después el arquitecto Jerónimo Arroyo cinceló en las paredes de la mencionada escuela  de Becerril de Campos. (aquí hay acceso a la edición de esa obra de 1859).

Además de Juan González Ruiz intervino en este seminario del SIECE al que he tenido la oportunidad de asistir el historiador de la educación italiano Fabio Targhetta (Treviso, 1977) @FabioTarghetta, profesor de la Universidad de Padua y doctor en Scienze dell’Educazione e della Formazione por la Universidad de Turín. Fabio Targhetta es miembro del Comité científico internacional de la revista History of Education and Children Literaturecolabora desde el año 2001 en el Museo dell’Educazione dell’Università degl Studi di Padova, ha formado parte de importantes proyectos de investigación italianos como: Teseo (Tipografi e Editori scolastico-educativi dell’Ottocento), Teseo 900 (Editori scolastico-educativi del primo Novecento) e DBE (Dizionario Biografico dell’Educazione) y ha publicado diversas obras y artículos científicos sobre el panorama editorial italiano y la historia material de la educación. Entre sus libros cabe destacar La capitale dell’impero di carta. Editori per la scuola a Torino nella prima metà del Novecento, Torino: Società Editrice Internazionale (SEI), 2007 “Signor Maestro Onorandissimo”. Insegnare a scrivere lettere nella scuola italiana tra Otto e Novecento, Torino: SEI, 2013. Entre sus artículos me ha llamado la atención por mis preocupaciones actuales su texto “Teaching with Images Between 19th and 20th Centuries: the Case of the Italian School Publischer Paravia”, Strenae [on line], 8, 2015. (ver aquí)

Targhetta Fabio La capitale

Targhetta Fabio Signor

La intervención de Fabio Targhetta en el seminario versó sobre “Imparare a scrivere una lettera per imparare a stare al mondo”. En ella mostró y explicó cómo y por qué la enseñanza de la escritura epistolar, basada en la copia de cartas ejemplares, representó un pilar firme en la didáctica de la escuela primaria de la Italia contemporánea. Muchas de esas cartas ejemplares se publicaron en libros de texto y en revistas pedagógicas. Son documentos con un alto valor ideológico y pedagógico pues debían contribuir a educar al lector. En su intervención en el seminario presentó los resultados de una investigación en la que se ha analizado centenares de cartas ejemplares reproducidas en libros, guías didácticas y cuadernos de alumnos. Para hacer el análisis cualitativo de esos textos ha usado el software (Atlas.ti) que ha permitido hacer emerger claramente los valores y modelos de referencia de este importante corpus documental que ha influido notablemente en la formación de generaciones de alumnos históricos.

En el recorrido de su exposición Fabio Targuetta analizó la gramática escolar, los protagonistas y los valores de ese corpus documental, accesible en el sitio web del Museo dell’Educazione dell’Università degl Studi di Padova,  (ver aquí), distinguiendo las siguientes etapas temporales: 1861-1899 en el que predominó la composición por imitación; 1900-1914 donde el lenguaje se hizo más moderno y aumentó la presencia femenina entre los autores; 1915-1923 período en el que la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial el 24 de mayo de 1915 – estamos en vísperas del centenario como evoca el gran portal creado por el gobierno italiano (ver aquí)- provocó entre otras hondas consecuencias una obsesión postal y un culto a los muertos; 1924-1945 etapa en la que el fascismo intentó modelar un nuevo niño auspiciando una idolatría epistolar del Duce (en un tercio de las cartas se encuentran referencias a Mussolini) y en la que se percibe que el niño expresa su mundo interior, hecho que era inédito en la historia italiana; y 1946-1951, período de la posguerra en el que se reanudaron prácticas del período anterior al fascismo y se replicaron antiguos clichés.

Esta investigación se ha apoyado en una serie de obras de referencia como las siguientes:

ANTONELLI, Giuseppe: Tipologia linguistica del genere epistolare nel primo Ottocento. Sondagi sulle lettere familiari di mittenti colti, Roma: Edizioni dell’Ateneo, 2003.

ANTONELLI, Giuseepe; CHIUMMO, Carla y Massimo PALERMO (eds.): La cultura epistolare nell’Ottocento. Sondaggi sulle lettere del CEOD, Roma: Bulzoni, 2004.

ANTONELLI, Quinto y Egle BECCHI (eds.): Scritture bambine. Testi infantili tra passato e presente, Bari: Laterza, 1995.

BACIGALUPI, Marcella y Piero FOSSATI: Da plebe a popolo. L’educazione popolare nei libri di scuola dall’Unitá d’Italia alla Repubblica, Firenze: La Nuova Italia, 1986.

CANTATORE, Lorenzo: “Scelta, ordinata e annotata”. L’antologia scolastica nel secondo Ottocento e il laboratorio Carducci-Brilli, Modena: Mucchi, 1999.

CHIOSSO, Giorgio: “Formar l’uomo eminentemente morale ed abile”. Il libro di lettura dopo l’Unitá”, Esperienze letterarie, 3, 2010, pp. 17-35.

CHIOSSO, Giorgio; Alfabeti d’Italia. La lotta contro l’ignoranza nell’Italia unita, Torino: SEI, 2011.

Es de desear que el seminario del SIECE-LEA de la Universidad de Alcalá tenga una larga vida. La última sesión de su duodécima temporada tendrá lugar el próximo viernes 5 de junio. Estará dedicada a “Efímeros, menudencias y baratijas”. En ella participarán Juan Gomis Coloma, de la Universidad Católica de Valencia, con una intervención titulada “Dónde existe el capataz de los ciegos: un intento de control sobre la circulación de papeles en la España del siglo XVIII” y Pedro Rueda Ramírez, de la Universidad de Barcelona, quien ha titulado su comunicación “Impresos efímeros: usos cotidianos de la imprenta”.

Nuevo volumen de la historia de la medicina en Colombia, coordinada por Emilio Quevedo

Gracias a la eficaz labor de Ceromaya, la lista de distribución de noticias sobre la historia de la ciencia en América latina que se impulsa desde la Universidad Nacional Autónoma de México, tengo información del lanzamiento del tercer volumen de la Historia de la Medicina en Colombia que coordina el doctor Emilio Quevedo, compañero de aventuras en la Sociedad Latinoamericana de Historia de las Ciencias y de las Técnicas hace años.
Me parece de interés dar cuenta de este evento en los términos en los que el propio Emilio Quevedo lo ha presentado a los ceromayistas, añadiendo alguna información adicional.

El 14 de abril de 2015, a las 5 pm, en el Aula Máxima de la Universidad del Rosario, de Bogotá, se llevará a cabo el lanzamiento del Tomo III de Historia de la Medicina en Colombia, subtitulado “Hacia una profesión liberal, 1865-1918”.

El primer tomo, lanzado en 2008, subtitulado “Practicas Médicas en Conflicto, 1492-1782” cubrió el periodo de la medicina colonial de carácter hipocrático-galénico y su conflicto con las prácticas médicas aborígenes y africanas en nuestro país durante el período de la monarquía de la Casa de los Austrias.

En su momento esta obra tuvo un importante eco en la opinión pública colombiana y en el mundo académico, como revela esta reseña de Juan Carlos Eslava. (ver aquí).

El segundo tomo subtitulado “De la medicina ilustrada a la medicina anatomoclínica, 1782-1865”, fue lanzado en 2009, y cubrió la historia de la medicina ilustrada durante el período de las reformas borbónicas, la Independencia y los primeros años de la República de Colombia hasta el momento en que se inicia la transición de dicha medicina ilustrada, traída por primera vez al país por el médico gaditano José Celestino Mutis, hacia la medicina anatomoclínica de impronta francesa surgida en París después de la Revolución Francesa. De las reseñas que se hicieron de este volumen ofrecemos aquí la de Claudia Margarita Cortés-García.

Portada de "La Lanceta", pionera de las publicaciones periódicas médicas en Colombia, dirigida por Antonio Vargas Reyes en 1852.

Portada de “La Lanceta”, pionera de las publicaciones periódicas médicas en Colombia, dirigida por Antonio Vargas Reyes en 1852.

Se entrega ahora este Tercer Tomo que desarrolla lo relacionado con los procesos de profesionalización e institucionalización de la medicina francesa en el país tanto en su versión anatomoclínica y hospitalaria como en su versión experimental, durante el período del Estado Liberal Radical como durante el periodo de la Regeración, la Guerra de los Mil Días y los años previos ala Primera Guerra Mundial. Quedan pendientes por entregar aún el Tomo IV, que va de 1918 hasta 1976, el cual ya se encuentra en proceso editorial, y el Tomo V, dedicado al estudio de la medicina colombiana actual, desde 1976 hasta hoy.

Esta es una historia que estudia los procesos de profesionalización y desprofesionalización de la medicina en Colombia, analizándolos desde el punto de vista de la construcción social de sus saberes (sobre el cuerpo, la salud, la enfermedad y los elementos útiles para la terapéutica y la prevención), y sus prácticas (diagnósticas, terapéuticas, preventivas y de rehabilitación), así como de la construcción y apropiación de instituciones para el ejercicio profesional (hospitales, dispensarios, consultorios, etc.), para la reproducción de la profesión (escuelas de medicina, seminarios, congresos, postgrados, etc.), para la circulación del saber y de la práctica (revistas, textos, manuales y otras publicaciones), para el control de la práctica y para la construcción de autonomía.

Pero, además, se estudian las relaciones de doble vía que la medicina establece con la sociedad civil y con el Estado para lograr su desarrollo y desempeño social.

Puede decirse pues, que esta es una historia social de la medicina en Colombia, que la aborda comprendiéndola como articulada a las diversas dimensiones sociales, culturales, económicas y políticas de la vida social colombiana.Se podría decir que esta no es estrictamente una Historia de la Medicina en Colombia, sino, más bien, una Historia de Colombia vista desde la Medicina.

A continuación se ofrece una pequeña entrevista realizada al coordinador del proyecto y de la obra, Emilio Quevedo V., por la periodista Ximena Bedoya, de la cadena televisiva CM& de Colombia:

En las librerías mi segunda edición de Los tónicos de la voluntad de Cajal

En el año 2005 la editorial Gadir, premio a la mejor labor editorial cultural en el año 2009 concedido por el Ministerio de Cultura, publicó mi primera edición de Los tónicos de la voluntad. Reglas y consejos sobre investigación científica de Santiago Ramón y Cajal, considerada  por Antonio Calvo Roy “lo más parecido a una edición crítica de la obra con un estudio con varias miradas diferentes”. (ver aquí).

En efecto aquella edición de hace diez años estaba formada por el siguiente corpus de textos.

Por una parte la reproducción del libro tal y como lo presentó Cajal a sus lectores en su edición de 1923, sustancialmente distinta a su edición de 1899 financiada por su amigo el médico hispano-cubano doctor Lluria que tomó como base su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales pronunciado en la sesión del 5 de diciembre de 1897 con el título de Fundamentos racionales y condiciones técnicas de la investigación biológica. 

Publicidad del sanatorio establecido por el amigo de Cajal, el Dr. Lluria, en tierras gallegas

Publicidad del sanatorio establecido por el amigo de Cajal, el Dr. Lluria, en tierras gallegas

Esa edición de 1899 finalizaba con un Post Scriptum que Cajal suprimiría en ediciones posteriores, pero que es muy revelador del impacto que tuvo el desastre de 1898 en su mentalidad, y en sus actitudes regeneracionistas. En 2005 decidí incluir ese texto en la edición que hizo Gadir. De manera que el índice de la obra de Cajal, editada hace diez años, quedó de esta manera:

– Prólogo de Santiago Ramón y Cajal a la segunda edición del libro, de 1899, que él denominó originariamente Reglas y consejos sobre la investigación biológica. Este prólogo lo incorporó a las siguientes ediciones.

Capítulo 1.- Consideraciones sobre los métodos generales.- Infecundidad de las reglas abstractas.-Necesidad de ilustrar la inteligencia y de tonificar la voluntad.- División de este libro

Capítulo 2.- Preocupaciones enervadoras del principiante.- (Admiración excesiva. Agotamiento de la cuestión. Devoción a la ciencia práctica. Deficiencia intelectual).

Capítulo 3.- Cualidades de orden moral que debe poseer el investigador.

Capítulo 4.- Lo que debe saber el aficionado a la investigación biológica.

Capítulo 5.- Enfermedades de la voluntad.

Capítulo 6.- Condiciones sociales favorables a la obra científica.

Capítulo 7.- Marcha de la investigación científica

Capítulo 8.- Redacción del trabajo científico

Capítulo 9.- El investigador como maestro

Capítulo 10.- Deberes del Estado en relación con la producción científica.- (Nuestro atraso científico y sus causas pretendidas.- Explicaciones físicas, históricas y morales de la infecundidad científica española.- Los remedios).

Capítulo 11.- Órganos sociales encargados de nuestra reconstrucción.- (Pensionados en el extranjero.- Importación de profesores.- Creación de Colegios españoles en las principales ciudades universitarias de Europa).

Post Scriptum (de la edición de 1899 que Cajal suprimió en ediciones posteriores).

Ese corpus cajaliano fue completado en la edición de 2005 con un variado aparato crítico. Por una parte con una amplia introducción en la que explicaba por qué esa obra tuvo una extraordinaria circulación en España y en el mundo, pues fue y sigue siendo traducida a múltiples lenguas, desde el alemán al japonés, desde el inglés al serbio. También con un retrato literario que hiciera Juan Ramón Jiménez de la personalidad de Cajal, y con una galería iconográfica procedente del fondo Alfonso del Archivo General de la Administración. Y finalmente con un anexo documental precedido por una guía en la que explicaba por qué  los ocho textos y documentos que había seleccionado como editor podían ayudar a entender el contexto de producción y circulación del más importante “best seller” de Cajal, considerado uno de los más significativos libros de prosa didáctica en lengua castellana.

Cajal manipulando un microtomo

Cajal manipulando un microtomo

Esos ocho documentos que enriquecían la edición de 2005 eran los siguientes:

1. El “doctor Cajal” por José Rodríguez Mourelo

2. Curriculum vitae enviado por Cajal hacia 1899 al Dr. J. Pagel

3. “Cajal, fotógrafo” por Francisco Tello

4. “La obra literaria de Cajal” por Melchor Fernández Almagro

5. Traducción al español (por Paloma Calle) del prólogo de Cajal  a la primera edición en alemán de Regeln und Ratschläge Zur wissenschaftlichen  Forschung (Reglas y consejos sobre investigación científica)

6. Traducción al español (por Paloma Calle) de la presentación de Desiderio Miskolczy a la primera edición de Regeln und Ratschläge Zur wissenschaftlichen  Forschung (Reglas y consejos sobre investigación científica)

7. Una gran pérdida para España. Ha muerto D. Santiago Ramón y Cajal. Editorial del periódico El Sol.

8. Traducción al español (por Paloma Calle) de la necrológica de Desiderio Miskolczy, Don Santiago Ramón y Cajal 1852-1934.

La nueva edición de Gadir de Los tónicos de la voluntad de Cajal, nombre con el que se conoce la obra a partir de su edición en 1916, que acaba de llegar a las librerías, ofrece nuevas aportaciones.

portada libro Cajal

Dispone de una nota preliminar en la que se ofrece información adicional sobre la recepción de esta obra en Europa y América latina, y se expone sucintamente los avances habidos en el conocimiento de la obra cajaliana en la década transcurrida entre las dos ediciones.

Y en el anexo documental se ofrecen dos textos adicionales que nos permiten conocer sus opiniones ante el conflicto bélico que asolaba Europa hace un siglo, y  las relaciones entre la ciencia y la guerra, y reflexiones variadas sobre la educación como elemento que tendría que favorecer la autorreflexión de los individuos.

En efecto estos dos textos que enriquecen esta nueva edición de 2015 son:

– la entrevista que le hizo José Ortega y Gasset, publicada el 12 de febrero de 1915 en el número 3 del semanario España, el principal portavoz de las aspiraciones políticas de la generación del 14, como he señalado recientemente en un post de mi blog Jaeinnova. Cuaderno de investigación de las reformas educativas y científicas en la era de Cajal. (ver aquí). Quizás en esa entrevista quepa hallar las razones por las que semanas después desistió Cajal de firmar el manifiesto redactado por Ramón Pérez de Ayala en el que un grupo de intelectuales tomaba partido por la causa de los aliados y que le hiciese llegar a Cajal Gustavo Pittaluga (1876-1956), según sabemos por los diarios de Azaña, tal y como ha expuesto recientemente Santos Juliá en su texto “La nueva generación: de neutrales a antigermanófilos pasando por aliadófilos” (ver aquí).

– y los pensamientos de tendencia educativa, título que dio a su colaboración en el Archivo de la Palabra, el gran proyecto del fonetista del Centro de Estudios Históricos de la JAE Tomás Navarro Tomás, entre cuyos objetivos se encontraba el registro de testimonios autofónicos de destacadas personalidades de la cultura española de la época republicana. La participación de Cajal revela cómo mantuvo hasta el final de sus días una voluntad pedagógica que caracterizó su quehacer como investigador y profesor, según analicé hace unos años (ver aquí).

contraportada libro Cajal

La educación secundaria en la España del primer tercio del siglo XX a través del libro Aulas modernas

Ya está accesible en su versión digital el libro Aulas modernas. Nuevas perspectivas sobre las reformas de la enseñanza secundaria en la época de la JAE (1907-1939) (ver aquí). La obra, editada por el autor de esta bitácora, ha sido publicada por la editorial Dykinson y Universidad Carlos III de Madrid en el marco de su programa de Historia de las Universidades del Instituto Figuerola. En ella se ofrece un renovado enfoque sobre el desarrollo de la enseñanza secundaria en la sociedad española del primer tercio del siglo XX.

portada y contraportada Aulas modernas

Sus nueve contribuciones aportan nuevos conocimientos sobre dos aspectos significativos de las reformas e innovaciones que promovió la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas para mejorar la calidad de ese nivel educativo.

Los autores de esta obra colectiva ofrecen, por una parte, relevante información sobre la labor de un amplio grupo de profesores que introdujeron innovaciones en la práctica docente de asignaturas como las ciencias naturales, la geografía, la psicología, y la lengua y literatura. Por otro lado presentan diversos análisis de casos para dar a conocer el considerable esfuerzo efectuado por la Segunda República para elevar la calidad de la enseñanza secundaria e incrementar las tasas de escolarización abriendo sus aulas a las mujeres de manera decidida.

Aula ILE

Un aula de la Institución Libre de Enseñanza. enero de 1933. Fotografía de Vicente Sos. Cortesía de Alejandro Sos Paradinas. Ilustra el capítulo de Santos Casado en el libro Aulas modernas

Esta obra poliédrica, donde han confluido historiadores de la ciencia y de la educación, pretende por tanto ayudar a conocer mejor el sistema educativo público español y la historia de su educación secundaria que durante largo tiempo ha sido el “pariente pobre” de la investigación histórico-educativa.

Su índice es el siguiente:

I. Introducción. Reflexiones sobre la modernidad en las aulas de bachillerato en el primer tercio del siglo XX: Leoncio López-Ocón
1. El primer tercio del siglo XX: la fase dorada de una etapa educativa
2. Un nuevo tipo de catedrático y catedrática de instituto
3. Nuevos métodos docentes
4. Consideraciones finales
5. Bibliografía

II. Los premios Ribera: el mecenazgo privado en los tiempos de
la institucionalización de la actividad científica en España: Santiago Aragón Albillos
1. Emilio Ribera, profesor de secundaria
2. El Museo de Ciencias Naturales de Madrid y los profesores de enseñanza secundaria
3. Emilio Ribera en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid
4. El premio Ribera
5. Los premiados
6. A favor de los alumnos pobres y sobresalientes
7. Bibliografía y apéndice

caricatura-de-emilio-ribera_1894

Caricatura de Emilio Ribera hacia 1894, proporcionada por José María Azkárraga. Publicada originariamente en el libro de Carles Sirera Miralles “Un título para las clases medias”

 

III. La renovación de la enseñanza de la geografía en las
aulas de bachillerato en los primeros años del siglo XX: Leoncio López-Ocón
1. Consideraciones preliminares
2. El contexto de los inicios de una labor renovadora
en la enseñanza de la geografía
3. La defensa de una disciplina en construcción
4. ¿Cómo enseñar una geografía renovada?
5. La mejora de dotación de material científico
6. La visualización del mundo y del país en las aulas de bachillerato y de otros centros educativos
7. Conclusiones
8. Anexos y bibliografía

Moreno Lopez 6 Japón

Geografía descriptiva. El Japón. Atlas escolar de Eduardo Moreno López, Barcelona, 1912

 

IV. Modernidad y fatiga en las escuelas españolas. Los instrumentos de la psicotecnia y la cultura de la eficacia en la época de la JAE (1907-1936): Víctor Guijarro Mora
1. La psicología aplicada: entre la fábrica, el laboratorio y la escuela
2. Máquinas y metáforas
3. Geografía de la fatiga en España o la inserción social
del ergógrafo
4. Conclusión
5. Bibliografía

Lámina I. Víctor Guijarro. Modernidad y fatiga

Ergógrafo de Mosso

 

V. La influencia del Centro de Estudios Históricos en la modernización de los estudios literarios y lingüísticos: Mario Pedrazuela Fuentes
Introducción
1. La enseñanza de la lengua y la literatura en el siglo XIX
1.1. Las aportaciones de Giner de los Ríos y la ILE en la enseñanza literaria
2. El Centro de Estudios Históricos y la reforma de la enseñanza de la lengua y la literatura
3. El Instituto-Escuela, banco de pruebas de una nueva enseñanza Literaria
3.1. Una colección de lectura: la Biblioteca Literaria del Estudiante
Conclusión
Bibliografía

Don Juan Manuel

VI. Las primeras mujeres catedráticas de institutos de enseñanza secundaria en España durante la dictadura de Primo de Rivera y su relación con la JAE:
Natividad Araque Hontangas
1. Introducción
2. La incorporación de las primeras profesoras y catedráticas a los Institutos de enseñanza secundaria (1911-1928)
3. Catedráticas en los institutos femeninos creados al final de la dictadura de Primo de Rivera en Madrid y Barcelona
4. Una visión panorámica de las primeras catedráticas de los institutos de enseñanza secundaria
5. Noticias biográficas de un grupo de catedráticas pioneras
6. Conclusiones
7. Bibliografía

Carmen Vielva Otorel, una de las primeras catedráticas de Instituto. Fotografía procedente del archivo histórico del IES Jorge Manrique de Palencia

Carmen Vielva Otorel, una de las primeras catedráticas de Instituto. Fotografía procedente del archivo histórico del IES Jorge Manrique de Palencia

VII. La incorporación de las mujeres a la educación secundaria durante la Segunda República: un estudio de caso sobre el Instituto Quevedo de Madrid: Rebeca Herrero Sáenz
1. Introducción
2. La incorporación de las mujeres a la educación secundaria durante
la primera mitad del siglo XX: el papel de la Segunda República
2.1 Evolución de la red de centros públicos de enseñanza secundaria en España (1909-1950)
2.2 Evolución del número de estudiantes matriculados en enseñanza secundaria en España (1909-1950)
2.3 Evolución del porcentaje de alumnas de enseñanza secundaria en España (1909-1950)
2.4 Panorámica general de la evolución de la enseñanza secundaria en España en la primera mitad del siglo XX.
3. El Instituto Quevedo de Madrid: un estudio de caso
3.1 Creación e historia del Instituto Nacional de Segunda Enseñanza Quevedo
3.2.Las mujeres en el Instituto Quevedo: las profesoras
3.3. La presencia femenina en el alumnado del Instituto Quevedo
4. Reflexiones finales
5. Bibliografía

Fachada del palacio de Altamira de Madrid en el nº 8 de la c/ de la Flor Alta en el distrito centro de Madrid. Sede del instituto republicano Quevedo.

Fachada del palacio de Altamira de Madrid en el nº 8 de la c/ de la Flor Alta en el distrito centro de Madrid. Sede del instituto republicano Quevedo.

 

VIII.  Los institutos republicanos madrileños (1931-1939) y su plantilla de
Catedráticos: Vicente José Fernández Burgueño
1. Introducción
2. El Instituto Cervantes
3. Las primeras medidas del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes a favor de la segunda enseñanza
4. La suspensión de la Compañía de Jesús
5. Los institutos de segunda enseñanza creados en 1932
6. La ley de confesiones y congregaciones religiosas
7. Nuevos institutos en Madrid en 1933
8. Un intento fallido. El Instituto Elcano
9. Los catedráticos de los institutos madrileños
10. La guerra civil: el principio del fin
11. Clausura de los institutos republicanos madrileños
12. Depuración y diáspora del profesorado
13. Conclusiones
14. Bibliografía

Interior del IES Cervantes de Madrid en el que impartió clases en el curso 1935 1936 como catedrático de Francés Antonio Machado

Interior del IES Cervantes de Madrid en el que impartió clases en el curso 1935 1936 como catedrático de Francés Antonio Machado

IX. Guillermo Díaz-Plaja: la enseñanza de la lengua y la literatura en Cataluña en el contexto de la JAE: Juana María González García
1. Introducción
2. Algunos datos biográficos
3. El Institut-Escola de la Generalitat y el Institut-Escola Pi i Margall
4. Las colaboraciones de Díaz-Plaja en el Butlletí de l’Institut Escola de la Generalitat
5. Las publicaciones escolares de Guillermo Díaz-Plaja
6. Conclusiones
7. Bibliografía

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X. El geólogo Vicente Sos. Historia de vida de un profesor e investigador de la Junta para Ampliación de Estudios: Santos Casado
1. Vicente Sos y la escuela del Museo de Ciencias Naturales
2. La formación de un geólogo
3. En el Museo Nacional de Ciencias Naturales
4. Pensionado por la Junta
5. La Institución y su entorno
6. De la investigación científica a la enseñanza secundaria y viceversa
7. Ciencia en guerra
8. Exilio interior
9. Retorno y reparación
10. Obra e ideal
11. Bibliografía

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Vicente Sos durante una de las entrevistas, el 19 de diciembre de 1991. Fotografía de Santos Casado

 

NOTICIAS BIOGRÁFICAS DE LOS AUTORES

ILUSTRACIONES

Arte y ciencia en el barroco español según José Ramón Marcaida

Tras una provechosa estancia como becario y contratado predoctoral en el Instituto de Historia del CSIC -coincidente grosso modo con el tiempo en el que fui su director-  José Ramón Marcaida presentó en la Universidad Autónoma de Madrid en 2011 su tesis doctoral “Juan Eusebio Nieremberg y la ciencia del Barroco. Conocimiento y representación de la naturaleza en la España del siglo XVII”, dirigida por Juan Pimentel.

Arte y ciencia en el barroco.

Derivado de ese trabajo de investigación es este libro Arte y ciencia en el barroco español. Historia natural, coleccionismo y cultura visual, cuyo indice se puede consultar aquí. Coeditado con mimo por la Fundación Focus-Abengoa y Marcial Pons marca un antes y un después en nuestra comprensión no sólo del arte barroco, que definiera Erwin Panofsky como un “alboroto magnífico”, sino también de la cultura científica desplegada en el Madrid de los Austrias menores en torno al Colegio Imperial, donde enseñó  y desarrolló su poliédrica obra el jesuita madrileño Juan Eusebio Nieremberg (1595-1658). Este primer catedrático de historia natural de esa institución educativa, – lejano antecedente del actual instituto de enseñanza secundaria San Isidro, de cuya importancia en la historia de la educación madrileña se ha dado cuenta en esta bitácora (aquí)- , no sólo fue émulo de los saberes enciclopedistas de la gran figura del barroco católico europeo Athanasius Kircher, sino un original pensador del barroco hispano  y autor de varias obras dedicadas al conocimiento de la naturaleza. La más importante de todas ellas fue Historia naturae, del año 1635, ilustrada con grabados de fauna y floras exóticas, en su mayoría americanas, accesibles aquí en su mayor parte.
Nieremberg Historia Naturae
Nieremberg armadillos
Ilustraciones de armadillos americanos en el Libro IX de la Historia Naturae de Nieremberg
Impulsado por el giro visual de los últimos años en los estudios culturales, el autor explora en este libro la relación de arte y ciencia en el Seiscientos, eligiendo como objeto de estudio una de las principales manifestaciones culturales del Barroco, como fue la pintura. Analiza en particular aquellos géneros en los que la representación de motivos naturales constituye un aspecto destacado: bodegones, cuadros de flores, vanitas, pintura de animales, cuadros de gabinete. Su exploración, destinada a dar respuesta a cuestiones cómo ¿en qué consiste conocer a través de imágenes? o ¿hasta qué punto queda reflejado el conocimiento natural en la pintura del Barroco?, resulta exitosa y fructífera. Así lo ha reconocido un jurado que otorgó a este texto el premio internacional Alfonso E. Pérez Sánchez Arte del Barroco de la Fundación Focus-Abengoa, en su cuarta edición, dotado con 24.000 €, al considerarlo “una aportación innovadora sobre los conocimientos científicos aplicados a la historia del arte barroco desde una perspectiva interdisciplinar” y al evaluar “positivamente la metodología utilizada al estudiar la ciencia de la Edad Moderna como medio de interpretación de la cultura del Barroco”.
En efecto, tras esta importante obra subyace una investigación original, ambiciosa y auténticamente transdisciplinar. El autor ha combinado con singular acierto metodologías de diferentes disciplinas, particularmente de la historia del arte y la historia de la ciencia, y ha acudido a múltiples y heterogéneas fuentes. Como subraya Juan Pimentel en el atinado prólogo del libro José Ramón Marcaida ha buscado trazas del conocimiento de la naturaleza en “la literatura mística, en prácticas culturales como el coleccionismo, en la organización de un imperio, en naturalezas muertas, historias morales o emblemas”.
La originalidad de perspectiva, la amplitud de miras  y la ambición intelectual  de José Ramón Marcaida también se manifiesta en la estructura del libro, disposición que permite considerar a esta obra como uno de los más representativos ejemplos de la nueva historia cultural de la ciencia en nuestro panorama historiográfico. Para mostrar y esclarecer el problema central que le ha preocupado -el de las relaciones entre conocimiento y cultura visual plasmadas en la pintura del siglo XVII- el autor ha organizado la arquitectura del libro en tres niveles o áreas temáticas concretas correspondientes a tres géneros pictóricos del Barroco, según explica en su introducción que sigo a continuación, dándole a él la palabra.
Un primer bloque, enmarcado con el título de ACUMULACIÓN,  está dedicado al tema del coleccionismo y la cultura material. En él se toman como referente visual los denominados “cuadros de gabinete”, obras de tema alegórico en las que predominan la representación de objetos y, sobre todo, de cuadros -y objetos dentro de esos cuadros-, expuestos en galerías artísticas imaginarias que celebran el cultivo de las artes y el buen gusto.  En ellos, según Marcaida, es donde mejor quedó expresada visualmente la singular y compleja relación del hombre barroco con la realidad material y sus representaciones.
Las Ciencias y las Artes de Adriaen van Stalbemt. h. 1650. Oleo sobre tabla en el Museo del Prado de Madrid
Las Ciencias y las Artes de Adriaen van Stalbemt. h. 1650. Oleo sobre tabla en el Museo del Prado de Madrid
Se pretende en esas páginas conectar el gusto barroco por el exceso, la ostentación y el horror vacui con el culto a la curiosidad y a la maravilla como motores de la posesión y de la búsqueda de conocimiento, tomando en consideración además, una concepción de la realidad natural como bien de consumo, con unos valores económicos y simbólicos cambiantes y negociables. Pero en ellas no sólo se aborda el género de las pinturas de gabinete sino también otros elementos que condensan “acumulación”, como tablas astronómicas, recetarios o volúmenes de historia natural, al considerar que “la ciencia moderna podría caracterizarse como el resultado de un ambicioso proyecto de acumulación a todos los niveles: especímenes y fenómenos, experiencias y testimonios, casos exitosos y resultados fallidos”.
Protagonista de esta parte es la obra naturalista de Nieremberg, a la que el autor se aproxima en clave de coleccionismo, de apropiación barroca de la realidad, situándola en el mismo contexto que otros proyectos culturales y acumulativos de distintos personajes de su tiempo, como el erudito italiano Cassiano del Pozzo (1588-1657) o el coleccionista y musicólogo madrileño Juan de Espina.
Una segunda parte, titulada REPRESENTACIÓN, se concentra en la pintura de bodegones en un sentido amplio -fruteros, floreros, cuadros de cocina, escenas de mercado- para elucidar el problema central de cómo capturar y conocer la realidad natural a través de imágenes.
La imagen fue una de una de las formas más eficaces de apropiación de la realidad natural practicadas durante la Edad Moderna. Partiendo de esta constatación el autor analiza y relaciona en esta sección del libro la producción pictórica del Barroco y la cultura visual asociada al conocimiento naturalista para establecer vínculos entre esas dos aproximaciones escópicas al mundo, y mostrar su pertenencia a un mismo nicho cultural.
Para alcanzar esos objetivos concentra su atención en la pintura de naturalezas muertas con el fin de comparar los mecanismos de representación que operan en estas obras con los que subyacen a la producción de imágenes destinadas a generar y difundir conocimiento natural: bocetos, pinturas o acuarelas, o, en una fase posterior, los grabados realizados a partir de esas ilustraciones, publicados en los tratados de historia natural.
Como estudio de caso que ilustra estas cuestiones elige el corpus de grabados de la obra de Nieremberg Historia naturae, libro que guarda relación con uno de los conjuntos de ilustraciones naturalistas más importantes de la ciencia moderna hispana: el reunido por el médico de cámara de Felipe II, el toledano Francisco Hernández (1517-1578) durante su expedición al virreinato de la Nueva España, actual México. En su viaje científico acumuló miles de imágenes, en su mayor parte de tema botánico, que fueron a depositarse en la biblioteca del Escorial. Desde allí y a través de numerosas vicisitudes tuvieron una extraordinaria circulación por Europa y las Américas como mostraron en el año 2000 Simon Varey, Rafael Chabrán y Dora B. Weiner, obra en la que tuve el honor de colaborar.(ver aquí).
El tercer nivel del libro -titulado PRESERVACIÓN- está destinado a afrontar el género pictórico de las vanitas para reflexionar sobre el tema de la caducidad en materia de conocimiento y representación del mundo. El autor relaciona en esta parte varios aspectos de la cultura artística y científica del Seiscientos que raramente son tratados de manera conjunta en la literatura.
Alegoría de la vanidad de Juan de  Valdés Leal. 1660.
Alegoría de la vanidad de Juan de Valdés Leal. 1660.
Por un lado expone el poder de las imágenes naturalistas para fijar y preservar la realidad natural capturada en ellas a través de la representación. El artificio de la pintura logra detener el paso del tiempo y con él los procesos de corrupción y deterioro que amenazan con destruir esa naturaleza viva que se desea conservar.
Por otra parte plantea cómo el fenómeno de la preservación está estrechamente vinculado a la construcción del conocimiento. En efecto, como argumenta José Ramón Marcaida, de cómo se conserven los objetos naturales dependerá la capacidad del estudioso para obtener información a partir de ellos. Así, por ejemplo, el estudio de los cuerpos en anatomía o la elaboración de remedios en medicina estarán sujetos al desarrollo de técnicas de preservación: desde los procesos de preparación de los cadáveres a la obtención de recipientes herméticos para conservar los simples.
El hilo conductor en esas páginas del libro a propósito del afán de preservación del hombre barroco es la historia del ave del paraíso, maravilla del mundo natural y como tal uno de los objetos más codiciados por los coleccionistas de la Edad Moderna.
[Información adicional sobre el ave del paraíso se puede encontrar en el siguiente video y en un diálogo que sostuvo José Ramón Marcaida con el Museo del Prado
http://www.youtube.com/watch?v=e4NNKPdERBQ
El Museo del Prado dialoga con José Ramón Marcaida sobre el ave del paraíso a propósito de la exposición Historias naturales. Un proyecto de Miguel Angel Blanco ]
También está asociada a una rica tradición simbólica, como revela su presencia en un cuadro de la colección del Museo del Prado: la Adoración de los magos de Peter Paul Rubens, formando el penacho que adorna el turbante del rey negro.
Pero, tal y como sostiene José Ramón Marcaida, la misma pintura que desafía la corrupción de lo natural y detiene el paso del tiempo consituye, a su vez, un recordatorio y un motivo de reflexión sobre el carácter transitorio y perecedero de la existencia. Así lo manifiesta el género pictórico de la vanitas, cuya lectura en el plano simbólico pone en entredicho la preservación lograda en el plano representacional, recordándonos que todo es efímero y caduco. Una vez más aparece en el libro la figura de Nieremberg con sus reflexiones sobre “la diferencia entre lo temporal y lo eterno” para hacer de nexo entre el ámbito del conocimiento natural, más cercano a lo material, a lo sensible, a lo tangible, y el ámbito de lo transcendente, de lo ilusorio, de lo inconsistente, al que parecen apuntar las pinturas de vanitas del Barroco. como las de Juan de Valdés Leal.
Juan de Valdés Leal. Finis Gloriae Mundi

Juan de Valdés Leal. Finis Gloriae Mundi

 

[En el siguiente video se explica el significado de dos de los cuadros de Juan de Valdés Leal In Ictu Oculi y Finis Gloria Mundi  http://www.youtube.com/watch?v=zeKtH8GYPXc  ]
La elaboración de este importante libro sobre las intersecciones entre la ciencia moderna y la cultura del Barroco se ha beneficiado de varios estímulos positivos. Entre ellos cabe señalar, como el mismo autor reconoce, la inteligente y adecuada orientación de su director de tesis Juan Pimentel y la hospitalidad y las magníficas condiciones de trabajo ofrecidas por el Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Cambridge, donde José Ramón Marcaida disfrutó de la guía  y entusiasmo de Simon Schaffer, uno de los más importantes historiadores de la ciencia existentes actualmente, gracias a una estancia de investigación postdoctoral de dos años financiada por el Departamento de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno Vasco. También conviene destacar que la génesis de esta obra se vio favorecida por el ambiente creativo que encontró su autor en el Instituto de Historia cuando esta institución se trasladó a finales de 2007 de su vieja sede de duque de Medinaceli a su nuevo emplazamiento en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales de la calle Albasanz. En este lugar a lo largo de cinco años, entre finales de 2007 y 2012, se desarrolló una interesante experiencia de interacción entre humanistas y científicos sociales y de diálogo intenso entre historiadores de varias especialidades y de ellos a su vez con filólogos y filósofos.
Hace un siglo, al que me estoy aproximando en mi otro blog de Jaeinnova, José Ortega y Gasset, muy atraido en su quehacer filosófico por la cultura del barroco, era otro lector de Nieremberg. En uno de los textos que escribiera en el semanario España evocando un viaje a Asturias y al hilo de su reflexión de cómo la vida es un viaje y de la manía de huir que las cosas tienen, manifiesta lo siguiente: “A la manera que no se podría gozar -dice el Padre Nieremberg- de la vista de un bizarro jinete lleno de joyas y de galas, si fuese siempre corriendo a rienda suelta, así tampoco de las cosas de esta vida se puede gozar bien, porque no paran en un punto, corriendo a rienda suelta”. “Con ser tan limitados- añade- los bienes de la vida, los da tan tímidamente, que la misma vida da por partecitas, y mezcla en ella tantas partes de muerte como da en trozos de vida”. Todo esto  y mucho más dice el Padre Nieremberg en su Diferencia entre lo temporal y lo eterno, un libro encantador que podía haber sido escrito por la zorra de la fábula de las uvas.
Por aquella época el jesuita madrileño tenía otros atentos lectores. En efecto, simultáneamente a esas reflexiones de Ortega, la prestigiosa colección de Clásicos castellanos  de ediciones La Lectura publicaba en 1915 el epistolario de Nieremberg, editado y anotado por el vallisoletano Narciso Alonso Cortés (1875-1972), cuya lectura no sé hasta qué punto podría haber añadido información de interés a José Ramón Marcaida.
De lo que sí estoy seguro es de que la lectura de Arte y ciencia en el barroco español permitirá a Nieremberg ganar lectores en las nuevas generaciones, y que sus páginas merecen críticas afectuosas y profundas siguiendo las pautas sugeridas por el mismo Ortega hace cien años en su primer libro Meditaciones del Quijote, publicado gracias al cuidado de Juan Ramón Jiménez en 1914 por la Residencia de Estudiantes. Esto es lo que decía un treintañero Ortega en esa obra sobre el ejercicio de la crítica  al hilo de sus lecturas sobre Azorín y Baroja: Veo en la crítica un fervoroso esfuerzo para potenciar la obra elegida…La crítica no es biografía ni se justifica como labor independiente, si no se propone completar la obra. Esto quiere decir, por lo pronto, que el crítico ha de introducir en su trabajo todos aquellos utensilios sentimentales e ideológicos merced a los cuales puede el lector medio recibir la impresión más intensa y clara de la obra que sea posible. Procede orientar la crítica en un sentido afirmativo y dirigirla, más que a corregir al autor, a dotar al lector de un órgano visual más perfecto. La obra se completa completando su lectura.
Ojalá este libro de José Ramón Marcaida encuentre los lectores y críticos que merece por su profundidad y claridad. De hecho observadores atentos de nuestro panorama cultural, como el filósofo Félix de Azúa, ya han saludado (aquí) su notable erudición y han encontrado resonancias de cuestiones que se abordan en él -como la desmaterialización de los objetos en las pinturas barrocas- con nuestro tiempo presente, en el que todos llevamos consigo en nuestros gadgets “una colección desmaterializada, no de objetos, sino de personas”.
En fin creo que no estoy equivocado si se considera  a Arte y ciencia en el Barroco español como uno de los mejores libros sobre historia de la ciencia e historia del arte escritos en lengua castellana durante 2014.

Novedades historiográficas de historia cultural publicadas en francés

La  l’Association pour le développement de l’histoire culturelle (ADHC), publica mensualmente Les archives de la Lettre de l’ADHC (ver aquí). El encargado de la publicación es el historiador Philippe Poirrier, de la universidad de Bourgogne. Las secretaria de la Asociación es Evelyne Cohen, del Enssib (Ecole Nationale Supérieure des Sciences de l’Information et des Bibliothèques).

Cada boletín  tiene varias secciones. En el nº 126, correspondiente a diciembre de 2014, presenta reseñas de siete libros importantes sobre historia cultural publicados entre 2013 y 2014. Las reseñas están accesibles on line, como se puede comprobar a continuación, en publicaciones electrónicas como Lectures, La vie des idées, Histoire@politique, Non Fiction, Parutions.


Les historiens et l'avenir

 

Régis Bertrand, Maryline Crivello et Jean-Marie Guillon (dir.), Les historiens et l’avenir. Comment les hommes du passé imaginaient leur futur, PU de Provence, 2014. Recension réalisée par Mathias Thura pour Lectures, novembre 2014.http://lectures.revues.org/16264

L'Amérique des images

François Brunet éd., L’Amérique des images. Histoire et culture visuelles des États-Unis. Paris, Editions Hazan, 2013. Recension réalisée par Marie Plassart pour La Vie des Idées, novembre 2014. http://www.laviedesidees.fr/Voir-l-…

Charles Maurras

Olivier Dard, Charles Maurras,Paris, Armand Colin, 2013. Recension réalisée par Pascal Cauchy pour Histoire@politique, novembre 2014. http://www.histoire-politique.fr/in…=506 Recension réalisée par Claire Maligot pour Non Fiction, novembre 2014. (ver aquí)

Robert Darnton De la censure

Robert Darnton, De la censure. Essai d’histoire comparée, Paris, Éditions Gallimard, coll. « Nrf essais », 2014. Recension réalisée par Björn-Olav Dozo pour Lectures, octobre 2014.http://lectures.revues.org/15985

Alphonse Dupront

Sylvio Hermann De Franceschi, Les intermittences du temps. Lire Alphonse Dupront, Paris, Éditions de l’EHESS, coll. « En temps et lieux », 2014. Recension réalisée par Nicolas Guyard pour Lectures, novembre 2014. http://lectures.revues.org/16055Aby Warburg ou la tentation du regard

 

Marie-Anne Lescourret, Aby Warburg ou la tentation du regard, Hazan, 2014. Recension réalisée par pour Hicham-Stéphane Afeisan pour Non Fiction, novembre 2014. (ver aquí).

L'histoire de France ne passera pas

Charles Personnaz et Emmanuel Pénicaut, L’Histoire de France ne passera pas  ! Bourin Editeur, 2014. Recension réalisée par Thierry Sarmant pour Parutions.com, novembre 2014. http://www.parutions.com/index.php?…


 

Se publica una historia de la geología española

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Si hace unos meses se dio cuenta en esta bitácora de una importante tesis doctoral sobre los estudios geológicos en la Inglaterra del primer tercio del siglo XIX (ver aquí) ahora nos hacemos eco de la publicación  de la primera síntesis de la historia de la geología española, del siglo XVIII hasta la actualidad. Se trata de Una historia de la geología en España, editada por Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2014, elaborada no por un historiador de la ciencia, sino por un geólogo, Manuel Julivert (Reus 1930).

En efecto el autor de esta historia de la geología en España se licenció en Geología en la Universidad de Barcelona y se doctoró en la Universidad de Oviedo, bajo la dirección de Noel Llopis. Vivió unos años en Colombia, donde ejerció de profesor en la Universidad Industrial de Santander y en la Universidad Nacional de Bogotá, y  realizó investigaciones sobre la cordillera de los Andes. De nuevo en España, se convirtió en catedrático de Geología en la Universidad de Oviedo y, posteriormente, en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha realizado numerosas publicaciones y  estudios importantes sobre la cordillera Cantábrica y las montañas de Cataluña, y también sobre el Alto Atlas, en Marruecos. Explorador de desiertos publicó el año 2003 en colaboración con Susana García López  El Sáhara, tierras, pueblos y culturas, que se puede descargar en PDF (aquí). Es miembro de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona.

Once años después de ese libro sobre el Sahara edita  Una historia de la geología en España, enfocada sobre todo desde la perspectiva catalana pues en ella se hace especial hincapié en el papel que desempeñaron a lo largo del siglo XX la Universidad de Barcelona y la llamada escuela geológica Barcelona en el desarrollo de esta disciplina en la España contemporánea.

El libro se ha presentado en el Aula Magna de la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona (c/ Martí i Franquès, s/n ) el  miércoles 29 de octubre de 2014, a las 12 horas. En el acto han intervenido el Dr. Pere J. Quetglas, vicerrector de Comunicación y Proyección; el Dr. Lluís Cabrera Pérez, decano de la Facultad de Geología; Josep M. Camarasa, expresidente de la Sociedad Catalana de Historia de la Ciencia y de la Técnica (Instituto de Estudios Catalanes); el Dr. José Ramón Martínez Catalán, catedrático del Departamento de Geología de la Universidad de Salamanca, y Manuel Julivert, autor del libro y catedrático jubilado de Geología Estructural de la Universidad de Oviedo y de la Universidad Autónoma de Barcelona.

He aquí el resumen del libro que  ha proporcionado Pasqual Bernat a través de la lista de distribución de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas (SEHCYT).

“Los inicios de la geología española se remontan a la Ilustración, momento en el que, a pesar del poco interés que mostraban las universidades por el conocimiento científico, se formaron sociedades privadas que se dedicaban tanto al cultivo como a la enseñanza de la ciencia y que concedían becas para estudiar en el extranjero, en especial en la Academia de Minas de Freiberg. Este período llega hasta las primeras décadas del siglo XIX, cuando, coincidiendo con las turbulencias del momento político y la emancipación de las colonias americanas, se produjo un estancamiento de la geología en España. Julivert remarca el agravio que suponía la inexistencia de universidad en Barcelona y el beneficio que supuso su recuperación a partir de 1837.

Fue a partir del segundo tercio del XIX cuando tuvo lugar la eclosión de la geología en España, con la consolidación de las instituciones que la impulsaban, la confección del mapa geológico de la península a escala 1: 400.000 y la publicación de estudios regionales de importancia (Galicia, Aragón, Madrid, Cataluña), así como de la primera síntesis sobre la geología en España por Ezquerra del Bayo en 1850. Por otra parte, entre el último cuarto de siglo XIX y principios del XX, en Cataluña se desarrolló una geología autóctona al margen de los organismos oficiales, fruto de dos intereses coincidentes: la voluntad del obispado de Barcelona de cristianizar la ciencia en Cataluña, y la de la Diputación de Barcelona de disponer de un mapa geológico de la provincia, consciente de los beneficios que podía suponer para la economía. Esta tarea fue continuada por la Mancomunidad con la creación del Servicio del Mapa Geológico de Cataluña, que fue suprimido —como el resto de instituciones propias— en 1923 con la dictadura de Primo de Rivera.

El siglo XX trajo consigo el desarrollo de la investigación y el asentamiento definitivo de la geología universitaria, con las cátedras de Vilanova y Piera en Madrid y la de Odón de Buen en Barcelona. Pero, si bien la incipiente escuela de Madrid se truncó a causa de la Guerra Civil, en Barcelona la investigación geológica se reanudó durante los duros años de la posguerra gracias a la figura del geógrafo y geólogo Lluís Solé, que ejerció de auténtico maestro y catalizador de una serie de talentos como Noel Llopis, José Fernández de Villalta, Joan M. Ribera, Josep M. Fontboté y Miquel Crusafont, los cuales conformaron el núcleo de la escuela geológica de Barcelona.

La expansión económica de los años sesenta y setenta permitió la incorporación de jóvenes investigadores, discípulos de esta escuela, a las universidades de Granada, Oviedo, Madrid, Salamanca, Zaragoza y la Autónoma de Barcelona, entre otras, lo que dio un fuerte impulso a la investigación académica y la docencia de la geología.

La geología española, a pesar de que durante toda su historia se haya mantenido al margen del progreso general de esta ciencia, ha logrado actualmente incorporarse a la comunidad internacional. Y el autor aboga por que la actual crisis económica no signifique un nuevo retroceso”.

Conviene matizar este resumen del libro. A  la espera de poder hacer una lectura atenta de él, cabe añadir que en el desarrollo de la geología española del siglo XIX fue relevante la labor desarrollada por los ingenieros de minas, que tuvieron más conexiones internacionales de las que se deducen de este resumen. Además de Ezquerra del Bayo fueron  figuras destacadas en el siglo XIX, entre otros  Casiano del Prado, Federico de Botella y Lucas Mallada, cuya influencia en el movimiento regeneracionista mostré hace tiempo. También son importantes las aportaciones a la geología española en el último tercio del siglo XIX de un círculo de naturalistas entre los que destacan los institucionistas liberales Francisco Quiroga y Salvador Calderón. Luego en el primer tercio del siglo XX se desarrolló en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid una importante línea  de investigaciones sobre la geología de España impulsada por Lucas Fernández Navarro y Eduardo Hernández-Pacheco que influyeron en la relevnate labor de José Royo tanto en España, como en su exilio en Colombia y Venezuela.

De las actividades de todos estos geólogos, en comunicación con sus colegas catalanes, hay numerosas huellas en el Museo Geominero de Madrid, perteneciente al Instituto Geológico y Minero de España. Su directora, Isabel Rábano Gutiérrez del Arroyo, también está realizando contribuciones a la historia de la geología española.

Y a propósito de Lluis Solé Sabaris, que cumple un papel tan importante en el análisis de Manuel Julivert  cabe añadir dos cuestiones: su estrecha vinculación con la institución en la que trabajo, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el CSIC, desde la década de 1940  y su deuda intelectual con el gran geógrafo catalán Pau Vila de quien hizo una interesante necrológica en El País, el 17 de agosto de 1980. (ver aquí).

Noticia sobre un libro acerca de la educación en la Segunda República y la represión franquista

A través de la eficaz lista de distribución de la Sociedad Española de Historia de la Educación (SEDHE) he tenido noticia de la reseña de Antonio Viñao del siguiente libro -editado por la Universidad de Valladolid–  que, por su interés para quienes se interesan por los logros educativos de la Segunda República, -a los que se ha aludido en esta bitácora en varias ocasiones (ver aquí) –  transcribo a continuación.

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Esteban, Asunción e Izquierdo, María Jesús, La revolución educativa en la Segunda República y la represión franquista. Valladolid, Universidad de Valladolid, 2014, 227 páginas. ISBN: 978-84-8448-777-7.

Este libro es el resultado de unas Jornadas tituladas “Lecciones contra el olvido: enseñanza-cultura republicana y represión franquista” llevadas a cabo en marzo de 2012 en la universidad vallisoletana y organizadas por el Colectivo Contra el Olvido y la Asociación Memoria de la Transición.

En total incluye 16 trabajos agrupados en cuatro epígrafes.

El primero – Reforma educativa y revolución cultural durante la Segunda República– reúne textos de

– Hilda Farfante: “El Grito de Hilda, rompiendo silencios”.

Carlos Lomas :”Literatura y memoria en tiempos de olvido: la utopía republicana de una educación democrática”.

Mª del Carmen García Alonso: “Las 26.550 noches de Palmira. Cultura frente a dogma en las Misiones Pedagógicas de la Segunda República”.

– e Ignacio Martín Jiménez: “La educación republicana: un instrumento de reforma social”.

El segundo apartado – Represión en la enseñanza y exilio de la cultura – incluye los trabajos de:

– Mª Jesús Izquierdo: “Depurar a quien envenena el alma“.

Raimundo Cuesta: “El purgatorio docente: entre el desguace de los institutos y la reinvención del Bachillerato tradicional”.

Clara E. Lida: “El exilio cultural y científico en México. La Casa de España, 1938-1940”.

Esperanza  Ortega : “Enseñanzas de la escuela que no conocimos”.

Alicia Alted:  “Exilio de la cultura”.

– y Enrique Rivas “Cultura y exilio republicano”.

El tercer epígrafe – Nacionalcatolicismo y resistencia durante el franquismo–  recoge textos de:

Elena Maza Zorrilla: “Las reglas del juego del nacional catolicismo”.

Jaume Claret Miranda:  “La Universidad de Valladolid por Franco”.

y Pere Ysàs: “Personas conflictivas: intelectuales contra la dictadura”.

Por último, el cuarto – Homenaje a los trabajadores de la enseñanza represaliados– , contiene:

– un testimonio: el de Celia Muñoz,

– un listado de los trabajadores de la enseñanza de Valladolid asesinados y encarcelados durante la Guerra Civil y el Franquismo, titulado “Pizarras vacías”

– y la aportación de Reyes Mate:  Educar contra el olvido: la memoria como conocimiento moral.

En las páginas finales, a todo color, figura un álbum fotográfico sobre el proceso de elaboración del mural La alegría de la República, de Manuel Sierra, expresamente realizado con motivo de estas Jornadas.

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Iniciativas francesas sobre el estudio histórico de la geografía escolar

La geografía escolar sigue suscitando el interés de los investigadores. Así lo demuestran dos iniciativas de las que doy cuenta.

Por una parte me refiero al ciclo de  conferencias “Le monde des géographies scolaires” organizado por el seminario “La fabrique de la géographie scolaire” de la Universidad Paris Diderot-Paris 7, cuyo programa detallado está accesible aquí.

Los organizadores –Pascal Clerc, Caroline Leininger-Frézal y Bertrand Plevel-, pretenden confrontar el modelo francés de “historia-geografía-educación cívica” con la enseñanza de la disciplina de la geografía en otras culturas escolares desde una perspectiva de educación comparada. Su intención es profundizar en el conocimiento del lugar de la geografía en los curriculums, y en los objetivos de la enseñanza de esa disciplina, las prácticas didácticas implementadas, los objetos que se privilegian en su enseñanza y la formación de los enseñantes de geografía en diversos países de Europa, América y Asia.

Por tales razones el ciclo está organizado de la siguiente manera:

19 noviembre 2014: Carmen Mínguez García, “L’enseignement de la géographie en Espagne”

10 diciembre 2014: Diana Saavedra López, “La géographie au Chili: un contexte à l’histoire”

21 enero 2015: Philippe Hertig, “La géographie scolaire en Suisse romande: des finalités ambitieuses..mais encore?”

4 febrero 2015: Amin Eskander, “Défis et enjeux de l’enseignement de la géographie en Syrie”

4 marzo 2015: Karl Donert, presidente de EUROGEO, “Enseignement de géographie en Angleterre: challenges, réflexions, organisations et opportunités”.

Les cartes de notre enfance

Por otro lado acaba de aparecer el libro de Jacques Scheibling y Caroline Leclerc Les cartes de notre enfance-Atlas Mural Vidal-Lablache, Armand Colin, 2014, 160 p., 29 €. En la sección de comptes-rendus de La Cliothèque de la asociación de Les Clionautes se ha publicado una reseña de Xavier Leroux que transcribo a continuación:

“Lancées à partir de 1885 dans le double but de transmettre l’amour de la patrie et de développer le fond scientifique naturaliste de la géographie de l’époque, les cartes Vidal-Lablache (du nom commercialement adapté du père de la géographie française) ont marqué les esprits de générations d’élèves et d’enseignants.

Le géographe Jacques Scheibling et l’éditrice-historienne Caroline Leclerc reviennent sur l’histoire de ce succès non démenti (800.000 exemplaires furent vendus dès 1920) à l’aide d’une collection privée (celle de Fred Perrin dont les coordonnées sont présentes dans l’ouvrage) regroupant la quasi totalité de ce qui a été publié entre 1885 et 1969.

Divisé en deux parties, le livre s’intéresse à « La France et son empire » mais également aux « Continents ». Les cartes sont reproduites avec grand soin en regard d’une page de texte les commentant.

Les espaces retenus sont souvent traités de manière double pour aborder les aspects naturels (la « carte physique ») et humains (la « carte politique », parfois présente en deux versions pour comparer les évolutions).

Comme l’utilisation passait par l’apprentissage (dont il est rappelé que la pratique fut développée davantage par les inspecteurs et les instituteurs qu’en fonction des préconisations de Vidal), la présence de nombreux toponymes hiérarchisés se perçoit sur bon nombre de cartes.

Ceci étant, cette technique de superpositions des noms présente ses propres limites et certaines cartes demeurent imbitables à l’image de celle de Paris intra-muros qui cherche l’exhaustivité ou mal structurées à l’image de celle sur l’industrie et le commerce de la France qui hiérarchise mal l’information (mais il est là rappelé que le parti pris du cartographe est une donne dont il faut tenir compte et Vidal n’était pas particulièrement porté sur les villes et l’industrie).

En revanche, l’auteur savait soigner le cadrage lorsque cela s’imposait (la carte des canaux se concentre sur une large partie nord de la France) et se rendre pédagogique lorsqu’il était question de visualiser les proportions des espaces (nombreux exemples d’inclusion et de comparaison dans le cartouche : le département d’Alger tient dans la Gironde, la Cochinchine « tient » largement dans la France). Les textes insistent d’ailleurs sur ces points (« L’Europe fait 1/3 de l’Afrique,… 1/4 de l’Asie », « La France tient 18 fois dans l’Europe »).

Une compilation agréable à parcourir qui permettra d’appréhender les évolutions des territoires mais surtout de se rendre compte que ces cartes constituent le reflet d’une époque passée…encore que certaines n’ont toujours pas été décrochées des classes et que les autres trouvent une seconde vie décorative dans le circuit de la vente d’occasion”.

Cuatro debates en el centro Alexandre Koyré de Paris entre octubre 2014 y enero 2015

El Centro Alexandre-Koyré de Historia de las ciencias y de las técnicas (CNRS/EHESS/MNHN) viene organizando unos debates mensuales en torno a la discusión de obras publicadas recientemente en ese dominio historiográfico.

Las próximas cuatro sesiones, que prometen ser interesantes y dan prueba del vigor de esta disciplina, son las siguientes, según informa Emanuel Bertrand:

La France nucleaire

-miércoles 15 octubre, de 10h a 12h : “Le nucléaire : une technologie d’Etat ?”, con Sezin Topçu (CNRS, Centre d’étude des mouvements sociaux), autora de La France nucléaire. L’art de gouverner une technologie contestée (Paris, Seuil, 2013); Comentaristas : Loïc Blondiaux (Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne, Centre de recherches politiques de la Sorbonne), Tatiana Kasperski (IFRIS, Centre Alexandre-Koyré).

Rheinberger Introduction a la philosophie des sciences

– miércoles 12 novembre, de 10h a 12h : “Une épistémologie historique made in Germany ?”, con Hans-Jörg Rheinberger (Max-Planck-Institut für Wissenschaftsgeschichte, Berlin), autor de Introduction à la philosophie des sciences (Paris, La Découverte, 2014); Comentaristas : Jean-François Braunstein (Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne, Centre de Philosophie contemporaine), Nathalie Jas (INRA, Risques, travail, marché, État).

Van Damme A toutes voiles vers la verité

– miércoles 17 diciembre, de 10h a 12h : “La philosophie : une pratique sociale ?”, con Stéphane Van Damme (Institut Universitaire Européen, Florence), autor de A toutes voiles vers la vérité (Paris, Seuil, 2014); Comentaristas : Roger Chartier (Collège de France), Jean-Louis Fabiani (EHESS, CESPRA), .

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– miércoles 14 enero 2015, de 10h a 12h : “Au-delà des humanités numériques : les digital studies ?”, avec Bernard Stiegler (Institut de recherche et d’innovation, Centre Georges Pompidou), que ha dirigido la obra colectiva  Digital Studies (Limoges, FYP éditions, 2014); Comentaristas: Aurélien Berra (Université Paris Ouest – Nanterre, ANHIMA), Marc Renneville (CNRS, Centre Alexandre-Koyré).

Serge Noiret: impulso a la historia digital y a la public history desde el Instituto Europeo de Florencia

Serge Noiret es doctor en Historia contemporánea del Instituto Universitario Europeo en (Floren­cia, Italia). Actualmente trabaja en la biblioteca de esa prestigiosa institución académica donde estudia el impacto de la web y de los nuevos media sobre el oficio de historiador. Es presidente de la Federación internacional de historia pública (IFPH-FIHP).

Investiga, practica, enseña y escribe acerca de la historia política, public history e historia digital desde hace muchos años.

Un listado de sus publicaciones se encuentran aquí en su página personal  del staff del Instituto Universitario Europeo de Florencia.

En el marco de su amplia producción destacan una serie de trabajos sobre la historia digital, de la que es uno de los pioneros europeos, que son los que interesa destacar en esta ocasión:

Serge Noiret (a cura di) Linguaggi e Siti: la Storia On Line”, dossier de la revista Memoria e Ricerca (1999)

Serge Noiret, Antonino Criscione, Carlo Spagnolo e Stefano Vitali, La Storia a(l) tempo di Internet: indagine sui siti italiani di storia contemporanea (2001-2003) (Bologna: Pátron editore, 2004),

“Pub­lic History” e “storia pubblica “nella rete”, Ricerche storiche, a.39: n.2-3 (mayo-diciembre 2009): 275-327,

“Y a t-il une Histoire Numérique 2.0?”, en Les historiens et l’informatique. Un métier à réinventer, eds. Jean­Philippe Genet y Andrea Zorzi (Rome: Ecole Française de Rome, 2011): 235-­289.

En colaboración con Stefani Gallini la edición de La Historia digital en la era del Web 2.0. Introducción al dossier Historia Digital“, Historia Crítica, “Revista del Departamento de Historia de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia)” issue n.43, January-April 2011, pp.16-37.

« La digital history : histoire et mémoire à la portée de tous », in Pierre Mounier (dir.), Read/Write Book 2, Marseille, OpenEdition Press (« Collection « Read/Write Book » »), 2012, URL : http://press.openedition.org/258

En colaboración con Fréderic Clavert coordinó el libro L’histoire contemporaine á l’ère numérique. Contemporary History in the Digital Age, Peter Lang, Bruxelles et al., 2013, 381 p., 31 fig., 6 tab, cuyas características explicó Serge Noiret en este post.

Desde mayo de 2012  impulsa una interesante bitácora sobre Digital and Public History. en la que incorpora posts escritos desde 2008.

La educación científica en Estados Unidos entre 1890 y 1930: reseña de un libro de Sally Gregory Kohlstedt por Maria Elice Brzezinski Prestes

Sally Gregory Kohlstedt, -ver su curriculum aquí-  es actualmente profesora de la Universidad de Minnesota.

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Imágenes de mariposas por María Sybilla Merian (1647-1717), icono elegido por Sally Gregory Kolhstedt para ilustrar su website

En 2010 publicó un importante libro sobre cómo se incorporó la preocupación por la enseñanza de la ciencia, y particularmente de las ciencias de la naturaleza, movimiento que se denominó “nature study”, en el curriculum de los escolares norteamericanos en el gozne de los siglos XIX al XX a través de una alianza entre líderes científicos, reformadores educativos y maestros y maestras con interés en introducir innovaciones en las aulas.

Se trata de la obra Teaching Children Science. Hands-on Nature Study in North America, 1890-1930. Un índice de sus contenidos y una selección de las observaciones de algunos de sus lectores se encuentran en la información ofrecida por su editor: la prestigiosa editoral de la Universidad de Chicago. Ver aquí esa información.

Portada libro Kohlstedt  Teaching Children Science

Ahora en el Newsletter de abril-mayo de 2014 -ver aquí– del International History, Philosophy and Science Teaching Group, (IHPST), impulsora de la revista Science and Education, se publica una amplia reseña de esta obra a cargo de Maria Elice Brzezinski Prestes, del Departamento de Genética y Biología Evolutiva del Instituto de Ciencias de la vida y del grupo de investigación Historia, Teoría e Ensino de Ciencias de la Universidad de Sao Paulo. Ver su curriculum aquí.

Reproduzco acá esta interesante reseña

The development of science teaching programs in schools is an important and yet relatively unexplored subject in history of education in general. The intricate ways by which scientific ideas about nature were first organized for presentation to children also arouse interest in the history of science. They reflect the natural sciences community’s growing authority and the recognition that knowing more about nature is fundamentally important for future generations. The approaches used by the anonymous teachers who initiated the implementation of a specific science curriculum for children, in turn, are inspiring to those involved with science education, whether in research or in the classroom practice.

Teaching Children Science: Hands-on Nature Study in North America, 1890-1930 is a vivid and strongly documented narrative that has much to reveal for all these three specific audiences. Each one will find its own focus within the narrative of how American children in that period learned about the natural world, how they were taught, and who taught them. Additionally, the book provides an impressive “institutional account of the circumstances that brought the idea of nature study into prominence” (p. 1-2) in American school systems at the beginning of the twentieth century. Although the nature study movement was well investigated before, with the production of iconic works such as Kevin Connor Armitage’s The Nature Study Movement: The Forgotten Popularizer of American’s Conservation Ethics (2009), Kohlstedt’s exhaustive research sheds new light on this subject.

Sally Gregory Kohlstedt is a professor in The Program of History of Science and Technology at the University of Minnesota. With a long and active role in the History of Science Society, Kohlstedt has a steady production of books and papers in this field of study. Her previous monographs demonstrate an outstanding expertise in the history of scientific institutions, such as The Formation of the American Scientific Community: The American Association for the Advancement of Science (1976) and The Establishment of Science in America (1999), co-authored with Michael Sokal and Bruce Lewenstein. Her approach links the dynamics of science with culture to expose how social, political, and intellectual matters can influence scientists and contrariwise. To do this, the historian of science looks for the intersections “where scientific practitioners cross paths” with another audiences, as she states in her curriculum vitae. This research program is precisely what she delivers in Teaching Children Science. The book brings out the frame of institutions that engendered the connections between leading scientists, educational reformers, and science instructors—particularly women, who were mostly responsible for implementing the new curriculum in schools.

The book has eight chapters that cover different perspectives on a movement that introduced science—“nature study,” as it was named at the time—into public schools in U.S. From the 1880s onwards, as several examples in the book illustrate, the reader learns how the nature study curriculum spread throughout the country after flourishing in the North-East, the upper Midwest, and the Far West. From major urban cities in these regions, such as New York, Chicago, and Los Angeles, the program spread into suburbs, small towns, and rural one- and two-room schools in the public, private, and parochial school systems. Kohlstedt briefly mentions the introduction of the nature study in other countries, but only for English-speaking ones such as Canada (Ontario, Guelph, and Montreal), Britain, Scotland, Ireland, and a very quick mention to Australia and New Zealand. So a pertinent criticism can be made to the “North America” of the title of the book, which creates the expectation of a thorough approach to Canada and Mexico, and this last country is not even mentioned.

This panorama is constructed from an immense mass of documents selected from two decades of research. The archive list draws from 39 different institutions, including the United States National Archives, museum and academic society archives, many university libraries, and some public libraries in the key regions she inspects. Some special collections of children’s textbooks and popular books, government reports and bulletins, biographical dictionaries, as well as 26 pages of secondary sources indicate the extent of Kohlstedt’s careful research. However, what is so important as the hard work of fishing relevant information from all that material is the subtle narrative that emerges from the lives of the teachers, scientists, and others engaged in nature study education in the USA during the four decades covered by the book.

And what was the nature study movement, and what was the tendency of that curriculum? Finding herself obliged to avoid a simple and comprehensive definition of the nature study movement, the author concludes that it was precisely its rich and varied expressions that helped explain its success. Basically, nature study assembled a curriculum devoted to teaching hands-on and age-specific activities that related to the students’ personal experience. Students should be acquainted to current scientific thinking, they believed, through close observation and face-to-face contact with the natural world, which would furnish them with an appreciation for the processes of living things in their environment. Nature study also had a strong association with themes of civic and moral uplift.

The nature study movement is presented as deeply rooted in the American enthusiasm for natural science and commitment to education for all children. To account for this history the author was guided by some general concerns that cross the whole text, such as connecting “some of the key advocates who framed” the fundamental principles of the nature study program, the “threads of preparation by teachers and supervisors who implemented it,” and the “multiple ways that the concept continued to resound long after the term had receded from school usage” (p. 2).

In the Introduction we learn about the two main theoretical aspects that informed nature study in the USA. One of them was the thought developed in the 1870s by reforming educational philosophers who were trained in German pedagogy and psychology. They had a strong commitment to a child-centered curriculum that took the developmental stage of the child into consideration. And this aspect connects with the second one, which was documented by nature study practices in a great number of urban and rural schools, namely the development of theories and methods concentrated in learning about nature outside with materials close at hand. Not coincidentally, the conception of “Educating with Nature’s Own Book” provides the title for the book’s first chapter. Leading scientists such as Louis Agassiz and educators like Horace Mann are mentioned side by side with the teachers who criticized traditional methods of teaching botanical or zoological terms.

The overview of the meaning and values pursued by the nature study movement at the time gradually appears in Teaching Children Science through the titles of a vast collection of materials mentioned throughout the book. Diverse textbooks, handbooks, pamphlets, leaflets, and journals on the subject were written by naturalists and practicing educators of the time. Outstanding are the thirteen guides for science teaching published under the auspices of the Boston Society of Natural History between 1876 and 1896. One of these guides, A First Lesson in Natural History (1879), written by Elizabeth Cary Agassiz in the form of a familiar conversation with young women, presents the seashore life in eastern Massachusetts. Botany for Young People and Common Schools: How Plants Grow (1858), written by Asa Gray, reached numerous editions. Child’s Book of Nature (1885) by Worthington Hooker was addressed to “the mother and the teacher.” Reading these books and the others mentioned below should not be of interest to historians of science only; taking into account the context in which they were written, they can still provide inspiration for science and biology teachers today.

In the second chapter, “Devising a Curriculum for Nature Study,” readers are acquainted with some of the intricate relationships between researchers at leading universities, from Massachusetts to Chicago, and the US school system. Above all, in this chapter more so than in the others, we can see the extent of the contribution of Kohlstedt’s book, even compared to revisionist historiography that largely concentrated on “governing education and issues of consolidation, standardization, and requirements” (p. 9) by focusing on those who had social or political power or on how parents and teachers discussed and defined programs. Instead, Kohlstedt focuses on how curriculum was negotiated among administrators, teachers, parents, political leaders, community activists, and educational theorists. Illuminating all these different characters, the historian of science reveals “how gender, class, and ethnicity were inevitably woven” (p. 9) in the nature study practices, as she promised in the Introduction.

Chapters three and four illustrate the diversity of the initiatives that introduced nature study in urban and rural areas, both in public and parochial school systems. The spirit of teaching with the world in which the child lives and its natural environment, reinforced by direct observation and cultivation of sympathetic acquaintance with nature, narrowed the relationships or “cross paths” between scientific educators, urban schools, and a variety of institutions, predominantly but not exclusively scientific, such as natural history museums, botanical gardens, zoological parks, and aquariums.

It is striking that the most remote cities across the country were working to find “the one best system” (p. 40) of education in “standardized programs intended to produce moral citizens able to work in their communities” (p. 68). The distinctive ways in which nature study was implemented emerged as opportunities to promote, for instance, community projects for eliminating mosquitoes and thus stem the incidence of malaria or to encouraging gardens with edible and flowering plants in local schools in Worcester, Massachusetts. Here, as throughout the book, the author deeply explores some inspiring examples while simultaneously mentioning many other cases that illustrate the national scope of nature study.

In rural areas, courses that were intended for future farmers, which focused on topics like entomology and agriculture, kept the face-to-face approach to nature, the use of natural specimens, and field excursions. The Handbook of Nature Study (1911) by Anna Comstock went through more than twenty editions and translation into eight languages (and remains in print today). It is an outstanding example of that direct approach to nature colored by a clear ecological sensibility and a commitment to the growing conservation movement. Another influential and widely distributed book was The Nature-Study Idea (1909), by Liberty Hyde Bailey, which influenced the implementation of a child-centered curriculum and guided teachers in exploring the intricacies of plant and animal life.

Throughout the book criticism and resistance to the nature study curriculum are also examined. This criticism related to various aspects of the curriculum, such as the extra time and attention required from the teacher in preparation for the new task and the organization of materials for practical classes. In addition to nature study, other educational “fads” that were criticized included music and drawing, because they “distracted students from basic studies and led to failure on standard tests” (p. 64). The press sarcastically criticized schools for “forcing pupils to take to the woods” to become naturalists “of the Robinson Crusoe type” (p. 43). Even inside universities that were engaged with educational research and preparing graduates to become instructors in normal schools, authorities advised to not let it become known that the chief interest was in the primary school because it represented something “beneath the dignity of any university to identify itself with the training for the instruction of young children” (p. 39), such as documented by an educator in University of Illinois in Urbana. The “feminine” face, soft and sentimental, lacking “rigor,” was pointed out by some of the critics as responsible for the nonscientific character of the nature study and as a reason to drag it out of school curricula.

The fifth chapter is in some ways the most exciting one; its departure from the format of the previous chapters means that it could be read separately as a summary of the theoretical trends that the previous chapters explore in more detail. The chapter lists the four aforementioned educational approaches in nature study and explores how each one influenced the implementation of the curriculum, not without some overlapping between the different approaches. The first was that of initial foundations for nature study, established under the instructor Wilbur Jackman and his Chicago colleagues; they combined their own scientific interests with child-centered pedagogy and ideas from some European educational philosophers. The second approach, compatible with the former, was developed by Charles and Frank McMurry based on the educational philosophy of Johann Friedrich Herbart, who, among other things, recommended integrating different subjects, such as pairing discussion of natural objects with painting, clay modeling, and written self- expression. The third approach was that of the Worchester’ schools, where Clifton Hodge’s projects focused on empirical and pragmatic aspects of the everyday life of children and citizens in an industrial context. The fourth outlook, expressed in Bailey and Comstock’s works, assumed that despite the familiarity of rural children with nature, it was necessary to attune them to more aesthetic and scientific ways of understanding both the domesticated and the wild landscapes in which they lived. The syntheses made in this chapter shows that these theoretical engagements gave rise to the multiple facets that characterized the nature study movement.

The rest of the chapter, in a series of smaller sections, resumes and expands new perspectives on nature study applications. Despite the emphasis on “nature, not books” that was advocated everywhere, one section shows how initiatives that enabled elementary teachers to teach the new curriculum resulted in an exponential growth of educational market in the latter decades of the century. Nature study curricula spread as a result of that broadening market for different pedagogical materials, from books and manuals to leaflets, pamphlets, illustrations, hanging wall charts, and even games. Another section resumes the debate over traditional classrooms and shows that nature study incorporated the reforming educators’ emphasis on the importance of the child as the center of the teaching process. They focused on activating children’s inner potential for observation and reason and on linking all the sciences to and through life experiences. Following Herbart’s ideas, the active correlation of subjects like art, literature, and geography, was proposed within an integrated curriculum. A new section discusses how, after the turn of the century, psychological approaches took place that were derived from the psychology of Wilhelm Wundt. These approaches inspired the research of G. Stanley Hall at Clark University as well as Clifton Hodge’s projects on “out-of-door life.” Other sections also resume the aforementioned theoretical debate by focusing on different aspects of it, such as the particular development of illustrations, animal stories, and connection between nature study and civic reform. As the author concludes, the multiple strands of nature study meant that it was never standardized in a single, prescriptive curriculum. And it could not have been different, since the only common point was the use of local materials by a creative and autonomous teacher.

The sixth chapter, “Establishing Professional Identities,” turns its attention to the system of teacher preparation. Describing the specificities of normal schools and college departments, the author shows that these two institutions were progressively defining agenda in public schools, producing materials, and educating the best-trained teachers and future administrators. But only progressively, because up to the first quarter of the twentieth century, normal school students were a privileged minority. Here the book again takes up initiatives mentioned earlier, such as the highly experimental program developed by John Cook and Charles McMurry in the Northern State Normal School in DeKalb, Illinois. The core idea was that of supervised teaching, meaning that normal school should be the place for “observation and experience of actual teaching in a standard classroom” (p. 150). Nature study moved quickly across the country, and the chapter describes the conditions and particularities of teacher preparation in normal schools in the 1880s and 1890s in the West Coast (Los Angeles), in the South (Nashville, expanding out to other cities in the first two decades of the twentieth century), in the upper Midwest, and in the Northwest.

A clear sign of the new curriculum’s prominence was the establishment of a distinct “supervisor” position for nature study in a significant number of schools by the turn of the twentieth century. The supervisor’s function was to visit schools to advise on curricula, train teachers, and provide local materials. Here, as in other parts of the book, the methodological choice for a kind of narrative related to “history of life” positions the reader as an eyewitness of particular and thought- provoking experiences. Additionally, the author supplies an appendix with a partial but undoubtedly meaningful list of individuals “noted in a wide range of ephemeral sources” (p. 239) that contains 42 nature study supervisors in schools, 16 in museums, and 38 in normal schools, training, or practice schools in different regions of the country between the 1890s and 1930s.

Nature study reflects the gendered division of labor in teaching. Despite being dominated by women, statistical analysis reveals that men, on average, taught older rather than younger students (more on college or normal schools faculties), taught more boys than girls, taught “harder” subjects, were more encouraged to teach about ideas, and to organize the profession. Men also published more articles on the definition of nature study, while women wrote more reports on classroom practices. That bias was not only a social construction; it was also rooted in the work of leading psychologists such as Edward Thorndike, who thought women were not suited for the rigors of science but were appropriate for teaching young children. Nature study critics even blamed women for the failure of nature study. As Kohlstedt summarizes, such gendered and hostile rhetoric was “widely used in educational journals and contributed to the attack on the so-called feminization of education in the early twentieth century” (p. 172). Despite the prejudices, among all members of the Nature Study Society, women represented about a quarter of the teachers who taught at normal schools and colleges of education. Despite the resistance of editors, women continued publishing textbooks, readers, manuals, and leaflets. In fact, commitment and creativity were present in nature study teachers in general, both female and male.

Chapters seven and eight deal with the historical accounts of Nature-Study Review, launched in 1905, and the still-existing American Nature Study Society, created in 1907. The first editor of Nature-Study Review was Maurice A. Bigelow, a faculty member at Teachers College in New York. Aiming to present education as an emerging academic discipline, with sound research practices and theory, he invited well-known contributors to nature study with academic credentials to join its advisory board. The first three volumes were clearly more theoretical and intended to clarify what had become “controversial among academics and remained a challenge to teachers” (p. 177). The articles were mainly devoted to discussing the theory and pedagogy of nature study, as well as discussions about its relation to natural science itself. The editor was looking for common principles of nature study, even given the diverse views and definitions of it. At the same time, while the Review was initially conceived to address the concerns of teachers, administrators, educational psychologists, and educational philosophers and to provide a forum for discussion that balanced theory and practice, it gradually expanded to include space for teachers to present their own experiences. The journal passed through the hands of several editors, including Anna Comstock, but the efforts to maintain it were not sufficient. After merging with a new journal in 1923, it tried to restart under the name Nature and Science Education Review; however, both sunk and the nature study movement eventually lost its official communication channel. Around the same time, supporters of nature study connected to the Society had turned their “attention toward the broadening inclusion of nature study in other venues” (p. 214). In its place, gradually and definitively, concern shifted to elementary science, the new science project for schools.

All of this rich material makes reading Teaching Children Science inspiring and profitable. Not only because the author redeems nature study from its former naïve appearance and displaces the marginal position assigned to it in the curriculum by previous analyses, which directly concerns historians of education and historians of science. The book is also valuable because science education (still) has to face strong students’ unawareness about the natural beings in the place where they live. Today disinterest of the young in science studies in school and in scientific careers is frightening to the community of educators. Maybe some of the ideas espoused by educators and teachers of the nature study movement, recontextualized by current educational knowledge and redirected to the current goals of science teaching in primary school, may provide some fruitful clues. At least, Sally Gregory Kohlstedt fulfilled her part of that bigger challenge.

We are delighted to announce that over 100 000 high-resolution images, including images of manuscripts, paintings, etchings, early photography and advertisements, are now freely available through Wellcome Images.Drawn from our vast historical holdings, the images are being released under the Creative Commons Attribution (CC BY) licence.This means that they can be used for commercial or personal purposes so long as the original source is acknowledged (Wellcome Library, London). All of the images from our historical collections can be used free of charge.The holdings offer a rich body of historical images, ranging from ancient medical manuscripts to etchings by artists such as Vincent van Gogh and Francisco Goya.

 

Presentación de una obra colectiva sobre el Instituto San Isidro

El pasado día 23 de abril a partir de las 17 horas se presentó en el Salón de Plenos del Consejo Escolar del Estado el libro El Instituto de San Isidro. Saber y patrimonio. Apuntes para una historia, editado hace unas semanas por la editorial de mi institución, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y en el que colaboran una veintena de autores. Su portada es la siguiente.

Portada del libro

El acto contó con nutrido público, en torno a dos centenares de personas, que acompañaron a los presentadores de la obra.

libro san isidro publico

Público asistente a la presentación del libro sobre El Instituto de San Isidro en el Consejo Escolar del Estado el 23 de abril de 2014

La mesa la presidieron Francisco López Rupérez, como presidente del Consejo Escolar del Estado, y Alicia Delibes Liniers, viceconsejera de Educación de la Comunidad de Madrid, quienes inauguraron y cerraron el acto respectivamente, ubicando en sus intervenciones  al Instituto San Isidro en la tradición educativa del liberalismo español y efectuando una defensa de la enseñanza de las humanidades en el bachillerato. También tomaron la palabra Isabel Piñar Gallardo, directora del IES San Isidro, quien expuso los antecedentes del libro, el autor de la bitácora, como prologuista del libro, y los dos coordinadores del libro, lo profesores del IES San Isidro Leonor González de la Lastra, quien dio cuenta de los contenidos de la primera parte del libro: Tradición y modernidad, patrimonio y enseñanza y Vicente Fernández Burgueño, quien ilustró sobre las otras dos partes de la obra tituladas: Imagen social, profesores y alumnos y En torno a la historia del instituto.

intervinientes en presentación libro sobre El Instituto de San Isidro

Intervinientes en el acto de presentación del libro sobre el Instituto de San Isidro, editado por el CSIC. De izquierda a derecha Vicente Fernández Burgueño, coordinador del volumen y profesor del IES San Isidro; Isabel Piñar Gallardo, directora del IES San Isidro; Francisco López Rupérez, presidente del Consejo Escolar del Estado; Alicia Delibes Liners, viceconsejera de Educación de la Comunidad de Madrid; Leoncio López-Ocón Cabrera, prologuista del libro e investigador del CSIC y Leonor González de la Lastra, profesora del IES San Iisdro y coordinadora del libro.

A continuación reproduzco el contenido de mi breve intervención, orientada como homenaje a los profesores de instituto que mantienen la tensión investigadora y como llamada de atención a cuidar de la educación pública como garante de igualdad de oportunidades, y potenciadora de nuestras capacidades intelectuales y de nuestra formación cívica.

Buenas tardes a todos.

Es motivo de satisfacción para mí participar en este acto y por ello quiero agradecer a sus organizadores su invitación por una doble razón.

Me brindan la oportunidad de contribuir a dar la bienvenida a un trabajo colectivo bien hecho, algunas de cuyas características ya expuse en el prólogo del libro que me solicitaron los coordinadores de la obra.

A él remito –aquí– pues en él expuse de manera concisa su contexto y resalté algunos de sus numerosos méritos.

También me permite esta grata invitación participar en un acto en el que cumplimos el deseo de los versos del poeta Luis Cernuda:

“Recuérdalo tú y recuérdalo a otros”.

Ahora permítanme que les lea unas reflexiones de Antonio Muñoz Molina contenidas en su último libro Todo lo que era sólido, donde tras hacer un diagnóstico de la situación en la que nos encontramos nos insta a ejercer la responsabilidad cívica y a sostener un idealismo práctico y racional.

Su lectura me ha permitido entender mejor el sentido de las páginas contenidas en la obra que presentamos aquí y ahora.

Dice así Muñoz Molina al final del mencionado ensayo. (cap. 94, p. 231):

“Necesitamos con urgencia comprender lo que está sucediendo tan velozmente a nuestro alrededor, y como no hay comprensión sin palabras necesitamos que sean lo más claras y precisas posible…
[Necesitamos] Prestar más atención a las personas que actúan que a las que hablan; las que en cada ámbito de la vida han sostenido el país y han logrado que siguiera progresando…

Padres y madres que con ternura, constancia y firmeza han enseñado a sus hijos a ser considerados hacia los demás, les han ayudado a aprender a leer; profesores y maestros que no se han dejado desanimar por la falta de consideración hacia su oficio, y al cumplir con él ha mejorado para siempre la vida de sus alumnos…

Todos aquellos que han amado lo que hacían y han ejercitado su profesión con sentido del deber y conciencia de que estaban contribuyendo en algo al bienestar común, a la solidez de la vida civil”.

Y finaliza esta reflexión afirmando

“No hay trabajo real que visto de cerca no sea admirable. Y cuando mejor hecho está menos necesidad tendrá su autor de actuar como propagandista de sí mismo: es el trabajo el que se muestra en su justa medida, sin necesidad de relumbrón ni de acrobacias publicitarias; es la obra la que se explica a sí misma”.

Aunque es cierto que la obra se explica a sí misma y sus autores no tienen por qué hacer acrobacias publicitarias permítanme que explique brevemente, casi telegráficamente, por qué conviene hacer publicidad de este libro, recordando tú y recordándoselo a otros.

En primer lugar nos aproxima con una mirada plural y a través de una especie de caleidoscopio a uno de los más relevantes lugares de la memoria de la enseñanza secundaria de la sociedad madrileña y española contemporánea.

Un dato nos explica este hecho. Cuando José Echegaray fue ministro de Hacienda entre julio y diciembre de 1905 logró que los parlamentarios aprobasen una partida de 100 mil pesetas anuales en los presupuestos del Estado para adquirir material científico para los institutos generales y técnicos de la época. Esta partida se mantuvo hasta la creación del Instituto de Material Científico en 1911, que presidiría Ramón y Cajal. Pues bien de las 540.577 pesetas que entraron en las administraciones de los institutos entre 1906 y 1912 para su equipamiento científico el segundo mejor dotado fue el San Isidro de Madrid con 18.473 ptas, a muy corta distancia del Cardenal Cisneros, también de esta ciudad al que fueron a parar en esos años dorados 19,660 ptas.

En segundo lugar nos introduce en aspectos significativos de un espacio ubicado en el corazón de nuestra ciudad en el que por generaciones se han diseminado saberes científico-técnicos y humanísticos entre estudiantes de todo tipo y condición.

Los autores del libro que presentamos han perseverado en una larga tradición existente en este instituto y en otros, consistente en que muchos profesores han logrado compaginar su impagable labor docente con sus afanes y preocupaciones investigadoras.

Gracias por tanto al esfuerzo colectivo subyacente a esta obra disponemos de un nuevo hito que se une a los libros de las profesoras Carmen Rodríguez Guerrero sobre la etapa fundacional del Instituto del Cardenal Cisneros, y de Encarnación Martínez Alfaro sobre el Instituto-Escuela, sección Retiro, antecedente del actual Instituto Isabel la Católica. Con este trípode disponemos de buenas guías para hacer un recorrido histórico por la enseñanza secundaria madrileña.

Quisiera subrayar asimismo que el libro El Instituto de San Isidro. Saber y patrimonio. Apuntes para una historia no hubiera sido posible sin la existencia de una comunidad educativa sólida, bien articulada, existente en este centro de enseñanza, gracias al esfuerzo de sus integrantes.

Aprovecho la ocasión para expresar mi reconocimiento al buen hacer o savoir faire que dirían los franceses de su equipo directivo, representado en este acto, entre otras personas, por su directora Isabel Piñar y su jefe de estudios Rafael Martín Villa. También deseo manifestar mi admiración al compromiso cívico, la responsabilidad profesional y la defensa de una educación pública de calidad por parte de muchos integrantes de su claustro, partícipes en la aventura colectiva que representa esta obra, representados por los dos coordinadores del libro, mis compañeros Leonor González de la Lastra, y Vicente Fernández Burgueño.

Finalmente evocaré estas palabras que encontramos en la obra Lord Jim, de Joseph Conrad:

“Es extraordinario cómo pasamos por la vida con los ojos entrecerrados, los oídos entorpecidos, los pensamientos aletargados”.

Quizás la lectura de las páginas de la obra a la que ponemos de largo esta tarde, en este hermoso día del Libro, nos ayude a pasear por las aulas del San Isidro y de otros centros docentes con los ojos más abiertos, los oídos más atentos y los pensamientos más vivos y ágiles con vistas a mejorar nuestro sistema de educación pública tan necesitado de mejoras.

Muchas gracias por su atención.

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