Napoleón

Científico y emperador francés (1769-1821). La estampa de Epinal mostrando al joven Bonaparte trazando, como hiciera Arquímedes, círculos sobre el suelo del patio de la Escuela militar no era una fábula. El futuro emperador fue, en efecto,  el matemático, – geómetra para ser más precisos-,  más importante de esa escuela cuando estudió en ella. Su nombre se vincula  a dos demostraciones de geometría, especialmente a la que se le denomina “del compás”. En ella el uso de la regla y de la escuadra están prohibidos.

Se familiarizó con la geometría después de hacer la campaña de Italia con el gran maestro Mascheroni y encontró soluciones elegantes al menos a tres problemas denominados “de Napoleón”. Uno de ellos es el siguiente:  sean cuatro puntos cualquiera A,B,C,D:  encontrar la intersección de las rectas AB y CD. Un segundo se formula asi:  sea un triángulo cualquiera mostrar que los centros de los triángulos equiláteros construidos sobre sus lados forman un triánguo equilátero. El más famoso : encontrar el centro “perdido” [o escondido] de un círculo.

Pero había algo aún algo más difícil que resolver los problemas de Napoleón: ser su amigo. Muchos de los científicos importantes de aquella época se beneficiaron de sus favores y obtuvieron, como Lagrange y Monge, títulos de barones y senadores. Pero otros tuvieron serios problemas con él.  Joseph Fourier, sorprendido en el abandono de su puesto tras el retorno de Napoleón de la isla de Elba, tuvo muchos problemas para recuperar los favores imperiales y Lázaro Carnot los perdió completamente cuando no cedió voluntariamente a Napoleón un puesto en la Academia de Ciencias, produciéndose en 1797 una votación en la sección de Mecánica que Carnot perdió por 305 votos contra los 312 obtenidos por Napoleón.

El futuro emperador asistió frecuentemente a sus sesiones, donde fingía somnolencia. Cuando Volta (otro futuro barón y senador) realizó la demostración del funcionamiento de su pila, salió de su sopor exclamando: “Pero eso es más química que electricidad!”, lo que era una buena observación. Célebre también es la réplica de Laplace, cuyo Système du monde [Sistema del mundo], puramente mecánico, dejó a Napoleón algo inquieto sobre el lugar de Dios en este asunto: “Señor, no tuve necesidad de esta hipótesis”. Laplace fue, por cierto, recompensado por su labor como ministro del Interior por “haber introducido en la administración el espíritu de lo infinitamente pequeño”. Esas tareas administrativas le permitieron enriquecerse.

Napoleón podía ser temiblemente desconsiderado. Arago cuenta que  durante una recepción atacó al viejo Lamarck, que le ofrecía su último libro: “Qué es esto? Vuestra absurda meteorología, un anuario que os deshonra : haced historia natural, y recibiré vuestras producciones con placer. Tomo este volumen solo por respeto a vuestros cabellos encanecidos.” El gran Lamarck, no consiguiendo disipar el malentendido (pues era un libro de historia natural), no pudo evitar el llanto.

Esta fue una muestra del  débil tributo pagado por la comunidad científica al gran jefe de la expedición de Egipto y fundador de la Escuela Politécnica,  proveedora de la elite matemática que ayudó a consolidar la república francesa.

Como expresa el siguiente discurso las relaciones entre los científicos y Napoleón hubieran podido ser aún peores: “¿Piensa Ud. que si no hubiese llegado a ser general en jefe y el instrumento del porvenir de un gran pueblo,  habría recorrido oficinas y salones para depender del que fuese ministro o embajador? !No, y mil veces no! Me habría sumergido en el estudio de las ciencias exactas. Habría hecho mi camino en la ruta marcada por los Galileo y los Newton. Y dado que he triunfado constantemente en mis empresas habría obtenido también altas distinciones por mis trabajos científicos. Habría obtenido hermosos descubrimientos. Ninguna otra gloria habría podido tentar mi ambición.”

N.W. [Nicolas Witkowski]

Ver: balón, Egipto (expedición de), Fourier, Lamarck, Laplace, Volta.

Bibliografía: d’Ocagne, M. Napoléon et les savants, 1934- Geoffrey Saint-Hilaire, E, Sur une vue scientifique de l’enfance de Napoléon Bonaparte, 1835.

Addenda:

Nicole Dhombre en su libro Les savants en Révolution p. 83 corrige errores cometidos en esta entrada por Nicolas Witkowski al señalar que Carnot, tras el golpe de Estado de fructidor de 1797 que puso fin al gobierno del Directorio del que el mismo Carnot formaba parte, tuvo que huir primero a Suiza y luego a Alemania perdiendo su puesto de miembro del Instituto de Francia. Quedó entonces vacante su puesto en la segunda sección de ciencias matemáticas y físicas. Tres candidatos se presentaron a la elección que tuvo lugar el 25 de diciembre de 1797: Montalembert, Dillon y Napoleón Bonaparte, siendo este el elegido.

Acerca de Leoncio López-Ocón
Historiador. Investigador del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Madrid.

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